El resfrío de Occidente: Del coronavirus y la crisis histórica

Por Pablo Parry

#DeFrente

 

La característica principal de la sociedad posmoderna es el absurdo. Ya sea en su expresión política, mediante la anulación del debate democrático a partir de discursos no racionales y excluyentes del «otro», en donde todo se reduce a soluciones facilistas y demagógicas (Ej: El muro de Trump); social, mediante la industria de masas y el morbo como forma de espectáculo, o ambiental, a través del uso indiscriminado de los recursos finitos del planeta usados en procesos productivos cada vez menos eficientes, la vida humana ha tendido poco a poco a convertirse en una obra farsesca de poca monta.

 

Ahora, en este caso específico, comienza a ocurrir que la farsa ya deja de ser una burda (y hasta algo cómica) caricatura para devenir en una tragedia. Tragedia que, sin embargo, todavía mantiene elementos de un show absurdo y grotesco. Algo así permite caracterizar la pandemia de COVID-19 (Conocido como «Coronavirus») que, hoy por hoy, ha golpeado fuertemente el funcionamiento normal de nuestras sociedades occidentales, dejando a numerosos gobiernos en una situación particularmente precaria.

 

Pero más aún, llega a ser increíble el nivel de desprolijidad que han tenido los sistemas demócraticos anglo-europeos para enfrentar esta crisis en comparación con su adversario político más cercano: La todopoderosa burocracia estatal del Partido Comunista de China. ¿De que manera puede leerse que un sistema político como el chino haya logrado contener en el plazo de 3 meses una enfermedad equivalente a una bronconeumonia, mientras los «maravillosos» regímenes liberales de Europa y los EEUU hayan visto paralizadas sus instituciones y sus economías nacionales por una infección de bajisima mortalidad? ¿Como puede interpretarse que países como Italia o España, que hace 10 años eran vistos como referentes de las socialdemocracias criollas en materia de salud pública, hoy tengan que pedir ayuda internacional a países como China o Cuba para hacer frente a esta pandemia? ¿Como puede ser que una enfermedad totalmente curable haga colapsar el aparato productivo de esos países y no existan planes de respuesta económica para ello?

 

Una respuesta en profundidad daría para toda una columna dedicada específicamente a eso, pero ciertamente es posible aseverar ciertas cosas que se están volviendo parte de la cotidianeidad de las sociedades occidentales como las conocemos. Lo primero es que nuestras aparentemente incuestionables democracias liberales no están dando el ancho para resolver problemas tan básicos como un brote de bronconeumonia perfectamente tratable. Reconocer lo anterior obliga, por tanto, a admitir que el problema no es coyuntural, sino sistémico. Y en cuanto reconocemos que estamos frente a una crisis sistémica, es cuando admitimos que el orden existente de cosas (aquello que llamamos «sentido común») ya no puede seguir manteniéndose como antes.

 

Lo segundo, y pensando en el mediano a largo plazo, el acelerado traspaso de hegemonía desde los EEUU y Europa hacia China va a tener consecuencias ideológicas y culturales muy profundas. Sería una ingenuidad enorme pensar lo contrario. Con esto, no quiero aseverar el fin inmediato de las democracias liberales, pero si su claro desplazamiento como único proyecto hegemónico de modernidad frente a la emergencia de una multiplicidad de modelos distintos de sociedad.

En tercer lugar, la crisis económica que va a traer aparejada la pandemia de COVID-19 va a obligarnos a repensar nuestras formas de producir y organizar nuestras economías. Las maneras en las que se han organizado las cadenas de valor, así como el papel del trabajo humano y la importancia de generar un ingreso mínimo garantizado para toda la población, serán temas que se tomaran la agenda mundial muy prontamente. En lo inmediato, creo que sin temor a equivocarnos, esta crisis tenderá a reactivar el papel interventor de los estados en la sociedad, con una mayor presencia estatal en el ámbito de la producción y de la planificación económica, así como de la gestión de los servicios públicos. Hecho que ya estamos comenzando a ver en diversas latitudes a raíz de la enfermedad, en donde países como Italia han nacionalizado la mayor parte de sus hospitales privados.

 

Por último, la crisis mundial que ha precipitado la pandemia de Coronavirus, sumada a la crisis económica mundial que se avecina, debe ser vista como una oportunidad para replantearnos como están funcionando nuestras sociedades, y para donde queremos, como pueblo y sociedad organizada, llevarlas: Si a un camino marcado por el autoritarismo y la exclusión social a manos de élites inherentemente reaccionarias o a otro que permita la emancipación de las clases trabajadoras que hoy, más que nunca, ven que la explotación a la que están sometidas amenaza con el exterminio.

Corresponsal para Revista De Frente

Comentarios (1)

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    Victor del Kanto

    Excelente análisis..uno de los mejores que he leído. Justamente pensaba en varios elementos expuestos en el texto y Pablo sintetizó mi pensamiento..

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