El pan diario como instrumento de guerra: Trump bloquea acceso a alimentos y medicinas a Venezuela

El Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, a través de la Oficina de Bienes Extranjeros (OFAC, sus siglas en inglés), anunció lo que semanas atrás había previsto realizar: la inclusión del Comité Local de Abastecimiento y Producción (CLAP), programa de alimentos subsidiados por el Estado venezolano, al esquema de sanciones financieras y comerciales que ha venido ejecutando contra Venezuela.

 

Dichas medidas unilaterales estarían destinadas a inhabilitar una «sofisticada red de compañías ficticias, socios comerciales y familiares» encargada de cometer supuestos actos de corrupción relacionados a la importación y la distribución de alimentos en Venezuela.

 

«La red de corrupción que opera el programa CLAP ha permitido a Maduro y a sus familiares robarle al pueblo venezolano. Utilizan los alimentos como una forma de control social, para recompensar a los partidarios políticos y castigar a los opositores, mientras se embolsan cientos de millones de dólares a través de una serie de esquemas fraudulentos», dijo el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, mientras no ofrecía ninguna prueba que le otorgara credibilidad a sus acusaciones.

 

En el comunicado, vuelve a señalar al empresario colombiano Alex Saab, quien fue señalado en las investigaciones llevadas por la Procuraduría General de la República de México durante la gestión de Enrique Peña Nieto, por supuestas operaciones inusuales de empresas mexicanas de la industria de alimentos.

 

En esa ocasión, los acusados fueron presionados a comprometerse en no efectuar acuerdos comerciales con el gobierno venezolano ni con terceros, con motivo de la exportación de productos para las cajas CLAP.

 

Ahora, la lista de sanciones se extiende a un grupo de entidades que participan en la adquisición, ensamblaje, distribución y envío de alimentos a Venezuela.

 

Una decena de compañías establecidas en México, Panamá, Emiratos Árabes Unidos, Turquía y Estados Unidos, que están directa o indirectamente involucradas en transacciones comerciales con el programa de alimentos CLAP, tienen prohibido operar financieramente en territorio estadounidense. Igualmente, las propiedades e intereses que estén en Estados Unidos, quedarían bloqueadas.

 

No es la primera medida contra los CLAP, puesto que en ocasiones anteriores y con el apoyo de los gobiernos de Colombia y México, habían efectuado bloqueos financieros y navales al ingreso de alimentos al país.

 

 

EL ALIMENTO COMO INSTRUMENTO DE GUERRA

 

 

A lo largo de la historia contemporánea y sus episodios de conflictos armados, el alimento es un recurso que los Estados Unidos emplea como un mecanismo previo de presión y desgaste del país objetivo donde persigue el cambio de régimen.

 

Desde esta misma tribuna, enumeramos una serie de países en los que las intervenciones militares disimuladas bajo la figura de «operaciones humanitarias», tuvo presencia protagónica el bloqueo de alimentos para los ciudadanos. Destacan los casos de Somalia e Irak, como precedente a lo que se enfrenta Venezuela.

 

En la región subsahariana, hay un país a la deriva sometido a décadas de guerra que puede agradecerle al FMI y al Banco Mundial por ser responsables de la hambruna que se desató a principios de 1990. Somalia, bajo la dictadura de Mohamed Siad Barre, siguió los dictámenes de estas instituciones financieras que, lejos de favorecer la recuperación económica del país, contribuyeron a la muerte de 1 millón y medio de personas por inanición.

 

Por otro lado, Estados Unidos sostuvo un embargo financiero contra Irak que impidió la exportación de crudo y el acceso al comercio internacional para comprar alimentos y medicinas.

 

Estas medidas fueron eficaces en conducir al país a una situación precaria de abastecimiento alimentario y de medicinas. La ONU se sumó a estas acciones, imponiendo un embargo total al comercio mundial con Irak, que se tradujo en 560 mil muertes de niños por desnutrición.

 

El bloqueo que mantiene Arabia Saudita contra Yemen bajo el auspicio de Estados Unidos es otro referente del tipo de estrategia de exterminio que son capaces de ejecutar las potencias occidentales en función de cuidar intereses geopolíticos.

 

Yemen, que también está sometido a recurrentes bombardeos por parte de Riad, tiene bloqueados sus accesos por tierra, mar y aire, lo que frena el ingreso de alimentos y medicinas. 8 millones de personas en riesgo de hambre es el saldo crítico que deja las acciones criminales de los saudíes.

 

Sin embargo, la Casa Blanca también ensaya métodos menos cuestionables en la opinión pública para atacar otros puntos en el mapa geopolítico.

 

Escribe el economista Jeffrey Sachs, en el medio Project Syndicate: «El presidente estadounidense Donald Trump ha basado su política exterior en una serie de duros bloqueos económicos, pensados para intimidar, presionar e incluso hambrear al país objetivo, y así obligarlo a someterse a las demandas de Estados Unidos».

 

Sachs explica que hoy, la Administración Trump utiliza el dominio del dólar (mecanismo más sofisticado) para bloquear económicamente a sociedades de países objetivo y vulnerar sus fuentes de alimentos. Corea del Norte, Irán y Venezuela como los tres principales y, en menor escala, países como Cuba y Nicaragua.

 

 

CLAVES DE OTRA ARREMETIDA CONTRA LOS CLAP

 

 

En el caso de Venezuela, aprovechar el bloqueo de alimentos como instrumento de coacción, pasa por blanquear las acciones criminales y negar a las víctimas directas.

 

La cobertura mediática que tuvo el anuncio de sanciones, se enfocó en destacar la inclusión en la lista OFAC a familiares del presidente Nicolás Maduro y a funcionarios del ejecutivo nacional. Según el comunicado del Tesoro, los hermanos Gavidia Flores, hijos de Cilia Flores, el ex gobernador del estado Táchira, José Gregorio Vielma Mora, y el gobernador de Aragua, Rodolfo Marco Torres, serían parte de la «red de corrupción».

 

Así, distraen la atención de las acciones significativas que tomó el Departamento del Tesoro contra la base fundamental de la protección alimentaria en el país, apoyándose en supuestas pruebas que conectarían a miembros del Estado venezolano con actos de corrupción para, de algún modo, blanquear el verdadero impacto de la medida: la precarización total de la alimentación de una población que ya está sometida a múltiples operaciones que afectan la vida cotidiana.

 

Es por eso que el Departamento del Tesoro enfatiza el falso relato de catalogar al CLAP como «herramienta política» y de «control social» de las familias venezolanas. Esa afirmación, difícil de sostener dentro del territorio nacional, se presenta puertas afuera como una justificación lógica a las medidas punitivas que atentan contra la vida de millones de familias.

 

En ese mismo sentido, se mencionan como operaciones «ilícitas» los acuerdos económicos establecidos por el Banco Central de Venezuela (BCV) con Turquía para la venta y refinación de oro, que han permitido encontrar vías de escape al bloqueo financiero y por ende un canal para adquirir divisas e importar alimentos.

 

Tanto el sector aurífero como el BCV fueron sancionados por la Administración Trump.

 

En varias ocasiones, el presidente Nicolás Maduro ha recalcado la necesidad de recurrir a terceros países para poder realizar transacciones financieras internacionales, puesto que el bloqueo obstaculiza las operaciones que antes de las «sanciones» eran regulares.

 

Estados Unidos explicó que con las recientes investigaciones se hizo difícil «identificar actividades corruptas relacionadas con las operaciones alimentarias del CLAP» por ser apoyadas mediante estructuras fuera del país. Es decir, admite la complicación de realizar el exhaustivo seguimiento policial a las rutas alternativas construidas por Venezuela para sortear las medidas punitivas que dificultan la importación de alimentos.

 

El asedio permanente y cada vez más violento a los CLAP desde su puesta en marcha, da una imagen exacta de cómo se movilizan recursos e instituciones del gobierno estadounidense para frenar este programa, dada la efectividad que ha tenido para enfrentar las consecuencias negativas del bloqueo económico.

 

Porque un cuadro de agotamiento previo de la población venezolana, es el escenario ideal ante cualquier situación de intervención extranjera.

 

 

Misión Verdad

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