Dos tácticas para el proceso constituyente

De cara al proceso constituyente que se viene hay delineadas dos tácticas para enfrentarlo:

Seguir el itinerario del acuerdo por la paz o desbordar el proceso constituyente.

Seguir el itinerario del acuerdo por la paz es someterse, entre otras cosas, al quórum de los 2/3. Mismo quórum contramayoritario que ha impedido los cambios de la constitución tiránica y que fuerza acuerdos de espaldas al pueblo y el movimiento social. 

Los progresistas, al respecto, han dicho dos cosas: Que un resultado previsible, y no necesariamente negativo, será el de una constitución mínima, y que, por otra parte, se podrá ocupar el 1/3 para vetar las actualizaciones o profundizaciones neoliberales o nuevos cerrojos antipopulares. Es una referencia implícita a la tesis atriana de la «hoja en blanco».

En primer lugar, lo de la constitución mínima es un acto propio de la medida de lo posible. Inadmisible para este momento en Chile y en el mundo. Además, los acuerdos mínimos los pretenden alcanzar con los que han mantenido y defendido el modelo. Es decir, malos acuerdos. Hay un montón de materias que no admiten más medias tintas, seguiremos o no con un estado unitario, se acaban o no las AFP, la salud, la vivienda y la educación serán o no un derecho, por nombrar algunas. Ya se ha dicho, por cambiar la constitución del tirano no necesariamente vamos a dejar de tener una constitución y un orden neoliberal. El caso de Lagos es el ejemplo más palmario.

Nos dicen que ahora sí que sí nunca más de espaldas al pueblo, pero cuando tengan que negociar nos van a decir algo así como: «sin un acuerdo de los dos tercios no habrá nueva constitución, así que nos tendremos que conformar con esto». Luego pedirán disculpas por el acuerdo por la paz, pero estarán orgullosos de haberle dado esa oportunidad a Chile. Un show pobre ya conocido y que a la larga solo le sirve a los de arriba. 

Tampoco está demás agregar que la ley electoral a utilizar para la elección de constituyentes favorece enormemente a la derecha, por lo tanto, se corre el riesgo de que la derecha dura logre un tercio y los acuerdos además, deban ser con ellos. No debe olvidarse nunca que existe una mayoría popular que excede con creces a las representaciones institucionales de las derechas y que más allá de las formalidades, el poder real en Chile lo siguen teniendo ellos. Es decir, toda negociación institucional con las derechas, ocurre sobre un campo que les es favorable. Es como cuando las empresas contratan «libremente» con los trabajadores y entre ambas partes «acuerdan» las cláusulas del contrato de trabajo. Lamentablemente, para una nueva constitución, no tenemos un Código del Trabajo que nos defienda. Por eso negociar con el poder real es algo más efectivo. La experiencia boliviana es clara al respecto.

Lo del veto pudiera tener sentido para poner freno a los cerrojos anti populares de carácter formal que se consagran a nivel constitucional como son los quórums de reforma constitucional, el tribunal constitucional, la labor del banco central y así. Sin embargo, respecto a las normas de fondo todo lo que se vete, en la práctica va a seguir funcionando como funciona. Por los tratados internacionales vigentes (¡Qué decir si se aprueba el TPP-11!), por las leyes orgánicas y demases. Por eso la hoja en blanco a este lado no le sirve. La estrategia de vetar cuestiones en el fondo es perder la oportunidad histórica del cambio. No ocurre de la misma manera con la derecha dura, pues si veta, las cosas no deberían funcionar distinto a falta de regulación -cuestión que obviamente les conviene- y si veta el proceso en general, quedamos donde mismo. Y, honestamente, si ese es el resultado de la revuelta, tal vez nos hubiésemos ahorrado todo esto con un acuerdo por la paz que rebajara los actuales quórums de 2/3 y 3/5 de reforma a la constitución.

Levantar un proceso constituyente no es cualquier cosa. Se hace para parir una nueva constitución (en 200 años tenemos apenas 3 que han durado más de 40 años), lo cual genera un montón de expectativas y así delineado lo único que logrará será dejar a todos con la sensación que nuevamente la política no sirve, porque una constitución así no dejará contento prácticamente a nadie y de pasada habrá servido, como ya se ha dicho, para salvar a Piñera y su mal gobierno. Finalmente antes que un intento real por cambiar las cosas, será leído como el intento de la casta política de sortear la crisis que se les vino encima con la revuelta de octubre.

Por eso, el camino es desbordar el proceso. Principalmente desde la protesta y la asamblea popular constituyente. Que presione e impidan acuerdos antipopulares a la vez que ve entregando los contenidos necesarios para una nueva constitución. Que empuje la reducción de los quórums del acuerdo por la paz, un plebiscito intermedio o cualquier otro mecanismo que de posibilidades reales de un cambio constitucional y no deje todo en manos de los mismos de siempre.

 

Por Nicov

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