Cannabis medicinal: «MÁS QUE NECESARIO, EL CAMBIO ES INMINENTE»

Por: Sandra Villagrán

 

Qué pasa con la medicina de este país? O mejor dicho… qué pasa con los médicos de este país?

Ellos ya no están garantizando bienestar, hace mucho tiempo que el paciente no está conforme con la atención tanto de la salud pública como de los propios médicos, te tratan como si estuvieran en tu cuerpo  y creen tener razón  porque estudiaron 10 años, son indolentes, y no se preocupan de las generaciones. Cuando existe una enfermedad crónica en una persona solo tratan al usuario y no a su familia, son muy pocos los que entienden que las emociones hacen daño a nuestros órganos. No son integrales.

La ciudadanía ya está dando cuenta de que  la medicina actual no está siendo suficiente  y las alternativas médicas no solo van dirigidas hacia el cannabis sino que también hacia la medicina ancestral y espiritual, plantas, yoga, flores, aromaterapia, árboles, o sea,  hacia lo natural. Existen testimonios de muchos pacientes  que se han enfermado de gastritis por la cantidad de medicamentos, gastritis que puede provocar un cáncer; la medicina está en proceso de cambio y existen muchos actores principales que no lo quieren asumir, como lo es “COLMED”, Colegio Médico de Chile, que por intereses  mezquinos prefieren dejar a miles de usuarios padeciendo los dolores de sus enfermedades en vez de bajarse de sus nubes y dar un vistazo a lo inminente… El cambio!

El cambio lo están llevando a cabo muchos países del mundo y aquí seguimos en las cavernas, seguimos entrampados en los egos de una minoría, mientras toda la ciudadanía sale a marchar por sus derechos, esa minoría se hacen los sordos, provocan la ira del resto y después salen dando declaraciones al estilo “vistima”.

Se necesitan nuevas políticas sociales que garanticen el bienestar de toda la familia, no solo del usuario, médicos integrales que sean capaces de comprender la enfermedad más allá de la evidencia, más allá del síntoma, más íntegros, que nos traten  como a los de Plaza Italia para arriba, que llegan a convertirse en doctores de cabecera de una familia, hasta en la foto del bautizo de los hijos del paciente aparecen; si los doctores nos trataran así podríamos limpiar de enfermedades crónicas a muchas generaciones. Nos darían consejos de prevención, que es lo que NO hacen, si ellos fueran integrales salvarían muchas vidas que es para lo que estudiaron no?…  Ah! Pero no es rentable ser integral. Las farmacéuticas se han encargado de corromper el rubro y con eso sepultan a las generaciones, pero les da lo mismo.

A nosotros no nos da lo mismo, por eso la lucha de clase será con miras a un cambio biopsicosocial, ya no es solo la enfermedad la que te enferma sino que es el sistema en el que vivimos, tenemos más farmacias y psicólogos que tiempo de ocio. Y la mirada biopsicosial es una mirada integral de las enfermedades, o sea, no solo necesitas un remedio natural sino que también necesitas tener tiempo para conversar, para salir a bailar, para juntarse con las amigas, para reír, para abrazar, para dar un consejo o para escucharlo, para decirle a esa persona  cuánto lo estimas, etc.

Al seguir hablando del recuperamiento de generaciones podemos ver que hay muchas instituciones que son necesarias para ese fin, pero que no funcionan y se están quedando obsoletas (Senda, Sename, por nombrar algunas). Se preguntarán que tiene que ver Sename y Senda con la medicina integral que NO están entregando los doctores, simple: Senda no quiere trabajar con cannabis para hacer educación de daños en jóvenes adictos a drogas duras, trabajan con medicamentos sintéticos que mantienen dopados a los jóvenes, también trabajan con la abstención y eso solo una cantidad muy pequeña lo logra y Sename mal medica a los niños que están a su cargo, entre otras muchas cosas que podría seguir contando en torno a esas dos instituciones.

Pero lo que está claro es que El cambio es inminente. Y mientras la ciudadanía esté convencida de eso, la minoría deberá siempre responder.

Músico, abogado y defrentista. Vive en Peñalolén, Santiago.

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