El papel del trabajo militante, las cooperativas y las mancomunales en la estrategia socio-política del MPL, la FENAPO e IGUALDAD

Por Luis Aguilera e Ignacio Muñoz

Coordinadores de IACOP y Militantes MPL-FENAPO e Igualdad

 

Los estudios sobre trabajo autogestionario han puesto énfasis en el quehacer de cooperativas, fábricas recuperadas o emprendimientos comunitarios, sin embargo, desde la perspectiva del proceso del trabajo, poco se ha estudiado el quehacer autogestionario de los movimientos populares.

 

Desde esta perspectiva hay que entender las operaciones y relaciones propias de la praxis de los movimientos no como mera acción social y política, sino primeramente como trabajo, pero desde un concepto amplio, entendido como actividad de producción y reproducción del habitar humano. Esto posibilita entender la praxis autogestionaria de los movimientos antisistémicos de cara a la comprensión del proceso global de apropiación del plustrabajo y plusvalía que permiten la conservación del capitalismo. Comprensión que es también hoy una necesidad estratégica de los movimientos y los trabajadores en general, obligados para sobrevivir no solo a resistir y superar al Estado capitalista y a la economía mundial, sino también al trabajo asalariado, ello para prefigurar un embrión de sistema-mundo de nuevo tipo, no centrado en la acumulación de capital, sino en la satisfacción de las necesidades para la producción y reproducción socioecológica del hábitat y la biosfera.

 

Al observar la praxis y discursos de algunos movimientos de pobladores del Chile actual, es posible distinguir que realizan un tipo de trabajo autogestionario semejante pero a la vez distinto al de sus predecesores, y del de las mutuales, mancomunales, cooperativas y fábricas recuperadas, asemejándose más al que durante el gobierno de la Unidad Popular se realizaba en los cordones industriales y los comandos comunales, y al modo en que trabajan e históricamente trabajaron diversos movimientos populares. A esto llamamos Trabajo Autogestionario Complejo (TAC), en el entendido de que el trabajo autogestionario en general, tiende a la expansión de relaciones autogestionarias en todas las dimensiones del habitar humano cuando se dan las condiciones para que ello suceda, y que en cierto momento alcanza un nivel de diversificación, integración y proyección que por su densidad calificamos como complejo.

 

Estos diversos movimientos se asientan sobre bases territoriales y comunitarias, sean urbanos, campesinos o indígenas, y su TAC se orienta políticamente a la configuración de un circuito totalizante que puede llegar a unir las distintas luchas de las y los trabajadores, e incluir todos aquellos dichos tipos de fuerzas productivas, así como unidades educativas, de salud, partidarias, etc., en el camino de prefigurar un modo de producción y convivencia basado en el autogobierno y la producción social del hábitat vía la libre asociación de las y los productores, como parte de una estrategia de transformación sociopolítica integral. Tal es el caso, entre otros, del Movimiento Zapatista, del Movimiento de Trabajadores sin Tierra, el Movimiento de Pobladores y Pobladoras en Lucha (MPL) y los movimientos y comités integrados en la Federación Nacional de Pobladores (FENAPO).

 

Pero además, movimientos como el MPL y la FENAPO, realizan con su trabajo un proceso de adecuación sociotécnica de fuerzas productivas e instituciones estatales propias del modo capitalista, en un proceso autogestionarizante que le permite moverse bilingüemente en las lógicas mercantil-estatal y la asamblearia-popular, tales como son empresas, ONG`s, instituciones estatales y políticas. Para ello realizamos una estrategia de lucha contra, sin y desde el Estado y el mercado, desde la cual, y a partir de su particular forma de TAC, generan incipiente pero simultáneamente valores de uso, valores de cambio y de lo que llamamos: valor antisistémico, el cual refiere al producto de las luchas sociales y políticas con consecuencias efectivas de transformación en las estructuras de poder.

 

El valor antisistémico es un proceso de reunión y conducción del descontento social con repercusiones en el espacio político estatal o en el espacio productivo mercantil. Estos particulares procesos de adaptación sociotécnica son cardinales para las luchas antisistémicas, pues como bien señalan teóricos  radicales de la ingeniería social, no basta con la simple apropiación de los medios de producción a la hora de encarar la enorme tarea de transitar la superación del sistema capitalista. Y los procesos de adaptación sociotécnicos han de generar no sólo desmercantilización y democratización en el proceso de gestión y producción, sea un jardín infantil, una incubadora de cooperativas o una herramienta política partidaria, sino además, procesos descolonializantes hacia dentro y hacia fuera del movimiento. De esta forma, el TAC es un tipo de actividad que supera lo meramente económico, en el cual se entrelaza con lo social, cultural, político, epistemológico y espiritual.

 

Dado que para el MPL, la FENAPO y otros movimientos populares es fundamental invertir el predominio del poder capitalista/colonial por sobre el habitar social, centrado en la producción y reproducción del vivir y convivir en torno a la producción y consumo de valores de uso, es este, el valor, el que tiene la centralidad estratégica en tanto mecanismo prefigurativo de una sociedad mundial del buen vivir (el sin Estado-Mercado).

 

Pero para poder resistir en semejante proceso de transición, se ha revelado necesario para los movimientos ser capaces de generar también valores de cambio, que permitan, por ejemplo, y especialmente en el caso de movimientos urbanos, remunerar las suficientes horas de trabajo autogestionario complejo que hagan posible la manutención básica de las y los militantes. Esto está en el corazón de los debates sobre la necesidad del uso del tiempo libre en actividades que impidan la reproducción del capital ¿Pero cómo consiguen tiempo libre los explotados del mundo en la era de la crisis estructural del trabajo asalariado que paradójicamente obliga a trabajar el doble o el triple que antiguamente?. En el MPL una de las soluciones prácticas pasa por crear actividades que integren trabajo y agendas de lucha, al tiempo que se consiguen formas de recuperar recursos estatales para pagar horas de trabajo-militante sin caer en la trampa del clientelismo. Esto, como nos recuerda Guillermo González militante del MPL, lo hacemos desde la convicción de que “la autogestión es también la administración popular de los fondos fiscales. Nosotros entendemos que los fondos fiscales son en gran parte generados por las y los trabajadores, y esa plata bajo la lógica neoliberal se les pasa a las empresas para que fortalezcan su riqueza y nunca a los pobres”.

 

El MPL desde sus inicios ha reivindicado la autogestión como una praxis socio-política de construcción de poder popular y reconoce que los valores cooperativos y mancomunalistas son la base ética desde donde se construyen organizaciones autogestionarias.

 

En el documento de reflexión teórica presentado en el Encuentro de Militantes MPL de noviembre de 2014 (Concepción) sosteníamos que “podemos concluir que la esencia del cooperativismo constituye una parte importante de los principios y acciones prácticas que el MPL desarrolla en su praxis social y política. Del mismo modo, es posible constatar que el cooperativismo es un movimiento que excede ampliamente el radio de acción de nuestro movimiento (no empieza ni termina con el MPL), lo que implica que también existen iniciativas cooperativas que no tienen como horizonte de acción ni como objetivo la construcción de una sociedad socialista o de ser una contribución a la revolución o a la emancipación de las clases populares […] De esta forma, podemos sostener que las cooperativas por sí mismas no van a hacer la revolución ni terminar con la explotación, pero al mismo tiempo, no es posible pensar en una sociedad sin explotación sin el desarrollo de cooperativas y organizaciones de la economía solidaria”.

 

En un contexto en el cual la constitución de cooperativas de trabajo y consumo se ha vuelto una necesidad cada vez más imperiosa al interior de las comunidades de nuestro movimiento, de la FENAPO y del Partido Igualdad, nos resulta cada vez más importante generar insumos teóricos y debates que ayuden a ordenar la discusión respecto al papel que juegan las cooperativas y mancomunales en la construcción de nuestra praxis socio-política y en relación al trabajo militante.

 

El siguiente esquema busca sintetizar los niveles en que el cooperativismo mancomunalista interviene en nuestra política y las dimensiones básicas que se busca desarrollar.

 

Nivel individual/familiar: En el nivel de los individuos y los núcleos familiares, las cooperativas apuntan a generar mejores condiciones de empleo y de acceso a consumo de bienes y servicios. Esto se puede observar en relación a:

 

Localización: Trabajar más cerca del hogar reduce los costos y tiempos de transporte, posibilita horarios de trabajo flexibles y compatibles con las necesidades familiares y permite mayor cercanía con la comunidad a la que se pertenece. Lo mismo aplica para el caso del consumo.

 

Horario: Al tener control sobre la gestión del proceso de trabajo se pueden acordar horarios que respondan a las necesidades del colectivo de trabajadorxs y que se adecúen a las dinámicas del barrio donde están insertos. Las cooperativas de consumo cumplen el mismo rol, permitiendo que las familias decidan de mejor manera sobre los horarios en que compran sus productos y reducen costos y tiempos de transporte.

 

Participación y democracia: Las personas que son parte de una cooperativa poseen niveles de participación en la gestión del proceso de trabajo que nunca desarrollarán en formas de trabajo asalariado “normales”. Esto implica el desarrollo permanente de las habilidades para tomar decisiones de manera conjunta y democrática. Lo mismo aplica para el caso del consumo.

 

Calidad: Cuando las personas se organizan para trabajar bajo los parámetros de más arriba, se espera que se produzca una mejora en la calidad del trabajo, ya que se eliminan o disminuyen los factores de insatisfacción laboral y se aumentan las posibilidades de trabajar en objetivos y formas que apunten al buen vivir. En el caso del consumo, se busca que las personas accedan a bienes y servicios de mejor calidad, por medio del contacto cada vez más directo con los productores, privilegiando a aquellos que trabajen de manera sustentable/orgánica/con respeto a los derechos laborales y sociales de sus trabajadores y trabajadoras.

 

Nivel comunidades/movimiento/partido: En el nivel de las comunidades en las que habitan y se desenvuelven los individuos, incluidas las comunidades políticas constituidas a partir del MPL y el partido Igualdad, las cooperativas apuntan a generar recursos económicos, aumentar los tiempos disponibles para la militancia y las capacidades de autogestión.

 

Recursos económicos: Las personas aumentan su disponibilidad de recursos, ya sea porque ganan más (por vía de mejores trabajos) o porque gastan menos (por medio de la compra colectiva de bienes y servicios) y esto, de manera indirecta, aumenta la disponibilidad de recursos para los colectivos. Pero al mismo tiempo, en la medida que los emprendimientos económicos se desarrollan de buena manera se van adquiriendo bienes de capital o insumos que pueden quedar a disposición de las comunidades cuando no se ocupan directamente en las actividades productivas (por ejemplo, los vehículos que las cooperativas ocupan para trabajar pueden servir para trasladar elementos de campaña en tiempos de elecciones).

 

Aumento de tiempo para militancia. En primer lugar, se debe entender que los tiempos de trabajo productivo de las y los cooperados forman parte de su tiempo de militancia, en la medida que se encuentran desarrollando la política del movimiento, produciéndose un aumento importante de las horas que como conjunto se dedica a militar. En segundo lugar, debido a que el proceso colectivo se autogestiona, las cooperativas pueden organizarse de tal manera de organizar sus tiempos de trabajo para que una parte o el conjunto de sus miembros participen de las diferentes actividades que un movimiento define como importantes (por ejemplo, una cooperativa puede arreglar los turnos para que una vecina asista a una movilización al Serviu).

 

Capacidades de autogestión. Todo el proceso de constitución y desarrollo de las cooperativas supone un aumento de las capacidades de autogestión de las comunidades. Como ya se mencionaba antes, las personas se ven en la necesidad de trabajar de manera colectiva y tomar decisiones democráticamente, lo que ya es un avance cualitativo. Adicionalmente, se adquieren diferentes herramientas de autogestión de carácter técnico que quedan a disposición de las comunidades. Por ejemplo, se adquieren herramientas de gestión contable que después se pueden transmitir para la gestión de los comités de vivienda o de las asambleas de comunidad.

 

Todos estos elementos apuntan a la constitución de una red socioproductiva mancomunal del MPL-FENAPO/Igualdad,  que además se despliega en los territorios en los que estamos insertos. Por definición, las cooperativas deben buscar articularse entre ellas y las demás organizaciones de la economía solidaria, constituyendo una red que permite intercambiar recursos y saberes, aumentando las capacidades productivas y reproductivas de sus miembros. En nuestro caso, deberíamos apuntar al desarrollo de una federación popular de cooperativas de trabajo que articule y potencie el accionar de cada núcleo productivo, acompañado de una gran cooperativa de consumo que articule una red de abastecimiento de bienes y servicios para todas las comunidades de los movimientos y los territorios.

 

Nivel de clase: A nivel de clase trabajadora, nuestra propuesta política apunta a la formación de poder popular (constituyente, anticapitalista, autogestionario y antipatriarcal), que apunta a la creación y fortalecimiento de formas concretas de socialización del poder controladas por nuestra clase, al servicio del proyecto político de emancipación social.

 

Una de las grandes lecciones que nos ha dado la historia de Chile y el mundo es que no hay real autonomía política si es que no contamos con una autonomía económica real. El control de los medios de producción y reproducción no está relacionado con un capricho teórico del marxismo o de cualquier otra línea de teoría política, sino que está en la base de las formas de dominación de clase a las que nos vemos sometidos. Quien controla el hambre (la capacidad de que accedamos o no a los recursos básicos de subsistencia) controla la vida de la mayoría de la población.

 

Autonomía económica: Mediante la constitución progresiva de cooperativas apuntamos a la generación de una red mancomunal cada vez más densa de unidades económicas que posibilitan la soberanía popular sobre las decisiones económicas. Por lo mismo, nuestro desarrollo productivo debe empezar desde el nivel más básico pero debe estar siempre apuntando a hacernos cargo cada vez más de las diferentes ramas de la economía. Si hoy puede parecer imposible que nos hagamos cargo de una industria de tecnología, debemos trabajar para generar las condiciones para que eso sea menos improbable cada día.

 

Infraestructura y medios propios: En la misma línea de lo anterior, la construcción de una fuerza propia, en términos de infraestructura y medios de producción, es fundamental tanto para los ciclos de ascenso en la movilización social, domo para los ciclos de reflujo, ya que nos genera un espacio de “retaguardia” desde donde se pueden producir repliegues tácticos sin necesidad de desbande.

 

Sobre la Incubadora Autogestionaria de Cooperativas Populares (IACOP-MPL)

 

IACOP-MPL es una herramienta  técnico-científica, pedagógica, y económico-laboral al servicio de las y los pobladores y sus organizaciones populares. A su vez, como cooperativa, posee un carácter asambleario que se constituye desde las comunidades organizadas y busca satisfacer la necesidad de autoeducarnos y autoasistirnos para construir de forma colectiva el conocimiento técnico, científico y humanista que requerimos como trabajadoras y trabajadores autónomos, así como para producir el desarrollo económico y laboral autogestionario y cooperativista que nos permita garantizar nuestro bienestar y dignidad humana. Los valores que nos guían son la democracia directa, la ayuda mutua, la solidaridad, transparencia y responsabilidad. En la praxis nuestro compromiso se orienta hacia la desmercantilización, despatriarcalización y descolonialización de las relaciones sociales y los saberes populares, en el proceso de generar riqueza desde y para las comunidades, con valores de uso y de cambio. Así como producir trabajo, conocimientos y colaborar en la generación de una economía popular solidaria que esté al servicio de las comunidades y sus luchas, así como lograr influir en los debates y las políticas públicas del campo, rescatando, visibilizando y potenciando el legado histórico de la praxis cooperativa, mutualista y mancomunal de nuestro pueblo.

 

Imagen extraída de diarioelitihue.blogspot.com

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