«A 50 años del triunfo de la Unidad Popular en Chile» Por Oscar Ariel Cabezas

Por Oscar Ariel Cabezas

“La legitimación ya no procede de los arcanos de la representación, sino del propio ejercicio de la periodicidad práctica de su renovación” Ignacio Lewkowicz.

La democracia en el Chile de hoy resuena en la explicación de Miguel Abensour. Este define el concepto de lo arcano como el secreto mejor guardado de un determinado orden político (Abensour, 1998). El secreto que permitió el desocultamiento de la conspiración que derrocó el gobierno popular de Salvador Allende fue de golpe develado por el bombardeo a La Casa de la Moneda.

El control por aire de la fuerza empleada contra la legitimidad y legalidad constitucional del programa de gobierno popular ese fatídico día del 11 de septiembre de 1973 es el punto de partida del secreto revelado a viva voz del pacto democrático en el que las chilenas y los chilenos recuperaron la palabra democracia.

El golpe de Pinochet lo podemos clasificar como la crisis devastadora que sufre la estructura liberal parlamentaria desde 1973 y cuyo punto más intenso de su ruina habría sido revelado por los distintos momentos de desobediencia civil y rebeliones del siglo XXI. En el olvido completo de programas sociales, como el que tomó lugar durante la experiencia de la Unidad Popular, traduciéndose en la palabra del Estado y del conjunto de sus instituciones republicanas ha dejado der ser la palabra moderna de la representación política.

El cambio de régimen político no devolvió la posibilidad de procesos de creación de comunidad política. No se recupera la consigna “Crear, crear poder popular” que tomó lugar a través de la experiencia del gobierno de Allende y que el lector puede observar en el documental de Patricio Guzmán La batalla de Chile. Por el contrario, la pluralidad de comunidades que forman la memoria de la luchas de esa experiencia fueron desactivadas o destruidas por la izquierda en el poder.

La transición democrática narrados, entre otros, por la pluma del periodista de centro izquierda Ascanio Cavallo en Historia oculta del régimen militar (1988) y en La historia oculta de la transición (2012) expusieron que la alegría del advenimiento de la democracia estaba llena; llena de pactos que la clase política y las Fuerzas Armadas habían negociado a espaldas de la fugaz alegría plebeya.

Es el objetivo de la clase política y la conversión neoliberal de la izquierda tradicional, que sucumbió en el narcótico de la comprensión de la política como arte de los consensos, no ha dejado de contribuir por más de 30 años a dejar intacta La Constitución de 1980 que se escribió en el suelo del terror de la dictadura del general Augusto Pinochet.

Recientemente desde el 18 de octubre del 2019 se vuelve a fracturar el modelo político en Estallido social dejando nuevamente develada o desnuda la violencia del arcano que sostiene, hasta hoy, a la democracia neoliberal parlamentaria. ¿Qué pasa en Chile una vez iniciado el Estallido social? ¿Estaba todo tan bien cómo parecía?

La Constitución que hasta el 18 de octubre del 2019 funcionó como el más perfecto de los dispositivos jurídicos políticos del “pacto social”  hecho a espaldas de las demandas sociales, ha permitido el desarrollo de programas neoliberales de ayuda social. La intensificación de una subjetividad neoliberal, en la que prima la desafección y la idea de que el valor de la competitividad individual es sagrado, es promovida desde el Estado. La puesta en marcha de un régimen neoliberal que halla su éxito en el simulacro de la democracia parlamentaria.

La democracia actual en Chile es excluyente, deja como lugar de realización a las diferencias de los movimientos sociales; el feminismo, las disidencias sexuales, el movimiento indígena, el movimiento estudiantil.

La izquierda agrupada en la Concertación y Nueva Mayoría no produjo ni siquiera un atisbo de umbral o ruptura histórica. Por el contrario, su pulsión más decidida ha sido la de conformar el “bloque histórico” de la continuidad en y con el orden de cosas heredado del terror de la dictadura y la Constitución de 1980.

Con el bloque histórico de la izquierda neoliberal (1990-2019), “las palabras y las cosas” no condujeron al umbral en el que pudiese emerger la novedad de una sociedad más equitativa y democrática, sino que radicalizaron el proyecto globalizador de la “pandemia neoliberal”. En el reparto capitalista de las riquezas y el poder de las instituciones, una experiencia popular de gobierno es un sin sentido. A estas enseñanzas en el no-saber estar, la ciencia política de la izquierda neoliberal ha añadido la políticas de traducción de la memoria culturalizándola hasta el punto de neutralizar los conflictos que emanan de los residuos plebeyos de la memoria viva.

En tanto “La transfiguración de Allende y la actual crisis de representatividad”, Gabriel Salazar (2011) analiza los efectos de la crisis de representatividad y el efecto que tiene en la vida política de la actualidad, comprende a la Unidad Popular a partir de una de las tensiones más importantes entre el constitucionalismo liberal de Allende y las demandas de las clases populares, convirtiéndose en una de las figuras más carismáticas de la modernidad republicana. Su resonancia en toda la región latinoamericana llegó a ser tan importante como la de Jacobo Árbenz (Guatemala), Víctor Paz Estensoro (Bolivia), Haya de la Torre (Perú), Fidel Castro (Cuba), entre otros.

Es fundamental en Chile establecer principios claros y que se sostengan en el tiempo, necesariamente para enfrentar distintas crisis, por las demandas de la revuelta social, económica y sanitaria. Hay algo que la revuelta social comparte con la participación política durante los años en que el gobierno de la Unidad Popular y es el infinito deseo de justicia social.

 

 

 

 

 

 

 

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