Ecuador es una bomba de tiempo: ¿cuánto más durará la crisis?

Por: Marco Terugi

El Gobierno de Lenin Moreno ha dicho que no dará marcha atrás en las medidas económicas de ajuste. El movimiento indígena ha dicho que seguirá movilizado. ¿Qué desenlace puede tener esta pulseada? En Quito, Sputnik dialogó con la socióloga ecuatoriana Irene León.

El acuerdo del Gobierno de Ecuador con el Fondo Monetario Internacional (FMI) forma parte de un plan que se desarrolla desde el ascenso al poder político de Lenin Moreno a la Presidencia en el 2017, explica Irene León, socióloga ecuatoriana, integrante de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad.

«Se ha buscado reunir condiciones para que el FMI nos considere, se ha buscado un endeudamiento cuando el país podía solventar su economía de otro modo»,  señala León, al finalizar otro día marcado por el vértigo de acontecimientos en Quito y varias partes del país, con los bloqueos de carreteras y movilizaciones iniciadas el 3 de octubre en rechazo al ajuste anunciado por Moreno para cumplir con las exigencias del organismo internacional.Si realizar un acuerdo con el FMI era parte de la «reconquista neoliberal» planteada desde el inicio, la decisión de hacerlo en octubre respondió a las exigencias hechas por el FMI. En efecto, la carta de intención firmada exige haber dado una serie de pasos al llegar a diciembre del 2019, y por lo tanto el Gobierno no tenía más tiempo.

León, quien es también parte de la Fundación de Estudio de Acción y Participación Social, explica que la Constitución ecuatoriana contempla un techo de endeudamiento y una cantidad de requisitos para establecer relación con organismos externos.

El estado de excepción anunciado el 3 de octubre «se produce para obviar esos criterios y crear una situación en que se puedan hacer las cosas por otras vías», analiza.

Los diferentes pasos estaban diseñados, contemplando incluso, se presume, la poca aprobación que generaría. El factor inesperado fue la magnitud de la impugnación a las medidas: las protestas que se desencadenaron a partir del jueves 3 trajeron a la memoria aquellas que obligaron a renunciar a varios presidentes, siendo el último Lucio Gutiérrez, en 2005.

Sobre estimarse y subestimar

«Estas élites son muy prepotentes, tienen su anclaje en el capital financiero, empresas exportadoras, gente que vive asociada al capital», más relacionadas «con las dinámicas del capital global que con las dinámicas latinoamericanas», analiza Irene León.

Además de sobrestimarse, el Gobierno cometió otro error, el de subestimar la dimensión de la respuesta: «no pensaban que había una capacidad de movilización como la que se ha expresado, y no pensaban que la ruralidad y los pueblos indígenas podían levantar su voz«.

Esa combinación abrió un escenario de gran inestabilidad y el país ingresó en una dinámica de protesta nacional, en Quito, Guayaquil, en las principales carreteras. Se trató de una respuesta encabezada por diferentes sectores sociales y políticos, que, de conjunto, conformaron un proceso que desbordó la seguridad de las planificaciones del FMI, Moreno, y sus aliados económicos.

León señala varios actores movilizados. En primer lugar, lo que caracteriza como «el pueblo identificado al proceso de la Revolución ciudadana», el proceso político que fue liderado por el expresidente Rafael Correa. Se trata de un liderazgo con algunas características centrales, como una «mentalidad de resistencia al neoliberalismo», y no tener necesariamente un espacio de organización.

En segundo lugar, identifica a sectores que reemergen en este escenario, como sectores del movimiento sindical, uno de los más potentes, que es el del mundo del trabajo. Este último fue uno de los primeros en salir a rechazar el paquete de medidas, en particular la quita del subsidio a la gasolina, que fue el anuncio catalizador debido al impacto en el precio de los combustibles, y por lo tanto de transporte y de precio de mercancías.

Esos sectores habían tenido en estos dos años una relativa cercanía con el discurso de Moreno y este escenario les ha entonces permitido reposicionarse, al igual que el movimiento indígena, centralmente agrupado en la Confederación de Organización Indígenas de Ecuador (CONAIE), que ha protagonizado un rol crucial en la agenda y radicalidad de las movilizaciones de esta semana.

Irene León señala también la participación de dos otros sectores importantes: las mujeres y la juventud. En el caso de las mujeres, la socióloga destaca no solamente su rol en esta semana, sino en los dos años de resistencia a la presidencia de Moreno y en la reivindicación de los años de la Revolución Ciudadana.

La pulseada

Moreno conserva el apoyo de los sectores de poder, «por las élites y el Ejército», destaca la socióloga ecuatoriana. Pero su popularidad es muy baja y disminuye con el pasar de los días, «tiene menos de 10% en las encuestas», afirma. ¿Cuánto puede resistir esta situación de embate popular?

Por el lado de la fuerza de las movilizaciones también existen dificultades ligadas al tiempo. Una de ellas es del movimiento indígena, quien aporta mayor radicalidad: «para las comunidades que vienen del Ecuador profundo es todo un costo humano colectivo venir hasta Quito, muchos caminando desde sus lugares de origen, dejando sus tierras, cultivos, animales, modos de vida».Junto a eso han enfrentado una represión muy fuerte por parte del Gobierno, donde la CONAIE ha denunciado que ya ha habido cinco fallecidos y centenares de heridos y detenidos. «Es muy complejo imaginarse que pueda sostenerse de este modo en Quito», explica Irene León.

La CONAIE ha afirmado que no dialogará hasta que Moreno no dé marcha atrás con el paquete de medidas pedidas por el FMI. El presidente, por su parte, ha dicho que no lo hará. ¿Cuánto tiempo puede durar esta pulseada? «Esta situación ya no puede durar tanto, tiene que haber un desenlace», concluye León.

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Músico, abogado y defrentista. Vive en Peñalolén, Santiago.

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