Bolsonaro: neopinochetismo brasilero

Por Jorge Pavez O.

Corresponsal #DeFrente en Sao Paulo

 

 

La primera vuelta de la elección presidencial y parlamentaria del 8 de octubre en Brasil confirmó un fenómeno hasta ahora inédito en Sudamérica:  la escalada de una forma actualizada de fascismo representada por el ex militar evangélico Jair Messias Bolsonaro, quién obtuvo la primera mayoría (46%), convirtiéndose en el más probable ganador del segundo turno el próximo 28 de octubre.

 

Admirador declarado del mundialmente famoso Augusto Pinochet, Bolsonaro no sólo es seguidor de la figura histórica del dictador chileno, sino que resucita en el siglo XXI el proyecto ideológico impulsado por el pinochetismo en Chile desde 1973 (la mezcla de neoliberalismo económico, autoritarismo político, y conservadurismo valórico), puestos en práctica por un bonapartismo con capacidad de convocar a sectores heterogéneos de la sociedad bajo un proyecto homogeneizante, ofreciendo como solución a todos los problemas de la sociedad un estado de excepción declarado y permanente. Por eso llama la atención que algunos analistas políticos brasileros aún declaren que a pesar de la posibilidad de que se multipliquen los grupos de choque neofascistas contra homosexuales, negros, o feministas, “la democracia no está en riesgo”. Esta displicencia de la élite para con el ascenso sin precedente del fascismo solo puede recordar como Alemania vio despreocupada el ascenso del nazismo en los años 30, de manos de las SA de Hitler.

 

 

Derecha fascista y derecha liberal

 

Esto nos lleva a resaltar una primera dimensión de este fenómeno, y es la complicidad de la derecha liberal con el ascenso del fascismo. Esta complicidad se manifiesta tanto por acción como por omisión. Por acción, usando los oligopolios mediáticos para demonizar procesos  sociales que asustan a una parte de la población desinformada o temerosa de los cambios radicales. Si en los años ’60 en Chile, fue la revolución cubana el monstruo que la derecha llamaba a exorcizar con un golpe militar; en los 2000 es la revolución bolivariana de Venezuela la que ocupa ese lugar. En las redes sociales, los bolsonaristas repiten a la saciedad que hay que prevenir “el peligro de convertirse en una nueva Venezuela”. En este contexto de terror comunista-bolivariano, la broma que algunos izquierdistas hicieron circular respecto a la futura creación de la URSAL (Unión de Repúblicas Socialistas de América Latina) fue tomada muy en serio por los fascistas que ahora tienen un nombre para su enemigo interno-externo.

 

La celebración del programa económico de Bolsonaro –que más que un programa de gobierno es repetición de la doctrina neoliberal– también es expresión de la complicidad de la derecha (neo)liberal con el fascismo. A pesar de las prevenciones de The Economist sobre el desastre económico que significaría un gobierno de Bolsonaro, un presidente empresario como Sebastián Piñera está presto a felicitar la introducción del neoliberalismo en Brasil, para así desmantelar el proyecto nacional desarrollista de capitalismo de Estado que constituye el consenso brasilero durante la casi totalidad del siglo XX. 

 

E incluso medios chilenos liberales como El Mostrador -poco sospechoso de pinochetismo- coquetean con Bolsonaro instalando una polarización maniquea de las propuestas económicas en la dicotomía entre “liberalismo” e “intervencionismo socialista”, como si se tratara de una reedición de la Guerra Fría entre capitalismo y comunismo. Si en estos medios moderados se tolera y maquilla la candidatura de Bolsonaro, que cabe esperar del pinochetismo chileno latente o manifiesto de la derecha chilena, que celebra o quiere “darle una oportunidad” a un candidato que añora la dictadura, promueve el asesinato de opositores políticos y delincuentes comunes, golpizas a los homosexuales, discrimina negros y mujeres, y quiere establecer políticas de eugenesia vía castración química.

 

 

Sin duda que la seducción de la derecha liberal con Bolsonaro está dada por su equipo económico –encabezado por Pablo Guedes, un economista formado en Chicago como los los Chicago Boys de Pinochet—que ofrece al país la receta combinada de privatizaciones a destajo, baja de impuestos a las empresas, destrucción de los sindicatos, y eliminación de derechos laborales, como fórmula para el crecimiento y la entrada de la economía brasilera a la globalización de las transnacionales. El capitalismo confirma así su total indiferencia a los regímenes políticos mientras estos favorezcan los procesos de acumulación.

 

Pero es cómplice también de este ascenso fascista, el poder judicial que entra de lleno a tomar partido en la arena política, con el encarcelamiento de Lula luego de un juicio cuya única prueba es una “delación compensada”, y luego con las medidas que ha tomado para reducir la votación del lulismo y los sectores pobres de la sociedad, prohibiendo el uso de la imagen de Lula en la campaña, prohibiendo que dé entrevistas, y revocando del padrón electoral más de tres millones y medio de votantes (casi cuatro puntos porcentuales del electorado) del izquierdizado aunque empobrecido Nordeste por no haber actualizado sus fichas biométricas.

 

La campaña de Bolsonaro ha tenido una agresiva y muy efectiva estrategia digital de presencia masiva en redes virtuales, activada por una “milicia digital” compuesta de muchos matones y muchos robots, los que propagan fake news en todos los formatos, cápsulas de odio en Youtube, mensajes automatizados en Facebook, Youtube y Twitter, mensajes de miedo y odio en grupos cerrados de Whatsapp (se habla de al menos 30.000 grupos bolsonaristas en esta red). La estrategia digital –favorecida por leyes recientes que restringieron el financiamiento de empresas a las campañas y acortaron los periodos de campaña legal– da a los votantes una sensación de participar de algo (diferencia con las campañas pagas) donde ellos mismos se vuelven activistas virtuales de la campaña. También les da sensación de proximidad ya que actúa sobre el mundo cercano del votante: familia, amigos, comunidades religiosas. Las fake news suelen inventar proyectos de ley amenazadores a los valores conservadores de la familia, liberalización de costumbres, “ideología de género” o ataques a la religión, todos supuestamente presentados por el PT en el congreso. Toda esta estrategia fue desarrollada hace varios meses, con el apoyo de Steve Bannon, cerebro digital de la campaña de Trump.

 

 

Los votos de Bolsonaro

 

 

La enorme masa de votantes de Bolsonaro (casi 50 millones de electores) está compuesta por al menos tres grandes líneas de fuerza ideológica, generando un bloque muy similar a aquel promovido por el pinochetismo.

 

Por una parte, un voto valórico ultra conservador, que confunde política y religión, defensor de la familia tradicional (un voto tipo José Antonio Kast). Este voto es promovido principalmente por las iglesias evangélicas (en Chile sería un voto católico igualmente conservador), las que aquí disponen de canales abiertos de TV de alcance nacional, y generan una campaña de temor donde sus valores serían amenazados por la educación sexual (entendida como promoción LGTB para los niños e “ideología de género”), el matrimonio gay concebido como pecado, la adopción homoparental entendida como pedofilia, el aborto como asesinato promovido por las feministas que también son acusadas de ser anti-femeninas. Este voto apoya los discursos de Bolsonaro que promueve la recuperación de la familia patriarcal (por ejemplo el derecho del padre a darle una paliza a los hijos que se portan mal, derecho que el PT les habría quitado), de roles tradicionales de hombres y mujeres, de “corrección” de niños con tendencias gay a bese de buenas palizas, etc.

 

 

Una segunda tendencia fuerte es el voto económico neoliberal (un voto parecido a la derecha liberal de Piñera). Está compuesto por electores de clase media, media alta y alta, que quieren adoptar el neoliberalismo que ellos creen que triunfa en el mundo. Estos votantes se ven atraídos por el programa neoliberal de Bolsonaro, cuya garantía de ejecución es su cabeza económica Paulo Guedes, doctorado en la Universidad de Chicago, al igual que los Chicago Boys de Pinochet. Su propuesta se reduce a la doctrina neoclásicaprivatización de las 150 mayores empresas estatales (el candidato confirmó que se privatizarán 50 el primer año de su gobierno) ya que son vistas como “cajas pagadoras” de partidos políticos y su privatización permitirá “abril el Brasil al mundo”; reforma a las pensiones con introducción del modelo chileno de las AFPs; eliminación de derechos laborales, que son considerados un abuso de los que “no quieren trabajar”, lo que incluye eliminar el treceavo salario obligatorio (aguinaldo), flexibilización de contratos, eliminación de afiliación obligatoria a sindicatos (considerados parásitos de los salarios por el cobro de cuota sindical). También incluye la apertura de tierras indígenas y tierras quilombolas (afrodescendientes) a proyectos productivos (codiciados recursos minerales en la Amazonía), ya que según Bolsonaro, quilombolas e indígenas “no saben hacer nada, ni siquiera reproducirse”. También en términos de seguridad, este voto se enfrenta contra el garantismo judicial (considerado que deja libre a los delincuentes, matar a delincuentes, castrar químicamente a violadores y pobres)

 

Una tercera línea de fuerza es la del voto nacionalista, policial y militar, que corresponde sin duda al fascismo más clásico (y que fue fundamental en el bloque de poder de Pinochet). Este voto busca la “unión nacional”, acusando que la izquierda siempre ha querido dividir, una revigorización de la presencia de las Fuerzas Armadas en la vida nacional (la mitad de la bancada electa del partido de Bolsonaro es militar), especialmente en las fronteras, considerando incluso una intervención militar en Venezuela por la amenaza que representaría la revolución bolivariana para Brasil. Es un voto también policial, de aquellos que piden mano dura contra la delincuencia, y que no se condene a los policías por matar, ya que, según Bolsonaro, “un policía que no mata no es policía”. Pero además, este votante quiere la liberalización del porte de armas y la “auto-defensa” contra la delincuencia (lo que favorece por supuesto la industria nacional de armamento), y la militarización de la seguridad pública, como ya ocurre en la ciudad de Río donde su hijo Eduardo Bolsonaro, salió electo senador con casi dos millones de votos. Todo esto en un país que ya enfrenta 63.000 homicidios anuales, y cuya policía es de las más mortíferas del mundo, especialmente contra negros y pobres.

 

Obviamente, como en el pinochetismo, este discurso no siente la contradicción entre una ideología nacional-corporatista militarista y el neoliberalismo transnacional que promueve la venta de empresas estratégicas, en incluso la instalación de una base militar norteamericana en el punto de Bahía mas cercano al África. Bolsonaro, al igual que Pinochet, lo resuelve con “apertura al mundo” en términos de capitales, y “unión nacional de la gran mayoría” del pueblo brasilero en torno a los valores conservadores. Para este discurso, los pronunciamientos internacionales (organizaciones como la ONU y el CIDH, medios como The Economist) respecto a la injusta prisión de Lula solo refuerzas su idea de “amenazas a la soberanía nacional”, y piensa incluso salirse de la ONU, porque según Bolsonaro, está lleno de “comunistas” y “no sirve para nada”.

 

Finalmente, una última línea de fuerza que es la del voto anti-corrupción y de renovación de la política. Y aquí, es indudable que las administraciones del PT contribuyeron a reforzar enormemente este voto. El PT quedó asociado a los escándalos de corrupción como “Lava Jato”, “Mensalao”, “Odebretch-OAS”, y en vez de limpiar la casa, sumarse a la persecución de los corruptos, intentó un acuerdo transversal con los demás partidos involucrados (especialmente el partido del actual gobernante Temer, MDB, y el PSDB) para frenar las investigaciones. De los 79 candidatos parlamentarios procesados por el caso Lavajato, 47 no fueron reelectos, y 32 si lo fueron, y no son obviamente todos del PT. De hecho, la mayoría son del PP, partido donde Bolsonaro militó más de una década. Sin embargo, las ambigüedades del PT sobre el tema, y todos los esquemas de coimas para asignación de contratos a compañías privadas, y retiros de dinero de las empresas públicas por los operadores políticos, minaron la credibilidad tanto en la capacidad del Estado para administrar transparentemente las empresas públicas y también para asignar eficientemente recursos, en un país donde hay más de 3.000 obras de infraestructura detenidas en su construcción, incluyendo trenes, carreteras, puentes, líneas de metro, etc. Lo que es más grave aún, es que este desfondamiento de la confianza en la gestión económica y probidad del PT, contagió la credibilidad en la democracia misma, como un sistema que no puede ser controlado y donde nadie asume responsabilidades, una “democracia irresponsable” cuya solución, para algunos como el vicepresidente de Bolsonaro, el general Mourao, avanza hacia una “anarquía” que justifica plenamente un autogolpe militar, con cierre del Congreso. En la entrevista dada hace dos días, Bolsonaro se apresuró en desacreditar estas reiteradas afirmaciones de su vice, señalando que el sería “esclavo de la Constitución” (la llamada Constitución Ciudadana de el Asamblea Constituyente de 1988).

 

 

Nuevo Parlamento federal

 

Uno de los problemas que trajo la concentración en la campaña presidencial fue que se descuido las campañas parlamentarias. El parlamento se movió así la derecha conservadora, aunque también la parlamentaria trajo algunas buenas noticias. El “bloque progresista” de izquierda y centro-izquierda compuesto PT, PCB, PDT, PCdoB e PSOL, mantiene su fuerza de 135 diputados, donde el PT perdió 12 diputados pero PSOL de Boulos y PDT de Ciro Gomes subieron. Los partidos de la alianza neoliberal que apoya a Temer cayeron estrepitosamente, el PSDB de 54 a 29 y el MDB de 65 a 34 diputados, una caída que fue pura ganancia para extrema derecha de Bolsonaro. Su Partido Social Liberal pasó de un diputado (él mismo) a 52 donde prevalecen los pastores evangélicos, ex policías y ex militares, siendo el segundo partido de la Cámara después del PT (56 electos).

 

De esta manera, desaparecieron las “super bancadas” de 90 a 100 diputados que el PT, PSDB y MDB llegaron a tener alguna vez. La composición actual donde convivirán 30 partidos políticos, está hecha de 11 partidos medios (de 25 a 60 diputados) y 19 pequeños (de 1 a 25 diputados). Fue electa Joana WaPichana, la primera mujer indígena en el parlamento brasilero, y segunda indígena después de Mario Juruna en los años 80. Subieron las representantes mujeres a 77 diputadas, y también fue electo un senador gay Fabiano Contarato.

 

En el Senado, se perdieron 3 de cada 4 incumbentes que se repostulaban, lo que muestra el efecto del discurso de renovación, y también el desprestigio de los políticos de carrera por los casos de corrupción. Eso fue capitalizado, al igual que en la Cámara, por el PSL de Bolsonaro que entró con 4 senadores, quedando con la misma bancada que el PT y el PSDB. El PT perdió figuras claves como Dilma en Minas Gerais y Suplicy en Sao Paolo, y la bancada progresista bajó así de 16 a 8 senadores. En Rio, el hijo de Bolsonaro sacó la mayor votación senatorial en toda la historia de Brasil (casi 2 millones de votos), lo que muestra el copamiento total de Rio por el bolsonarismo, una mega ciudad que fue tradicionalmente mas a la izquierda, y que ha marcado las tendencias nacionales.

 

Los estados del Nordeste destacaron por haber resistido al bolsonarismo y por su lealtad al PT. Esto ha significado todo tipo de expresiones de racismo y clasismo contra esas regiones por parte del bolsonarismo, que levanta campañas de odio contra todo lo que difiere. Bolsonaro tuvo también que manifestarse al respecto, llamado a la calma y invitando a los nordestinos a “no tener miedo” de votar por él, ya que según él, estas regiones sufren la coacción del PT. En cambio, en las regiones del sur, se han denunciado inumerables ataques de bolsonaristas a opositores políticos, tanto afuera de los locales de votación como en los días siguientes. Ante esas acusaciones, Bolsonaro ha dicho que “el no tiene control sobre uno que otro elector” pero que el que se llevó la puñalada es él. De esta manera, se refuerza perversamente la estrategia que mezcla la victimización (“tenemos derecho a querer Bolsonaro”, “los que están contra nosotros están contra Dios”) y el matonaje de manadas y cripto-milicias, del cual nadie se hace cargo.  

 

 

 

Autismo fascista y autocomplacencia social-demócrata

 

Es difícil revertir la tendencia fascista que parece imponerse. Es difícil incluso conversar entre ambos bandos, especialmente con el bolsonarismo, porque este se reproduce en el autismo, ya que no tiene argumentos muy profundos, no invita a la reflexión sino a la pasión. Este fascismo se reproduce y crece en el autismo, por lo que muchos brasileños demócratas, que tienen entre sus familias y amigos a votantes de Bolsonaro, se proponen hablarles “mirándose a los ojos”, algo que parece casi imposible. El autismo de este neopinochetismo también se alimenta de la gran duda que pesa sobre todo tipo de información que circula, de manera que todo puede ser virtualmente una “fake news”. Al inundar el espacio de las comunicaciones con fake news, el fascismo consiguió que toda información sea cuestionable, especialmente para el grueso de la población que no tiene tiempo y ganas para verificar fuentes, contrastar noticias y fiabilidad, etc. Esto obviamente hace difícil cualquier debate ya que no hay un piso epistemológico común, se forman mundos paralelos que no hablan, y los indecisos que quedan entremedio no votan porque no creen nada. El populismo se alimenta así del autismo y la producción de un sentido común que solo reconoce como verdad lo que reafirma lo que ya se considera verdad. En este sentido común fascista, no hay conocimientos objetivo, no hay información desinteresada, de hecho no hay ciencia. Este sentido común de la ignorancia no puede ser impugnado porque no se reconoce como ignorancia. Los intelectuales, los científicos, los técnicos, todo lo que huele a conocimiento es aborrecido. Para coronar la estrategia de fomento del autismo, de cierre completo en las verdades propias, Bolsonaro se vale de partes médicos para anunciar hoy que no irá a los primeros cuatro debates con su contendor, porque le generará “mucho estress”, y que quizás la próxima semana podría. Ante la imperiosa necesidad de debatir, Haddad ofreció incluso hacer el debate en el Hospital y con asistencia médica si es necesario, porque “no se puede elegir Presidente sin debatir de cara al país”. Pero quizás si, Bolsonaro podría ser elegido sin haber participado en ningún debate, y probablemente no le convenga, porque su contrincante tiene un doctorado de la Universidad de Sao Paulo, lo que para el populismo anti-intelectual, es igual a un mentiroso profesional…

 

Otro grave problema que complica mucho a la izquierda para apoyar la campaña de Fernando Haddad, es el mismo Partido de los Trabajadores (PT), de Lula y Dilma. Un partido que no ha asumido ningún tipo de autocrítica respecto a sus responsabilidades en el ascenso del fascismo, de la desconfianza, del odio y el miedo. Un partido que no asumió un discurso y una práctica decididamente anti-corrupción. Un partido cuyo pragmatismo no permitió marcar clara delimitaciones en las políticas de alianza, desdibujando la ética política de la izquierda. Un partido que hasta hace 20 días privilegió el mesianismo lulista como única apuesta, y que en su soberbia creyó que en esas tres semanas el candidato “indicado” por Lula podría remontar contra un fenómeno fascista que se viene anunciando hace años. Un partido que no quiso nunca ceder, con racionalidad estratégica y generosidad política, la candidatura a la presidencia a la definición de una alianza mayor que tuviera posibilidad de agrupar y ampliar un bloque anti-fascista que no se viera tan contaminado por la imagen de la corrupción del PT. EL PT tampoco logró explicar que el ascenso social que varios millones consiguieron en sus gobiernos, fue por políticas públicas y no por méritos individuales. Esa clase media que también se vio reforzada por las políticas del PT, rápidamente lo abandonó con la crisis económica, porque las bases mismas de la política económica del PT eran frágiles. El PT tampoco enfrentó el debate económico en forma creativa, para que diferentes grupos sociales, del pequeño empresariado y la clase media confiara en ellos. Ese trabajo lo hizo el laborista desarrollista Ciro Gomes, quién llegó tercero en la primera vuelta.

 

Con su pulsión hegemonista, su ilusión voluntarista y su irresponsabilidad con los tiempos de este proceso electoral, el PT también empujó el país al borde del abismo fascista. Esto es sabido por todos salvo por los petistas (ver la excelente columna de Roberto Pizarro)

 

Quizás por esto es tan fuerte el antipetismo, que es el que parece estar ganando la elección. Por otra parte, las estrategias antagonizantes tambie´n suelen reforzar al adversario. Incluso la campaña EleNao (Él No) iniciada por las millones de Mujeres Contra Bolsonaro, puede haber terminado siendo contraproducente, reforzando la auto-victimización del fascismo, y la auto-afirmación de sus electores que desean romper contra las élites “bien pensantes” (para Bolsonaro, Ele Nao son un grupo de artistas minoritarios), y el deseo de lo innombrable y lo prohibido (¿quién es él?). Y sin embargo, son al parecer las electoras mujeres, entre las cuales genera un enorme porcentaje rechazo, que podrían frenar las pretensiones presidenciales de Bolsonaro y producir lo que sería así un verdadero “milagre brasilero” antifascista. Pero no hay que ilusionarse, porque en vez de un milagro, podríamos estar asistiendo al inicio de la catástrofe. De hecho, desde la elección no paran de denunciarse los ataques de grupos bolsonaristas contra hombres y mujeres que declaran apoyar a Haddad: cuchillazos, palizas, marcas de svásticas en la piel, esto parece estar recién comenzando

 

Como cuando Hitler salió electo en las urnas el año 1933… Lo que siguió a eso no fueron fake news (aunque tenían a Goebbels para crearlas), solo violencia. La encuesta de DataFolha hoy al menos, no anuncia milagros: de los votos válidamente emitidos, Bolsonaro 58%, Haddad 42%

 

Fuentes de imágenes: AFP (Fernando Souza); CNN Chile

Comments (2)

  • María Eliana Labra

    Felicitaciones al Dr. Jorge Pavez por su excelente y lúcido análisis de la delicadissima coyuntura pre-electoral que vive Brasil. Me dispongo a hacer de inmediato la versión en portugués del artículo para permitir la divulgación más amplia posible en Brasil.

    reply
    • jorge

      Gracias Maria Eliana, estamos juntos!!!

      reply

Post a Comment