Cristián González Santibañez. Activista y asesor sindical

Por Alejandro Mora

 

#DeFrente

 

Hablar con Cristián, es transitar entre anécdotas, experiencias de vida y de política. Nacido y criado en Santiago, se instaló a vivir en Osorno hace algunos años, desde ahí continúa realizando sus tareas de activista y asesor sindical. Cristián participó activamente en el GAP -Grupo de Apoyo Programático- de trabajo, para la conformación del “Programa de Much@s”-Frente Amplio- documento que es el Marco político de la joven coalición.


 

Háblame sobre las expectativas que tenías sobre el primer programa de Gobierno  

 

-Fue un proceso complejo, porque se convocó a mucha gente con una metodología que se fue rehaciendo en el camino, entonces, hubo momentos en que habiendo muchas ganas y energías, no se lograba canalizar de buena forma. Eso que se podría asumir como una crítica es en realidad un reconocimiento, porque el Programa de Muchos es el resultado del trabajo de muchas personas, en muchos lugares, sintetizando y haciendo un programa político desde los espacios comunes, desde los sentidos comunes de los interesados, en las áreas que se asumieron como propias y relevantes.

 

En este trabajo, por ejemplo, que era el área donde me correspondió trabajar, al final de los encuentros programáticos teníamos cerca de 700 propuestas, las que luego agrupamos en familias temáticas sobre las que se construyó nuestro trabajo. Ese trabajo se enriqueció con el desarrollo que hicimos cuando el equipo GAP se unió con un grupo de sindicalistas frenteamplistas que venía discutiendo y trabajando desde la oposición, a la reforma laboral de Bachelet, luego se terminó por sumar compañeros y compañeras que venían del mundo académico. Esa comisión que traía esas tres líneas de experiencias terminó por darle cuerpo al capítulo laboral del programa. Tenía un relato que partía por nuestro deseo-mandato de posicionar el trabajo como la contradicción central en el espacio de disputa con el neoliberalismo, y solo sobre esa premisa se desplegaban propuestas que evaluamos como las básicas o mínimas, que era posible abordar considerando las características del período.

 

Entonces; cuando me preguntas por las expectativas debo decirte que después de la elección pretendíamos que ese programa se convirtiera en una línea de desarrollo que fuera asumida muy intensamente por el Frente Amplio, cuestión que no hemos logrado cuajar, y ahí yo tengo una crítica a las decisiones de la mesa política porque hasta ahora estamos solo respondiendo a los proyectos del gobierno en temas laborales, pero no hemos tenido capacidad de instalar nuestra agenda en la materia y en realidad, no sé si para todos tiene la relevancia que merece.

 

Igual es importante contarte que desde esa experiencia surgió el Frente Amplio de Trabajadoras y Trabajadores, desde donde se empuja toda esta idea, desde el FATT continúan desarrollándose varias iniciativas en apoyo a la tarea parlamentaria, en eso debo destacar el trabajo que se despliega la compañera Gael Yeomans desde la Comisión de Trabajo de la cámara, desde ahí hay harto para avanzar.

 

Frente a la misma pregunta(…) ¿Cuál era el diferenciador necesario en el programa de trabajo con el proceso de la transición ?

 

-Esa pregunta requiere responderse desde dos lugares, primero desde el rol de las relaciones laborales en los gobiernos de la concertación y nueva mayoría y segundo, en relación al enfoque y la acción sindical en el período y ambas líneas de propuestas se entretejen.

 

Primero, en materia de relaciones laborales, pero por sobre todo de relaciones colectivas de trabajo, que es el marco donde  se juega la posibilidad de tensionar las discusiones centrales de la creación y distribución-apropiación de la riqueza en las empresas, hay que tener presente que todas las demandas de recuperación del andamiaje más protector del derecho laboral que subyacían en el primer gobierno de la Concertación, fueron tempranamente dejadas de lado, recuerdo que a mitad de los noventa Hugo Fazzio escribió un trabajo llamado “El programa olvidado” donde lanza una crítica al abandono de esas aspiraciones de recuperación en el ámbito económico y social-laboral.

 

Desde ahí la apuesta institucional de los gobiernos de la concertación y de la nueva mayoría en materia laboral se subyuga a los mandatos del Ministerio de Hacienda.

 

En segundo término hay que mirar cómo ha actuado el sindicalismo en ese tiempo y ahí, grosso modo se puede decir que en los 90 la orfandad del movimiento sindical fue salvaje, hace algunos años escuché al profesor mexicano Enrique de la Garza llamar a esos periodos cono de “concertasionismo”, un juego de palabras define con claridad el camino tomado por las direcciones sindicales acomodadas a sus partidos para no hacer olas a los gobiernos de la concertación. Desde mitad del 2000 se dibujan formas distintas que surgen desde sectores más precarizados de Trabajador@s, pero que no alcanzan a permear a otros grupos que centran sus acciones en formas “más clásicas”.

 

Cuáles fueron las respuestas posibles a promover desde esta institucionalidad basada en la constitución actual

 

-La institucionalidad es una amarra de la que cuesta sacudirse, recuerda a Guzmán hablando del margen de acción escaso para los rivales políticos cuando lleguen al poder… Primero fueron los senadores designados, ahora es el TC.

La institucionalidad permitirá cambios bastante cosméticos a la realidad laboral, por eso la tarea es aprender a desarrollar formas que fuercen a sobrepasar esos cauces estrechos y mezquinos y en eso debemos aprender a que las instituciones legales son solo una herramienta, no un camino único con aires de dogma.

 

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