A 31 años del NO del 5 de Octubre de 1988: Disputar la memoria histórica en una larga transición que aún no culmina

En un contexto en que frecuentemente surgen intentos de muy oportunistas revisionismos históricos, pretendiendo presentar una mirada complaciente con la conducción política de la transición, y en particular, hacia una dirigencia de la Concertación que hizo todo lo que tenía a su alcance para desarticular y desmovilizar la energía desplegada por el Pueblo chileno en esos años, comparto tres imágenes y algunos comentarios en torno a ellos, que creo, resumen algunas claves de la trayectoria de esos años hasta el presente, y de lo que me parece, debiésemos empatizar y expresar políticamente quienes anhelamos llevar a cabo ese gran campo de lo que quedó inconcluso desde entonces, hasta el día de hoy.

 

1. El nuevo contexto transicional y la derrota de las izquierdas

En la muy recomendable película dirigida por Pablo Perelman, “Imagen Latente”, Pedro (Bastián Bodenhöffer) representa a un joven fotógrafo, hermano de un detenido desaparecido. Sin tener una especial vocación militante, se incorpora a los círculos cercanos a las organizaciones del movimiento popular contra la dictadura, haciendo seguimientos a los movimientos de las cúpulas de la Dictadura, y vinculándose con organizaciones de derechos humanos con el objetivo de encontrar verdad y justicia sobre su ser querido. En una reunión con su “contacto” (Claudio Arredondo) en un café de Providencia, se suscita este diálogo:

 

– Pedro: Si voh soi el “tira”, yo qué soy? El “sapo”? [*Nota: tira = policía de investigaciones; “sapo”= delator, colaborador de represión].
– Contacto: Mira, es un problema la ubicación social chico, me entendís? Porque imagínate, quién viene a este café? Puros «pijes», y como yo no quiero pasar por “pije”, me disfracé de “tira”… ¿Cómo te fue?
– Pedro: Pasó a las 7:42…
– Contacto: Ahhh pasó…
– Pedro: Qué, ¿tú esperabas que no pasará?
– Contacto: Claro, cambia de recorrido casi todos los días…

Aparece en la escena el diario La Tercera del 8 de Septiembre de 1983. Titula: «Cayó Comando que mató al General. Cinco miristas muertos», uno de los casos referenciales de falsos enfrentamientos y complicidades de la prensa dominante con la narrativa dictatorial.

 

El Contacto exclama: Casi…
– Pedro: Oye, tú conoces la política del mayor daño… Es la que aplican ellos. Cualquier cosa que nosotros les hagamos en el terreno militar, ellos responden con acciones que nos causan un daño mucho mayor.
– Contacto: Puede ser. Nosotros estamos conscientes de eso. Pero también sabemos, que cada acto violento de ellos los deteriora políticamente…
– Pedro: Puta si fuera así! Qué les quedaría?
– Contacto: No mira, nosotros, actuamos en función del proletariado. Por los más pobres. Impulsando la organización. Ellos, bueno, saben lo que es la violencia cotidiana. El hambre, la cesantía, la miseria. Los allanamientos masivos, donde les rompen todo, a patadas a las 4 de la mañana. Los insultan, los amenazan. Y si protestan, los balean. Les meten gases lacrimógenos a las casas, donde están los cabros chicos, los abuelos… Nuestros actos de violencia, son actos de justicia. Devuelven la confianza.
– Pedro: Claro puede ser. El problema para mí es la guerra. Donde lo menos malo es morirse. Pah! Y se acabó. Lo grave es estar vivo y haber muerto civilmente. Y eso es algo que yo defiendo a brazo partido contra estos hueones. La muerte civil, hueón, es no poder amar. No poder tener una familia. Es no poder ejercer un pensamiento de alto vuelo. No poder desarrollarse en un oficio noble.
– Contacto: Pero hermaniiito. Hay un inmenso grupo humano, que está exactamente en eso. Están hacinados, no tienen nada qué hacer. Y no sirve para nada más que para mantener bajos los salarios. Y no tiene ninguna esperanza, ninguna, de realizar esos mismos valores que tú dijiste. Y no soy un zombie hueón, yo no soy un zombie! Es tu propia “vida civil” la que vale un pepino, un pepino hueón!…¿Apareció tu hermano acaso?.

 

Avenida Matta con Viel, protesta contra la Dictadura, años 80s

La marginación y pérdida de incidencia de las izquierdas partidarias en el proceso transicional es una trayectoria evidentemente más compleja y multifacética que las aristas que se aluden en el diálogo (y que por cierto, excede al escenario sólo chileno),pero las que se aluden all+i no son pocas ni menores: la necesaria pero desgastante y tan costosa violencia política popular contra la Dictadura, su legitimidad y efectividad, los anhelos y expectativas de la ciudadanía “no militante”, el cansancio y sensación de agobio personal provocada por la larga dictadura y su terrorismo de Estado, las condiciones de vida de las mayorías populares y una escisión creciente en su interior, entre los sectores más absolutamente excluidos, y las capas medias de inclusión relativa pero, en lo material, atendido el comienzo de la instalación del modelo neoliberal, creciente. Sin duda no todas las militancias de izquierdas sostenían posiciones como las del militante del diálogo, pero sí, el conjunto de ellas fueron padeciendo una progresiva marginación y aislamiento tanto del proceso político e institucional, como de los fenómenos sociales y culturales en curso, en años de aceleración de la instalación y profundización del modelo.

 

De todas formas, los anhelos de Pedro, como es notorio, tampoco tuvieron gran concreción en el programa político efectivo que, más allá de las declaraciones progresistas que tantas veces salieron en sus programas, campañas y discursos, impulsaron las dirigencias de la Concertación. Sí, una mínima paz social y espacios y dinámicas para la vida personal y familiar, o también, dicho en un sentido regresivo, el retraimiento a la vida privada, la individualización exhacerbada, y el abandono del espacio público.

 

Grabación de la películo «NO», 2012.

2.El pueblo del NO.

 

Conocida es la película del NO, un relato del plebiscito del `88 que, enfocándose en la realización de la tan recordada franja televisiva, muestra algunas claves del momento histórico y de la propia campaña con miras al ejercicio electoral. Ese énfasis termina confluyendo con una visión de la derrota (relativa) de la dictadura que sobreestima el peso del “lápiz y el papel”, y subestima la larga y costosa trayectoria para llegar a ese punto. Es, por eso, un relato muy compatible con la exaltación de la dirigencia política concertacionista que terminó encabezando el diálogo con la dictadura en el proceso transicional, acordando entre otras tantas cosas la continuidad del modelo económico, de la Constitución, y la propia permanencia de Pinochet y sus círculos militares cercanos a la cabeza de las Fuerzas Armadas, y por cierto, compromisos que apuntaban a la impunidad de la mayor parte de los crímenes ejecutados por el régimen oligárquico-militar.

 

Un “joven del NO” posteó tras el lanzamiento de la película la siguiente reflexión (junto a la fotografía con que se encabeza este texto):

 

«Después de ver la Película “NO” es inevitable volver a pasar por el corazón (Re–cordar) de tantas y tantos que fueron los que sembraron ese triunfo. Siempre hago la analogía de que para nuestra generación, la lucha contra la Dictadura, fue muy similar a lo que ocurrió a los que desembarcaron en Normandía. Fuimos carne de cañón, estuvimos en la primera línea de fuego. Quienes no tuvimos responsabilidad en perder la democracia, pagamos el precio más alto. Por eso esta imagen. 48 horas después del triunfo del NO, en el Parque OHiggins, después de haber celebrado en las anchas Alamedas, donde bailamos, nos embriagamos y dimos rienda suelta a nuestros sueños. Lo que vino después muchas veces no fue lo que esperábamos, pero este momento nunca… Nunca nos lo podrán quitar»

 

El “momento” de algarabía popular duró poco, la organización y movilización social tendió a la baja, y lo que hubo posteriormente fue un progresivo retraimiento a las vidas privadas, el vaciamiento del espacio público, cuestión derivada del propio proceso económico y social, pero también, de las decisiones conscientes y deliberadas de la nueva conducción gubernamental civil.

 

En el tema de Illapu “Un poco de mi vida”, tocado en vivo en una poca habitual escena por esos años en el techo del edificio Santiago Centro4, una letra en sentidos similares:

 

«Lo que voy a contar en este dia / es nada más un poco de mi vida / soy hijo de este tiempo sin colores / que no dejó volar mis ilusiones / Que no dejó volar mis ilusiones…
Soy uno de esos jóvenes pendientes / eterno buscador de algún presente / ayer era después o bien la muerte / hoy me dicen que espere, que sea paciente…
En el mercado libre soy vacante / y sepan que no fuí mal estudiante / pero más fuerte fue la economía / la urgencia de tener para comida…
Soy de los que por soñar / que esto puede cambiar / busco motivar vida para crear”.

 

Caravana del NO, 1988.

3. La vida de las mayorías bajo el neoliberalismo en su versión chilena.

Ya avanzada la década de los 90s, cunden las miradas críticas sobre los reales contenidos de la transición. Comienzan a recomponerse ciertos espacios críticos, en un contexto aún muy dominado por una muy extensa y profunda hegemonía neoliberal. En ese marco, entre esas visiones críticas vale destacar algunas referencias de alguna importancia especial: el muy leído “Chile actual. Anatomía de un mito” de Tomás Moulián, iniciativas comunicacionales que intentaban superar la enorme concentración y privatización de los medios y el espacio público como la revista Rocinante, el inédito y corto pero referencial espacio televisivo Canal 2 Rock & Pop, o e otros planos, la maduración de una historiografía crítica o “nueva historia” referenciada principal pero no únicamente por el ahora Premio Nacional de Historia Gabriel Salazar, las corrientes de criticismo cultural (Pedro Lemebel y tantas y tantos más), o de la propias organizaciones e intelectualidad Mapuche enlazada al proceso de reconstitución y nueva oleada de organizatividad, demandas y reivindicaciones de su pueblo, o, los aprendizajes y nuevas convicciones de las nuevas generaciones, que irían teniendo en el movimiento estudiantil su espacio privilegiado y creciente de maduración e incidencia política, como quedaría demostrado en los años posteriores.

 

En ese contexto, aún muy incipiente, alguna particular repercusión académica e intelectual en su momento, tuvieron los informes del PNUD, Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. En este ciclo de informes, desde al menos 1998, un tono crítico denuncia: bajo los aparentes logros “objetivos” de la modernización neoliberal, se esconde un cúmulo de malestares “subjetivos” que, aunque careciendo de expresiones políticas identificables ni visibilidad en un muy cerrado espacio público y un cercado espacio institucional, iban siendo la marca subjetiva del «modelo» chileno.

 

En su informe del 2002, «Nosotros los chilenos: un desafío cultural», se contiene el siguiente relato de una mujer, con título «La fatiga de ser yo misma»:

 

«Me llamo Jeannette Monsalve y la foto me la sacaron camino al trabajo. Trato de andar siempre con una buena pinta porque atiendo público y porque siempre me gustó vestirme bien. Trabajo de 10 de la mañana a 7 de la tarde en una gran tienda del centro. Tengo 28 años y un hijo de cuatro. Hace tres años que estoy separada; mi marido era muy machista y no se lo aguanté. Vivo en un departamento de Maipú, que es chico, pero seguro, y queda cerca de la casa de mis padres.

 

Mi trabajo me gusta porque muestra que puedo valerme sola. Me respetan porque saben que cumplo y que soy una mujer decente. No es fácil; a veces, a una la acosan y otras no dicen nada para no perder el empleo. Pero yo no me dejo atropellar. Me hago respetar y nadie puede hablar mal de mí. Tal vez más adelante estudie algo, si con eso gano más. Por ahora, mi preocupación es mi hijo. Lo tengo en un jardín infantil, pero no lo puedo pasar a buscar en las tardes y, entonces, pasa mucho rato en la casa de mis padres. Para que no se aburra, quiero comprarle un Nintendo con la tarjeta de mi tienda. En el futuro, el que no sepa computación e inglés estará perdido.

 

Fui a la escuela municipal y siempre me fue bien. Tenía pasta para surgir y siempre me tuve confianza. En realidad, estoy orgullosa con lo que he logrado. No ha sido fácil conseguir un empleo estable después de la separación y teniendo un cabro chico. Pero lo he conseguido. Soy bien ordenada y sé cómo comprar buena ropa en las liquidaciones. Los sábados voy a la feria y, a veces, salgo a vitrinear con mi hijo al mall de Maipú y almorzamos en el McDonald´s.

 

Yo digo que soy realista porque sé lo que es la vida y cómo es la gente. No se puede confiar en ella; siempre tratará de sacar provecho. Con mis vecinos no me meto y en la tienda tengo una sola amiga. Con ella conversamos y a veces salimos juntas los domingos. Ella es evangélica y me ha llevado a su iglesia. Parece gente buena que no aparenta. Es terrible ver cómo la gente trata de aparentar lo que no es. Yo no soy religiosa, soy creyente. Creo en Dios pero no voy a al iglesia, salvo con ocasión de algún matrimonio. Ahora salgo muy poco, tal vez al cumpleaños de un primo. En realidad, no tengo tiempo propio. A lo más veo un poco de tele los fines de semana. A veces, cuando hubo algún asalto o escándalo, veo el noticiero. Pero la política no me interesa. No la entiendo ni me importa. A lo más leo el diario de los domingos en la casa de mis padres. Me gusta leer mi horóscopo porque me hace pensar en mí. No creo lo que dice, pero ayuda a ver lo que una es.

 

Mi principal satisfacción es mi hijo. Lamento no tener más tiempo para estar con él. Me angustia que le pueda pasar algo mientras yo no estoy. Por eso le compré un teléfono celular. Así, me pueden ubicar en seguida si ocurriese un accidente. Más adelante me gustaría dejar el trabajo y quedarme en casa para dedicarme más a su educación. No quiero que mi madre se meta en eso. Ella es algo anticuada y no entiende el mundo de hoy. Ella no sabe cómo las drogas entran por todas partes. Tengo miedo de tanto drogadicto. Ya no hay seguridad en el barrio. Por eso prefiero salir de paseo al mall. Es seguro, tiene aire acondicionado y se puede encontrar de todo: tiendas, restaurantes, cines y juegos para los chicos. Ahí lo paso bien. Me doy cuenta de que los hombres me miran. Entonces, de vez en cuando me doy un gusto. Creo que me lo merezco. Aunque cueste algo más, me compro algo lindo. Con todo lo que trabajo, no voy a ser menos que las vecinas. Hoy en día, la que no anda vistosa no vale nada.

 

Yo me la puedo. La vida es una máquina que, si una no sabe defenderse, la devora entera. Pero yo no me he quebrado a pesar de todas las dificultades. No digo que haya sido fácil. Cuesta salir adelante. A veces me agobia este ritmo de vida. Una vez fui al médico por los nervios; dormía muy mal. Me dijo que era estrés y que me relajara. Pero, ¿cómo voy a descansar?”

 

El relato está publicado en el 2002, pero podría ser más pertinente aún, hoy, en el 2018. Son, en buena medida, las coordenadas culturales y sociales del Chile en el que vivimos. Si la participación política popular y la “alegría” y una vida buena eran los anhelos que las mayorías asociaban al fin de la Dictadura, y no tan sólo la eliminación de sus aspectos más militarizados, crueles y cruentos… ¿Cuándo terminará la transición a «la democracia»?

 

 

Para finalizar: La posibilidad del fin de la transición y la disputa por la memoria histórica. 

Si se trata de recordar la gesta de la lucha contra la Dictadura oligárquico-militar chilena, una de las referenciales del ciclo dictatorial autoritario que se vivió en prácticamente toda la América Latina entre los años 60s y 70s del siglo pasado, nunca estará de más volver a saludar y agradecer a todas y todos quienes dejaron tanto, e incluso todo, sus vidas y muertes, por terminar con esa pesadilla de 17 años. Ya llegará el momento de conmemorar esa lucha con un Chile distinto, con una Constitución construida en democracia, y un orden económico, social y político no fundado en los pilares que legó la dictadura y el entreguista pacto transicional. Cuando eso llegue, las y los luchadores de esos años debieran ser los primeros homenajeados, y tras ellas y ellos, el pueblo que ha seguido intentando, lo mejor posible, vivir sus vidas de la mejor manera posible bajo las condiciones puestas por la Dictadura oligárquico-militar, el pacto transicional, y la continuidad y profundización de tal orden bajo los gobiernos de la Concertación.

 

Pero más allá de los homenajes, las posibilidades de un proceso democratizador y refundacional sustantivo frente al orden fundado por la Dictadura y continuado, perfeccionado y profundizado durante los gobiernos de la Concertación y la repetición Bachelet – Piñera del último rato, requieren una disputa por la memoria histórica de aquellas épocas que se extienden hasta el presente. Por aquello, a los Edgardo Böeninger, Eugenio Tironi, Patricio Aylwin, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Enrique Correa, Óscar Guillermo Garretón,Ricardo Lagos, José Joaquín Brunner, Mariana Aylwin y demases, nunca estará de más impugnar el relato histórico que promueven sobre lo acontecido en  años, en una trayectoria que se proyecta hasta el presente.

 

Aunque lo intenten una y otra vez con su no poco poder comunicacional, siempre será pertinente afirmar lo contrario a lo que parecen siempre insinuar o afirmar directamente: Ni la lucha contra la dictadura ni el arcoiris de fuerza popular del NO les pertenecen a esas dirigencias. Los anhelos de ese NO de lo mejor y más noble del Pueblo de Chile al proyecto de la Dictadura, siguen hoy, de maneras distintas pero igualmente significativas, tan vigentes como entonces. No es cierto que se haya hecho «todo lo posible», ni que la política pueda reducirse a una mera acción dentro de las posibilidades dadas de antemano. No sólo hay legitimidad en cuestionar a las dirigencias concertacionistas por «lo que no pudieron hacer», sino que precisamente por las cosas que hicieron, y por sus acciones y omisiones funcionales al perfeccionamiento, profundización y despliegue del proyecto de la dictadura capitalista y neoliberal en su versión chilena. 

 

Ese eventual nuevo Chile no nacerá del revitalizar o darle fuerzas renovadas a esos falsos «consensos» que han dominado la escena pública de nuestro país y que se replican tantas veces de forma acrítica, incluso por quienes declaran querer superarlos. Y en eso, la batalla por la memoria histórica ha sido, es, y será central.

 

A la memoria de Alejandro Castro Castro, «el Mecha», compañero dirigente de uno de los Sindicatos de Pescadores de Quintero y de la movilización social por la situación de Zona de Sacrificio ambiental de Quintero, Puchuncaví y Ventanas, encontrado muerto en Valparaíso el día 4 de Octubre de 2018.

 

Concentación en el Parque O`Higgins convocada por el movimiento estudiantil, 21 de agosto de 2011

1 Reseña y reparto de la película, https://es.wikipedia.org/wiki/Imagen_latente; y para ver online, http://www.ccplm.cl/sitio/imagen-latente-3/. La escena transcrita está en el minuto 50:00 y siguientes.

 

2La noche del 7 de septiembre de 1983, cinco personas fueron asesinadas: Lucía Orfilia Vergara Valenzuela, Sergio Peña Díaz, Arturo Jorge Vilavella Araujo, Alejandro Salgado Troquian y Hugo Nolberto Ratier Noguera. Se trata de un caso referencial en la manipulación informativa propia de la prensa oligopólica dominante durante la Dictadura. El General al que se refiere el titular es el General Carol Arzúa, por entonces, Gobernador de la Región Metropolitana. Ver sobre este caso, http://www.derechos.org/nizkor/chile/libros/sobarzo/fuente/cap2.htmlhttps://elpais.com/diario/1983/08/31/portada/431128802_850215.html

 

3 Fotografía y texto de Osvaldo Aravena, un joven del NO. re-publicada con su autorización. Fuente: http://www.facebook.com/photo.php?fbid=10151100668508944&id=771438943&set=p.10151100668508944&_ft_=fbid.10151024615372809

 

5 Citado del Informe de Desarrollo Humano en Chile: Nosotros los chilenos un desafío cultural, 2002, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, pp.27-28.

Abogado. Investigador en temas de Nuestra América, Derecho Constitucional, y teoría política.

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