«A propósito del proyecto de ley que condena el robo de madera: El joven Marx y el fundamento de la ley» Por Miguel Silva

Por: Miguel Silva

Si tienes una bisabuela o tatarabuelo mapuche, puedes contar este cuento mejor que yo.

Hace tiempo, hace unos 500 años, no habían españoles en Chile. Había puros mapuche, pehuenches, onas y muchos otros pueblos. Cada pueblo tenía sus costumbres, su estructura social (incluso familiar) propia, su propia relación entre hombres y mujeres y también entre humanos y la naturaleza.

Cada generación aprendía las grandes creencias de su pueblo, por ejemplo, que los mapuche nacen de la tierra – viven en la tierra por un tiempo – y finalmente vuelven a la tierra, es decir que los mapuche  son brotes de la tierra y el hombre no es dueño de la tierra sino la tierra es dueña de los hombres.

Pero ninguno de los pueblos tenía un lenguaje escrito donde se guardaran las reglas que eran sus costumbres. No tenían leyes escritas, pero sí tenían leyes, es decir costumbres que había que respetar. Y la interpretación de estas costumbres  quedaba en las manos de individuos o grupos que merecían mucho respeto.

Se pedía la opinión de éstos, los más sabios (o sabias), cuando no estaba claro quién tenía razón en una disputa sobre la aplicación de los costumbres, pero muy a menudo, las costumbres eran tan bien conocidas que no había donde perderse.

Los detalles de las costumbres pasaban de generación a generación en largas conversaciones. Entre ellas, el Az Mapu, es decir el sistema jurídico mapuche. En otras palabras,  las leyes de convivencia de la vida.

Az Mapu significa – en castellano – estar bien, en armonía con el ser interno y con todas las fuerzas que rodean al hombre en su entorno natural y cósmico. Señala el poder hacer y no hacer y la manera en que se deben hacer las cosas, de tal forma que si no se hace lo que hay que hacer, se hace lo que  no se debe hacer. Es decir, si se hace algo en forma indebida se romperá el equilibrio cósmico en que vive el hombre y el pueblo mapuche.

 

Los Lof

 

La sociedad mapuche antes de la conquista se sostenía en una economía de horticultura y ganadería complementada por la caza.

Los mapuches vivían en pequeñas comunidades, los Lof, que se basaban en lazos de parentesco patrilineal. Cada una de estos Lof estaba encabezada por un jefe o Lokgo quien administraba los terrenos del grupo y asignaba los campos a las familias o matrimonios, quienes utilizaban las tierras hasta que se agotaban. Sucedido esto, el jefe reasignaba nuevos terrenos a la familia a la espera de la recuperación de la tierra agotada. También existía una tierra de reserva comunitaria  de común acceso de las familias.

Mejor no olvidar que para los mapuche, la tierra es una unidad con todos sus bienes y riqueza tanto aire, suelo, agua y subsuelo. Así, las aguas, plantas, los animales y sus productos son parte del territorio mapuche.

La economía de los Lof se basaba en el  trabajo en conjunto, la construcción conjunta de la casa. A la mujer le correspondía la organización de los recursos disponibles para la familia y al hombre proveer la casa a través de la caza, la pesca y la recolección.

 

Las Leyes y las sanciones

 

Como las comunidades eran centrales para la vida de los mapuche, no debería sorprendernos que, al ser infractor de las leyes del Az Mapuche, una de las sanciones frecuentes era excluir a la persona, aislarla de la comunidad.

Por ejemplo, en el conflicto sobre los subsidios estatales INDAP  entregados en la comunidad Cariman Sánchez del Lof de Huilio, en el año 2000, se excluyó al involucrado de toda actividad comunitaria…”se le expulsó de la comunidad como socio por haberlos  traicionado  y el compromiso no era así, el compromiso era, por ejemplo, si yo saqué subsidio de 100 mil pesos lo entrego, y cuando todos entregamos lo que recibimos, teníamos que repartirlo por igual.”

Pero el infractor tenía una jubilación por parte del estado así es que poco le interesaba participar en la comunidad. Depender de  la comunidad para todo, entonces, ya no era el caso para muchos mapuche.

Este tipo de cambios inició hace tiempo, durante el siglo XIX Lo que había sido un trabajo comunitario y parental se transformaba en la individualización de los territorios. Se entregaron títulos de merced a cada familia, lo que provocó la ocupación de terrenos mucho más pequeños. Y aún más, la Ley 19.253 cambió las comunidades tradicionales donde regía el Az Mapu, a comunidades funcionales, económicas y las tierras se heredarían al interior de cada familia nuclear. Se desintegraron gradualmente los  grupos locales de parentesco.

 

La Propiedad de la Tierra y sus recursos

 

Es precisamente esta propiedad privada, la base del proyecto de ley que tipifica como delito el robo da madera “en troza”, en la comisión de Seguridad Pública del Senado presidida por Felipe Kast Kommerhoff el 24 de junio de este año.

Kast mismo es propietario de dos empresas del rubro forestal. Pero igual de importante, tiene relaciones muy cercanas con los Matte, gran grupo económico de empresas como la papelera CMPC y Colbún S.A.

Miembros de la familia Matte han donado millones a sus arcas políticas. Por ejemplo la fallecida Patricia Matte Larraín con tres millones, Eliodoro su hermano (renunciado presidente de CMPC por el escándalo del Confort) con tres millones más, y tres más de Bernardo Larraín Matte (de la Sofofa y director de Colbún).

No es una sorpresa que el grupo Matte fue uno de las empresas más beneficiadas por el subsidio estatal a la industria forestal y la plantación de pino y eucaliptos con el decreto ley 701.

Su forestal Mininco recibió un subsidio de la forestación de 1.2 millones de hectáreas. De esta suma Forestal Arauco y Forestal Mininco recibieron 600 millones de dólares.

Moneda Assets Management, una de las entidades que administra parte del fideicomiso del patrimonio de Piñera, ayudó a sacar a Kast de la pobreza. Su presidente donó 7 millones a las arcas, y el vicepresidente 8 millones. Ni hablar de la familia Solari de Falabella, que donó 5 millones.

Queda claro entonces, que el presidente de la Comisión de Seguridad quiere garantizar la seguridad de los recursos, de la propiedad privada, de los dueños de las Forestales.

 

Carlitos Marx en 1842

 

Cuando el Gobierno de Renania aprobó, en 1842, una ley que definió el hurto de madera como robo, el joven Carlitos Marx, que era editor de una revista de oposición al Gobierno, levantó la voz.

Dijo que el derecho de ilegalizar la recolección de la leña era el verdadero hurto, el verdadero robo, porque definió como privado algo que era de bien común, de la naturaleza o de la humanidad.

¿Qué es el Estado?, preguntó Marx. ¿Es una organización que existe para proteger a los humildes y débiles…o existe para imponer el derecho a la propiedad privada de los que ya controlan bienes, a todos los recursos del Estado?

“El Estado baja al mezquino y calculador interés privado, en lugar de elevar la propiedad privada a la perspectiva del Estado en relación con la vida del recolector de leña”, dijo.

Sacó las conclusiones que el Estado debería proteger  a los débiles, pero que el Gobierno quería extender los derechos de los poderosos, a todos los recursos. Podemos hacer la misma pregunta a Kast. ¿Quiere proteger a los débiles o dar más fuerza a los poderosos? Ya sabemos la respuesta.

 

Carlitos, décadas después, opinó más sobre este tema del Estado, las Leyes y los Derechos.

Escribió: “tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado no pueden ser comprendidas por si mismas ni por la pretendida evolución general del espíritu humano. Sino que, al contrario, tienen sus raíces en las condiciones materiales de la vida”( Prólogo de la Contribución a la Crítica de la Economía Política).

Sí, las leyes nacen del hecho que unos tienen las Forestales en sus manos y otros no. Las Leyes reflejan ese hecho. El Estado y las Leyes son un aparato para imponer los privilegios de los poderosos.

Pero ¿por qué tiene que ser así?

¿Por qué las leyes protegen el privilegio del poderoso y no protegen los derechos comunales establecidos por costumbre en años anteriores?

Las leyes del país que queremos crear, van  a apoyar a los débiles y no a los poderosos.

 

Músico, abogado y defrentista. Vive en Peñalolén, Santiago.

Comentarios (1)

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    YeHar

    Excelente la conexión entre el famoso escrito de Carlos, que inauguró una original e imperecedera concepción del Estado y lo que pasa hoy. Por lo demás porque ha pasado siempre.

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