Cahuín y los 3 tamices

#Opinión_DeFrente

 

Por Simón Carvajal

 

¿Alguna vez jugaron al teléfono en clases?

 

La profesora le decía a un alumno algo cómo «salimos temprano hoy» y cuando este mensaje boca a boca llegaba al final de la sala era algo cómo «la profe se va temprano porque se aburrió hoy». En una sala de 40 alumnos el mensaje se había atrofiado, transformándose en cahuín y de seguro una sorpresa para los padres.

 

Cahuín viene del mapuche que significa alboroto, eran reuniones entre caciques y lonkos que representaban sus facciones en tiempos de paz o de guerra, que luego del ingreso del vino terminaban en conversaciones de ebrios y en comentarios mal intencionados, provocando conflictos.

 

Hoy el cahuín son frases mal intencionadas sea para el desprestigio o la aceptación de los pares, «yo supe que», «x me dijo que», «x vio que», etc. Mensajes sin fuentes confiables buscando un objetivo que es generalmente el dañar o generar una acción en un tercero o un grupo de estos.

 

Sócrates aplicaba 3 tamices antes de enfrentarse con aquella información:

  1. ¿lo que se dice es verdadero?
  2. ¿lo que se dice es bueno?
  3. ¿lo que se dice es útil?

Si aquél cahuín no es verdadero, bueno y/o útil ¿cuál es el verdadero fin de la persona en replicarlo como un hecho?

 

Para la RAE, cahuín es una intriga o una situación confusa y es interesante que reflexionemos entonces sobre lo que es una intriga, acción de lo más normal entre lotes, facciones, grupos y partidos en política, tal como las reuniones entre lonkos y caciques en la antigüedad.

 

«Un manejo cauteloso, acción con astucia para conseguir un fin».

 

Entonces ese es el objetivo del cahuín, pues si bien no es verdadero y tampoco bueno, cómo lo filtraría Sócrates, es útil para quien desea seguir esparciéndolo.

 

Pero debe hacerlo de forma cautelosa o de manera astuta, con palabras y argumentos correctos para que pase por verdadero, aunque no sea bueno, mejor aún si logra empatizar emocionalmente con el receptor propenso a escuchar y/o confirmar lo que quiere oír.

 

Repetir el mensaje varias veces de diferentes formas, en diferentes fuentes y en diferentes lugares, cómo lo haría Goebbels, hasta que se transforme en verdadero, el famoso «miente, miente que algo queda» y siempre queda algo.

 

Para esto, y en tiempos de una comunicación permeada por la posverdad (mentiras emocionales) y hegemonizado por un sector ideológico, las fuentes confiables deben ser obligatorias para verificar la información antes de compartirla, como también evaluar las consecuencias de hacerlo.

 

Por lo tanto, cuando una información pase por verdadera, y no es buena, se debe identificar para quién es útil y saber que quien te habla mal de los demás probablemente también lo hará de ti con otros.

 

Porque como diría Malcom X:

«Si no estáis prevenidos ante los medios de comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido«.

Y esto ¿Para quién es útil?

 

 

 

Las opiniones vertidas en esta columna son a título personal y no necesariamente representan el pensamiento y la línea editorial de Revista De Frente.

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