La mujer y el futuro del marxismo

Por Miguel Silva

 

Al celebrar el día de la mujer, celebrar el día de la huelga general feminista, nos corresponde hablar del futuro del país y del mundo. Ese futuro puede quedar en las manos de los poderosos, o en las manos de los millones de mujeres y hombres comunes.

 

Y como el propósito de esta columna es hablar del futuro de la mujer y del marxismo (como guía para nuestras actividades), para ver el futuro estamos obligados a opinar sobre el pasado para formar una opinión. Entonces comencémonos la discusión sobre cómo ha sido el marxismo hasta ahora y si ha sido útil en la lucha de la mujer y hombre en pro de sus derechos.

 

Ahora bien, muchos hombres y muchas mujeres tienen una imagen en sus mientes del marxismo como una biblia ortodoxa de cálculos económicos  para las cabezas cuadradas. Y así ha sido para algunos, pero no para todos. Es cierto que unos académicos ganan sus sueldos hablando en foros técnicos sobre el funcionamiento del capitalismo, pero por otro lado la crisis económica de 2008 cambió las vidas de cientos de millones de mujeres y sí es importante entender el por qué de esa crisis.

 

Pero el marxismo siempre ha sido una “ciencia de la revolución de la clase trabajadora” y una herramienta en las manos de revolucionarios.  Escuchémonos, por ejemplo, al revolucionario Recabarren hablar de las relaciones entre él y su mujer:

 

“Al verte que venías quise hacerte una broma cariñosa y me subí a un auto a esperar que pasaras, aunque sentía ansiedad de estar contigo después de tantas horas sin vernos. Creí que no me habías visto. Cuando subiste y te sentaste a mi lado ofreciéndome, graciosa, tu boca para que la amara y la besara, ya el auto corría por la ciudad. Entonces comprendí que la fuerza síquica de los seres que se aman, obra a la voluntad del sentimiento quizás antes que se manifieste.

 

Después que nuestras manos conversaron su lenguaje amoroso, recordando las tibias escenas de otros días, llenas de silencio, todavía imborrables, poniendo el brillo juvenil de tus chispeantes ojos sobre los míos, sentí caer sobre mí un amoroso torrente cristalino de palabras que corrían, que escapaban como sintiendo el temor de ser silencios y cuando cada vez que yo iba a hablarte, sellabas mis labios con los tuyos cortando el deseo, sentía que ambos nos estremecíamos. ¿Es que te gusta que hable menos y te acaricie más?

 

-Bésame más, mucho más.

-¡Qué dulce es vivir la vida perenne caricia!”[i].

 

Así habla un hombre revolucionario sobre el amor, a pesar de que vive en una sociedad donde manda la explotación y la opresión. ¡El amor, a pesar de todo, es posible!

 

Y cuando el mismo Recabarren viajaba en el sur para hacer charlas y hablar con gente, hablaba de la naturaleza en el mismo sentido:

 

«El viaje (a Lebu) se hace desde Curanilahue por un ancho camino, lleno de variedades y atrayentes paisajes que recrean la vista y la imaginación. El camino sube y baja por cuestas suaves, sin que en ninguna parte desaparezca el encantador paisaje de nuestros campos siempre hermosamente vestidos de verde y claveteados del rojo vivo de los copihues, la flor indígena que adorna las campiñas de aquellas regiones.

 

Se siente vivir allí durante dos horas de viaje, una nueva vida…

 

¡Qué bien se gozará en el porvenir, la vida entre estas selvas admirables, pensaba y decía a mis compañeros de viaje, cuando la Revolución Social haya triunfado completamente!

 

Llegamos al final del viaje, ya se divisaba el valle plano de Lebu y su playa magnífica, cuando nos sorprendiera el eco de un canto revolucionario, que llegaba hasta nosotros.

 

Unos cuantos pasos más y a la vuelta del camino, vimos nuestro auto sorprendido por una alegre y gritona multitud de ambos sexos que cantaban sus vivas entusiastas: ¡Viva el comunismo! ¡Viva el diputado comunista! ¡Viva la huelga revolucionaria! ¡Viva la Federación Obrera!

 

Nos sentimos tan contentos y tan íntimos en aquel sitio (el local de los federados) que preferimos hacer allí la conferencia en vez de ir a la plaza.

 

Robles habló en tema sencillo y útil sobre feminismo.

 

Yo me ocupé con alguna extensión sobre «lucha de clases» y sobre el sofisticado y falso concepto de «armonía entre el capital y el trabajo» dejando claramente establecida la falsía e imposibilidad de practicar, con beneficio para los proletarios, ese concepto burgués.

 

Los cantos se dejaron oír con gusto»[ii].

 

Es cierto que Recabarren en su época no planteaba una “teoría” sobre el amor o la naturaleza. Es decir no hablaba sobre lo que relaciona el análisis de las leyes del funcionamiento del capitalismo, y las relaciones personales entre los hombres, las  mujeres y la naturaleza. Y loas cabezas cuadradas no pensaban que era necesario entrar en ese tipo de temas. Sin embargo, como marxismo es una herramienta dinámica y tiene que ser útil en la lucha, cuando aquella lucha integra las relaciones personales y la ecología, el marxismo tiene que crecer en un marxismo 2.0

 

Bueno ya, sí es posible vivir la vida bien, de sentir la buena vida, ¿entonces no es demás todo eso sobre la explotación y la opresión que es la columna vertebral  del marxismo? No es demás porque el marxismo nos da una idea  de las razones por las cuales es difícil vivir la buena vida.

 

Nos explica que una clase de personas es dueño de los medios de producción, y a otra clase (mujeres y hombres) no nos queda otra que vender nuestra fuerza de trabajo a ellos para ganarnos la vida.  Y como consecuencia, a los mandamases les conviene minimizar el precio de aquella fuerza de trabajo. Más fácil controlar ese precio cuando la mujer piense que no vale tanto como un hombre, cuando el inmigrante piensa que tiene que vender sus capacidades barato, cuando  la mujer de “honorario” no tiene como reclamar sus derechos. ¡Más divisiones entre hombres y mujeres, entre chileno y haitiano, entre los de planta y los de honorario, más barato la fuerza de trabajo!

 

Ahora bien, muchas mujeres se identifican como las más oprimidas… por la simple razón que son más oprimidas. Y los inmigrantes se identifican también como los que tienen que aguantar tantas cosas. Pero después de todo, somos todos juguetes en las manos de los grandes dueños del país que nos explotan a todos y todas, y que nos manipulan. Si el hombre es machista, si el chileno es racista, si el trabajador de planta piensa que el de honorario vale menos que él. Todo mejor para el mandamás. No hay duda que organizan esas divisiones, ellos crean el racismo y el machismo. ¿Por qué? porque les conviene.

 

Con este tipo de “teorías”  y guía de acción, en esta forma el marxismo 2.0 integra la lucha contra explotación económica con la lucha contra la opresión de género y el racismo.

 

Bueno, el marxismo nos dice que la clase trabajadora puede poner fin a esta situación de explotación y opresión si se organiza y toma control de los medios de producción y del todo el país de las manos delos capitalistas. ¡Así de simple! ¿Sí o no?

 

Si y No

 

Si, por que algunos han pensado que la famosa clase trabajadora son puros mineros, maestros de la construcción, trabajadores de las fábricas de Lucchetti y gente así. Pero no es así. También son las mujeres cajeras en el Jumbo y en los bancos, son las profesoras y enfermeras, los informáticos, las   vendedoras de AFP,  los funcionarios públicos y las trabajadoras sociales.

 

Son los que (como dice el manifiesto comunista), están obligados a vender su fuerza de trabajo porque no tienen medios de producción propios.

 

Bueno ya, pero la clase trabajadora también integra aquellos hombres, niños o mujeres, que sobreviven del sueldo de un trabajador de la familia. Y también incluye a los cesantes.

 

Pero la clase trabajadora no incluye aquellos que parecen vivir de la venta de su fuerza de trabajo, pero en realidad son gerentes contratados, pagados por encima del valor de su propio trabajo, para controlar el trabajo de otros.

 

Pero no es tan simple el tema del trabajador, porque algunos ya laboran en sus casas con el internet y venden sus productos terminados a una empresa. ¿Son parte de la clase trabajadora o son mini capitalistas? Algunos dicen que este tipo de trabajo es un ejemplo de que el trabajo ha cambiado tanto que hablar del “trabajar” es lo mismo que hablar de vivir. Es cierto que el internet te deja trabajar en la casa, en la misma forma que los caminos te dejan viajar y la tele te deja aprender sobre cosas que pasan en el otro lado del mundo. Son una infraestructura del sistema capitalista, como también es la educación y la salud (estatal o privada) que tu usas para hacerte más sana o inteligente y así dar más valor a tu fuerza de trabajo. Y cuando tú haces uso de esa infraestructura, tú estás poniendo en marcha mucha “fuerza de trabajo” acumulada de las capacidades de otros trabajadores.

 

Ahora bien, tu puedes hacer un negocio con esta acumulación del trabajo de otros y así convertirte en pequeño capitalista, o puedes formar nada más que otro eslabón en la cadena infinita del trabajo humano. Tu eres capitalista si tu haces uso del trabajo ajeno para agregar más valor a tu producto que tú pagas en sueldo. Tú generas ganancias y ganancias son el medular del sistema capitalista. Pero si lo que haces es hacer uso de la infraestructura que ha creado el capitalismo, y tu usas tus propias capacidades para hacer una producto de cualquier tipo, no explotas a nadie (menos a tigo misma)  entonces caes entre los trabajadores “asalariados” (explotadas por otros)  y los capitalistas (que explotan el trabajo ajeno). Y puedes tomar tu lugar en la lucha de clases al lado de la clase trabajadora o al lado de la clase capitalista.

 

La mujer en la casa, ¿es parte de esta infraestructura  del capital, cuando cuida a los crías, los enseña, cuando hacer crecer sus inteligencias y capacidades y así aumenta el valor de su fuerza de trabajo? En otras palabras… ¿la labor que hace la mujer en la casa es similar a la que hace la profe en el colegio o la enfermera en el cesfam? Claro que SI.

 

Si en el sentido que forma parte de la labor “mancomunada” que crea y mantiene la fuerza de trabajo de sus hijos (si tiene) y hombre (si tiene) , fuerza de trabajo que compra el capitalista.

 

Pero NO, en el sentido que nadie la entrega un sueldo para esa labor. Más bien, su sueldo es parte del sueldo que entra a la casa como sueldo el/los/las asalariados. Ese sueldo debería servir para la mantención de la fuerza del trabajo de toda la familia. Es un salario, entonces, compartido. En los países y épocas cuando y donde había un capitalista estatal del “bienestar”, el estado comparte entre las familias una parte de las ganancias nacionales. Pero en esos países donde manda el neoliberalismo, la familia no recibe esas ganancias repartidas y tiene que enfrentar la vida sola.

 

Así entendida la mujer, la familia, el hombre y las crías de las familias de la clase trabajadora, tenemos cómo creer que esta clase puede llevar un país entero en sus manos. Y puede liberarse del machismo, del racismo, del sexismo, familias unidas en una clase que se opone fin a los capitalistas y sus múltiples formas de opresión, todos y todas juntas y juntos.

 

¿Pero es cierto que la toma de control del país nos va a liberar de la opresión que organiza los capitalistas?

 

También, Si y No, porque si ese cambio está hecho “desde arriba”, burocráticamente, cuando los millones de mujeres y hombres no tomamos parte central en ese cambio, entonces la solidaridad NO entra en nuestros huesos y seguimos siendo las mismas personas que antes. Pero si llevamos el país a otro nivel, si tomamos control con sus propias organizaciones, haciendo crecer nuestras organizaciones base, si luchamos juntos y revueltos la solidaridad comienza a ser parte de nuestro “ser” y la opresión disuelve como el humo de un pucho desaparece en el aire. Sin el viento de esa democracia activa, el humo queda suspendido en el aire, como polución contaminante.

 

Poner fin a la explotación y la opresión parece una obra larga. Pero hay otra obra que muchos dicen debemos enfrentar desde ya; es la crisis climática. Pero nuestra marxismo 2.0 puede ayudarnos para encontrar una forma de enfrentar la crisis. Nos dice que las empresas del petróleo, del gas, de la producción de carne de vacuno, estas grandes empresas, son las que contaminan el mundo. Son ellas que deben desaparecer del mundo, o sino son nosotros  mismos que vamos a desaparecer.

 

El marxismo, entonces, puede ser una herramienta que integra la liberación sexual, de género y contra el racismo, con la lucha por “salvar el planeta”, y la lucha por terminar con la explotación económica. En mi opinión, es indispensable para revolucionar el mundo en que vivimos.

 

 

Fuentes:

[i] L.E.Recabarren, “Surgiendo a Nueva Vida”, El Socialista, Antofagasta, 01/05/1921, Escritos de Prensa, Vol.4, Pág. 103

[ii] L.E.Recabarren, “Una visita a Lebu”, La Federación Obrera, Santiago, 17/03/1922, Escritos de Prensa., Vol.4, Pág. 150

 

 

 

Imagen extraída de eldesconcierto.cl

Corresponsal para Revista De Frente

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