Derechos Humanos: Por un estándar no colonizado

Por Nicolás Valenzuela Paterakis

#DeFrente

 

 

En este caso quisiera dialogar con aquellas posiciones desde el Frente Amplio que llaman a no relativizar las violaciones a los DDHH vengan de donde vengan. Quisiera partir cuestionando el uso de esta idea. Digo el uso, pues no tengo diferencias con su fondo -criticar las violaciones de los DDHH aún cuando sean de gobiernos como los de Venezuela o Nicaragua-, pues como buenos revolucionarios lo que nos mueve es el amor, la empatía, la solidaridad y, por lo tanto, no podríamos ser indiferentes al sufrimiento que implica, en este caso, vulneraciones de este tipo. Nuestra tarea es, centralmente, acabar con esa violencia, con la dominación y la explotación. Es desde luego, una cuestión ética.

 

Sin embargo, como buenos y buenas revolucionarias, no podemos quedarnos en eso. Nuestra labor es desentrañar las condiciones históricas, sociales, económicas y culturales sobre las cuales esas violencias se articulan y, desde luego, hacernos cargo con nuestra práctica de ellas en el presente. Es tomar una posición política sobre lo que pasa con los DDHH a escala continental y planetaria.

 

Ahora bien, cabe hacer un alto no menos importante. Tenemos que informarnos bien. No de fuentes falsas, ni de montajes. Acá con mucha soltura de cuerpo está interiorizado que “El Mercurio miente”, sin embargo, pareciera ser que todos los otros mercurios del mundo son medios fiables y fidedignos. Digámoslo tal cual: CNN, Clarín, O’Globo, y otros tantos medios de las oligarquías desinforman a los pueblos. Hace muy poco CNN en español compartía una noticia sobre una manifestación campesina en Nicaragua en contra del gobierno de Ortega con fotos de partidarios del gobierno sandinista. Nunca han hablado como la oposición, financiada por los EEUU, viola sistemáticamente los DDHH del pueblo de Nicaragua. Respecto de lo que pasa en ese mismo país: los números de las muertes resultados inflados, y las víctimas y victimarios cambiados en la mayoría de los casos. Pero qué importa desmentirlo ahora, si ya se dijo y quedó grabado en la retina de todo mundo. Ni hablar de las mentiras que se dicen de Venezuela. O las que se decían de Allende y la UP.

 

En fin. Situemos, entonces, el problema de los derechos humanos a escala global, geopolíticamente, en concreto. De manera resumida, claro está, y probablemente inexacta. Algunos creemos, sin querer encerrar el problema en ello, que los principales motores de las violencias y el sufrimiento de nuestra tierra son el capitalismo, el patriarcado y el colonialismo. Esas violencias, a su vez, tienen agentes que los promueven activamente. Algunos creemos que estos agentes son el imperialismo gringo, sus aliados, las trasnacionales, las oligarquías y el gran crimen organizado (1). La oleada de violencia, la arremetida de los fundamentalismos y guerras a escala global se explican en un contexto de decadencia del poder imperial de EEUU y la desesperada búsqueda por hacerse de riquezas de los pueblos que hemos sidos subordinados a la explotación de bienes comunes naturales. La guerra arancelaria iniciada por Trump es parte de esta misma dinámica. USA utiliza la intervención descarada y promueve golpes blandos para intentar resolver lo más rápidamente posible el conflicto en nuestro continente, para así salir a enfrentarse a sus grandes enemigos, China y Rusia. También, porque en ciertos procesos transformadores las fuerzas de cambio han pactado con quienes terminan siendo sus principales enemigos en condiciones poco favorables lo cual, a la corta más que a la larga, los hacen tambalear, sino derribarlos (2). Lección.

 

Lo anterior no pretende en ningún caso afirmar que solo esos agentes pueden cometer violaciones a los derechos humanos, sino que son ellos los -objetivamente- responsables de la amplísima mayoría de la violencia y la violación de los derechos humanos en el planeta, pero más importante que la cifra, de que la violación a los derechos humanos sea un forma de vida, constante, cotidiana para sostener los privilegios de unos pocos (3).

 

No nos olvidemos que su agenda “pro DDHH” tiene como objetivo posicionar gobiernos neoliberales leales al consenso de Washington, no la democracia, ni la libertad, ni menos el respecto de los DDHH. Sus aliados en América Latina han sido los principales violadores de éstos: Colombia, México y en su tiempo las sanguinarias dictaduras del sur. Para ellos no son un fin, son un simple medio. Pensemos un momento en el uso que tiene la agenda imperialista en esta materia: Aislar a esos países, política, económica y militarmente. Bloquearlos. Sin embargo, nunca hemos dejado de comerciar o tener tratados de comercio con países con altos prontuarios de violaciones a los DDHH. No caigamos en su hipocresía, en su mentira, que busca dividirnos, pelearnos, para precisamente continuar con la feroz explotación y dominación a las que nos tienen sometidos (4). En un contexto donde las izquierdas latinoamericanas desde Cuba a Lula, pasando por Venezuela, intentamos frenar la política belicista del Grupo de Lima, nada explica que sectores progresistas coloquen un foco de división al interior de las alianzas de cambio.

 

¡Desde luego que quienes no son esos agentes pueden cometer y cometen violaciones a los derechos humanos y obviamente dichos actos son condenables! No es ese nuestro problema. No se trata de no poder criticar a Maduro, Ortega o al gobierno cubano. Se trata de tener una crítica no colonizada. Que sea en defensa de los DDHH, de los pueblos en lucha contra el imperialismo y el capitalismo global, si, pero no con las mentiras ni para fortalecer las posiciones de sus principales violadores. Desde la perspectiva de los pueblos que hemos sufrido las consecuencias de esas tramas y que también hemos caído en errores. Desde una perspectiva revolucionaria. Se trata de disputar de manera popular el campo de los DDHH. ¿O acaso la libre autodeterminación no es un derecho humano básico para garantizar la autonomía de un pueblo?

 

Seamos consecuentes con la idea de defender los DDHH y defendámoslos de sus principales enemigos. Desde luego, critiquemos también, a quienes combatiéndolos usen esas armas, pero sepamos distinguir que no son lo mismo en lo que refiere a la dimensión política de los DDHH.

 

No tenemos que sucumbir a las presiones de la derecha y apuradamente, por el temor a una crítica interesada e insidiosa, ponernos en el lugar que ellos nos quieren ver. Tenemos que tener una forma e idea propia para enfrentar el problema de la violación a los DDHH humanos en el mundo. Tener claridad de que la actual agenda mediática de los DDHH que alimentan los medios de masas es promovida y financiada por los EEUU y los grandes capitalistas para derrocar gobiernos opositores.

 

Tener un estándar propio, pasa por determinar cuál es el conflicto central y por tener un juicio que nos permita someter a crítica nuestros propios actos de manera política. En el sentido de lo último, y sólo como enunciado, creo que el principal criterio afirmativo que nos permite someter a prueba nuestros actos y defender los DDHH es determinar en qué medida o no y dadas las condiciones concretas de cada caso, los pueblos son los protagonistas en cada proceso.

 

Ni lo uno, ni lo otro encontramos en las posiciones de los compañeros y compañeras de izquierda que condenan sin relativizar las violaciones de los DDHH vengan de donde vengan. Mas bien, encontramos una crítica no situada e instrumental que responde a los ritmos y necesidades de la política interna, presas del rational choice al cual nos llevan los principales violadores de DDHH para justificar sus actos.

 

Salgamos de ahí. Levantemos la cabeza. Defendamos los DDHH de la perspectiva de los pueblos. Sin temor a la autocrítica, pero distinguiendo bien a nuestros principales enemigos y las agendas que ellos movilizan para no caer en ellas.

 

 

(1) Uno de los grandes triunfos de la renovación socialista fue, precisamente, robarnos esta concepción global de la lucha de clases y ponernos encima ideas que relativizan la distinción entre explotadores y explotados, opresores y oprimidos. De esta relativización muy pocos hablan.

(2) Basta mirar las crisis de las alianzas forjadas por el PT en Brasil, por el sandinismo con la Iglesia en Nicaragua, entre otras.

(3) Y que si de cifras queremos hablar, no olvidemos que este sistema tiene, hoy, en el mundo a más 700 millones de personas en condiciones de extrema pobreza.

(4) Dicho de otra forma.Los marxistas no decimos que los y las trabajadoras debemos superar el capitalismo y la existencia de una clase capitalista porque todos los burgueses sean consumados violadores de derechos humanos. Decimos que hay que acabar con esa clase y ese modelo porque su existencia se basa, más allá de la conducta moral de sus particulares, en construir esa violencia estructural que está destruyendo gran parte de la vida en el planeta, incluida nuestra especie.

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