André Jarlan & Pierre Dubois, los curas rojos de la «Población La Victoria”

“Bendito sea Dios que nos mantiene vivos a pesar de tanto lumazo, gases, balines y tantos perdigones, tantas balas, tanto desprecio a la vida de los pobres. Bendito sea Dios.”

Plegaria Pierre Dubois


#MemoriaPopular

Por Gabriel Cardozo Silva

 

En la parroquia siempre había una taza de té, un pancito y una gran sonrisa, el Padre Pierre Dubois con 20 años en Chile y un gran amor por los obreros y los pobres, recibía a quién cruzará sus puertas. Cercano, muy humano y de origen francés, el padre Dubois era un querido vecino de la emblemática Población “La Victoria”.

 

 

En 1982, André Jarlan solicitó servir su sacerdocio en América Latina, al siguiente año fue asignado a ser el compañero del Párroco victoriano, el Padre Pierre.  André, oriundo de Reginac, había sido asesor de la juventud obrera cristiana y de la acción católica obrera. La Victoria, obrera, humilde y profundamente pobre desde sus inicios, lo abrazó cariñosamente.

 

 

El escenario político que recibía al Padre André, era de una dictadura asesina de los pobres, una dictadura que desapareció cientos de personas y en donde el desprecio por el más desvalido era latente. La izquierda que reunía en el Movimiento Democrático Popular a; Miristas, Comunistas y los socialistas de Almeyda, algunos MAPU e Izquierda Cristiana, se organizaba ante tal escenario. El contexto social era álgido, la creciente cesantía no daba tregua, en “La Victoria” se pasaba hambre, se comía a veces. La inflación disparada y los ya 10 años en el poder del Gobierno Militar, desembocan en reiteradas protestas a partir de 1983 convocadas por las dirigencias sindicales. La dictadura había avanzado con el Plan Laboral de José Piñera, confrontándose y atacando directamente a los sindicatos, atomizando su estructura, cortando de cuajo el derecho a huelga y a negociación, instalando la privatización en todos los sectores. En adelante las protestas no dieron respiro, ya no daba para más. Cientos de detenidos, cientos de heridos y varios muertos.

 

 

Los victorianos acompañados de su iglesia, se preparaban para cada protesta, André que ya llevaba un año y algo con ellos y conocía a la perfección lo que ocurría en cada intervención, promotor de la protesta pacífica, sabía que era imposible competir contra las armas con sólo manos y piedras, abogaba por la protesta no violenta y eran tiempos difíciles, nada acabaría bien así.

 

 

La fría mañana del 4 de septiembre amaneció nublada, las fogatas y las barricadas estaban encendidas desde temprano, todos reunidos alrededor de la llama. Algunos de los niños jugaban con los neumáticos que rodaban hasta acabar alimentando las barricadas, el humo se extendía por las calles y desde el cielo los helicópteros de la repre empezaban a sobrevolar la población.

 

 

El Padre Pierre presintió que sería una intensa jornada de violencia, André en sus plegarias abogó por la vida de los pobladores y prepararon la parroquia para atender a los que serían heridos. Poco después en avenida La Feria, a eso de las 10 de la mañana, un tiro de los pacos alcanzó a Hernán Barrales, el costado del cuerpo reventó en sangre. Hernán perdía fuerzas camino a la capilla. Pierre recibió al herido y el diagnostico indicó que debía ser trasladado a un hospital de inmediato, el cuerpo con la bala al interior, no paraba de sangrar. Horas más tarde, Hernán murió.

 

Bencina al fuego. Se enfrentaron a las camionetas de la repre que recorrían la calzada sorteando las piedras y los palos que caían desde las veredas, cuando del aire dateaban a los pacos, se bajaban a balear a quién fuera. La intensa jornada de protesta seguía su curso, las barricadas encendidas impedían el paso en 30 de octubre, a eso de las cuatro de la tarde, la parroquia recibió otro herido de bala, el Padre Pierre indignado salió a las calles a enfrentar la represión, valientemente y como era normal, se ponía delante de los pobladores para defender a su gente. Mujeres, hombres e incluso niños enfrentando las balas junto a Pierre, nunca estuvo solo, siempre él con su gente, y su gente con él.

 

 

En la Parroquia, André Jarlan con su escaso año y medio que llevaba en el país, atendía a los heridos, muchos de ellos eran los mismos cabros que ayudaba a salir del neoprén, los mismos cabros que aconsejaba en las esquinas sensibilizando con los pobladores la problemática de las drogas. Atareado y acongojado, rezaba mientras atendía los heridos. Visiblemente agotado subió al segundo piso y se sentó a leer el Salmo 129, a pedir por la vida del pueblo chileno.

 

Pierre, pasadas las siete de la tarde y luego de pasar la tarde enfrentando la represión, escuchó disparos desde el centro de la población, con preocupación y aceleradamente volvió en dirección a Ranquil. De camino preguntó; ¿los pacos fueron a la capilla?, no,  le respondieron al paso.

 

Los balazos se estrellaban en los postes y en donde cayeran. Periodistas entre escondidos, mostraban temerosamente sus cámaras y credenciales. ¡Somos periodistas! ¡Prensa! Gritó Gilberto Palacios del Fortín. Unas ráfagas de balas cayeron desde la esquina, una UZI descargó sus 9 mm y dos de esas balas fueron a dar al segundo piso donde rezaba André, una de las balas impactó en su nuca cruzándola. En la misma posición, sentado, levemente inclinado hacia su izquierda, cayó sobre la biblia.

 

 

Pierre entró a la casa y preguntó inmediatamente por André, no lo vio abajo y subió al segundo piso, al verlo sentado y apoyando la cabeza sobre la mesa, creyó que dormía. Se acerco y le habló, André, André, lo movió y para su tristeza y de toda la población, descubrió que estaba muerto. André había sido asesinado por carabineros la tarde del 4 de septiembre de 1984.

 

“Compañero André Jarlan,  presente.

Ahora y siempre.

Ahora y siempre.

 ¿Quién lo mató?

 El fascismo.

 ¿Quién lo vengará?

El pueblo.

¿Y cómo?

Luchando, creando, “Poder Popular”.

 

La muerte de André provocó un profundo de quiebre en el corazón de La Victoria, la vida de André, se la llevó una bala asesina. La ira prontamente se apoderó de los más jóvenes, decididamente quemarían el reten de los pacos, para fortuna del Padre Pierre los cabros del MDP se habían cruzado e impedido que eso pasará, les dijeron que significaría la aniquilación de la población. Las tanquetas estaban todas dispuestas en las afueras de 30 de octubre, los pacos estaban en todas las calles,  habían cucas de blanco y negro en varias esquinas. A pesar de la tensión, el Padre Pierre logró calmar y conseguir que los jóvenes custodiaran y protegieran el cuerpo de André.

 

 

Las calles estaban todas iluminadas de velas, cada luz que se apagaba era nuevamente encendida, por cada vela consumida se encendían 3 más en otra calle o en la misma. El cuerpo de André fue retirado a las 2:00 de la madrugada.  El silencio se hizo presente en La Victoria y la noche empezaba a helar.

 

A las 12, al mediodía, el Padre Pierre ofreció una misa por André, con una fortaleza única lo despedía en plegarias. Caían lágrimas, el llanto explotaba en la cara de los cabros, los mocosos chicos se despedían a su manera, pero la tristeza se vivía en cada rincón de la población, en cada pasaje por donde tantas veces transitó, en las esquinas donde aconsejaba a los jóvenes que aspiraban neo. Aquel día, los mismos jóvenes, en las mismas esquinas, lloraron a André.

 

 

El asesinato del Padre André Jarlan conmocionó al país, se transformo en un gran y profundo problema para el régimen militar. Políticamente fue un impase formal con el Gobierno francés y la queja formal del vaticano. Sergio Onofre Jarpa sínicamente mentía frente a las cámaras de los cómplices canales tradicionales desestimando la participación de carabineros en la muerte del Padre André.

 

(La connotación de la muerte desencadenó en la designación de un Ministro en Visita y variadas investigaciones comprobaron posteriormente la participación de carabineros y como autor al cabo segundo, Leonel Povea Quilodrán.)

 

 

Llegado el momento del adiós, todos caminaron al ritmo de lo que les dio el paso, las calles estaban colmadas de los pobladores, algunas vecinas lo hacían llorando y desgarrando el alma, poco se avanzaba, como no queriendo dejar ir a André. A cada cuadra se unían más y más victorianos, las calles se repletaron de gente, en “andas” y lentamente avanzaba el ataud en los hombros de su pueblo querido. Las calles que recibieron el paso del cortejo se llenaron de gente que despedían el cuerpo de André. Desde todos lados lo saludaron a su paso, un mar de almas acompañaron su tránsito hasta la Catedral, Juan Francisco Fresno había decidido que la misa de despedida debía ser en la Plaza de Armas. Disputa no menor entre los pobladores y el regimen militar, quienes no aprobaban que fuera trasladado en andas hasta el centro de Santiago.

 

 

El camino estaba plagado de pacos y milicos que a regañadientes habían autorizado para que se fuera en procesión hasta la Catedral Metropolitana. La organización característica de la Población y el rol de la Iglesia, lograron hacer posible que por única vez  por esos tiempos, la fuerza policial no actuara ante las ordas de gente que acompañaron el cuerpo de André Jarlan. Una Catedral repleta, no había espacio libre. Afuera, en la Plaza, la multitud era total, las calles aledañas y todo lo cercano al perímetro de la misma.

 

Nos mataron a André.

 

Hoy te vas, pero te quedas en el corazón de los pobladores, porque eres parte nuestra y en eso ninguna bala asesina podrá arrancarte de nuestro lado”

 

Plegaria C. Pretch. Catedral Metropolitana. 6 de septiembre de 1984, 17:45 horas.

 

Notas al pie

 

La visita e  intervención del Juez Edmundo Posttock la noche de la muerte fue clave para determinar las responsabilidades al hacer descubrir la pared donde se alojo la bala, la 9 mm que pertenecía a las UZI de Carabineros. La conmoción que provocó el asesinato se hizo presente en el nombramiento de un Ministro en Visita. Correa de la Cerda encargó reo al Cabo 2do Leonel Povea Quilodrán, a quien lo acusa de cuasidelito de homicidio, dado que no pudo determinarse si él era quien había dado la orden de disparar, pero si estaba a la cabeza del grupo de efectivos aquel 4 de septiembre de 1984. El abogado que asumió la causa no pertenecía a la institución, fue el propio Ministerio del Interior a través de Ambrosio Rodríguez, quien toma la potestad en la defensa del Cabo Povea. Posteriormente Correa de la Cerda se declara incompetente y la causa se archiva en 1992 en el Juzgado Militar de Santiago.
 
Las fotografías del sitio del asesinato pertenecen al fotógrafo Carlos Navarro, fotografías que le encargó el Padre Pierre el día de los hechos para evitar que se propagarán imágenes de otros medios y así proteger a la familia y la imágen del Padre André.
En 1986 el Padre Pierre Dubois es expulsado de Chile luego de una violenta intervención. Recién en 1990 pudo volver a Chile a cumplir su sueño de terminar sus días en su amada “Población La Victoria.”En el año 2012, el Padre Pierre fue despedido en procesión y una repleta Catedral Metropolitana despidió al otro cura rojo de La Victoria, el incansable defensor de los Derechos Humanos, Pierre Dubois.

 

 

Texto adaptado al relato con información del Documental “La Victoria” de Gonzalo Justiniano y Réquiem de Chile. André Jarlán Pourcel. Canal 13

Comments (1)

  • Brian

    La verdad muy emocionante historia soy poblador de la victoria y los curas son un recuerdo vivo e intacto que incluso tiene sus nombres los parques más lindos de Pedro Aguirre Cerda ! Saludos

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