CulturaVenezuela: Otilio Galíndez, El cantor de las cosas sencillas

 

El artículo del venezolano Marcel Roo es el segundo de una serie que busca abrir a nuestro público latinoamericano elementos de la cultura venezolana.

Vea el primer artículo sobre Alí Primera aquí: http://revistadefrente.cl/ali-primera-el-cantor-de-la-patria-nueva/

 

Por Marcel Roo

 

¿Qué se puede decir de un hombre humilde, de hablar pausado pero que de cada palabra suya emerge inteligencia, belleza y humildad? Alguien dirá “se trata de un sabio” y posiblemente esa sea la mejor descripción que se pueda ofrecer de Otilio Galíndez.

Cantautor de la Venezuela sencilla, provinciana y a la vez universal -sus canciones han recorrido el mundo- Otilio, sencillamente Otilio, nació en un pueblito llamado Yaritagua, en la región centro occidental venezolana, un 13 de diciembre de 1935.

Según sus amigos y familiares, apenas vino al mundo se vio acompañado de canciones del siglo XIX entonadas por su madre a quien acusa de “ser la culpable” de su pasión por la música y la poesía.

Walt Whitman, el excelso poeta estadounidense con firmeza recomendaba: “Valora la belleza de las cosas simples” frase que pareciera ser dirigida a  Otilio cuya obra sintetiza el canto sublime de las cosas sencillas.

“Mi obra es el paisaje y la mujer y el hombre adentro de ese paisaje. Me recuerdo jugando con la tierra y el conuco. Siempre ha habido ríos, caños, acequias, de antes y de ahora, porque mi infancia estuvo llena de mucho amor… Soy un campesino; no se me ha quitado ni se me quitará. Tengo el orgullo de haber vivido con los animales, con las matas y con la gente. Fue mi papá y mucho más mi mamá quienes me indujeron a tener amor a la música, a la naturaleza y a todo el trabajo del ser humano”.

Ese relato del paisaje se encuentra también con los recuerdos de la niñez del hombre del campo y de las zonas pobres de la ciudad, recogidos por Otilio en su tema Flor de mayo donde canta a los “fantasmas de sombra y luna/ espantos y aparecíos…el gallo de mi totumo/ ahuyenta con su cantío”.

Así pues, el Otilio campesino  llegó a la ciudad y comenzó a trajinar la vida de los oficios de la calle. Limpabotas, vendedor ambulante de café y de frutas, de helados y dulces “made in casa” así como de billetes de lotería. De cualquier cosa que sirviera para llevar algo de dinero a la casa y todo acompañado de canciones aprendidas  de su madre,  mientras ellas remendaba la ropa del quehacer diario.

Dicen que detrás de todo gran hombre hay un gran mujer,  en el caso de Otilio esa gran mujer era su madre Felícita quien ha relatado que su hijo aprendió a cantar antes de hablar, para ella ese muchacho iba creciendo  “como la vida misma” cantando en el patio Acuérdate palomita cuando en mis brazos dormías una canción de principios del siglo pasado.

La Caracas de la IV República obligaba a los jóvenes a cumplir el Servicio Militar. Era obligatorio ese deber y para ello se llegaba inclusive al rapto de los muchachos bajo el eufemismo de la palabra recluta, en la que la policía capturaba en camionetas a aquellas personas sospechosas de tener entre 16 y 18 años de edad.

No se sabe a ciencia cierta si Otilio fue reclutado. Si cumplió con el Servicio Militar y precisamente de los cuarteles salieron sus primeras canciones, hoy perdidas, porque el mismo las desechó argumentando que no tenía la calidad estética que deseaba para su obra.

Al cumplir el servicio militar llegó a trabajar en la Universidad Central de Venezuela e ingresó casi de inmediato al Orfeón Universitario, cantera de las bellas voces venezolanas dirigidas por distinguidos maestros como Antonio Estévez, Vinicio Adames y Raúl Delgado Estévez.

Durante su permanencia en el Orfeón su vena poética se agiganta y se convierte en un compositor incansable, “a veces intenso” según revelan algunos compañeros,  a quienes a cada momento “fastidiaba” cantándole estrofas de canciones que estaban en su mente casi listas para su lanzamiento definitivo.

Siempre con la tonalidad amorosa y melancólica surgen Caramba: “Caramba mi amor Caramba / lo bello que hubiera sido / si tanto como te quise / así me hubieras querido… y Pueblos Tristes: “Que siente la muchacha que pila y pila/ Que siente el hombre pobre junto a su vieja / y que dicen campanas de la capilla / en sus notas que tristes parecen quejas…

Ese amor y esa melancolía también implican solidaridad y compromiso social. Otilio, hombre humilde y campesino, supo valorar la lucha de los pueblos por su redención y se identifica con el movimiento revolucionario que combatía desde las calles y la montaña a los gobiernos de la IV República obediente de los mandatos del imperialismo estadounidense.

Su arma no fue el fusil, tampoco la canción altisonante que se calificó de protesta. Fue la canción del amor y la solidaridad. Y Ya en los tiempos de la revolución bolivariana subrayaba  “No se podía esperar una reacción mía que no fuese acorde con este proceso transformador que está viviendo Venezuela  porque mi trayectoria desde 1957 y mi conducta ideológica no ha variado y sigue siendo la mismo de ahorita.

La Solidaridad –así con mayúscula- en Otilio se hizo patente apenas conocer el asesinato de Víctor Jara con un homenaje al cantor mártir que es a su vez un clamor por la justicia y la paz. Este tema, cantado por connotados artistas internacionales como Mercedes Sosa, entre otros, se titula sencillamente A Víctor, y como epílogo de esta nota, lo interpreta para De Frente, Jimmy Maguida.

Otilio Galíndez falleció hace 10 años, el 13 de junio de 2009, en la ciudad de Maracay, 130 Km al oeste de Caracas. Sus canciones y su voz vuelan alto por el acontecer artístico nacional e internacional.

«Sencillamente Víctor» de Otilio Galíndez, interpretada por Jimmy Maguida:  https://www.youtube.com/watch?v=keCxhbpppa0

Músico, abogado y defrentista. Vive en Peñalolén, Santiago.

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