Sobre la situación de las mujeres y el feminismo en Uruguay

Por Lorena Casco

Docente, fundadora del Partido Humanista de Uruguay

 

 

Me pidieron que comentara hoy nuestra impresión sobre el 8 de M y la situación de las mujeres y el feminismo en Uruguay. Hoy se trata de vaciar de contenido a una palabra tan hermosa y fuerte como es feminismo. Frente a la avanzada de las mujeres en el empoderamiento de sus propios cuerpos y vidas muchos tratan de subirse al carro y apropiarse de esta lucha para darle la dirección necesaria para que no moleste a los intereses capitalistas. Nos dicen entonces que feminismo es estar contra los hombres y decidir si te depilas o no…

 

Salen muchas que están en el poder a sacarse la foto en las movilizaciones multitudinarias de mujeres con intereses y situaciones políticas y económicas muy diferentes a las suyas. Gritan «nos queremos vivas» como si ellas no fueran cómplices silenciosas de tantas muertes. Pero la verdad es que quienes están en el poder tienen la posibilidad de articular herramientas educativas y concretas de viviendas, de empleo, de seguridad, etc. para quienes denuncian situaciones de violencia o para evitar esas situaciones de violencia, pero no lo hacen.

 

Los medios de comunicación lavan las propuestas feministas y muchas mujeres que se suman hoy con buena fe a la lucha se olvidan, o no saben, que no se puede luchar contra el patriarcado sin hacerlo contra el capitalismo que lo genera. Este sistema cruel que plantea la lucha en la cual gana el más fuerte, «que es el más apto», que nos enseña a pisar la cabeza de quien sea para progresar y ser un triunfador. Todo está pensado en términos de competencias y explotación convirtiendo al otro en un objeto para mi consumo. No es raro entonces que se generen la violencia racial, religiosa, machista y todas las formas de violencia conocidas hoy. Esos valores capitalistas, racistas, machistas los tenemos muy internalizados y hasta las más feministas podemos fomentarlos si no estamos atentas y cuestionadoras con nosotras mismas.

 

Pero cuestionarnos a nosotras mismas no es degradarnos, atacarnos, pelearnos. Todo lo contrario, las mujeres vamos aprendiendo a amar a nuestro cuerpo y a nuestro propio género. Vamos aprendiendo que la «envidia del pene», la competencia y la desconfianza que nos enseñaron sobre nuestro propio género no es más que una construcción social como tantas otras. Nos vamos mirando diferente a nosotras mismas tratando de amigarnos con este ser que somos y de generar lazos solidarios con todos los que, como nosotras, están oprimidos y oprimidas, pero especialmente entre nosotras porque podemos entendernos, porque padecemos un tipo de violencia muy especifico y universal.

 

El 8 de marzo miles de mujeres en el mundo salimos a las calles con indignación, con esperanza, con tristezas y alegrías. Cada cual con su propia mochila cargada de anécdotas de dolor. Cada cual expresando como pudo lo que sentía. Algunas gritando su rabia, otras en silencio. ¿Cuántas de esas mujeres fueron violadas por su padre, abuelo, tío, vecino o desconocido? ¿Cuántas fueron golpeadas por quien amaban, cuantas tardaron mucho en poder separarse de un hombre que las tenia aterradas? ¿cuántas todavía no se separaron? ¿Cuántas lo vieron desde el infierno de su casa y se alegraron o las criticaron por no estar lavando los platos y criando a los niños?

 

En esa marcha pacífica miles de mujeres gritamos, lloramos y reímos. Demostramos una fuerza incontenible que da la bronca digna y la unión de las fuerzas. Pero eso no es lo que la prensa quería mostrar así que se ocuparon de hablar de la pintura que tres ?, cinco mujeres? tiraron a una de las instituciones que más nos ha atacado a lo largo de toda su historia. Pero se olvidaron de mencionar que en esa marcha pacífica no se atacó a las personas que fueron con fines claramente provocativos con carteles antifeministas y miradas desafiantes. Nadie, de las miles de mujeres, entró en la provocación que pudo haber terminado en un desastre.

 

Las grandes feministas de la historia fueron juzgadas y despreciadas en sus épocas. Las mujeres y los hombres que intentan cambiar algo establecido siempre somos atacadas y criticados. A veces se paga muy caro pensar diferente y expresarlo. Muchas personas pueden no comprender y criticar las formas o lo que se reivindica. Se criticó por ejemplo que se pidiera a los varones que no quieran ser protagonistas, que acompañen la marcha desde atrás o que no la acompañen porque esa movilización era de mujeres y eso provocó mucho malestar. Es difícil entender esto, porque la mayoría de esos hombres nunca fueron abusados sexualmente y por lo tanto nunca les pasó de encontrarse o tener temor de encontrarse con su abusadora o con la mujer que los golpeó hasta casi matarlos o con la que lo amenazó de muerte y tiene la fuerza física necesaria para concretarlo cuando quiera. La lucha es de todos dicen, sin exclusión y eso es verdad pero compañeros, si quieren que caminemos juntos empiecen por escucharnos y preguntarnos con respeto antes de salir a denigrarnos o insultarnos.

 

Las y los humanistas entendemos que todas las luchas por justicia y por igualdad son válidas y no se oponen a la lucha contra el sistema capitalista sino que al contrario van en la misma dirección y deben estar incluidas en él. La igualdad de oportunidades es para nosotros una reivindicación fundamental y proponemos un cambio personal que acompañe el cambio social, por eso no podemos dejar de cuestionarnos nuestros propios valores, nuestras propias creencias y cuando profundizamos les aseguro todos encontramos ideas o conceptos machistas en nuestro interior.

 

Los invitamos a sumar esfuerzos en este camino de crecimiento. Los invitamos a reflexionar con la mente abierta, a defender en los hechos y en la práctica cotidiana los derechos de todos y todas, en vez de ser la voz moralizadora que condena las acciones y dichos de cualquier mujer que luche, porque acertada o no, con dolor en el pecho y su corazón roto esa mujer que se enfrenta a un sistema se convierte en una mujer poco deseable para la mayoría. A pesar de todo se expresa y lucha para que no maten a tu hermana, a tu madre o a tu hija por ser mujer…

 

(*) Mensaje dado el pasado sábado 17 de Marzo, en el encuentro de militancia del PH en plaza de los treinta y tres en Montevideo.

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