A 4 años del asesinato de Macarena Valdés Muñoz, continúa la exigencia de Verdad y Justicia por su muerte

El lunes 22 de agosto de 2016, Macarena Valdés Muñoz tenía programado un control médico de rutina con su hijo de 1 año y 8 meses, lo que implicaba un traslado desde su vivienda en la comunidad Newen de la localidad de Tranquil, hacia la localidad de Liquiñe. A las 13 horas aproximadamente, su pareja y esposo Rubén Collío, se despide de ella, en lo que fue su último avistamiento con vida. El paso del bus hacia Liquiñe estaba programado para las 14:30 horas. Al poco rato, otro de los hijos de Macarena, de 11 años, vuelve del colegio y al ingresar a la vivienda, encuentra a su madre ahorcada, colgando con una cuerda de una viga, y con el bebé presente en el lugar.

Esos son los hechos ciertos de que se dispone. La Fiscalía Local de Panguipulli designó a la fiscal Alejandra Anabalón. En la primera autopsia realizada por el Servicio Médico Legal (SML) en la ciudad de Valdivia, se caratuló la causal de muerte como «asfixia por ahorcamiento», señalando que el cuerpo no presentaba lesiones atribuibles a terceros. En la línea de corroborar la hipótesis del suicidio, la Fiscalía presentó como pruebas lo señalado en entrevistas con familiares lejanos de Macarena Valdés, a quienes se les hicieron preguntas sobre su estado psicológico, concluyendo que padecía de depresión y dando por cerrado el caso.

Tanto Rubén Collío como toda la familia más cercana de Macarena Valdés, rechazaron la hipótesis del suicidio. Además, Macarena Valdés había recibido amenazas de muerte por su rol de activismo y militancia en la lucha socioambiental y mapuche, y contra la instalación de centrales hidroeléctricas en la zona, en especial.

Tiempo después, contratado por la familia, el prestigioso médico forense Luis Ravanal realizó un análisis pericial sobre la autopsia efectuada por el Servicio Médico Legal, y cuestionó el resultado, concluyendo que ya estaba muerta cuando fue colgada. Esto, pues la piel de su cuello no tenía lesiones vitales normales del ahorcamiento, y recomendó la exhumación del cuerpo de Valdés para que se efectuase una segunda autopsia. A raíz de ese informe, la Fiscalía, encabezada por el fiscal Jaime Calfil, reabrió el caso el 21 de agosto de 2017.

Una segunda autopsia, encargada al propio Ravanal en octubre de ese año, concluyó que «no se confirma la existencia de signos objetivos que permitan sustentar que la víctima se hubiese encontrado con vida al momento de ser suspendida por un cordel o lazo a nivel cervical». La segunda autopsia incluyó un estudio a partir de una muestra de tejido del cuello de Valdés, que se pidió a la doctora Carmen Cerda del Departamento de Medicina Legal de la Universidad de Chile, estableciendo la ausencia de lesiones vitales observables en el área estudiada, lo que significaba que probablemente la víctima estuviera sin vida al momento de ser colgada.​

Luis Ravanal fue categórico: «Se han dado opiniones y se han dado diagnósticos sin comprobación de pruebas, en este caso microscópicas histológicas, por lo tanto esa es la gran debilidad de la investigación, específicamente la realizada por el Servicio Medico Legal. Es una situación que se viene ya reiterando en otros casos similares en donde se dan por sentado diagnósticos en base a supuestos, pero que a la larga desde el punto de vista científico no tienen la confirmación objetiva y por lo tanto genera esta serie de dudas respecto a no solo la calidad técnica, sino que también respecto a las verdaderas causas de muerte en una investigación criminal” (Autopsia descarta tesis de suicidio de activista ambiental Macarena Valdés).

A fines de 2018, un año y medio posterior a los hechos, se logró una nueva caratulación del caso, como «hallazgo de cadáver».

Ratificando las conclusiones de la segunda autopsia, el patólogo británico John Clark, emitió un nuevo informe sobre la muerte de Valdés en agosto de 2019, donde destaca la falta de una descripción detallada de cómo fue encontrada muerta y señalando que las pericias iniciales tomadas por la PDI y Fiscalía fueron deficientes. Sobre la base de los elementos científicos disponibles, Clark concluyó que Valdés murió por «estrangulamiento por ligadura», con un objeto que alguien más sostenía alrededor de su cuello y lo apretaba con fuerza, y que luego sólo posteriormente el cuerpo pudo haber sido puesto suspendido, para simular un suicidio.

Los hechos y circunstancias narradas muestran que es extremadamente improbable que la hipótesis del suicidio pueda ser cierta. A pesar de eso, dos veces el Ministerio Público o Fiscalía ha intentado cerrar el caso.

Hasta este momento, no han habido avances en la investigación para la identificación de los autores del hecho.

A casi 4 años de estos hechos, se sigue demandando la Verdad y Justicia para Macarena Valdés. En tuiter, se mantiene el tema presente con la etiqueta de #ALaNegraLaMataron y #JusticiaParaMacarena#JusticiaParaMacarenaValdés.

Compartimos una serie de materiales y enlaces sobre el caso de Macarena Valdés:

Página facebook de Justicia para Macarena Valdés.
Canal de youtube de Rubén Collío.

Reportaje «Las sospechas tras la muerte de Macarena Valdés», Chilevisión, mayo de 2018:

Matinal «Contigo en La Mañana»: «Forense no descartó participación de terceros en caso Macarena Valdés, febrero de 2020:

Nota de teleSUR, agosto de 2019:

Entrevista a Rubén Collío, mayo de 2019:

Documental «El Grito del Tranguil», sobre el proyecto Mini Central Hidroeléctrica Tranguil:

Autopsia descarta tesis de suicidio de activista ambiental Macarena Valdés, Radio Universidad de Chile, enero de 2018.
El caso de Macarena Valdés: ¿Homicidio o suicidio?, The Clinic, enero de 2019.
Macarena luchó para quitarse la cuerda, para no morir, El Desconcierto, septiembre de 2019.

Equipo editorial Revista De Frente

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