Argentina: Macri condena a Venezuela, pero somete al hambre a su nación

Por Gabriel Cardozo

#DeFrente

 

 

La Argentina vive sus peores días. La inflación disparada a manos de una deficiente administración de Mauricio Macri, tiene al pueblo Argentino sumido en la pobreza y los escasez de alimentos. Los sueldos no alcanzan, los trabajos no abundan debido al constante cierre de fábricas y empresas, la desatada represión policial se ampara en un Estado que facilita la vía violenta ante las revueltas, sometiendo a punta de golpes al país trasandino.

 

El llamado “verdurazo” (ver nota sobre eso en Revista De Frente) convocado en la Plaza de Mayo por la Unión de Trabajadores de la Tierra, terminó repartiendo gratis el producto de la tierra ante los escasez de dinero y la ausencia de condiciones de producción. Filas de más de 200 metros se extendían a escasos metros de la casa Rosada, donde miles se congregaron para reclamar ante las actuales condiciones de acceso a los productos alimentarios.

 

No es Venezuela, no es el Chile del ’73, es la misma Argentina que pasó de ser un gran productor de alimentos a una nación en la cual las necesidades abundan. La ciudad de Buenos Aires bajo el mandato de Rodríguez Larreta, socio de Macri, prohibió las ventas populares, los llamados “feriazos”. Cada congregación hoy en día, es dispersada con gases lacrimógenos, balas de goma y golpes directos. La elocuente imagen de la abuela recogiendo del piso verduras para poder comer, se volvió una imagen ícono de la crisis trasandina.

 

Macri hipotecó el futuro de la nación ante el Fondo Monetario Internacional, no es capaz de controlar la constante baja del peso ante el poderío del dólar. La “casuchas” callejeras aumentan en todos lados al no tener como pagar rentas y dividendos. La protesta popular se extiende por todo el territorio trasandino, pero, la misma Argentina de Macri en el Grupo de Lima aboga por la ayuda humanitaria para Venezuela. La evidente maniobra política no deja dudas, la búsqueda incansable de condiciones para la intervención no se detiene, mientras al sur del mundo, el pueblo argentino se hunde en una verdadera crisis.

 

 

 

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