Apuntes para el avance y maduración de la revuelta popular en Chile, a una semana del Estado de Excepción

Tras más de una semana de la vigencia del Estado de Excepción y el rechazo y desacato popular ante éste, y tras la gigantesca y sin precedentes movilización social del viernes 25 de octubre, y los anuncios del Mal Gobierno de la mañana de hoy sábado 26, algunos apuntes y comentarios para el momento actual:

 

1. Lo primero, reseñar las tácticas presentes desplegadas por las dirigencias y elites del régimen: Tomando nota de la altísima proporción de participación y apoyo a la revuelta popular y el rechazo a la respuesta militarista, intentar empatizar en parte con aquella, como los comentados tuits y declaraciones de dirigencias derechistas aplaudiendo #LaMarchaMasGrandeDeChile y aludiendo a una supuesta «unidad transversal» que los incluiría también a ellas y ellos. En cuanto a la militarización, suspender (ojo: por hoy y sólo hasta nuevo aviso) el Toque de Queda, pero manteniendo un Estado de Excepción de Emergencia bajo el cual se están practicando acciones vulneratorias de su propia regulación. Como tanto se ha apuntado, bajo el Estado de Emergencia, se están realizando acciones propias del Estado de Sitio. Con el reemplazo de Gabinete, dar la impresión de un cambio de el sentido del Gobierno. Con el acercamiento de parte de las dirigencias de la ex Concertación, intentar presentarse como un Gobierno «de unidad nacional» y «transversal». Intentar con todo lo anterior el difundir la idea de una «vuelta a la normalidad», en especial, con la «vuelta al trabajo» en la semana venidera. Usar intensivamente los medios de comunicación masiva para todo aquello.

 

2. Yendo a lo nuestro. Más allá de esas tácticas y cortinas de humo, partir comentando que la represión y militarización contra la revuelta popular no han cesado ni aflojado en absoluto, ni se aprecian pasos efectivos de retroceso en la instalación de un Régimen de Facto por parte del Gobierno, que permanece en un estado de vulneración del orden Constitucional y la legislación vigente. Sí, los hechos de violencia estatal se «mueven» de un lugar a otro, generando a veces la sensación errónea de su aflojamiento en algunos lugares. Pero a cada rato siguen habiendo reportes de una brutalidad criminal que son, sin exagerar en nada, catalogables como violaciones graves y sistemáticas de Derechos Humanos y acciones más propias de un Régimen de Facto que de un Estado de Derecho Constitucional. Debemos ser insistentes en esto: La responsabilidad política y penal de autoridades y ejecutores será perseguida sin cesar, y tarde lo que tarde, no quedará impune y será castigada. Los mensajes a unas y otros deben intensificarse en tal sentido, generándoles tensión y dudas sobre sus actuaciones y complicidades con el Terror de Estado del que están siendo parte.

 

3. El seguir los sucesos mediante el sistema de medios de comunicación masiva puede generar confusiones y desánimos, pero debemos ser capaces de revertir tal circunstancia y ocupar esta oportunidad para develar el rol central que tienen aquellos en la configuración del poder actual, y por cierto, como protagonistas en generar las condiciones ideológicas y culturales para la continuidad y agravamiento de los problemas que han generado esta crisis social. Amplias franjas del pueblo vienen tomando conciencia de aquello, y en la hora presente debemos intensificar la denuncia y develamiento de aquello. La patética cobertura «informativa» de estos días, la puesta en pantalla de las referencias políticas e ideológicas del régimen como «analistas» y «figuras connotadas» de la sociedad, las mentiras, manipulaciones y omisiones, deben servir para ejemplificar esto a quienes aún siguen dándoles credibilidad. Por su parte, el reforzamiento de los medios comunitarios, alternativos, populares, y el activismo ciudadano vía redes sociales, debe también apuntar a un cambio profundo y radical al sistema de medios de comunicación masiva.

 

4. Entre las militancias más organizadas y articuladas, algunas tareas asoman como centrales. Lo primero, servir de referencia a sus entornos inmediatos y espacios de acción, proveyendo lecturas, análisis, propuestas, iniciativas. Esto pudiera parecer obvio, pero no está de más subrayarlo: Las necesarias articulaciones «nacionales», regionales, sectoriales, no pueden ni deben acaparar toda la atención ni la iniciativa, y el carácter también descentrado, «en red», de «desde abajo y desde arriba», debe ser potenciado y defendido ante toda pretensión de excesiva centralización. También, es preciso limar las posibles tensiones que generan las diversidades y pluralidades puestas en movilización, y hacerlas compatibles, complementarias, y generar condiciones de unidad dentro de las diferencias de los distintos actores, abandonando toda idea de que hay ciertas formas o repertorios de movilización que puedan ser menospreciados, rechazados o subordinados a otros. Al contrario, se debe comprender y valorar el aporte que cada cual está haciendo en esta multitud de personas, iniciativas y colectivos puestos en movimiento: la acción intra y extra institucional, la disputa de las calles ante la represión militarista, el activismo jurídico y judicial, la acción directa y las asambleas cabildos y deliberaciones populares en sus múltiples espacios y tamaños.

 

5. Vinculado con lo anterior, a la respuesta militarista y terrorista del régimen no podemos sólo responder con tristeza, rabia o furia, y sólo podremos prolongar la masividad de la movilización y revuelta de las amplias franjas populares que se han puesto en movimiento, con condiciones anímicas, acciones y actividades que contemplen también la calma, la alegría y la fiesta popular. También, es necesario tener clara una cosa: En la historia de la Humanidad, nunca ha habido una revuelta o proceso revolucionario donde se viva un estado de agitación y efervescencia social permanente sin días y semanas de relativa calma y reflujo. Las personas, las familias, los pueblos, requieren también pausas, descansos, «normalidades». Las militancias y organizaciones más sólidas son quienes deben dar continuidad y una mirada de conjunto sobre el proceso que se vive, evitando que tales circunstancias impliquen la idea de derrota, desmovilización, o solo triunfo parcial. A la «espectacularidad» y efeversencia de las movilizaciones masivas se le debe sumar la presencia de la movilización más localizada en los territorios y barrios más «descentrados», las acciones en espacios más pequeños pero también más cercanos a las personas y colectivos, y las iniciativas de movilización en los ámbitos más cotidianos de las grandes mayorías.

 

6. Las concesiones y medidas de repliegue relativo del régimen dan muestras de su relativa fragilidad actual y pueden ser vistas como avance y muestra de triunfo parcial, pero tenemos que ser capaces de mostrar su insuficiencia para salir de la crisis desatada, y no alejarnos de los objetivos de mayor envergadura histórica que no podemos perder de vista en ningún momento. Mantener arriba la guardia y la atención en el cuadro general, ver el proceso de la revuelta en general y no confundirse con la contingencia del día a día. La construcción de «relato» y su difusión entre las más amplias franjas sociales en esto resulta crucial. Hay que apuntar a lo más alto y nuclear del estado de cosas en que vivimos: el modelo neoliberal, la Constitución vigente, las principales leyes y aristas del orden establecido. Mucho de ello ya se ha hecho en los años precedentes, pero este es el momento para hacer avanzar en masificación, conocimiento y profundidad de los pilares de este régimen neoliberal y antipopular. La exigencia del inicio de un proceso y Asamblea Constituyente y Nueva Constitución, y su puesta en marcha desde ahora en cuanto a la deliberación popular y elaboración política que esto implica, es el elemento unificador de todo lo puesto por la gigantesca movilización social en la calle estos días.

 

7. En una coyuntura como la que vivimos, el frente internacional es de alta significación y relevancia, y si bien buena parte de las franjas sociales movilizadas no tienen los elementos para su consideración en lo inmediato, puede condicionar en alta medida el desarrollo de los sucesos en curso. En tal sentido, es perentorio acrecentar la denuncia y la presión externa, para que el Gobierno ceda y retroceda en la violencia y terrorismo de Estado que estamos viviendo. Por una parte, es crucial comprender que lo que está sucediendo en nuestro país puede tener altísimas consecuencias de nivel regional y mundial, habida cuenta del lugar que ha ocupado Chile en cuanto supuesto «modelo exitoso» de implantación de un capitalismo neoliberal altamente extendido, sistemático y profundo. A la luz de eso es que deben comprenderse los pronunciamientos que vienen emitiendo instancias como la Secretaría General de la OEA y su delirante declaración culpando a los gobiernos de Cuba y Venezuela, o las instancias financieras internacionales como las clasificadoras de riesgo (JP Morgan recomendó vender acciones de empresas chilenas), o instancias «de Derechos Humanos» como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, o el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas encabezado hoy por Michelle Bachelet, o una prensa internacional cuya cobertura al escenario chileno viene en aumento. Es de destacar la compleja situación en que queda, en este contexto, la realización de dos cumbres internacionales de alto nivel en nuestro país en el futuro inmediato: La Cumbre APEC (16 y 17 de noviembre) y la Cumbre ambiental COP 25 (2 a 13 de diciembre). El cerco político y comunicacional que intenta desplegar el Gobierno y las elites dominantes tienen en esta arista un flanco de fragilidad que la revuelta popular en curso debe ocupar y acrecentar.

 

Para finalizar, un llamado a mantener la movilización, a no bajar la guardia, a cuidarse y cuidar sus entornos, a mantener la moral en alto, a conversar y convencer a los aún indecisos, a generar dudas y tensión entre los actores del régimen y los ejecutores de su respuesta militarista. Un nuevo Chile está en marcha, y no piensa en recular. No nos asusta la amenaza, patrones de la miseria. La estrella de la esperanza, continuará siendo nuestra. Ahora, más que nunca.

 

Sábado 26 de octubre de 2019.

 

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