Caminos y abrazos para una nueva América Latina.

Por Reynaldo Lacámara Calaf – Presidente de la Sociedad de Escritores de Chile

 

Los caminos de esta América morena, con sus recodos, atajos y solares, han sido testigos de epopeyas, dolores y abrazos, singulares en su propia inmensidad, pero colectivos en su proyección de anhelos y esperanzas. Es así como hemos ido agrandando horizontes, apurando amaneceres, a pesar de largas noches que han asolado a nuestra tierra y su gente. No ha sido fácil el camino que nos ha tocado recorrer, pero ha sido sorprendente, pleno de solidaridad y humanismo en medio de tanta invitación al olvido o al individualismo.

Así  fue posible, y sigue siéndolo, el encuentro de Gabriela y Sandino en los albores de la gesta de aquel “Ejército de locos” que con el devenir del tiempo constituiría el hermoso triunfo de la ternura y el vigor en la Revolución Sandinista triunfante en 1979.

Gabriela, la mujer de mirada amplia y corazón sincero, curtida en la palabra que se amasa desde los márgenes de la historia oficial y tibia, esa que sólo contempla a los desposeídos desde la comodidad del asistencialismo como sedante de las conciencias. Esa mujer supo encontrar en aquel hombre de sonrisa generosa, ojos profundos y sombrero ancho, la síntesis de un sueño que invitaba al futuro, apurando el presente sin temores ni falsos pudores ante la injusticia o el desaliento.

Ella había sabido de Sandino, y su historia, a través de las diversas versiones de su gesta contra el Imperio invasor que circulaban por el mundo entero.

Así surge su admiración y compromiso con el Libertador de Nicaragua y prócer de nuestra tierra americana..

Así surgen también, en 1928 dos reflexiones que con el paso de los años han venido a tornarse en referenciales para el espíritu latinoamericanista de cualquier época. Ellas son: “Sandino: contestación a una encuesta” y “Sandino: la pobre ceiba”.

En la primera de ellas, la  poeta, hace una descripción inigualable del prócer de Niquinohomo: …“Sandino carga sobre sus hombros vigorosos de hombre mítico, sobre su espalda viril de herrero o forjador, con la honra de todos nosotros”… Síntesis, y desafío, resumida en la figura de un ser humano con un profundo sentido y conciencia de propio destino, pero también portador de una misión universal de liberación y dignidad para un continente atrapado en estructuras de dominación e injusticia secular.

Desde esa percepción, Gabriela también será capaz, en su momento, de llamar a los jóvenes latinoamericanos de su época: …”para ofrecerle a Sandino lo mejor que puede cederse, que es la sangre joven, y una lealtad temeraria y perfecta que sólo la juventud puede dar”… Llamado audaz, qué duda cabe, pero cargado de ideal internacionalista, convocante y de plena vigencia en nuestros días.

Es la misma voz, que denuncia desde sus versos, el dolor y la injusticia de una niñez violentada por el hambre, la miseria y la indolencia. Ella es quien nos sigue susurrando desde las veredas de los postergados: …“piececitos de niño/azulosos de frío/ ¡cómo os ven y no os cubren/Dios mío!//Piececitos heridos/por lo guijarros todos/ultrajados de nieves/ y lodos.”

Es el verso que desnuda, como todo verso verdadero, que cuestiona y que convoca. No es la Gabriela de los manuales escolares o la Antologías de salón…que oscurecen y caricaturizan su mensaje y compromiso son el ser humano desposeído y postergado.

Es el verso de una poeta, maestra rural, conciente de la vida, de sus luces y sombras…son los versos de una mujer en plenitud, ¿qué más se puede pedir?…

La serena voz de la maestra rural sabe alzarse con la fuerza, el vigor y la dignidad de todo un continente, que como un solo sujeto histórico se reconoce en Sandino, a quien hoy seguimos invocando como modelo y artesano de un destino diferente para nuestros pueblos, forjado en el día a día de una causa invencible.

Asoma a contraluz, y se agiganta, con el tiempo, la figura injustamente silenciada de una Gabriela conciente y comprometida con la causa de una Patria Grande –como denominara Bolívar a nuestra América- soberana, libre y justa.

En ella la poesía traspasa su auto impuesto canon estético, siempre cómodo a las estructuras dominantes y a sus literatos palaciegos, para instalarse en un registro ético que asume sin temores el espacio político como un lugar propio de desarrollo para el arte y el artista.

Actitud que no sólo se vio reflejada y asumida por la intelectualidad de la época, sino que también impactó en todo el tejido social, en  donde la epopeya sandinista encontró respuestas tan profundamente humanas como aquella de la Asociación de Zapateros de Santiago, quienes promovieron la recolección de botas destinadas a los combatientes de la libertad nicaragüense.

Gabriela formó parte de esa generación, en la cual la fraternidad era entendida como destino real de los latinoamericanos y no sólo como un enunciado de ocasión o buena crianza.

Es oportuno rescatar la impronta integral de lo mistraliano. Sólo así completaremos el retrato verdadero de una mujer que supo anticiparse a su tiempo, desde lo poético y lo político, entendido como una realidad convergente para el artista en cualquier tiempo y lugar.

Una propuesta estética que no sea capaz de tocar y remecer al ser humano en lo real de sus anhelos, miserias e injusticias no pasara de ser apenas una anécdota en los senderos de la vida y el arte.

La fortaleza convocante del espíritu y la lucha , encarnada por aquel entonces en Sandino, significó para Gabriela Mistral, la concreción de una conciencia política y liberadora que hoy sigue presente en la obra y compromiso de nuestros creadores con el mismo vigor de entonces.

La instalación de una mirada acerca de la  creación- y el arte en general- como un “producto”, que responde a las sacrosantas leyes del mercado como referente de toda propuesta, ha calado en la identidad de varias generaciones, colocándolas muchas veces en senderos distintos a la ruta de un continente que aún no culmina su lucha emancipadora. En un continente que aún no consigue su plena liberación, Gabriela asoma con una lozanía y vigencia capaz de cuestionar esa mirada, pero también de convocarnos con certeza y audacia histórica a la construcción de un nuevo continente latinoamericano.

Sandino y Gabriela, no sólo comparten una misma mirada, un mismo dolor y un mismo proyecto. Sobre todo, son hijos de la misma historia, del mismo horizonte existencial, que les permite entender, y entenderse, a cada como protagonista de mismo y único proceso permanente de transformación personal y colectiva.

Son seres situados históricamente, pero al mismo tiempo, son portadores de un mensaje y una praxis que los trasciende y les otorga una vigencia incuestionable, pero cuestionadora.

Hoy  nuestra historia común nos exige definiciones, no sólo de tipo coyuntural, sino de aquellas que comprometen nuestro quehacer integral. La audacia que estos días esperan de nosotros es la misma que hizo inmortales a Gabriela y Sandino…la misma que los hizo hermanos de ruta y compañeros de travesía.

Existen nuevos caminos por recorrer, desafíos que requieren coherencia, decencia y memoria histórica para que no terminen, simplemente, convertidos en anécdotas o temas de conversación para la hora del café.

El memorial proactivo de Gabriela y Sandino, puede y debe, transformarse en el núcleo convocante de la tarea transformadora que debemos asumir en el día a día. No es otro el sentido de actualizar su presencia y mensaje. No es otra nuestra tarea.

Celebrar, precisamente en este momento- de grandes y dolorosas encrucijadas históricas-, en el que nuevamente el discurso monocorde y arrogante del Imperio pretende imponerse.

Celebrar aquí y ahora la memoria cautivante de este prócer amerindio, a través de la voz y el compromiso de Gabriela Mistral con su causa, significa en primer lugar,  reconocer la lozanía de un proyecto todavía inconcluso y cada vez más urgente. Sobre todo para los que aún continúan esperando a la orilla del camino.

 

 

 

 

Santiago de Chile, mayo de 2011.

 

 

 

 

 

 

 

 

Corresponsal para Revista De Frente

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