“El Anti Imperialismo de la Unidad Popular» Por: Marcel Roo

 

Por Marcel Roo

Les presentamos la segunda parte del artículo del venezolano Marcel Roo, el que a partir de un relato en primera persona, busca hacer dialogar tres momentos históricos, el Chile de la UP donde le tocó participar, el proceso venezolano en curso y la revuelta Chile Despertó.

En esta entrega reflexiona sobre el anti imperialismo de la Unidad Popular, las diferencias tácticas en las izquierdas chilenas y interesantes episodios de la vida en esos tiempos en el «Pedagógico», donde estudio durante esos años.

Pincha aquí para leer la primera parte del artículo «Reminiscencias de la Revolución».


Reminiscencias de la revolución parte II: «El Anti Imperialismo de la Unidad Popular»

A pocos meses de nuestra llegada a Santiago, arribó a la capital chilena un contingente de jóvenes procedentes de Caracas, en su mayoría estudiantes de Ingeniería y Economía de la Universidad Central de Venezuela (UCV), casa de estudios a la cual el gobierno del democratacristiano Rafael Caldera (1969-1974) había cercenado su autonomía.

Esos jóvenes que llegaban habían desempeñado un importante papel de lucha contra esa nefasta medida de Caldera quien había colocado en la rectoría de la UCV a un equipo títere de su gobierno, desplazando al querido rector Jesús María Bianco quien había convertido a la UCV en un centro de saberes genuinamente democrático.

Caldera, un líder prominente de la fenecida IV República, de pensamiento conservador cedió a la presiones de la ultraderecha que acusaba a la UCV de ser un centro de la izquierda insurrecta. Su decisión fue allanar con las fuerzas militares la magna casa de estudios, medida contradictoria con su política de pacificación mediante la cual legalizó al Partido Comunista de Venezuela (PCV) y al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) e indultó a los presos políticos encarcelados por los gobiernos anteriores de Rómulo Betancourt (1959-1964) y Raúl Leoni (1965-1969).

Chile convertido en un laboratorio de luchas sociales y políticas era el destino ideal para la juventud de pensamiento revolucionario y progresista que asumía esa experiencia como propia en una América Latina que, con la excepción de Cuba, estaba minada por gobiernos complacientes con el capital imperialista.

Y no era para menos. Desde los inicios del gobierno de Salvador Allende empezaron a notarse los cambios en la distribución de los recursos, en el apoyo  a los sectores más vulnerables de la sociedad, en la priorización de las políticas hacia la niñez, la mujer, la juventud, los trabajadores obreros y campesinos. En síntesis, se estaba produciendo una revolución social.

Una de las primeras medidas que impactó al mundo fue la reanudación de las relaciones diplomáticas con Cuba, hecho concretado apenas asumir Allende la Presidencia y que significó un gesto de gran importancia para romper el aislamiento del gobierno cubano impuesto por Estados Unidos y acatado por la mayoría de los países de la región con la excepción de México.

A diferencia de la mayoría de esos gobiernos títeres de la región, la Unidad Popular daba pasos gigantescos en aras de garantizar la soberanía y la independencia política y social de Chile.

En el plano interno se comenzó a aplicar el principio de que un gobernante no es un ser privilegiado que llega al poder para enriquecerse, mientras su pueblo transcurre su vida en medio de calamidades.

Una de esas primeras medidas fue la de acabar con las dietas estratosféricas de los funcionarios públicos, empezando por el propio presidente que fijó un máximo de 20  sueldos vitales y determinó el uso exclusivo de los autos de la administración al cumplimiento de las actividades inherentes al cargo. Nada de paseos y uso personal de los carros del Estado. Esto que puede parecer una medida de poca trascendencia tiene la gran importancia de gobernar dando el ejemplo de la austeridad que el país reclamaba.

Igualmente pasó con los funcionarios que debían cumplir tareas en el exterior. Se le fijaron los viáticos indispensables porque se iba en funciones de trabajo y  no en viajes de turismo. La premisa fundamental del gobierno era la honestidad y ello constituía para el resto del país y para quienes estábamos de observadores de ese proceso un ejemplo de primer rango, porque en nuestros países esa palabra honestidad había dado paso a otra de significado contrario: la malversación de los recursos públicos.

Otro hecho de gran significación histórica y silenciado por los medios hegemónicos de comunicación, fue la constatación de la prioridad que le daba el gobierno de la UP a los niños con la aplicación inmediata del medio litro de leche, decisión que formaba parte de las 40 medidas diseñadas por la coalición de Gobierno.

A esto se agregaban decisiones trascendentales en el terreno político y económico:  Nacionalización del Cobre, la banca y la definición de tres áreas de propiedad: Estatal, Social y Privada hecho que enardeció a los llamados momios de la oposición.

Estábamos en una sociedad en plena efervescencia política en la que era imposible permanecer indiferente, de tal manera que cada uno de nosotros,  llegados de la alienada sociedad capitalista dependiente del imperialismo, empezamos a compartir con los chilenos la responsabilidad del debate y militancia política, bien desde nuestros centros de estudio en el Pedagógico donde cursaba Psicología y Periodismo o bien desde las facultades de Economía e Ingeniería, que eran los sitios de enseñanza de aquellos jóvenes que se rebelaron contra el equipo rectoral títere del gobierno de Caldera.

El Pedagógico era un centro donde el debate político era muy arduo. Además de Psicología y Periodismo funcionaban Sociología y Filosofía cuyos estudiantes y profesores eran, mayoritariamente,  dirigentes de los partidos de la UP, así como del MIR, MAPU, Izquierda Cristiana. Por supuesto que también había dirigentes y/o simpatizantes  de la DC y Renovación Nacional.

En la escuela de Filosofía particularmente existía un fuerte contingente de alumnos y profesores de ideología anarquista. Al frente de ellos se encontraba un profesor muy respetado académicamente pero radicalmente opuesto al Gobierno, era Don Juan Rivano, quien llegó inclusive a justificar el golpe contra Allende en las primeras horas del sangriento hecho. Después fue perseguido e incluso hecho prisionero por la dictadura y enviado a exilio, donde murió en Lund, Suecia en 2016.

En el lado contrario, y en defensa del Gobierno estaba entre otros, Armando Cassigoli, de quien fui amigo personal. Era un filósofo y cuentista muy compenetrado con el proceso de la UP y, además, muy solidario con la colonia venezolana. Cassigoli desterrado por la dictadura falleció en México en 1988.

En la escuela de Periodismo con su director, don Mario Planet, también se daban importantes debates que reflejaban las posiciones contradictorias sobre el dilema planteado hace más de 100 años por Rosa Luxemburgo: Reforma o Revolución.

Sin entrar en el debate sobre este tema tan controversial, el cual inclusive es motivo de disputa hoy en el proceso político venezolano, tanto partidarios incondicionales y/o críticos, así como radicales revolucionarios destacaban la importancia de medidas de la UP que marcaban diferencias con los gobiernos de la socialdemocracia tradicional. Es así como en las relaciones internacionales el gobierno de la UP contaba con la aprobación mayoritaria de los pueblos del mundo.

En este contexto el mundo democrático recibió con agrado el establecimiento de relaciones con  Cuba,  Nigeria, Libia, Tanzania, Mongolia, y relaciones comerciales con Vietnam y Corea del Norte, y  con el célebre discurso pronunciado por Allende en  la ONU donde abogó por la incorporación de la República Popular China como miembro permanente del Consejo de Seguridad de dicha institución.

La disputa interna entre las fuerzas revolucionarias tenía que ver con  la ruta a transitar: Por un lado la UP sostenía la premisa de avanzar en las conquistas sociales dentro del formato de la democracia liberal, es decir, manteniendo la estructura parlamentaria –senadores y diputados- y participando en las elecciones tradicionales de Presidencia y Congreso.

El Partido Comunista era partidario incondicional de la premisa de la UP y con su consigna “No a la Guerra Civil” alertaba que un agudizamiento de las controversias iba a conducir a un enfrentamiento fratricida entre chilenos. Además el PC y Allende eran partidarios de buscar una acuerdo con la DC para resolver la crisis política.

En el lado crítico estaba la tendencia de izquierda del Partido Socialista liderada por Carlos Altamirano que si bien apoyaba todas las conquistas logradas, sostenía la tesis de profundizar el proceso y para ello era necesario reformar el parlamento,  el poder judicial y las fuerzas armadas, organizar el Poder Popular, los Cordones industriales y los comandos comunales de base. Su consigna era Avanzar sin transar.

A esta posición de PS se sumaba el MIR con sus lemas de “Pueblo, Conciencia y Fusil” y “Crear, crear Poder Popular” cuya propuesta era armar al pueblo para enfrentar la contrarrevolución fascista que estaba en marcha.

Esta lucha ideológica se daba con mucha fuerza en los Cordones Industriales. En el cordón Vicuña Mackenna donde tuve ocasión de participar con las fuerzas socialistas críticas, las diferencias tácticas con el Partido Comunista eran más agudas. Sin embargo, había acuerdo en el hecho indudable que Chile había iniciado un camino de transformación estructural que era necesario preservar pese a las diferencias.

Triste epílogo: Pese a los discursos voluntaristas de los líderes de la izquierda radical y de la consigna del PCCH de “No a la guerra civil”, el golpe de Estado ocurrió el fatídico 11 de septiembre de 1973. El sueño del pueblo de Chile, de América toda y, en particular de quienes procedentes de otras latitudes apostamos por  su consolidación,  fue postergado. Hoy a 47 años después Venezuela transita el camino que Allende inició pero esta vez con la convicción de que no será frustado.

 

Músico, abogado y defrentista. Vive en Peñalolén, Santiago.

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