Derechos humanos y la hipocresía internacional

Por Rafik Mas’ad

Movimiento Autonomista

 

 

Sin duda alguna la columna de Gabriel Boric “La izquierda y nuestra obligación de un solo estándar en derechos humanos” instaló el debate sobre cómo las nuevas izquierdas nos enfrentamos a las violaciones de los derechos humanos en procesos que nos son más cercanos y con él, cuál va a ser nuestra política internacional.

 

Este debate al interior de las diversas organizaciones debe darse en un clima de respeto, sin epítetos rimbombantes y entendiendo que, al darse entre compañeros/as, debe primar la fraternidad. El tono de la discusión actual es irresponsable y no construye colectivo.

 

Como punto de partida, es evidente que la violación a los derechos humanos debe ser condenada, independiente de quienes las ejecuten o el contexto donde fueron ejecutadas. Esto debe ser realizado sin matices, con un solo estándar y con la responsabilidad que tenemos como humanidad con las víctimas.

 

Lamentablemente dichos criterios no son los criterios de la comunidad internacional ni mucho menos de los gobiernos de la transición y la derecha en nuestro país. Las garantías democráticas y el respeto a los derechos humanos solo aplican cuando se quiere remover un gobierno contrario a los intereses norteamericanos y sus trasnacionales, o como instrumento para la política nacional.

 

La invasión a Irak y Libia, el financiamiento a terroristas en Siria, la desestabilización de Nicaragua o la generación de condiciones para un golpe de estado en Venezuela son ejemplos cercanos de manipulación de las (a veces) existentes violaciones a los derechos humanos para derrocar gobiernos por parte de los Estados Unidos y sus países aliados.

 

Mientras tanto, a modo de ejemplo, estos mismos gobiernos apoyan el genocidio realizado por Israel contra el pueblo palestino, financian la dictadura teocrática de Arabia Saudita y hacen vista gorda a las violaciones sistemáticas a los derechos humanos en Ucrania.

 

Nuestro país no se queda atrás, el 11 de abril del 2002 el entonces presidente, Ricardo Lagos avaló el intento de golpe de estado en Venezuela, en los últimos años nuestro ejército ha intensificado su colaboración con el ejército israelí y Sebastián Piñera considera al presidente ilegitimo de Brasil, Michel Temer, como su socio en la región. El duopolio con sus acciones y omisiones también avala la violación de los derechos humanos en diversos puntos del globo.

 

No bastando con la manipulación de potencias extranjeras para derrocar gobiernos, el discurso de los derechos humanos se ha utilizado también para hacer política interna por las derechas y sus medios de comunicación. Un análisis de artículos y portadas de los principales diarios españoles realizado por eldiario.es deja en evidencia el gigantesco incremento de menciones a la situación venezolana semanas antes de la elección del 2016. Escenario similar al chileno donde en cada campaña a las y los candidatos de izquierda se les pregunta hasta hostigarlos por Cuba y Venezuela.

 

Esta visión hipócrita de los derechos humanos son la cortina de humo de una política constante por parte de los Estados Unidos y la OTAN para mantener el control geopolítico de diversas zonas claves y de sus recursos naturales.

 

Destituida Dilma Rousseff no solo se aplicó una profunda agenda neoliberal, además, se pararon proyectos claves para la autonomía militar de Brasil. En los casos de Irak y Libia las empresas petroleras ExxonMobil, BP, Shell y Royal Dutch Shell no esperaron a que los soldados de la OTAN se fueran para repartirse los pozos petroleros. Futuro similar le espera a Venezuela y su oro negro en caso de caer la revolución bolivariana.

 

Las campañas mediáticas contra los gobiernos que no se subordinan a los intereses de las trasnacionales norteamericanas y sus derrocamientos poco o nada tienen que ver con una defensa irrestricta a los derechos humanos y la democracia. Es parte de la estrategia del imperialismo para tener un control de los países y sus recursos, lo que incluye ataques mediáticos (Venezuela), económicos (Cuba), judiciales (Brasil) y en última instancia militares (Siria). Vivencias bastante similares a las acontecidas el 11 de septiembre de 1973 en nuestro país.

 

En respuesta a la hipocresía de la comunidad internacional y el duopolio chileno urge una visión contrahegemónica sobre esta materia, contraría a la visión colonial de los países del norte, profundamente solidaria con los procesos emancipadores que han llevado los pueblos, que defienda irrestrictamente la autodeterminación de los pueblos y que de ninguna forma relativice los derechos humanos.

 

Esto no es contrario con tener críticas sin matices en lo que a violación a los derechos humanos y debilitamiento a las garantías democráticas respecta. Nuestra solidaridad está con los pueblos, no con los gobernantes, y el mejor favor que podemos hacerles a dichos procesos es una crítica oportuna, sin segundas intenciones, para que el rumbo sea enmendado.

 

Desde la izquierda, el Frente Amplio, y en particular el Movimiento Autonomista, no podemos renunciar a tener un discurso propio en política internacional, diferenciándonos del discurso de los medios hegemónicos, las derechas y las izquierdas de la tercera internacional socialista. La invitación es a la construcción colectiva de este discurso, tomando posiciones en temas que no siempre serán populares en primera instancia a la opinión pública y estrechando lazos de solidaridad con movimientos y procesos que, al igual que nosotros, están luchando por su dignidad. Construcción que tiene el deber moral de condenar, vengan de donde vengan, la violaciones a los derechos humanos y la autodeterminación de los pueblos.

 

El triunfo de los pueblos del sur y gran parte de asia, los pueblos históricamente oprimidos, sólo se dará mediante la más profunda y honesta solidaridad.

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