Darío Sztajnszrajber/ «Navidad»

Por Darío Sztajnszrajber (*)

 

 

La discusión por la lista de regalos, el límite que vuelve a ser impreciso, ¿cuál es el alcance de nuestro amor? ¿Llega hasta los primos segundos o se detiene en los vínculos sanguíneos de primera línea? Una prueba más del entrelazamiento entre la economía y el amor: el bolsillo define nuestra meritocracia afectiva. Igual, siempre podés escribir una cartita y defender el valor de los regalos espirituales, pero lo cierto es que ni siquiera se trata de economía doméstica, sino de una proto-teoría del caos.

 

Pensar que a muchos les causa gracia mágica el efecto mariposa y aquí habría que ver la secuencia retrospectiva de fenómenos causalmente interrelacionados para comprender por qué estoy hoy dudando si ampliar o no el horizonte de sujetos a quienes ofrendarles mi amor por medio de un regalo (material) de Navidad. ¿Dónde empieza la cadena de causas? Mejor no pensar, tanto pensamiento crítico encuentra aleteos de mariposa por todos lados, no vaya a ser cosa que pensando vislumbremos los rizomas, las tramas, las conexiones trabajosamente desmanteladas.

 

Pero claro, siempre hay un che, es Navidad, dejensé de joder con politizarlo todo. La gente quiere festejar, así lo indican las encuestas. Optimismo para todos, para la gente, para los pobres, para los extranjeros. ¿O no es la Navidad la celebración de la esperanza? Las películas y relatos de Navidad no fallan nunca: un acto desinteresado de amor al prójimo rinde mucho más que un par de zapatos. El problema es que el amor en Navidad no tiene que ver con el próximo (de allí proviene “prójimo”) sino con el extraño.

 

Es que siempre hay un “che”, pero siempre hay también un “¿te parece?” María llegando montando un burro, teniendo que dar a luz en un establo rodeada de animales, el recién nacido yaciendo en el recipiente donde comen las vacas, los caballos, forasteros todos, María, José, Jesús, las vacas, los caballos, los chanchos, las gallinas: extraños extranjeros de lo humano conviviendo en un establo, espacio abierto sin defensas recibiendo al necesitado. No che, cero política el festejo, mejor sigamos viendo cuántos entran en la lista de los posibles, mirá que la clave de un buen festejo es el intercambio y la reciprocidad, sobre todo porque es la familia lejana de la tía Juana la que siempre hace los mejores regalos.

 

En realidad, deberíamos saber todos de antemano qué nos va a regalar cada uno, así podemos hacer bien las cuentas y organizarnos mejor: una buena economía es el mejor resguardo para nuestras angustias. Pero che (otra vez el che), no te vas a angustiar en Navidad, mirá que linda la familia, la tía Juana, la comida, la mayonesa, la sidra, los cohetes, todo va a estar mejor a partir de ahora, la Navidad es la celebración del amor, nos hace a todos mejores personas.

 

Claro, faltaba el carácter universal del festejo: a todos. ¿Y quiénes somos todos? ¿Incluye también a los animales del establo? No, no es literal, amigo, es una metáfora obviamente. Según recuerdo en el establo no había puertas, ¿por qué estamos entonces acá encerrados comiendo y chupando hasta el vómito? Es que resultaría imposible una economía del regalo sin puertas donde tengamos entonces que armar una lista de compras tan grande que nos desbordaría incluso en lo que somos. ¿Pero quién puede ser tan idiota de regalar más de lo que tiene? ¿O será que un regalo excede toda economía y tiene más que ver con la pérdida que con la ganancia? ¿Regalar para perder? ¡Qué idiotas! “Idiota”, en griego, remite a la disposición por la cual alguien se encerraba demasiado sobre sí mismo perdiendo así el nexo con el sentido común imperante. De este modo describe Platón a los primeros filósofos: los idiotas que por mirar tanto para arriba, hacia lo lejos, se caían en todos los pozos. Y aún hoy después de más de dos mil años, nos siguen queriendo convencer de la inutilidad del cuestionamiento y de la apuesta por un exitismo existencial que nos convierta en grandes profesionales salta pozos.

 

¿Pero cuál es el éxito de una existencia? ¿Saltar pozos? ¿Y por qué hay pozos? ¿Quién los excava? Tanto mirar hacia lo lejos, tantas preguntas. ¿Para qué nacer en un establo? ¿Por qué circula más el relato de Papá Noel que el relato del establo? Che, ¿no se podría cambiar al establo por algún otro rinconcito de la casa? ¿Te parece?, es que justamente el establo no está en la casa sino afuera, o sea atrás. No en la casa, sino atrás, en las dependencias de servicio. ¿Invitarías a una mujer foránea montada en un burro a punto de parir a compartir la mesa? ¿Cuál es el alcance de nuestro amor? Si aún hay alcance, no es entonces amor. Si aún hay moral del regalo, entonces no hay entrega. Igual siempre podés escribir una cartita y defender el valor de los regalos espirituales, pero lo cierto es que la lista se achica. Está claro que lo nodal de la Navidad no pasa por lo material, pero más claro está que lo espiritual no es un desecho al que se acude cuando el bolsillo empequeñece. Tanto idiota mirando para arriba, van a terminar creyendo que la estrella es para todos…

 

 

 

Publicado originalmente en https://www.tiempoar.com.ar/nota/navidad-por-dario-sztajnszrajber?fbclid=IwAR1AUcpeP5X6yl9W3TEC6GSPNTla6I0izJRi8p7I2tpNSts6pMU1VCGKeRI

 

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