«El legado de Julio Anguita». Por: Felipe Lagos

Por Felipe Oscar Lagos Díaz  

 

«El problema era, para Anguita, no tanto que se haya tenido que ceder algunos elementos, de forma transitoria, para conquistar la democracia, sino que, bajo el liderazgo de Carrillo,  se generó una “línea política eurocomunista”, que confundió la táctica con la estrategia, las necesidades con los principios. «

 

El sábado 16 de mayo, a los 78 años de edad, falleció Julio Anguita González (1941-2020), profesor y político, dirigente respetado y primordial del Partido Comunista Español (PCE) y de la coalición Izquierda Unida (IU). Había ingresado en el Hospital Reina Sofía de Córdoba desde el sábado 9 de mayo, tras sufrir un paro cardíaco en su domicilio.

 

Su consecuencia en la teoría y la práctica, la vida pública y privada, su militancia invariable y comprometida, pero siempre crítica y reflexiva, y su capacidad de articular doctrinas clásicas, ya sean de la cultura universal o del socialismo, con las ideas innovadoras de las sucesivas generaciones,  hacen de Anguita un referente primordial para las fuerzas transformadoras de hoy y mañana, en España y el mundo.        

 

I

 

Julio Anguita se integró a la izquierda española tras una lucha espiritual muy fuerte, de años de crisis intelectual y dudas tremendas, al provenir de una familia donde, si bien por el lado materno su abuelo estuvo ligado a las fuerzas republicanas y su madre heredó esas ideas, su familia paterna estaba compuesta por militares y guardias civiles, incluido el padre, que fue miembro del ejército. Además, fue creyente y lector de la Biblia; y aunque no participó de organizaciones católicas (ligadas en ese momento al régimen franquista), sí tuvo profundas convicciones religiosas. Quizá por ésta razón, a lo largo de toda su carrera política, fue innovador y crítico, en una palabra: un heterodoxo. 

 

A todo esto, se agrega que, antes de integrarse al PCE, por un lado, estudió Pedagogía (Magisterio en España), licenciándose también en Historia en la Universidad de Barcelona, y por otro, se ligó al activismo obrero desde la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), compuesta por sindicatos autónomos de ideología anarcosindicalista. 

 

Sólo tras una experiencia inicialmente práctica como “ayudista del partido”, desde los círculos de su esposa y los parientes de ella, que eran comunistas, es que se afilia como militante en 1972, a los 31 años de edad. Todo esto, aún en la dictadura franquista y bajo un constante riesgo. 

 

 

II

 

En ese entonces, el líder del PCE era Santiago Carrillo, por el que siente una enorme admiración, pero al mismo tiempo con el que mantiene significativas diferencias políticas. Una de las razones de estas críticas se puede encontrar en lo que caracterizó las diferencias que en todo el mundo vivió la izquierda en los periodos de dictadura y exilio, desde el partido bolchevique de la fase prerrevolucionaria hasta el Partido Socialista de Chile durante el proceso de “renovación socialista”: mientras Carrillo pasó el exilio en el extranjero, en el “partido del exterior”, donde se generaba una visión tal vez demasiado panorámica de lo que sucedía en España y a partir de debates teóricos, articulándose con las organizaciones tradicionales de la izquierda, Anguita era un militante de base en el país, es decir, en el “partido del interior”. 

 

En el trabajo político y de base cotidiano, a diferencia de lo que pretendía la Dirección desde el extranjero, Anguita tenía que construir diariamente, no con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), cuya militancia no era muy activa, sino con cristianos de base, anarquistas, gente sin afiliación política, organizaciones sociales y culturales. 

 

De este modo, la política de convergencia que impulsó Carrillo con el PSOE de Felipe González, no se hizo cargo ni comprendió este mundo “social” y “local”, despreciando allí una potencia de recomposición de la política de izquierda tras la muerte de Franco. El PCE optó por la transición democrática “por arriba”. En otras palabras, lo que se conoció como el “eurocomunismo” español y lo convirtió en un partido de Estado o de Razón de Estado, que se centró fundamentalmente en las libertades civiles, instauración de un régimen democrático y una nueva Constitución (reivindicación que posteriormente quedaría olvidada). 

 

 

Cuando se firman los “Pactos de la Moncloa” (1977), compuesto por el “Acuerdo sobre el programa de saneamiento y reforma de la economía” y el “Acuerdo sobre el programa de actuación jurídica y política” −estableciendo la libertad de prensa, el derechos de reunión, de asociación política y libertad de expresión, creando el delito de tortura, el derecho de asociación sindical, la despenalización del adulterio y de la venta de anticonceptivos, entre muchos otros temas fundamentales en materia política, económica y social−, se excluyen otros elementos fundamentales, como la transformación social y económica del país, es decir: el programa socialista. Se conquistó un régimen democrático, pero la lucha por una sociedad democrática quedó ensombrecida.  

 

El problema era, para Anguita, no tanto que se haya tenido que ceder algunos elementos, de forma transitoria, para conquistar la democracia, sino que, bajo el liderazgo de Carrillo,  se generó una “línea política eurocomunista”, que confundió la táctica con la estrategia, las necesidades con los principios. 

 

III

 

Luego de los procesos de negociación para la transición democrática, vino el “Golpe de Estado de 1981”, un intento fallido perpetrado por oficiales del ejército.  

 

En ese momento Julio Anguita era Alcalde de la ciudad de Córdoba (un municipio de Andalucía), cargo que ejerció desde 1979 hasta 1986 y por el que empezó a ser apodado, por los medios de comunicación, como el “califa rojo” (que significa caudillo y hace referencia a los sucesores del profeta Mahoma, ya que Andalucía es la segunda comunidad autónoma española con más población musulmana). 

 

Un alcalde comunista en Córdoba no era esperado por nadie, por lo que pasó a tener una responsabilidad enorme no sólo para la ciudadanía cordobesa, sino para la política nacional del Partido. Las ideas y los valores comunistas tenían que, entonces, pasar a demostrarse en la administración y gestión del gobierno local.  

 

Desde su rol como alcalde, se caracterizó por la participación ciudadana, la gestión eficiente, predicar con el ejemplo y la honestidad. Mostró entonces voluntad y enorme capacidad de gobernar y llevar sus ideas a la práctica.  

 

Característica del pensamiento de Anguita consiste en la convicción de que uno de los grandes problemas no es que no haya leyes o que éstas sean tan malas (por supuesto tienen sesgos y limitaciones), sino que las leyes no se cumplen. No sólo las leyes de la Constitución, sino principalmente los Derechos Humanos. Cumplir lo dictaminado por la Declaración Universal de los Derechos Humanos −dijo siempre Anguita−, es revolucionario.  

 

Al asumir el cargo como Alcalde tuvo la oportunidad de concretar sus ideas en la gestión de la salud, educación, vivienda, espacios públicos, entre otros ámbitos fundamentales para la vida de las personas y familias. 

 

Anguita pasó desde ese instante a tomar los cargos más altos del PCE y también en la coalición de Izquierda Unida (IU), donde llega a ser su Coordinador General (el responsable máximo) en el momento de sus más altos logros electorales. 

 

El movimiento estuvo constituido desde un inicio bajo una lógica federativa e ideológicamente pluralista, con organizaciones políticas, sindicales, sociales y culturales, articulando a distintas personas y organizaciones de izquierda, bajo el ideario de transformación social hacia un sistema socialista democrático, fundamentado en los principios de justicia, igualdad y solidaridad.  

 

Los desafíos que fue asumiendo, tanto como Alcalde y como dirigente al interior del PCE y de IU, mostraron que él no venía a dar “testimonio” simplemente de sus valores e ideas, sino que tenía un proyecto concreto y respaldado con fundamentos, que lo hacían factible para disputar el gobierno de la sociedad española. 

 

IV

 

Por mucho tiempo su discurso pareció ser incomprendido, pero con los años, incluso hoy en día, sus opiniones han ido tomando un enorme sentido. Una de esas ideas fue su crítica al “Tratado de Maastricht” (1992), pacto fundacional de la Unión Europea, que supuestamente tenía el objetivo de fortalecer las economías de sus miembros para asegurar la convergencia y promover el progreso económico. Ya desde el momento de su constitución, Anguita consideraba que los acuerdos iban a supeditar a Europa a los poderes fácticos y financieros. Tras la crisis global de 2008, que vulneró la solidez de la economía europea y afectó dramáticamente a España, Grecia, Portugal, Irlanda e Italia, los vaticinios de Anguita demostraron ser correctos. 

 

Un ejemplo concreto de lo señalado por el “califa rojo”, era que los gobiernos no podrían ya recurrir a fondos económicos de los propios Bancos Centrales, teniendo que acudir a la banca privada y extranjera, aumentando sustantivamente la deuda externa. Esto fue la base de lo que posteriormente se constituyó como La Troika, el triunvirato que controla las relaciones exteriores y de seguridad europea, conformado por la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

 

Pero en los años 90 Anguita  era tildado como un Quijote luchando contra molinos de viento. Y aunque lo invitaban recurrentemente a programas de televisión, estas invitaciones contenían cierta ironía y doble intención, por ejemplo cuando debió enfrentar a 14 periodistas y lo sometieron a las preguntas de todos ellos. Sin embargo, se puede aprecia el enorme nivel intelectual, comunicacional y el respeto que, a pesar de todo, generaba.  

 

En ese mismo programa, ¡de 1993! y que se puede encontrar en Youtube, uno de los periodistas le pregunta acerca de sus ideas en materia de política-económica. La respuesta de Anguita al respecto puede ser sintetizada de la siguiente manera: “en principio, reforma fundamentada en un nuevo concepto que se llama «desarrollo sostenible», lo cual implica introducir en la economía toda una planificación integrada de recursos, muy ligada al medioambiente, que involucra la creación de empleos desde parámetros de desarrollo industrial, fortalecimiento de la pequeña y mediana empresa, transformación en la estructura agraria y la agroindustria, y una propuesta nueva, que los sindicatos en Europa y los partidos de izquierda han enunciado, pero no se han atrevido a llevarla a una iniciativa más desarrollada: el reparto del empleo dentro de una economía distinta, que debe enfrentar una revolución científico-técnica”.

 

Para entonces, Anguita era ya diputado y portavoz del grupo parlamentario de IU, cargos que ocupó desde 1993 a 1996. Estaba convencido de tener las ideas correctas; y todo el malestar, la inseguridad y deterioro de vida, que ha arrastrado la tormenta del modelo neoliberal en España, que la ha situado en el “sur” de Europa, le ha dado la razón.    

 

V

 

Julio Anguita supo siempre distinguir entre los adversarios o rivales y los enemigos. El adversario puede ser momentáneo e incluso volverse un aliado táctico, por lo que se requiere una enorme claridad y capacidad para gestar alianzas, medir la correlación de fuerzas, analizar la coyuntura, distinguir lo esencial de lo secundario. Pero con el enemigo hay que ser implacable. Y como hay que luchar contra él férreamente, se debe saber distinguir y definir con igual claridad: para el largo periodo 1989-2018, el enemigo era el bipartidismo neoliberal conformado por el PSOE y el Partido Popular (PP), pero en especial, todo lo que hay detrás: los bancos, las multinacionales, el FMI, la OTAN, las elites, quienes crean y a quienes benefician los tratados de libre comercio.  

 

A pesar de retirarse tempranamente de la política orgánica e institucional, debido a distintos problemas cardíacos que lo llevaron a tomar la decisión en 1999, el “califa rojo” siguió contribuyendo e influyendo en las nuevas generaciones, mediante sus libros, entrevistas y reuniones personales. 

 

Ya en el siglo XXI, publicó: “Corazón Rojo: la vida después de un infarto” (2005), “El tiempo y la memoria” (2006), “Combates de este tiempo” (2011), “Conversaciones sobre la III República”  (2013), “A la izquierda de lo posible” (2013), “Contra la ceguera” (2013) “¡Rebelión!” (2014) y “Atraco a la memoria” (2015). 

 

Siendo un histórico pero retirado dirigente del PCE y de IU, en 2016, acudió por sorpresa al mitin de Podemos, en Córdoba, en el que participaban Pablo Iglesias y Pablo Echenique, horas después de anunciarse el nombre definitivo de la confluencia entre Podemos e Izquierda Unida: “Unidos Podemos”. El momento puede ser visto en Youtube bajo el título: “El emocionado abrazo entre Pablo Iglesias y Julio Anguita”.  

 

Y es que Anguita contribuyó enormemente en las nuevas generaciones y no dejó nunca de empujar la unidad de las fuerzas de cambio en España, incluso en los momentos más difíciles y tensos de la coalición. 

 

 A partir de entonces, volvió a los mítines y no dejó de participar en actos políticos, ciudadanos, culturales, con vecinas y vecinos, retornando a ese espacio que para él era el centro de toda organización política: las bases, la gente. 

 

VI

 

Anguita planteó siempre que la utopía por la que él luchaba, junto a otros miles de mujeres y hombres, era perfectamente posible; una utopía concreta y realizable: que se cumplan los Derechos Humanos, el derecho al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la educación, al subsidio en caso de desempleo, a jubilar con dignidad, a la protección del medioambiente.  El problema es que los Derechos Humanos y la protección al medioambiente son incompatibles con el Capitalismo.  

 

Comprendió también que la lucha era por la mayoría social, por un movimiento compuesto de diversas organizaciones, de cuánto tipo existan, y por millones de personas, de todas las edades, plurales en identidad y tribus, donde hay denominador común, un punto nodal, desde donde se puede hacer política de masas, que es la verdadera política revolucionaria. 

 

En este sentido, la idea fundamental del pensamiento de Anguita fue que había que  reivindicar la Republica como modo de organización social. No sólo para cuestionar la forma monárquica del Estado español, sino que para construir una sociedad libre, debe realizarse con mecanismos que aseguren la libertad. La democracia se construye con democracia, con participación. Un elemento central de la República de Anguita es la práctica, tanto en la política como en lo cultural, la filosofía, los valores, la acción diaria. En este sentido, su pensamiento articulaba a la antigüedad clásica, griega y romana, la tradición marxista de la praxis y el comunismo libertario.     

 

Planteó además que, ciertamente, se debe reivindicar la Segunda República −aquel proceso histórico y movimiento democrático del periodo 1931-1939, que protagonizó las fuerzas populares e igualitarias de la sociedad española, y que para detenerla, tuvo que ser avasallada por la dictadura de Franco. Pero especialmente, dijo también que hay que trabajar desde ya por la Tercera República: pensando, debatiendo, escribiendo, estudiando, practicando las formas que cambien el conjunto de poderes económicos, políticos y sociales; luchando por la realización de los Derechos Humanos y del cuidado del medioambiente; profundizando la democracia representativa con elementos de democracia directa; comprender y educar la paz y la seguridad, no desde las fuerzas de coerción, sino desde los derechos civiles como la educación, la salud, la jubilación, la vivienda; practicar una austeridad que nada tiene que ver con las imposiciones del FMI y del modelo neoliberal, sino con llevar una vida con decoro, con lo realmente necesario, sin derroches, lo que implica, a su vez, una reforma fiscal que elimine las grandes fortunas; construir un Estado verdaderamente laico, que se divorcie definitivamente con la Iglesia (cuestión que para España tiene un mayor sentido); y refundar una Europa para las personas y sus comunidades, no para las instituciones financieras y de gobernabilidad global.

 

Todas estas ideas republicanas son la base del socialismo democrático de Julio Anguita. 

 

Como se puede apreciar, el ideario republicano de Anguita, implica una unidad indisoluble entre medios y fines. La izquierda, junto con todas las fuerzas sociales, políticas y culturales, debe construir el futuro ya, no sólo predicarlo. Hay que traer el horizonte hacia el presente, por medio de cooperativas de consumo y producción, creación de energía alternativa, establecer hábitos, hacer cultura, mantener una coherencia entre la vida privada y la vida pública, entre las ideas y la práctica.      

 

Por todo esto, Julio Anguita, el heterodoxo, no sólo es un referente del PCE y de IU, sino que debe serlo para las millones de mujeres y hombres, de España, Europa y el resto del mundo, que quieren transformar la sociedad bajo los ideales de igualdad, justicia y solidaridad. 

 

Puente Alto, Chile, 17/05/2020. 

Músico, abogado y defrentista. Vive en Peñalolén, Santiago.

Comentarios (1)

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    Ximena Camps B.

    Didáctico y humanista , articula la utopía realizable!! Las ideas republcanas de Julio Anguita (QEPD) y sus ideas de Socialismo Democrático y Sostenible tienen que continuar , junto a las bases sociales y las comunidades con participación ciudadana y preclara !

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