Contra la agenda corta

Por: Gonzalo Silva Brunetti

Un comentario previo; Que la represión directa a las manifestaciones ha existido y de forma brutal no existe duda alguna, no obstante, este dispositivo forma parte de una estructura más amplia y compleja de dominación, al tiempo que la violencia policial se despliega en las calles y que el discurso de criminalización sigue vigente, hay una estrategia profunda y menos explícita ocurriendo.  Es la estrategia de administración del malestar, de  “normalización”, de procesar la indignación y la frustración por una vía “democrática”, dentro del “estado de derecho” y valiéndose de la institucionalidad vigente.

Hemos asistido los últimos 30 años al éxito de un dispositivo que al tiempo que disminuye la pobreza, precariza la vida, que al tiempo que aumenta la matricula en educación profundiza la deuda, que dio legitimidad a un sistema que bajo la retórica de la propiedad del ahorro individual entrega pensiones de miseria, un proceso de modernización de los servicios y la infraestructura en base a la privatización de lo común, que valiéndose de “criterios técnicos” ha entregado todos los bienes comunes naturales a capitales trasnacionales. Este proceso de profundización material del neoliberalismo ha sido encubierto y legitimado en lo político por un  juego perverso representado por una falsa polaridad entre la “centro izquierda” y la derecha, ha sido esta puesta en escena la que nos he llevado donde estamos.

Aun cuando el movimiento social se está expresando con una masividad, profundidad y radicalidad inédita, la elite empresarial y burocrática nos tratará de presentar una vez más y como siempre, como triunfo nuestra derrota. Esta elite pretende interpretar y ser expresión de los contenidos de nuestras demandas. Los expertos, los políticos de siempre, los medios de comunicación usaran una retórica maximalista para implementar las “reformas” mínimas que estemos dispuestos a tolerar.

Se instala la categoría de “agenda corta” para usar la urgencia para administrar la radicalidad.

Así la estrategia del poder se orienta a:

  • Separar nuestras demandas en 3; de corto, mediano y largo plazo.
  • Separar nuestras demandas en “demandas concretas” y “demandas estructurales”.
  • Distinguir entre “mejorar” las pensiones, los salarios, la educación, la salud, etc  y “cambiar” el modo en el cual producimos y reproducimos nuestras vidas.

Si aceptamos estas categorías estamos, una vez más, jugando con sus reglas y renunciando a poner las nuestras.

No debemos aceptar estas reglas  primero porque no son ciertas, porque todas las decisiones políticas las podemos tomar aquí y ahora sin importar el tiempo de su implementación. Segundo porque todas nuestras demandas son concretas, queremos un sistema solidario de pensiones que garantice pensiones equivalentes al sueldo mínimo, queremos un sistema de salud que garantice el acceso y la calidad, queremos educación gratuita, de calidad y no sexista en todos los niveles, queremos que el salario mínimo se fije en relación al costo de la vida y que al mismo tiempo el trabajo reproductivo sea reconocido y remunerado, queremos recuperar los bienes comunes naturales para todos los chilenos y chilenas y que sean administrados con una lógica que sea compatible con la sustentabilidad de la vida, queremos una nueva constitución vía asamblea constituyente. Algunas de estas demandas pueden ser implementadas en un día, otras se demorarán meses y algunas años, pero la decisión política de llevarlas acabo puede y debe ser tomada aquí y ahora. 

Lo que nos ha mostrado la historia de forma contundente es que cada vez que hemos aceptado la lógica de lo urgente hemos perdido en lo importante, lo que nos ha mostrado la lucha social los últimos 30 años, es que cada vez que hemos actuado “en la medida de lo posible”, todo se mueve para que nada cambie. Si hoy asistimos a un proceso de profunda crítica a la política institucional es porque cada vez que el pueblo ha hecho actos de confianza ha sido engañado. 

En las marchas, en las asambleas territoriales y cabildos, nadie ha demandado, más chorreo, la gente ha demando derechos, nadie ha demandado reformas a la institucionalidad, ha demandado una nueva institucionalidad que garantice el derecho a participar y decidir sobre la vida en común.

Es porque el resultado de este proceso tiene que estar  a la altura nuestros sacrificios, a la altura de la indignación y frustración acumulada por 46 años, a la altura de la fuerza que el pueblo ha mostrado, que no podemos aceptar ninguna agenda corta.

 

 

 

Músico, abogado y defrentista. Vive en Peñalolén, Santiago.

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