El día en que The New York Times reconoció entregar «información errónea» sobre «armas de destrucción masiva» en Irak

A propósito del tardío reconocimiento realizado por el «prestigioso» medio estadounidense «The New York Times» sobre lo que efectivamente sucedió el pasado sábado 23 de febrero en el Puente Internacional Francisco de Paula Santander, frontera entre Colombia y Venezuela (Ver «Tras 14 días, New York Times reconoce montaje mediático sobre la falsa “ayuda humanitaria” a Venezuela»), compartimos acá un reconocimiento en un sentido similar, pero que recayó sobre hechos que lamentablemente tuvieron una consecuencia inifinitamente más grave: Nos referimos al sesgo, falta de rigurosidad, y manipulación informativa que la prensa corporativa hizo sobre la realidad de Irak y las supuestas «armas de destrucción masiva» que dieron lugar a una nueva agresión imperialista contra el país del Oriente Próximo, en el año 2003.

 

Por su elocuencia, compartimos la nota editorial del The New York Times de manera íntegra, y más abajo, algunos comentarios sobre la difusión de la nota de The Ney York Times sobre la quema de camiones en la frontera colombo-venezolana:

 


 

De los editores: The Times e Irak.
Editorial de The New York Times, 26 de mayo de 2004.

Durante el último año, este periódico ha arrojado la luz esclarecedora y en retrospectiva sobre las decisiones que llevaron a Estados Unidos a Irak. Hemos examinado las fallas de la inteligencia estadounidense y aliada, especialmente sobre el tema de las armas de Irak y las posibles conexiones iraquíes con terroristas internacionales. Hemos estudiado las denuncias de falta de credibilidad y exageraciones oficiales. Ya es hora de que nos volvamos la misma luz sobre nosotros mismos.

Al hacerlo, revisando cientos de artículos escritos durante el preludio de la guerra y en las primeras etapas de la ocupación, encontramos una enorme cantidad de periodismo del que nos sentimos orgullosos. En la mayoría de los casos, lo que informamos fue un reflejo exacto del estado de nuestro conocimiento en ese momento, gran parte de él, extraído minuciosamente desde agencias de inteligencia que dependían de información incompleta. Y cuando esos artículos incluían información incompleta o apuntaban en una dirección equivocada, luego fueron completados con información más sólida. Así es como normalmente la cobertura de noticias se desarrolla.

Pero hemos encontrado una serie de casos de cobertura informativa que no fue tan rigurosa como debió haber sido. En algunos casos, la información que era controversial en ese momento, y que ahora parece cuestionable, no estaba suficientemente calificada o no fue contrastada. Mirando hacia atrás, desearíamos haber sido más incisivos al reexaminar las afirmaciones a medida que surgían nuevas pruebas, o al no surgir éstas.

Los artículos problemáticos variaban en autoría y tema, pero muchos compartían una característica común. Dependían, al menos en parte, de la información de un círculo de informantes, desertores y exiliados iraquíes empeñados en el «cambio de régimen» en Irak, personas cuya credibilidad ha sido objeto de un creciente debate público en las últimas semanas. (El más prominente de los activistas contra Saddam, Ahmad Chalabi, ha sido nombrado como fuente ocasional en artículos del Times desde al menos 1991, y ha presentado a reporteros a otros exiliados. Se convirtió en uno de los favoritos de la línea dura dentro de la administración Bush y un agente de información pagado del exilio iraquí, hasta que sus pagos fueron suspendidos en la semana pasada). Complicando la labor periodística, los relatos de estos exiliados a menudo fueron confirmadas con entusiasmo por funcionarios de los Estados Unidos convencidos de la necesidad de intervenir en Irak. Los funcionarios de la administración ahora reconocen que a veces cayeron por información errónea de estas fuentes en el exilio. También lo hicieron muchas organizaciones de noticias, en particular, esta.

Algunos críticos de nuestra cobertura durante ese tiempo se han enfocado en los reporteros individuales. Nuestro examen, sin embargo, indica que el problema era más complejo. Los editores de varios niveles, que deberían haber estado desafiando a los reporteros y presionando para obtener más escepticismo, tal vez estaban demasiado concentrados en meter rápidamente las primicias en el periódico. Los relatos de los desertores iraquíes no siempre fueron sopesados, en relación a su fuerte deseo de que Saddam Hussein fuera derrocado. Los artículos basados ​​en afirmaciones extremas sobre Irak tendían a mostrarse de manera prominente, mientras que los artículos de seguimiento informativo que cuestionaban los originales en cuestión, a veces se enterraban. En algunos casos, no hubo seguimiento alguno.

El 26 de octubre y el 8 de noviembre de 2001, por ejemplo, los artículos de la página 1 citaron a desertores iraquíes que describieron un campamento secreto iraquí donde se entrenaba a terroristas islámicos y se producían armas biológicas. Estos relatos nunca fueron verificadas de forma independiente.

El 20 de diciembre de 2001, comenzó otro artículo de primera plana: »Un desertor iraquí que se describió a sí mismo como ingeniero civil dijo que él personalmente trabajó en renovaciones de instalaciones secretas para armas biológicas, químicas y nucleares en pozos subterráneos, villas privadas y bajo el Hospital Saddam Hussein en Bagdad hace poco más de un año”. Knight Ridder Newspapers informó la semana pasada que los funcionarios estadounidenses llevaron en principios de este año a Irak a ese desertor, de nombre Adnan Ihsan Saeed al-Haideri, para señalar los sitios donde afirmó haber trabajado, y que los funcionarios no pudieron encontrar pruebas de su uso para los programas de armas. Todavía es posible que se descubran armas químicas o biológicas en Irak, pero en este caso, parece que nosotros, junto con la administración, fuimos engañados. Y hasta ahora, no les habíamos informado eso a nuestros lectores.

El 8 de septiembre de 2002, el artículo principal del periódico fue titulado “U.S. Says Hussein Intensified Quest for A-Bomb Parts» [»EE.UU. dice que Hussein intensificó pruebas para partes de “A-Bombs”. Nota De Frente: bombas atómicas]. Ese informe se refería a los tubos de aluminio que la administración estadounidense anunciaba insistentemente como componentes para la fabricación de combustible para armas nucleares. El anuncio en esta ocasión no provino de desertores sino de las mejores fuentes de inteligencia estadounidenses disponibles en ese momento. Aún así, debería haber sido presentado con más cautela. Hubo indicios de que la utilidad de los tubos para fabricar combustible nuclear no era algo seguro, pero estos indicios fueron menospreciados, 1.700 palabras en un artículo de 3.600 palabras. A los funcionarios de la administración se les permitió explicar por qué esta evidencia de las intenciones nucleares de Irak exigía que Saddam Hussein fuera desalojado del poder: «La primera señal de una ‘pistola humeante'», argumentaron, «puede ser una nube en forma de hongo”.

Cinco días después, los reporteros del Times se enteraron de que el tema de los tubos eran, de hecho, un tema de debate entre las agencias de inteligencia. Los recelos aparecieron en un artículo en la página A13, bajo un titular que no daba ninguna idea de que estuviéramos revisando nuestra visión anterior («La Casa Blanca enumera los pasos de Irak para construir armas prohibidas»). El Times dio voz a los escépticos de los tubos el 9 de enero, cuando la pieza clave de evidencia fue cuestionada por la Agencia Internacional de Energía Atómica. Ese cuestionamiento fue reportado en la página A10; bien podría haber aparecido en la página A1.

El 21 de abril de 2003, mientras los cazadores de armas estadounidenses seguían a las tropas estadounidenses en Irak, otro artículo de la primera página declaró: »Armas ilícitas guardadas hasta la víspera de la guerra, afirma un científico iraquí». Comenzó de esta manera: «Un científico que afirma haber trabajado en el programa de armas químicas de Iraq durante más de una década, ha dicho a un equipo militar estadounidense que Iraq destruyó armas químicas y equipos de guerra biológica sólo días antes de que comenzara la guerra, dijeron miembros del equipo ».

El informante también afirmó que Irak había enviado armas no convencionales a Siria y había estado cooperando con Al Qaeda, dos afirmaciones que eran, y siguen siendo, muy controvertidas. Pero el tono del artículo sugiere que este »científico» iraquí, quien en un artículo posterior se describió a sí mismo como un oficial de inteligencia militar, había proporcionado la justificación que los estadounidenses habían estado buscando para la invasión.

The New York Times nunca hizo un seguimiento de la veracidad de esta fuente ni de los intentos de verificar sus afirmaciones.

Una muestra de la cobertura, incluidos los artículos mencionados aquí, está en línea en nytimes.com/critique. Los lectores también encontrarán allí una discusión detallada escrita por «The New York Review of Books» el mes pasado, por Michael Gordon, corresponsal de asuntos militares de The Times, sobre el informe de los tubos de aluminio. Respondiendo a la revisión crítica de la cobertura sobre Irak, su declaración podría servir como una introducción a las complejidades de tal informe de inteligencia.

Consideramos que la historia de las armas de Irak, y el patrón de desinformación, son asuntos pendientes. Y tenemos la intención de continuar con los informes rigurosos dirigidos a informar las noticias con veracidad.

Fuente: editorial de The New York Times, 26 de mayo de 2004. Traducción, enlaces, y destacado, por Revista De Frente.

 


 

  • Comentarios sobre la nota de The New York Times sobre los sucesos en el Puente Internacional Francisco de Paula Santander:

1. Partiendo por lo más importante para destacar en lo inmediato: ¿Por qué el New York Times se demora 14 días en liberar las imágenes de que disponía, que mostraban nítidamente la falsedad de lo que señalaban el Gobierno de Estados Unidos, la oposición venezolana, y la mayor parte de los medios privados de comunicación? ¿Esperaban otro desenlace para hacer esos típicos reconocimientos posteriores a los que acostumbran hacer el Imperio y la prensa que le sirve de cobertura comunicacional, cuando ya el caos y el desastre se abrieron paso en buena medida gracias a sus coberturas tan «serias e imparciales»? ¿Es necesario volver a mencionar lo de las «armas de destrucción masiva» en Irak? ¿Cómo tienen cara el resto de los medios privados de cada país, que estuvieron dos semanas sin hacer una revisión mínimamente exhaustiva de la prueba aportada por innumerables medios y el propio Gobierno Bolivariano en numerosas ruedas de prensa, e incluso en las propias sesiones del Consejo de Seguridad de la ONU, para ahora presentar la cosa como si fuera una «exclusiva» del New York Times?

2. La difusión de este reportaje es muestra de una victoria política y mediática puntual pero de alta significación, tanto para la coyuntura venezolana, como para el escenario político y comunicacional más allá de Venezuela. Una demostración más de que en la política «exterior» y la geopolítica, se juegan cosas significativas de la política «interna» y la opinión pública de cada país. La credibilidad de la prensa dominante es un factor central en las correlaciones de poder en nuestros distintos escenarios «nacionales», y el solo hecho de mostrar lo colonizado y manipulado que está el sistema de medios, es una gran cosa. Es tarea de todas y todos completar esta tarea y mostrar las mentiras y manipulaciones constantes de la prensa dominante, y sus lazos con los intereses que mal gobiernan el Mundo y cada región o país.

3. La operación y los sucesos posteriores, hasta este que aquí comentamos, van a quedar en la historia como una fallida operación de «bandera falsa», referencial y muy clara de apreciar. El que haya sido «fallida» se debe tanto a la actuación enormemente lúcida y paciente del Pueblo y Gobierno Bolivariano, de sus fuerzas de seguridad como al poder comunicacional propio construido en y fuera de Venezuela. La importancia de la comunicación popular, alternativa, autónoma a los poderes dominantes y sus expresiones mediáticas, quedan muy de relieve con esta contingencia.

4. La operación fallida, además, muestra lo profundo y hasta totalitario que puede ser el poder y control de la prensa oligopólica, y en particular, la televisión, que sirve de sustento audiovisual a un entramado comunicacional más amplio (radios, prensa escrita, redes sociales): Pueden estar mostrando horas y horas una escena que dice una cosa, y presentar la escena con un relato falso que la propia imagen transmitida contradice. Quienes hacen tal operación, quienes la replican deliberadamente, no están ejerciendo ninguna «libertad de expresión», si no que están haciendo pura y dura manipulación y mentira mediática, la que, siendo además central en la ejecución de un plan de alta violencia física implicada, se puede catalogar sin exageraciones como terrorismo mediático.

5. Hay que seguir y profundizar en lo de interpelar a los medios privados y develar sus sesgos, complicidades y falta de rigurosidad periodística, y a los gobiernos y por cierto al Gobierno de Chile, a dar explicaciones por, además de ser parte activa de una intentona injerencista y goplista contra un Gobierno de nuestra América, el usar recursos públicos en una operación de «guarimberos» encapuchados que incluyó constante armado y uso de bombas molotovs y la quema de la famosa «ayuda humanitaria» que llevaron a Cúcuta.

Una vez más, el Bravo Pueblo de Venezuela «aguantando la puerta» contra la injerencia imperial y la agresión golpista, que por estas horas continúa la agresión con un sabotaje eléctrico que hasta la Revista Forbes ya admite, «podría ser» de autoría imperial (Ver «Could Venezuela’s Power Outage Really Be A Cyber Attack?»).

Por último, decir que el silencio de esos no pocos sectores tan «críticos» ante el Gobierno de Venezuela que gritaron «Maduro y su régimen están quemando la ayuda humanitaria», muestra y habla por sí solo.

Por: Héctor Testa Ferreira, abogado e investigador en temas internacionales, integrante de Revista De Frente.

Abogado. Investigador en temas de Nuestra América, Derecho Constitucional, y teoría política.

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