El ocaso de la UDI

Por Pablo Parry

#DeFrente

 

Aislada, dividida, con sus principales liderazgos imputados por corrupción, y una merma electoral de más de medio millón de votos, el partido eje de la derecha chilena, guardiana del legado dictatorial, atraviesa por uno de los momentos más difíciles de su historia, en donde su propia sobrevivencia política está en juego.

 

Otrora «partido de amigos», el movimiento fundado por el ideólogo del régimen pinochetista, Jaime Guzmán, siempre se mostró como un movimiento destinado a ser la vanguardia conservadora que protegiese la constitución del 80´. Con vocación claramente hegemónica y pragmática, no se perdió un solo momento en sentarse a negociar con la concertación si eso significara mantener invicta la obra de la dictadura, cuestión que fue lograda con notable éxito.

 

Sin embargo, el tiempo, cual jugador travieso de la vida, comenzó a hacer de las suyas. Una dirigencia enquistada en el poder (Los coroneles), reacia a hacer cualquier cambio interno, fue la primera señal de alerta. Fue cosa de un par de boletas falsas y unas denuncias por cohecho después para que el heredero legítimo del trono guzmaniano (Longueira) abdicara sacrificándose por su pueblo en la cruz, mientras decía en sus últimas palabras «soy un hombre honesto». Al cabo de un tiempo, cayó el virrey (Novoa), luego el príncipe (Silva) y finalmente el verdugo (Orpis)

 

A río revuelto, ganancia de pescadores. Alguien tenía que asumir el trono y poner orden en el reino. Fue cosa de tiempo para que una líder regional (Van Rysselberghe), acusada por corrupción, ejemplo de lo más recalcitrante de la derecha chilena y visitante frecuente de Punta Peuco, tomara astutamente el poder desplazando a los viejos tercios del partido e imponiendo su voluntad, llevando a la UDI por el viejo camino del autoritarismo justo en momentos en que comenzaban a vislumbrarse pequeños y muy tenues signos de despinochetización.

 

Pero como en toda trama novelesca, siempre hay algún díscolo que trata de hacerse con el trono. Un alguien que sabe y entiende la peligrosidad del camino tomado. Y ese no podía ser más que un joven economista (Bellolio) de la renovación del partido, dirigente estudiantil de la católica y crítico de las violaciones a los DDHH del pinochetismo. Un «chascón» en medio de un castillo habitado por grises y lúgubres personajes dispuestos a todo con el tal de no soltar sus privilegios de clase.

 

Y ahora, en medio de nuevas acusaciones de corrupción contra líderes claves del partido, la crisis se torna más aguda. Con Van Rysselberghe cuestionada por el caso ASIPES, la posibilidad de que se profundicen las divisiones que quedaron manifestas en la última elección interna de la UDI avizoran un impredecible futuro a miras de las elecciones de 2020 y 2021.

 

 

Imagen extraída de radio.uchile.cl

Corresponsal para Revista De Frente

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