China: La integración y el multilateralismo

Por Juan Andrés Lagos.

Encargado de relaciones políticas del Partido Comunista.

 

 

Una fotografía del mundo actual, muestra que el multilateralismo es una realidad creciente, a pesar de todo lo que hace en su contra Estados Unidos;  sus aliados europeos; Israel y Arabia Saudita.

 

Es un proceso que tiende a superar la hegemonía unipolar del capitalismo salvaje, en su fase de hiper concentración y fuerte especulación financiera.

 

Pero este proceso mundial no es sólo económico, aunque todo indica que la superación del actual estado de la Humanidad, necesariamente, implica una nueva economía planetaria y un definitivo nuevo modelo de desarrollo a escala HUMANA, con estándares que implican el aseguramiento de la pervivencia  del planeta en todos sus aspectos.

 

Del punto de vista de las correlaciones de fuerzas, Estados Unidos es un imperio decadente, con un predominio económico-financiero que trata de sostener sobre la base de guerras; sanciones diversas; desconocimiento del derecho internacional y de los sistemas regionales y mundiales que caracterizan las relaciones bilaterales; multilaterales y de estado a estado.

 

Su propia moneda, el dólar, persiste en una crisis latente.

 

En su delirante acción, Estados Unidos bien podría llevar al exterminio de la Humanidad, y eso explica, en buena medida, gobiernos como el de Trump, asentados en una promesa atávica, hecha a una parte de la ciudadanía norteamericana que reacciona a una política chauvinista; nacionalista y que observa a buena parte del mundo como un enemigo.

 

El mundo vive una transición compleja, un ciclo histórico que no asegura retrocesos; pero que en definitiva otorga certeza dramática a la contradicción capitalismo o barbarie. Más exactamente: Imperialismo norteamericano o barbarie.

 

El multilateralismo emergente se caracteriza por el surgimiento intensivo de economías regionales sustentadas en grandes estados nacionales: China; India; Rusia, Sudáfrica; Brasil. Tienen un correlato en zonas geopolíticas de gran dimensión, y en la tendencia a la formación de bloques de integración.

 

Estas nuevas potencias se abren paso en una influencia creciente en todos los mercados mundiales, incluído el mercado financiero.

 

En términos de ventajas comparativas, medidas con indicadores capitalistas, logran óptimos muy superiores a los de Estados Unidos y Europa.

 

Otro rasgo de estos grandes estados nacionales es que, comparados con los que han impuesto unilateralmente las corporaciones transnacionales asentadas en EEUU y Europa, tienden a respetar más las asimetrías; el derecho internacional y las relaciones de estado a estado. Comparativamente, sus tasas de ganancias son menores.

 

Nuestra región, históricamente dependiente y subordinada a los Estados Unidos, es parte de esta situación.

 

La mayoría de las naciones americanas hoy tienen un intercambio económico-financiero con China, creciente, y de gran potencial de incremento en pocos años.

 

Somos parte de una región  estratégica para el mundo, de una zona geopolítica clave: Asia-Pacífico.

 

La contradicción-tensión de nuestros pueblos, con EEUU, es que el imperio busca a toda costa impedir que en esta zona planetaria se constituya un nuevo bloque de naciones integradas. En el cuadro mundial, eso sería un muy severo golpe a la hegemonía norteamericano.

 

Por otra parte, los estados nacionales americanos no tienen ninguna posibilidad de pervivir como tales; de superar sus históricas desigualdades socio-económicas; subordinados a los Estados Unidos. Más todavía, las posibilidades de crecimiento de las economías nacionales y regionales se ve impedido porque en definitiva se han transformado, mayoritariamente, en depositarias del capital especulativo bancario que opera en todo el continente, con altísimas tasas de ganancias (extraídas de la región), y con muy bajos estándares de reinversión de capital, en la propia región.

 

En la mayoría de nuestros países, el intercambio con China ha implicado la apertura a un gran mercado que estimula y promueve las exportaciones. También la instalación de vías de transporte en las que se involucran diversos países, como es el tren bioceánico.

 

Todo indica que China observa con interés el desarrollo y surgimiento de los procesos de integración, tales como ALBA; CELAC; UNASUR. A diferencia de los Estados Unidos, que ha declarado, explícitamente,  ser contrario a todos ellos.

 

De hecho, las recientes reuniones e intercambios entre los países de CELAC y China, han dejado acuerdos multilaterales concretos en diversas materias, especialmente económicas.

 

En nuestro caso, Chile, la oportunidad estratégica de crecimiento (con autonomía) se orienta precisamente en dos direcciones: 1) Hacia el Asia-Pacífico, especialmente China;  2) Hacia nuestra propia región, en el incremento de los sistemas de integración bilaterales y multilaterales.

 

Es imposible predecir los tiempos históricos. Pero hay muchas señales que este ciclo de transición será más breve que sus anteriores.

 

Una política exterior de Chile en este sentido, es en definitiva repensar un nuevo modelo de desarrollo nacional, que supere la dependencia; las desigualdades; el subdesarrollo productivo.

 

En ese proceso, la relación con China es estratégica, para Chile.

Imagen extraída de blog.realinstitutoelcano.org

Post a Comment