Cuando Bachelet se hizo parte del Golpe de Estado e Intervención imperialista «humanitaria» en Haití

En momentos en que la ex Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, cobra una particular importancia en el debate internacional sobre Venezuela, y donde numerosas críticas vienen formulándose hacia el «Informe Bachelet» recientemente publicado (a modo de ejemplo, veánse las declaraciones del Alcalde de Recoleta Daniel Jadue: “Es inaceptable que informe de Bachelet no diga nada de los intentos de golpe que ella apoyó”), hacemos una reseña a la participación de la por entonces Ministra de Defensa del Gobierno de Ricardo Lagos (2000-2006), y de las circunstancias que dieron lugar a la injerencia imperialista y Golpe de Estado contra el Gobierno de Jean Bertran Aristide, en febrero de 2004. Tales hechos y circunstancias, por cierto, tienen una relación y similitudes en diversos planos con lo que hoy sucede en Venezuela.

 

El contexto haitiano. Un pueblo asediado y agredido por el Colonialismo imperial

Corrían los primeros años del nuevo siglo, y la entonces no tan conocida Michelle Bachelet era Ministra de Defensa del Gobierno encabezado por Ricardo Lagos, tras dos años de estar a la cabeza del Ministerio de Salud. Desde el Ministerio de Defensa, que encabezó entre enero de 2002, y septiembre de 2004, a Bachelet le tocó ser una pieza central en una coyuntura no menor: La participación de las Fuerzas Armadas de Chile en el operativo militar «humanitario» con el que se descabezó al Gobierno legítimo y democráticamente electo de Haití, encabezado por Jean Bertrand Aristide.

Es largo reseñar la trayectoria de sucesos que decantaron en tal derrocamiento (para más detalles, ver «¿Qué ha pasado y pasa en Haití? Sobre colonialismo, Golpes de Estado, «ayudas humanitarias» e intervenciones extranjeras«), pero para lo que aquí comentamos resulta suficiente decir que el Presidente depuesto, Jean Bertrand Aristide, había sido desde fines de los 80s un referente político central del país caribeño, de perfil progresista, y que por entonces, ahí por inicios de los 2000s, había cometido el «error» de comenzar a hacerse parte de la política multilateral y de colaboraciones mutuas que encabezaba el incipiente Gobierno Bolivariano de Venezuela liderado por Hugo Chávez Frías. Ante tal circunstancia, un asedio de numerosas bandas desestabilizadoras, y el siempre presente apoyo a los planes injerencistas y golpistas del Imperio de Estados Unidos, generaron una ola de violencia y crimen organizado con la que se legitimó internacionalmente una intervención militar externa, que en un comienzo, a fines de Febrero de 2004, tuvo como partícipes a los Gobiernos y tropas militares de Estados Unidos, Canadá, Francia, y Chile, en lo que primero se denominó como «Fuerza Multinacional Provisional», y desde Junio de ese año, como «MINUSTAH» (Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití), con participación de más países.

La intervención se justificó en el marco del Consejo de Seguridad de la ONU y en la prensa internacional, con una conocida y recurrente excusa: El Gobierno de Aristide reprimía a la oposición y se mostraba incapaz de mantener el orden y estándares mínimos de normalidad en el país, acusaciones que vertían de manera recurrente los medios de comunicación oligopólica y organizaciones «de Derechos Humanos» de marcado sesgo pro imperialista, como «Human Right Watch». Sin embargo, lo que sucedía era algo más complejo y de causas múltiples: Un escenario de enfrentamientos armados y desestabilización, en un país con un crónico problema de injerencias externas, carencias institucionales, económicas, políticas provenientes de una larga historia de la que no se podía culpa al Gobierno de Aristide. La situación de Haití no era muy halagüeña bajo el Gobierno de este sacerdote salesiano adherente a la Teología de la Liberación y que había iniciado en el año 2001 un tercer mandato presidencial al mando de Haití (la primera entre Febrero y Septiembre de 1991, derrocado por un Golpe, y entre 1994 y 1996), pero tal ha sido la realidad del país desde siempre, prácticamente desde su fundación. La primera revuelta negra y esclava y la primera república en nuestra América, fue desde siempre, desde 1804, duramente golpeada y asediada, primero por las potencias europeas, después, sobretodo, por Estados Unidos.

 

 

El Golpe de Estado de 2004 contra el Gobierno de Jean Bertrand Aristide

 

En lo que concierne a los sucesos del 2004, señalar algunas cuestiones y detalles cuya matriz se repite, una y otra vez, en este tipo de operaciones de desestabilización e injerencismo imperial. En un contexto de violencia armada, a inicios de Febrero un ejército paramilitar «rebelde» cruza la frontera entre Haití y la República Dominicana. Se trata de una unidad paramilitar altamente entrenada y armada, conformada por antiguos integrantes del «Front pour l’avancement et le progrès d’Haiti» (FRAPH, «Frene para el Avance y el Progreso de Haití»), unos verdaderos «escuadrones de la muerte» paramilitares, implicados tanto en los asesinatos masivos como en los asesinatos políticos específicos que se dieron durante el golpe militar auspiciado por la CIA en 1991, que condujo al derrocamiento del Gobierno democráticamente electo del Presidente Jean Bertrand Aristide, entonces en su primer mandato presidencial, en lo que podría llamarse como el primer Gobierno electo bajo elecciones con un minimo de democracia y competencia electoral, tras la promulgación de la Constitución de 1987.

En esta ocasión, las fuerzas paramilitares se hacen llamar «Front pour la Libération et la reconstruction nationale» (FLRN, «Frente por la Liberación y la Reconstrucción Nacional, y son dirigidas por Guy Philippe, antiguo integrante de las fuerzas armadas haitianas y jefe de la policía. Philippe había recibido entrenamiento durante los años del golpe de 1991 por las Fuerzas Especiales de Estados Unidos en Ecuador (en la base militar en Manta, que el Gobierno de Rafael Correa expulsó), junto con una docena de otros oficiales del ejército haitiano. Años después, Guy Philippe fue incluso condenado en el propio Estados Unidos, por vinculos con el narcotráfico y lavado de dinero (ver «Líder de golpe de estado en Haití que derrocó a Aristide, condenado a 9 años en prisión en EEUU», Reuters).

Otro de los cabecillas de las fuerzas que derrotaron a Aristide fue Emmanuel Constant, quien dirigió el escuadrón de asesinos del FRAPH a la aldea de Raboteau, en una de las matanzas más cruentas del Golpe de Estado de 1994, que luego quedó catalogada como “La masacre de Raboteau”, ejecutada el 22 de abril de 1994. La siguiente narración muestra de qué tipo de aberraciones se trata: “Una de las últimas de las masacres de infausta memoria realizadas en abril de 1994, en Raboteau, un barrio de chabolas a orillas del mar, a unos 160 kilómetros al norte de la Capital. Raboteau tiene unos 6.000 residentes, en su mayoría pescadores y rastrilladores de sal, pero tiene la reputación de un baluarte de la oposición donde los disidentes políticos encontraron a menudo refugio… El 18 de abril de 1994, 100 soldados y unos 30 paramilitares llegaron a Raboteau para realizar lo que los investigadores calificaron más tarde de un “ensayo general”. Sacaron a la población de sus casas, exigiendo información sobre dónde se escondía Amiot «Cubain» Metayer, un partidario muy conocido de Aristide. Golpearon a la gente, provocando el aborto de una mujer embarazada, y obligaron a otros a beber de las alcantarillas abiertas. Los soldados torturaron a un ciego de 65 años hasta que vomitó sangre. Murió el día siguiente.
“Los soldados volvieron antes del amanecer del 22 de abril. Saquearon las casas y dispararon a la gente en las calles, y cuando los residentes huyeron hacia el agua. otros soldados les dispararon desde botes que habían secuestrado. Durante días los cadáveres fueron arrojadas por el mar a la costa; algunos jamás fueron encontrados. La cantidad de víctimas fue entre 24 y 30. Cientos más huyeron de la ciudad, temiendo ulteriores represalias”. Otro cabecilla del Golpe de Estado fue Louis-Jodel Chamblain, alguien implicado en graves crímenes en sucesos en 1987, 1991, y 1994 (ver su perfil en «History Commons»).

La oposición «política» estaba conformada principalmente por dos referencias: la «Convergencia Democrática» (Convergence Démocratique), un grupo de unas 200 organizaciones políticas, dirigida por el antiguo alcalde de Puerto Príncipe, Evans Paul, y un grupo de 184 Organizaciones de la Sociedad Civil” (conocida también como G-184). Estas dos referencias constituyeron la llamada “Plataforma Democrática de Organizaciones de la Sociedad Civil y de la Oposición Política”, conglomerado opositor al Gobierno de Aristide. El «G-184» es liderado por un ciudadano estadounidense, André Apaid, un empresario propietario de «Alpha Industries», una de las mayores industrias del país, dedicada al ensamblaje para la exportación, y establecida durante la era de Francois Duvalier, primero Presidente constitucional desde 1957, y luego Dictador, hasta 1971. Se trata de fábricas con una alta explotación, que producen productos textiles y ensamblaje de productos electrónicos para una serie de firmas estadounidenses, siendo el mayor empleador industrial en Haití. André Apaid fue partidario del Golpe de Estado de 1991, y encabeza a todo un sector de empresarios haitianos articulados con los grandes intereses estadounidenses. Los dos grupos reseñados, mantuvieron y mantienen estrechas relaciones con los paramilitares del mencionado «FLRN» dirigido por Guy Philippe.

Este es el tipo de «líderes opositores» que encabezaron la desestabilización armada del Gobierno de Aristide, quien ante la arremetida de violencias y la entrada desde la vecina República Dominicana, se vio forzado a huir hacia la República Centroafricana, para luego exiliarse en Sudáfrica, desde donde logró regresar el 31 de enero de 2011, en medio de multitudinarias manifestaciones populares de apoyo.

 

 

 

El rol de la CIA, la NED, y las «ONGs de Derechos Humanos»

 

La mencionada «Plataforma Democrática» fue apoyada y financiada por el «Instituto Internacional Republicano» (IRI, por sus siglas en inglés, ver aquí su web), ONG vinculada al Partido Republicano estadounidense y presidida hoy por el ex Senador y Candidato Presidencial del Partido Republicano, John McCain, y con una larga implicación en intervención e injerencias imperialistas, desde el Golpe de Estado en Honduras del 2009, o la «primavera árabe». Esta ONG, al igual que su contraparte vinculada al Partido Demócrata, el «Instituto Nacional Demócrata para los Asuntos Internacionales» (aquí su web), funciona en la práctica como uno de los brazos del «Fundación Nacional por la Democracia» («National Endowment for Democracy», la poderosa «NED«), una instancia aparantemente no gubernamental, pero que al igual que su «gemela» USAID, ejecuta acciones y líneas de trabajo directamente vinculada con el aparato burocrático-imperial de Estados Unidos. “Mucho de lo que hoy hacemos, lo hacía ya hace 25 años la CIA de manera encubierta”, declaró en su momento Allen Weinstein, historiador y primer presidente de la National Endowment for Democracy.

Otro actor a mencionar en el derrocamiento de Aristide en el 2004 es James Foley, quien en Febrero de 2003 fue nombrado como Embajador de Estados Unidos en Haití, y que anteriormente había sido portavoz del «Departamento de Estado» estadounidense bajo el Gobierno de Bill Clinton, donde capitaneó la criminal intervención estadounidense durante la guerra en Kosovo (Febrero de 1998-Junio de 1999), donde orquestó el abierto apoyo al llamado «Ejército de Liberación de Kosovo«, organización de la que constan cuantiosas violaciones al Derecho Humanitario y diversos crímenes de guerra. El Embajador James Foley fue actor central en el derrocamiento, tal como mostró su eminente protagonismo en los días de la huida forzada de Aristide y los tiempos que le siguieron (ver «El embajador de EE UU organizó la salida de Aristide y Powell gestionó su exilio«, El País de España)

Otra arista significativa es el rol de Haití en el traslado de droga, principalmente cocaína, como una de las rutas preferenciales que dirigen la droga desde Colombia hacia Estados Unidos. Tal papel ha sido reconocido incluso por instancias oficiales de Estados Unidos, como sucedió en el llamado «Informe Kerry» publicado en 1989, que principalmente iba dirigido a mostrar los lazos que vinculaban a los organismos de seguridad imperiales (la CIA, la agencia de Drogas, DEA, y el propio Pentágono) con el apoyo y financiamiento de la «Contra» nicaragüense, los grupos paramilitares que el Gobierno de Estados Unidos sostuvo para desestabilizar al Gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional, durante la década de los 80s, y donde tuvieron especial protagonismo actuales altars autoridades del Gobierno estadounidense, como Elliot Abrams (ver «Elliot Abrams, el «enviado especial» del Gobierno de Estados Unidos para Venezuela: Crímenes de guerra, mafia, y narcotráfico«, y «Nicaragua quiso Paz. La derrota del intento de desestabilización y Golpe de Estado contra el Gobierno Sandinista el 2018«, DeFrente). Dicho informe detalló con gran precisión los vínculos con los principales grupos narcotraficantes del momento (el Cartel de Guadajajara y el Cartel de Cali), y también, dedicó una sección a Haití. Como quedó mostrado posteriormente, con el mencionado juicio y condena a Guy Philippe, tal posición que han jugado los aliados a Estados Unidos en la cadena de actores que sostienen el narcotráfico en el Caribe y Centroamérica, ha seguido hasta el presente.

 

 

El rol del Gobierno de Ricardo Lagos y la Ministra de Defensa Michelle Bachelet

 

En tal escenario, el Gobierno de Estados Unidos presidido por George Bush hijo, promueve en Febrero de 2004 la intervención con una fuerza militar multilateral. Impulsa esta iniciativa en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde precisamente Chile tenía un puesto en ese momento, como miembro no permanente de la instancia. El Gobierno de Ricardo Lagos y su Ministra de Defensa se pliegan a la controversial acción armada ya iniciada por los grupos paramilitares reseñados y los «Marines» estadounidenses, que incluso actores para nada «de izquierdas» desde dentro de Estados Unidos se oponen y critican, como algunos parlamentarios del Partido Demócrata  Christopher Dodd, o el influyente medio «The New York Times», que en su editorial critica, ante la acusación pública de parte de Aristide de haber sido víctima de un Golpe de Estado: el Gobierno de Bush «está dispuesto a pasar por alto la legitimidad democrática para permitir la remoción de un líder que le disgustaba y del que desconfiaba» (ver La Jornada, «No renuncié; fui víctima de un golpe orquestado por Esados Unidos: Aristide»).

En Chile, algunas críticas rompieron el silencio de la prensa y la falta de debate público generalizada en los años del predominio casi absoluto de las fuerzas binominales en la escena política nacional. El analista internacional Juan Francisco Coloane, en una columna titulada «Haití : el paraíso del intervencionismo extranjero» (El Mostrador) citaba la opinión de un diplomático boliviano que le habría comentado: «Chile es visto, por sus vínculos y sincronía con los Estados Unidos, como una especie de Estado de Israel en el Cono Sur». Y tomando esas palabras, el analista reflexionaba: «Por cierto, las manifestaciones chilenas hacia el exterior, tanto en la acción oficial -envío de tropas a Haití-; como privadas -colocación de recursos humanos (ex militares) en Irak- no desmienten esa posibilidad. Se palpa vigorosamente por la intensidad que permea desde el ámbito del Ministerio de Defensa, como del silencio de las comisiones de Defensa respectivas, del Senado y la Cámara Baja».

En el Senado se convocó una sesión en Sala para tratar el tema. Asistió la Ministra Bachelet. Allí, incluso (ironías de la historia), el Senador designado en su calidad de ex Almirante de la Armada, el ultraderechista Jorge Arancibia (UDI) y partícipe de la Dictadura de Pinochet, se dio un gusto no menor: enrostrarle a la hija del ex General Alberto Bachelet  por su golpismo y seguidismo a la política exterior de Estados Unidos. Sólo manifestaron su rechazo en el Senado, los parlamentarios Jorge Lavandero, y Nelson Ávila (por entonces DC y PPD respectivamente, ambos hoy retirados de dichas colectividades). Ante las críticas, Bachelet declararía, “El gobierno siempre evaluará cualquier situación que ameritara mantener su posición o cambiarla” (Ver «Bachelet justifica envío de tropas a Haití«, La Nación).

Dos años después, ya Presidenta, y en medio de una intensa represión a la movilización estudiantil, Michelle Bachelet viajó a Estados Unidos a inicios de Junio del 2006, ocasión en que se reunió con George Bush. El Presidente estadounidense declaró sobre Bachelet que «aprecio mucho su dedicación a los valores que son importantes (…) los derechos humanos y la decencia humana y el derecho de los pueblos a poder hablar y votar en libertad». Bachelet, por su parte, declaró que estaba «realmente contenta» con la relación entre ambos gobiernos, y que «queremos integrar más a la región, queremos continuar desarrollando las mejores relaciones con Estados Unidos», y que el trabajo común entre ambos gobiernos tenía como objetivo común el «cómo fortalecer la democracia en la región» («Bush y Bachelet, por la democracia en la región«. La Nación, Argentina)
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Fuentes, enlaces relacionados y más información, en:

 

 

 

 

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Abogado. Investigador en temas de Nuestra América, Derecho Constitucional, y teoría política.

Comments (3)

  • JAMES-LEE BIENVENUE

    I know some secret about that misión cause i work with them for a several years in that misión, by the way im going to tell you the real name of that misión, ( LA MISIÓN FALSA y HIPÓCRITA) Cause i’ve been in the center of the infomation, so I know 90% the rules and the reason of this mision, also l have been work with chilian air force (FH-1 AH-N) for more than 11 years, so no body can’t tell me and know much about, what was hapend at that time. And know I’m living in Santiago de Chile, with my mouth close, and blaid. May God BLESS Chile and USA for the way they distroyed Haiti, and for same reason alot of haitian lives their country to come in Chile to find a bread for eat to survivor. And also don’t forget this govermen recived money from united states to let the haitian come in Chile for 10 years. And that money is the rest of money (MINUSTAH) project, so in 2024 the chilian govermen will try to putt all those haitians out cause it sould be the end of contrac. So let see what will happen in 5 more years coming. Muchas gracias…

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  • Manuel Tejeda

    Ricardo Lagos gestor de la venta al mejor Sobornador de Chile, junto a su favorita, ex Ministro de Salud, ex Ministro de Defensa y posterior Presidente de la República Michel Bachelet, pro Militarizada, pro Norteamericana y pro Golpista y participante de la destrucción de Haití.

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