Antifascismo Queer

Antifascismo Queer

Por Enid Faúndez

#DeFrente

 

 

Cuando escuchamos hablar de fascismo -término muy usado últimamente- nos viene a la mente figuras como Hitler y Mussolini; referentes históricos en cuanto al nefasto poder de manipulación de las masas, que lograron urdir con artimañas la unión de preocupaciones de la ciudadanía y a través de esos caminos el acceder al poder total.

 

Estos regímenes totalitarios se valen de los momentos de inestabilidad y crisis económico-políticas para enraizarse, aprovechando la insatisfacción y el desarraigo social, planteando una salida simple a problemas complejos; reaccionando en contra de la inmigración, en contra de la izquierda o de los movimientos LGBTIQ+.

 

Fascismo deriva de la palabra latina fasces, que significa atado; antiguo símbolo de autoridad del Imperio Romano el fascio littorio (haz de varas), utilizado por los magistrados, y que envolvía una cabeza de hacha. Las varas simbolizaban el poder del castigo y el hacha el poder de la vida y de la muerte; por consiguiente, hoy implica un símbolo de la unidad cívica organizada y de la autoridad para castigar e imponer normas; una forma ofensiva y violenta de la burguesía por la disputa del poder.

 

Este tipo de violencia fascista, se caracteriza principalmente por forzar la racionalización del irracionalismo; encubriendo las realidades conflictivas con paliativos temporales. Esta forma de dar soluciones incompletas pero inmediatas, es el gran atractivo de los movimientos populares de derecha. Se presentan, además, de una manera “democrática”, en donde de forma práctica y ágil, la burguesía se mezcla en múltiples ámbitos sociales, como instituciones de gobierno, sociedades anónimas y en todo lo que sea posible para controlar la gran masa de la población a través de una infinitesimal parte de ella.

 

Este fascismo democrático, o neofascismo; va reemplazando la democracia formal y, a su vez, incrementando los controles sociales y la represión. Es por ello que el anti fascismo es fundamental y en ello, la lucha del movimiento Queer, aporta una visión estratégica de liberación, siendo el principal grito de lucha en contra de las bases morales, religiosas o de reduccionismo de las estructuras sociales como la familia, el matrimonio, las relaciones interpersonales, etc.

 

Las fanáticas “interpretaciones religiosas” y la imposición de dogmas no cuestionados, están al servicio del ordenamiento institucional de la sociedad; negando la realidad natural de que la vida es, hasta cierto punto, anarquía.

 

La mirada Queer considera el constante cuestionamiento de lo normal, entendiendo lo normal como una opresión reproducida en todas nuestras relaciones socio-políticas. El hombre no es mujer, los discursos de la heterosexualidad, la raza blanca y el capitalismo interactúan entre sí dentro de un modelo de poder; usados para controlarnos y destruirnos. Pero, la estrategia de resistencia y lucha, es usar esos ejemplos para articular una crítica coherente sobre todas las maneras en las que somos alienados y dominados.

 

El movimiento Queer; entiende que el poder se centra en el individuo y, por ende, la multiplicación y la suma de combinatorias diferentes de realidades rompe la tendencia de considerar el  grupo como el vínculo orgánico que une a individuos jerarquizados; sino, un constante generador de “desindividualización”; usando la práctica política de la crítica como un intensificador del pensamiento y creador de nuevos espacios de intervención de la acción política, contraria a las ideologías unitarias y totalizadoras. Incluso cuestionando la política en sí misma; dado que se basa en la antinormatividad y a su vez de la alta complejidad de su representatividad como un sujeto político claramente definido. Constituye, en sí, un movimiento mucho más amplio que una lucha por derechos sociales LGBTIQ+; se trata de un proceso de democratización política total de todos los aspectos de la vida, tanto sexual, racial, de clase, etc.

 

Si no hay sujeto ¿cuáles son las modalidades de acción social y política capaces transformar el curso de la historia?; Paul Preciado lo describe de la siguiente forma: “El cuerpo Queer (ni masculino ni femenino, ni infantil ni adulto, ni humano ni animal) es aquel que se construye como sujeto que resiste y contesta a ese proceso de normalización pedagógica, encontrando puntos de fuga que permitan nuevos agenciamientos”.

 

El reto es establecer alianzas que presten atención a la transversalidad de las opresiones derivadas del fascismo o de cualquier naturaleza; inventar procesos abiertos de experimentación social para producir otros modos colectivos de vivir. Es necesaria una revolución de los cuerpos, no tener miedo a los cambios, sino siempre ir en búsqueda de ellos.

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