«El falso y excluyente milagro del modelo neoliberal en Chile» por Francisca Gutiérrez

Por Francisca Gutiérrez

 

Según  la derecha chilena  el principio que anima a todo proyecto de la izquierda siempre ha sido la igualdad a costa de la limitación de libertades y oportunidades. ¿Se sostiene esta afirmación? ¿Por qué es una completa farsa?

Al analizar Chile post Pinochet e incorporado el modelo neoliberal en el país y Latinoamérica, vemos que indudablemente crece el poder adquisitivo, se abren comercios e incluso podríamos hablar del sueño americano para muchos y muchas, sin embargo la realidad de nuestro país es otra y está lejos del desarrollo.

Según un estudio del COES (2018), la mayor cantidad de conflictos sociales por habitante se producen en las regiones donde el índice de desigualdad es igual o superior al promedio nacional. El ejemplo más claro es la Araucanía en relación a “desigualdad-conflicto”. Según los cálculo estudiado y propuesto por los autores, y considerando el carácter multidimensional de los orígenes del conflicto social, “reducir la desigualdad de Chile de 0,49 a 0,43 (GINI) podría significar una reducción de cerca de 18% en los conflictos a nivel nacional”.

Además según distintos estudios del coeficiente de Gini muestran Chile es uno de los países con mayores niveles de concentración de la riqueza al interior de la OCDE (OCDE, 2019) y de acuerdo a estimaciones del Banco Mundial es también el segundo país de la OCDE con la mayor brecha de ingresos entre el 10% más rico y el 10% más pobre, sólo detrás de México. Pese a la relevancia de estos estudios en los que se argumenta e inhabilita con datos y fuentes las bases del modelo neoliberal como un modelo que va en ayuda de las sociedades brindando oportunidades, la derecha se respalda en el crecimiento. ¿Qué pasa con las pensiones, educación y salud? ¿Quien se hace cargo? ¿Quién responde por las garantías de los derechos fundamentales? 

El 18 de octubre del año pasado pudimos ver cómo inició el estallido social, con frases como “No son 30 pesos, son treinta años”, vimos como salía a las calles la ciudadanía cansada de abusos, que se repiten sistemática y generacionalmente por décadas. Silenciados con tarjetas de crédito y bonos.

Entre las demandas que más se repiten en las multitudinarias marchas que han convulsionado a nuestro país, están aquellas asociadas precisamente a la desigualdad y, con mucha fuerza y repetición, a la desigualdad, reflejadas en parte en la falta de acceso, en condiciones razonables, a bienes y servicios básicos tales como, pensiones, salud, educación, vivienda, transporte y agua. Son temas cuya insatisfacción, ya sea por falta o insuficiente acceso, alto precio y/o baja calidad.

Lo cierto es que en Chile, prácticamente la provisión de todos estos bienes fue privatizada en la dictadura, con el fin de generar mayor competencia y bajo el supuesto o creencia de que dicha competencia sería la mejor forma de su provisión más eficiente y que generaría mayor calidad. Sin embargo, tú y yo sabemos que se convirtió en una utopía que usemos el mismo transporte, que tengamos un sistema de salud común, educación en la que distintos estamentos pueden convivir y comprenderse y conocerse, una ciudad más integrada, genera cohesión social, comprensión del otro y que cuando algo no funciona nuestro empuje por mejorar el sistema, que me afecta a mí, también beneficiará a todos. Lo que hemos construido es un país segregado. En dos partes, una a la que solo accede menos del 20% de la población, donde todo es privado y cuyos precios sólo los puede pagar ese porcentaje minoritario de la población. Y la otra que tiene que costearse su dignidad con deudas, bases y condiciones.

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