Dolores O’Riordan: Réquiem para la “chica que escribía canciones”

Por Miguel Fauré Polloni

 

“Todo estará está bien, querida”, le decía a la pequeña Dolores su madre Eileen, acariciándola con el último dejo de ternura que le permitía el dolor. A los dos días de nacer, Terence O’Riordan (el padre) sufría un violento accidente de motocicleta que le dejaría para siempre en silla de ruedas. El humilde granjero de Limerick, Irlanda, ya no podía aportar en la crianza de sus siete retoños. La madre coraje, a punta de empuje, sacó adelante las cosechas y el snackbar que les ayudaba a subsistir. “Ode To My Family”.

 

Quienes la recuerdan, dibujan el eco de la niña que cantaba a todas horas, mientras aportaba en las tareas familiares. Hasta que a los 5 años la integran al coro de la humilde iglesia del barrio. Los parroquianos deliraban con el angelical susurro con que la taciturna Dolores acompañaba uno que otro salmo. El tiempo, invencible, le vio a los doce años escribir su primera canción, “Calling”, desbordada declaración de amor a su profesor de escuela. “Linger”

 

Dolores fue la adolescente “extraña”, el bicho raro escabulléndose de las nubes grises de una depresión que le acosó desde la cuna. Por entonces decidió dejar al rape su cabellera, jugar con sus hermanos varones y encerrarse a oír las melosas melodías de Duran Duran y el adolescente desgarro de los Smiths. Le conocerían en el barrio como “la chica que escribía canciones”. Y, si no lo hubiese hecho, se pegaba un tiro. Literal. La tensión religiosa entre católicos y protestantes en Irlanda le enfermaba de los nervios, lo cual desahogaba en el coro de la parroquia, al vibrato de la música sacra. “Zombie”

 

Cranberries es el éxito que todos conocemos: MTV, videoclips plagiados de The Cure y la contraparte irlandesa del estruendo suicida del grunge. Nunca se lo creyó. Por eso no fue dramático que al entrar en el nuevo siglo, la espuma de la gloria se haya desvanecido y la traviesa hija de Eileen siguiera mascullando salmos profanos con un dejo de melancolía. “Dreams”.

 

Su carrera solista fue una conciliación con sus fantasmas internos. “¿Estás escuchando?”, pregunta su primer disco. No, Dolores, salvo los cielos grises. Un eco de “¿Hay alguien allá afuera?” de Roger Waters en The Wall. Pero la clave no estaba allí. Con el primer single del disco salté, además a Duran Duran y su “Ordinary world”. Busquen el videoclip. Sí, caperucita eras tú. Escapaste al bosque, finalmente. “Ordinary day”

 

El eco de la prensa dirá que acabaste derrumbada por la anorexia o por el “perro negro” de la depresión. Ambas hipótesis no vienen al caso, aunque el reporte indique suicidio, como fue con Cornell. Tu pecho sigue infla(má)ndose al brote de la tormenta. Que lluevan tus últimos gemidos. Ya estás a salvo, pequeña Dolores. Todo estará bien. “When you’re gone”

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