«Black Lives Matter y los Panteras Negras» Por Miguel Silva

Por: Miguel Silva

 

 “La revolución es un acto de amor. Somos los hijos de la revolución, nacidos para ser rebeldes. La revolución corre en nuestra sangre… [Las Panteras son] nuestra vanguardia revolucionaria, debemos apoyarlos con amor, dinero, propaganda y riesgo ”. Jane Fonda

 

Mientras Trump transmite que es el mejor presidente para la gente negra, las cifras de cesantía muestran que este mes hay menos trabajadores blancos cesantes, pero más trabajadores negros sin trabajo. Y el asesinato de George Floyd ha provocado miles de marchas locales de personas, tanto blancas como negras, contra el racismo. Black Lives Matter ha tomado vuelo como organización, tal como hicieron las organizaciones contra el racismo de los años ‘60.

 

 

En medio de las rebeliones estudiantiles, las insurrecciones urbanas y el gran movimiento  de protesta contra la Guerra de Vietnam que recorrió a los Estados Unidos a fines de la década de los ´60, surgió una nueva fuerza política: el Partido Pantera Negra. 

 

Cuando las Panteras se formaron en 1966, el movimiento de derechos civiles dirigido por Martin Luther King que nació en los estados del sur de los Estados Unidos ya estaba desafiando las leyes de estilo apartheid que todavía existían en el sur. Exigían la extensión de los derechos básicos que ya se habían ganado en los estados del norte: el derecho a votar, a comer y vivir donde tú elijas, a tener los mismos estándares de educación, etc.

 

Pero incluso en las ciudades del norte, los negros pobres seguían sufriendo el racismo. A mediados de estos años, alrededor de más de cuarta parte de las personas negras en las zonas urbanas estaban cesantes y los que encontraban trabajo tenían que aguantar las labores más difíciles y peor pagadas.

Sus viviendas estaban superpobladas e infectadas de ratas y su mortalidad infantil era muy alta. En 1963, el escritor negro James Baldwin predijo que los disturbios raciales pronto «se extenderían a todos los centros metropolitanos de la nación que tienen una población negra significativa”. Tenía razón. De 1964 a 1968, los negros se levantaron en casi todas las ciudades del noreste, el Medio Oeste y California. Cuando el ghetto de Watts en Los Ángeles  se sublevó en 1965, las autoridades desplegaron 15,000 policías armados y guardias nacionales. En la represión que libraron, 34 personas murieron y 4.000 fueron arrestadas.

 

 

En este contexto, Huey P. Newton y Bobby Seale, dos estudiantes universitarios de Oakland, California, formaron una nueva organización llamada el “Black Panther Party For Self Defense”.

 

Estaban impresionados por la capacidad del movimiento de derechos civiles para movilizar grandes cantidades de personas, pero encontraron que la importancia que  Martin Luther King ponía sobre la no violencia y su demanda de integración con la «sociedad blanca», mostraban algo de debilidad.

 

Por su parte, los fundadores de las Panteras estaban más en sintonía con el líder nacionalista negro Malcolm X. Malcolm, que rechazó la integración a favor del «orgullo negro», y abogó por la defensa de las comunidades negras «por cualquier medio necesario».

 

Las panteras también fueron influenciadas por las ideas desarrolladas por el líder comunista chino Mao Zedong, el maoísmo. La estrategia de Mao enfatizaba el papel de una vanguardia revolucionaria autoproclamada y comprometida. Pero estas ideas, aunque elitistas, influían en muchos radicales de la década que querían una alternativa al estalinismo de la Unión Soviética.

 

Programa de diez puntos

 

Juntos, Seale y Newton elaboraron un programa de diez puntos para las Panteras. Incluía demandas para poner fin a la brutalidad policial, la liberación de todos los prisioneros negros, la exclusión de los hombres negros del servicio militar, viviendas dignas para todos, el control comunitario, etc. Terminó con una demanda de «tierra, pan, vivienda, educación, vestimenta, justicia y paz, todo poder para el pueblo».

 

 

Newton había estudiado derecho y sabía que todos los ciudadanos estadounidenses tenían derecho a portar armas. Él y Seale decidieron que uno de los primeros objetivos de los Panteras debe ser terminar con el acoso policial en su comunidad, reclutaron y armaron a hombres y mujeres jóvenes para «patrullar a los cerdos» y seguían a las policías en sus patrullas por los ghettos de Oakland.

 

Los Panteras tenían un uniforme de chaquetas de cuero negro, pantalones negros y camisas azules. Y, después de ver una película sobre la resistencia francesa a los nazis, Bobby Seale comenzó a usar una boina negra.

Como era de esperar, el estado no aceptó el derecho de las Panteras a seguir a la policía, y mucho menos con sus propias armas y uniforme. En la primavera de 1967, el asambleísta Don Mulford presentó un proyecto de ley para prohibir el porte de armas cargadas. Las Panteras respondieron con una marcha armada en la capital del estado.

Bobby Seale recordó el día en sus memorias: “El 2 de mayo de 1967 cruzamos el puente hacia Sacramento en una caravana de autos. Había 30 hermanos y hermanas, 20 de ellos estaban armados… Mucha gente miraba. Mucha gente blanca se sorprendió al mirarnos. Sé lo que decían: «¿Quiénes mierda son esos negros con armas de fuego?»

 

El gobernador de California, Ronald Reagan, quien estaba paseando en el pasto de la legislatura estatal, vio la caravana y se arrancó corriendo. Frente a cientos de reporteros, Bobby Seale leyó una proclamación que llevó a las Panteras a la fama nacional.

A los pocos meses de la protesta, el partido pasó de unos 50 miembros a más de 5.000, a medida que nuevos activistas se unieron y comenzaron a operar en pueblos y ciudades de los Estados Unidos.

 

 

Eldridge Cleaver estaba entre ellos. Tenía el concepto de organizar un partido de los «hermanos en la cuadra», o lo que a veces llamaba el » proletariado lumpen». Argumentó que los que tenían menos que perder, quienes no tenían trabajo ni compromisos, eran la sección de la sociedad más abierta a las ideas revolucionarias.

Había tomado la idea del revolucionario Frantz Fanon, cuyo libro “Los Condenados de la Tierra” había explicado por qué las personas oprimidas tenían derecho a usar la violencia contra sus opresores.

 

Contra el imperialismo

 

El crecimiento de las Panteras coincidió con una radicalización más amplia en la sociedad estadounidense. En 1967, más de 100,000 se unieron a un mitin en Nueva York contra la Guerra de Vietnam. El ambiente antibélico alimentó otras demandas: derechos de los negros, igualdad para las mujeres y liberación de los homosexuales. Era fácil integrar las demandas porque los  negros eran el 13.5 por ciento de todos los militares alistados y el 22.4 por ciento de los heridos, pero solo el 3.4 por ciento de los oficiales.

 

Las Panteras se diferenciaron de las organizaciones nacionalistas negras al hacer alianzas con grupos blancos de izquierda, como Students For A Democratic Society y el Peace and Freedom Party. Para las Panteras, cualquier organización que declararaba su oposición al capitalismo y al imperialismo era un aliado potencial.

 

Sin embargo, a pesar de las rebeliones contra la guerra, hubo muy pocos enfrentamientos importantes entre los trabajadores estadounidenses y sus patrones en la década de 1960.

Pensaban que esos trabajadores organizados igual eran «esclavos» y vendidos al sistema. Huey Newton argumentó: «Somos explotados no solo por el pequeño grupo de la clase dominante, estamos oprimidos y reprimidos incluso por la clase trabajadora».

 

Este hecho dio más fuerza al énfasis de las Panteras, junto con la minoría de estudiantes blancos y revolucionarios blancos comprometidos, en las secciones más marginales de la comunidad negra. Sin embargo, la estrategia de «hermanos en el bloque» había permitido a las Panteras encontrar a miles de jóvenes que estaban dispuestos a participar en la política revolucionaria. Cuando se trataba de enfrentamientos armados, se hizo muy evidente que el estado estaba mucho mejor preparado.

 

En otras palabras, los dirigentes de las Panteras pasó por alto en gran medida a los millones de trabajadores blancos y negros, en fábricas, oficinas y minas, que tenían el poder de golpear al capitalismo estadounidense donde estaba más vulnerable. Sin embargo, los trabajadores negros en la industria automotriz ya estaban comenzando a organizarse y existía la posibilidad de ganar a los trabajadores blancos en una lucha contra el sistema. Dentro de unos años, estos trabajadores estarían librando batallas campales contra la policía mientras intentaban defender sus trabajos y condiciones. 

 

Bueno, las Panteras ganaban harto apoyo, lo que creció después de 1968, cuando el partido comenzó una serie de programas comunitarios diseñados para «servir a la gente», estableciendo centros de alimentación que ofrecían desayunos para hasta 250,000 niños por semana. También lanzaron clínicas médicas y escuelas controladas por la comunidad, todo lo que dejó muy en claro el abuso social consciente  del estado.

 

 

Una encuesta nacional realizada para la revista Time en 1970 reveló que el 9 por ciento de la población negra (alrededor de dos millones de personas) se consideraban «revolucionarios».

El Wall Street Journal preguntó a los negros en Nueva York qué pensaban de las Panteras …”a mí me gustan las Panteras y también porque hablan del poder económico y político. En este momento están respaldando lo que predican, y es por eso que el hombre (blanco) los está criticando”, dijo un entrevistado.

 

El sistema estadounidense estaba aterrorizado por la presencia de grupos armados de marxistas autodeclarados que ganaban apoyo en el apogeo de la Guerra Fría. El jefe del FBI, J Edgar Hoover, calificó a las Panteras como «la mayor amenaza para la seguridad interna del país».

Cuando un policía disparó en el estómago al desarmado Huey Newton durante un enfrentamiento, muchos estaban espantados pero no sorprendidos. Durante ese enfrentamiento, un oficial de policía murió y Newton fue enviado a la cárcel por tres años.

 

Bajo la presión de la represión y las necesidades de la población negra, había grandes diferencias de política dentro de las Panteras. Eldridge Cleaver se burló del programa de desayunos para niños y lo contrapuso a la necesidad de la lucha guerrillera urbana. 

 

Huey Newton 

 

La batalla para liberar a Newton se convirtió en uno de los puntos focales tanto para el movimiento de liberación negro como para la izquierda en los Estados Unidos. Las principales figuras radicales prometieron su apoyo. La actriz Jane Fonda dijo: “La revolución es un acto de amor. Somos los hijos de la revolución, nacidos para ser rebeldes. La revolución corre en nuestra sangre… [Las Panteras son] nuestra vanguardia revolucionaria, debemos apoyarlos con amor, dinero, propaganda y riesgo ”.

 

Pero a pesar del apoyo a Newton y las Panteras, siguió la persecución estatal. A fines de 1968, Eldridge Cleaver tuvo que buscar exilio en Argelia y Bobby Seale fue juzgado junto con varios radicales blancos por iniciar una sublevación en Chicago; él apareció atado y amordazado en la sala del tribunal. Por otro lado, en 1969, el semanario Black Panther tenía una circulación de un cuarto de millón de copias en su punto más alto, según una estimación. En mayo de 1969, solo el seccional de Chicago vendía 8,000 copias del periódico cada semana, que pronto aumentaría a 15,000 por semana.

 

 

Ese mismo año, el líder de las Panteras de Chicago, Fred Hampton, fue asesinado a tiros por la policía mientras estaba en la cama durante una redada en las oficinas del partido. En ese año, la policía atacó todas las oficinas del partido, 27 panteras fueron asesinadas y otras 749 encarceladas o arrestadas.

 

Otro dirigente de las Panteras, David Hilliard, pronunció un discurso en el que llamó al presidente Richard Nixon un «hijo de puta» y luego dijo: «Mataremos a Richard Nixon. Mataremos a cualquier hijo de puta que se interponga en el camino de nuestra libertad”.

 

Como resultado, la “Justicia” llevó a Hilliard a juicio. En fin, para una pequeña organización revolucionaria, la pérdida de tantos líderes y activistas hizo la vida partidaria prácticamente imposible.

 

Lo que quedaba de las Panteras, ahora dirigidos por Elaine Brown, intentaba cambiar sus actividades para evitar mayores pérdidas y concentraba cada vez más recursos a los programas comunitarios y las campañas electorales. Pero la organización perdía a medida que el enfrentamiento  revolucionario con el estado comenzó a disminuir.

 

Sin embargo, la ira explosiva que las Panteras habían organizado brevemente aterrorizó a la clase dominante. La combinación del movimiento de derechos civiles, las rebeliones urbanas y el movimiento radical encabezado por las Panteras, obligaron al estado a hacer concesiones. En fin, la vida de muchas personas negras mejoró, porque se atrevieron a luchar.

Pero desde la década de 1980, al comenzar las décadas del neoliberalismo, muchas de las reformas ganadas durante la década de 1960 se revirtieron. Un pequeño sector de personas negras encontró su nicho entre los poderosos, pero para la mayoría de la clase trabajadora, tanto blanca como negra, la vida se volvió mucho más difícil y el trabajador negro seguía siendo el último en ser contratado y el primero en ser despedido.

 

Los proyectos de vivienda social que se suponía iban a poner fin a la miseria de los ghettos carecían de recursos y se convirtieron en lo que se suponía que iban a reemplazar.

 

Han pasado más de 50 años desde la formación de las Panteras y en ese tiempo poco ha cambiado, pero esa ira que dio fuerza a  las rebeliones de los’1960 hoy día nuevamente está presente. 

Músico, abogado y defrentista. Vive en Peñalolén, Santiago.

Comentarios (1)

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    Diego

    Las Panteras negras no apoyan a los delincuentes de BLM.

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