El Imperialismo desde la Guerra del Pacífico hasta hoy

Por Miguel Silva

 

 

En esta columna vamos a hablar del imperialismo. Pero no como siempre se ha hecho, a través de otro análisis de la I Guerra Mundial, sino mirando una guerra mucho más cercana… la del Pacífico (así nombrada en la historia chilena) o la Guerra del Salitre (así nombrada en la historia peruana). Luego de ver cómo se desarrolló el conflicto entre Chile, Perú y Bolivia en el siglo antepasado, vamos  a ver cómo esa guerra nos ayuda en entender el imperialismo hoy.

 

 

El guano y el salitre

 

 

Desde la década de 1840, Perú -casi- monopolizaba el comercio internacional del guano, que era el elemento central para la agricultura de Europa. Durante la época de 1849-69, incluso se organizaron gran parte de las consignaciones de este fertilizante, a través, de la Casa Gibbs de Londres.

 

Sin embargo, durante la década de 1860, comenzaron a disminuir los ingresos provenientes de la exportación del guano de Perú causado por la disminución del  rendimiento de los depósitos por baja ley y el menor precio internacional del guano.

 

Mientras tanto en Chile, desde 1858, el fin del ciclo de exportación del trigo, junto a la caída de los precios mundiales del trigo, del cobre y la merma en la producción de plata, la economía se vió fuertemente afectada y creció el déficit fiscal.

 

En el año 1869, el gobierno peruano firmó un contrato “monopólico” con la empresa europea Dreyfus para la compra de dos millones de toneladas de guano. Dreyfus  iba a pagar en cuotas mensuales y con esos ingresos, el gobierno financiaría la construcción de los ferrocarriles nacionales. Fue así que durante la época de 1869-75, las exportaciones del guano (y luego del salitre)  financiaron un 80% del presupuesto nacional de Perú.

 

Para financiar de mejor manera las cuantiosas inversiones en los ferrocarriles, el gobierno peruano contrató más préstamos, se endeudó con Dreyfus y acto seguido, Dreyfus dejó de pagar las mensualidades. La  economía y el gobierno peruano entraron en crisis.

 

A los pocos años, el salitre sustituyó al guano en la agricultura europea. Así comenzó la época de la “fiebre salitrera”. Entre 1872-78, la capacidad de producción de salitre en Tarapacá (Perú) y Antofagasta (Bolivia)  aumentó de 1.472.000 a 7.773.080 quintales métricos.

 

Sin embargo, muy pronto, tanto la producción salitrera peruana como la boliviana, durante los años 1873-76, vivieron una crisis de sobreproducción, es decir, el precio por tonelada de salitre bajó, entre 1870-76, de 15 a 11 libras aproximadamente.  

 

Frente a esta situación, para controlar la producción y el precio internacional del salitre, el gobierno peruano creó un estanco del salitre en 1873 e instó al gobierno boliviano a no firmar un tratado limítrofe con Chile que eximía de impuestos a las empresas chilenas del salitre en Antofagasta por 25 años. Junto con ello, comenzó a comprar licencias de explotación de salitre otorgadas por el Estado boliviano, ofreciendo una política de precios -compartida con Bolivia- y presionó a las empresas chilenas que operaban en Bolivia para que redujeran su producción. Es decir, a través del control de la producción y alianzas sobre precios, el gobierno peruano intentaba calmar las aguas del mercado internacional y así enfrentar mejor la crisis de sobreproducción.

 

Como alternativa a esta arremetida del Perú, en ese mismo año -1873-, la Compañía de Salitre y Ferrocarriles de Antofagasta (CSFA), empresa controlada por los chilenos Agustín Edwards Ossandón y Francisco Puelma, abrió nuevas operaciones. No estaría de más destacar que la mismísima Casa Gibbs de Londres era dueña de 29% de sus acciones.

 

La CSFA firmó un contrato en noviembre 1873 con el gobierno de Bolivia, que le autorizaba la explotación del mineral libre de derechos por 15 años, desde la bahía de Antofagasta hasta Salinas, pero este contrato no fue ratificado por el Congreso de Bolivia, que en ese entonces se encontraba analizando las negociaciones con Chile.

 

De este modo la empresa de Edwards y Ossandón era la única empresa chilena de producción salitrera en Antofagasta, e iba a ser la mayor competencia con el salitre peruano en el mercado internacional.

 

 

La crisis de sobreproducción del salitre

 

 

Frente al aumento en la capacidad de producción y la caída en los precios del salitre en el mercado internacional, dos años después de estar constituido el estanco en Perú, en 1875, el estado peruano compró las empresas salitreras -en su mayoría de capitales peruanos, chilenos y británicos-. Las empresas europeas, luego de vender sus propiedades al gobierno peruano, siguieron explotándolas como contratistas. Incluso la Casa Gibbs vendió al Estado peruano sus salitreras a un precio bastante alto, obteniendo un contrato para la elaboración del salitre, y además, para la venta del salitre peruano en Europa, por ende, tenía relaciones muy cercanas al gobierno peruano.

 

Mientras tanto, las sociedades chilenas en Tarapacá estaban obligadas a venderse a bajos precios, por lo que se fueron de Perú y desaparecieron del gran centro de negocios que era Valparaíso. En 1878, bajo el impacto de las acciones del estado peruano, quedaron en Tarapacá solamente las empresas chilenas de Edwards y Subercaseaux. El escenario fue peor aún para las empresas chilenas que quedaban en el negocio del salitre. Ese mismo año, 1978, la Casa Gibbs logró limitar la participación de la producción salitrera de la CSFA (de los Edwards), a 25% del mercado de salitre en Europa, así, controlaban la producción y los precios. La empresa CSFA, que explotaba el salitre de Antofagasta, Bolivia, quería un 35% del mercado, pero claramente Gibbs no quería tener “todos su huevos en una sola canasta”, sino participar en el negocio del salitre peruano (cuyos capitales contribuyeron un 55% de la producción del salitre a fines de los 1870), y también en el negocio del salitre boliviano (cuyos capitales chilenos contribuyeron un 19% y capitales británicos un 13% de la producción del salitre en esos años).

 

Es más, en 1878, la Asamblea Nacional Constituyente boliviana se abocó al estudio del acuerdo celebrado por el Gobierno en 1873 con la CSFA y decidió ratificar el contrato si se pagaba un impuesto de 10 centavos sobre quintal de salitre exportado de territorio boliviano. 

 

¡De peor en peor! Después de perder su producción en los campos de salitre en Tarapacá, las empresas de capitales chilenos ahora tendrían que pagar más impuestos en Antofagasta mientras la crisis de sobreproducción avanzaba. Y esto cuando se instalaba un nuevo sistema de extracción del salitre (el sistema de Shanks) en la oficina La Palma (ahora Humberstone) en Tarapacá, y parecía que la producción salitrera había encontrado una nueva técnica para aumentar rápidamente su productividad y por ende su rentabilidad.

 

 

1878, crisis mundial y de inconvertibilidad del peso chileno

 

 

En Chile, la depresión económica mundial repercutió en 1876. Arreció la escasez del circulante metálico a causa de la exportación de la moneda de oro y plata que los empresarios se vieron obligados a hacer para pagar sus compromisos en Europa.  

 

Por su lado, los bancos veían depreciarse sus acciones, ya que no contaban con reservas metálicas para convertir el papel moneda que habían impreso. Para paliar esta situación, el gobierno decidió emitir vales de tesorería o bonos de deuda interna por hasta 3.000.000 de pesos. Sin embargo esta decisión obligó al año siguiente, 1877, que el gobierno contrate un préstamo por 5.000.000 de pesos para poder pagar los bonos emitidos. Esto llevó a que el Estado de Chile decretara la inconvertibilidad de los billetes en oro en 1878, generándose una crisis del peso chileno y como consecuencia la pérdida de confianza en el país.

 

Al negarse la compañía CSFA a pagar los impuestos solicitados por el gobierno boliviano el año 1878, La Paz decretó el embargo y remate de la salitrera, lo que gatilló la Guerra del Pacífico.

 

Esa guerra iba servir para reposicionar las empresas con capitales chilenos como las primeras en la exportación del salitre y también de restaurar la confianza internacional en la economía y país chileno.

 

 

 

¿Qué es el imperialismo?

 

 

De acuerdo a lo expuesto anteriormente, espero quede claro que la competencia entre las empresas (privadas y estatales) de distintos capitales se vinculan estrechamente a los Estados. Incluso, algunas empresas (por ejemplo, la Casa Gibbs) se vinculó estrechamente con más de un gobierno.

 

Por lo tanto, queda de manifiesto que los países también tienen intereses en el juego del mercado internacional, y algunos intentan a controlar las reglas de ese juego.

 

Por ejemplo, si un gobierno quiere controlar los precios y la producción en el mercado internacional, puede estatizar las empresas productivas, formar alianzas con ciertos países (y bloquear a otros), para fijar precios internacionales, y asegurar su acceso a materias primas. Vimos que esa fue la estrategia adoptada por el Perú.

 

Por otra parte, si un Estado quiere tomar ventaja en relación a su competencia puede usar su fuerza para abrir las puertas a nuevas posibilidades económicas y políticas. Vimos que esa fue la estrategia adoptada por el Chile cuando, tomando en cuenta la probabilidad de la expansión del gran mercado salitrero europeo, las nuevas técnicas productivas y la crisis de inconvertibilidad, adoptó la decisión de controlar los territorios salitreros del Perú y Bolivia.

 

Habitualmente se habla de Imperialismo en relación a grandes batallas entre poderes hegemónicos, o bien, cuando se ejerce opresión contra países con economías débiles. Las invasiones a Siria e Iraq dan muestra de ello, o recientemente, la presión norteamericana contra Venezuela.

 

Otra variable en el juego político internacional es que países pueden presionar a otros, no por mejorar sus situaciones inmediatas, sino para  cambiar la situación geo-política en general. La presión que las empresas de Europa y los Estado Unidos en América han ejercido sobre Venezuela, no es solamente para controlar la explotación y los precios de su petróleo, sino para enviar un mensaje claro a cualquier gobierno que quiere “romper las reglas”; ninguna fórmula que se aleje de los límites impuestos en el consenso de Washington será aceptada. Primero, fue la presión que la Unión Europea ejerció sobre el gobierno de Grecia, ahora, asfixian al Socialismo del siglo XXI impulsado por la Revolución Bolivariana.

 

 

Imperialismo ayer y hoy

 

 

La historia chilena señala claramente -con la guerra del salitre- que la disputa armada entre países puede ser motivada para sacar ventajas económicas, tal que, una de las partes pueda doblegar a la competencia y controlar el mercado.

 

La exportación previa del capital a los países invadidos podría crear las condiciones para una guerra. Pero también la posibilidad de robar capitales atractivos a esos países.

 

Es decir, en un conflicto armado, el imperialismo, podría manifestarse cuando se incrementan las brechas entre lo que un país tiene y lo que podría tener. Es decir cuando haya una desincronización, una desigualdad, entre su desarrollo económico y su poder militar.

 

Claramente, este fue el caso en 1879, cuando el poder económico chileno era menor que su fuerza militar, y el uso de esa fuerza abrió las posibilidades para una nueva época de fiebre salitrero bajo el control del estado chileno (con los capitales principalmente británicos).

 

En el mismo sentido, podemos ver que Estados Unidos tiene una fuerza económica internacional relativamente débil comparada con el enorme poder militar que dispone. Pero el uso de ese poder militar abre nuevas posibilidades de un nuevo crecimiento económico… podría aprovecharse de las reservas del petróleo de Venezuela, por ejemplo.

 

Los países tienen todo el derecho de protegerse de las amenazas que sufren a manos de los países más poderosos. La soberanía nacional, y su defensa, es consustancial con la existencia de los Estados modernos.

 

Por otro lado, quedan grandes dudas respecto de la posición de aquellos países pequeños de América en la próxima crisis económica mundial, y más aún, las condiciones de estos para afrontar la escasez de agua provocada por la crisis climática. ¿Qué harán estos cuando la necesidad obligue buscar el sustento hídrico fuera de las fronteras nacionales?

 

El camino del capitalismo está trazado. Competencia permanente de unos contra otros, violencia, despojo y muerte. Su única salida es un nuevo sistema inspirado en el amor, la solidaridad y fraternidad, el único camino es el socialismo.

 

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