Casas de Alimentación venezolanas: la última trinchera contra el bloqueo de EEUU

Las Casas de Alimentación son una de las trincheras para frenar los impactos de la situación económica en Venezuela. En el barrio de Caricuao, en Caracas, funciona Luchadoras de la Patria, donde Luisa y las cocineras se levantan cada día al alba para garantizar la comida para los más necesitados de su comunidad.


Por Marco Teruggi (*)

 

 

Luisa Del Valle Baiz amanece cada día a las cuatro de la mañana. Tiene 77 años y una fuerza caribe pegada a la palabra. Nació en Güiria, estado Sucre, al oriente del país, una tierra con olor a mar, plantaciones de cacao y sol. Desde sus costas se puede ver la isla de Trinidad y Tobago, desde donde vino su familia en búsqueda de trabajo y una vida mejor.

 

Luisa lleva 54 años en Caracas, en el barrio de Caricuao. Al llegar el paisaje era otro: «todo era pura mata de cambur, mata de mango, hortalizas», cuenta. Aún no había autopista, ni bloques de edificios, ni las casas como racimos sobre el cerro donde construyó su hogar y su familia: cuatro hijos, 21 nietos, 12 bisnietos, cuatro tataranietos. Su madre tiene 101 años.

 

Siempre se levantó temprano para trabajar. Pero desde hace 10 meses los días se organizaron alrededor de la Casa de Alimentación que comenzó a funcionar bajo su techo. Desde entonces, junto con cuatro mujeres preparan comida de lunes a viernes para 221 personas que fueron incluidas luego de haber realizado los estudios de carencias materiales en el barrio.

 

 

La propuesta de abrir la Casa de Alimentación vino, como en la mayoría de los casos, por parte de la comunidad, y encontró respuesta en la Fundación Programa de Alimentos Estratégicos (Fundaproal), la institución encargada de reimpulsar las Casas de Alimentación a partir del año 2017, porque habían sido una política de inicios de la revolución bolivariana para dar respuesta a la inmensa necesidad, y se habían cerrado progresivamente en vista de los resultados logrados en materia de alimentación.

 

Desde 2017 hasta la fecha se pusieron en funcionamiento 3.118 Casas en el país. Cada día alimentan a 605.628 «misioneros», como son llamados quienes acuden a comer: gente humilde del país profundo, donde se encuentra la génesis del chavismo.

 

 

«Me gusta, me nace del alma», dice Luisa, con un gorro de cocina y un delantal que lleva la firma de Chávez y el nombre del programa social. No es por dinero que se levanta todas las madrugadas y pasa hasta la tarde frente a las hornillas en una tarea nada sencilla. Tampoco sus compañeras Lilibel López, Roxana Herrero y Rosa Vázquez, que llegó de Guayaquil, Ecuador, 17 años atrás, y se quedó en este barrio del sur de la capital venezolana.

 

Quieren que la comida sea buena, rica. «La población se gana con la sazón», dicen. Hoy cocinan arroz, pollo, lentejas, arepa, sardinas fritas, y leche. Parte de esa comida es para atender a la población más vulnerable dentro de la vulnerable, la que es incluida a través de los Centros de Educación y Recuperación Nutricional. «Yo les doy a toditos por igual», cuenta Luisa.

 

 

​Los objetivos de las Casas son varios. En primer término, garantizar la alimentación a los sectores de mayores carencias materiales, no dejarlos caer. En segundo lugar, desarrollar un plan para que no sean comedores que dependan enteramente del Estado, sino que puedan conformarse en espacios integrales, con producción de alimentos, contraloría de la comunidad, actividades culturales, formación política.

 

Ya existen pasos dados en esa dirección en cuanto al transporte, el procesamiento y la entrega de la comida. El método es el siguiente: la responsable de la Casa debe ir a buscar el despacho de comida al centro de acopio en un camión gestionado en su comunidad, recibir los alimentos, regresar acompañado de un integrante de la Milicia Bolivariana, y verificar que todo llegue a buen puerto para luego ser cocinado y entregado a los misioneros y las misioneras.

 

 

Esa entrega se realiza a las 11:30 en Luchadoras de la Patria. Hasta esa hora, la mesada de la cocina está repleta de envases de plástico apilados en torres: cada una corresponde a una familia, los tuppers tienen nombres marcados, aunque ya saben de quién es cada uno, cuenta Rosa junto a su hija.

 

La mesada solo queda libre por las noches, los fines de semana, días festivos y los 4 de diciembre, día de Santa Bárbara. Luisa y su familia son devotos de la Santa que ahora también resguarda el almacén de comida que está en el fondo de la casa, después de las jaulas con los loros verdes y amarillos, frente al cerro de casas que se construyeron una sobre la otra, en una arquitectura producto de la exclusión, voluntad y la capacidad creadora de quienes han construido todas las ciudades del mundo.

 

 

(¡) Publicado originalmente en Sputnik Mundo

Comments (1)

  • Nelly

    Creo que es una idea muy beneficiosa. Se le garantiza la comida a doscientas y más familias.!

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