El Sacrificio como decisión política

Por Álvaro Valdebenito Sanhueza

 

Como bien lo explica el filósofo de origen español, Paul B. Preciado en su último artículo sobre la relación del Coronavirus y la bio-política actual: “Una política se podría definir por la forma que se comporta frente a una epidemia”, podemos ver que Chile está definiendo y mostrando la cara más sincera de su política, una que muchos no quiere ver aún; la del sacrificio de la clase obrera.

El sacrificio

El sacrificio ha existido desde hace mucho y aunque haya estado ligado a lo religioso, siempre ha sido una decisión política; decidir quién muere y quien se salva frente a una amenaza, es política. Culturas en todo el mundo sacrificaban personas para que los dioses tuvieran piedad de ellos, en homenaje o en tributo.

La gran diferencia entre hoy y antaño es que actualmente el sacrificio es forzado e invisibilizado, lo que es totalmente contradictorio con la etimología misma que refiere a “acto sagrado”.

Cuando uno piensa en un sacrificio tiende a remontarse a tiempos babilonios o aztecas, pero no muy lejos en el tiempo, tan solo hace 60 años, para el terremoto del año 1960 en Valdivia (Chile) se hizo un sacrificio de un pequeño niño llamado Juan Painecur, realizado por la machi Juana Namuncura, con el fin de acabar con los movimientos telúricos y los maremotos en la región.

Por otro lado, hasta hace poco, dentro de las últimas tribus indígenas nómadas de Paraguay existía una persona a cargo de sacrificar a los ancianos que eran una carga para la comunidad. Esto era una decisión política y un pacto de la comunidad, todos estaban consciente de que llegada la hora, un joven sin previo aviso terminaba con tu vida.

Remontándonos a tiempos más lejanos, los Incas sacrificaban una docena de niños al año como tributo al sol. Las guerras también son una especie de sacrificio o auto-sacrificio y hay una decisión política de a quien enviar al campo de batalla o no. Un claro ejemplo de ello son los kamikazes japoneses de la segunda guerra mundial.

La mayoría de estos casos son decisiones políticas en pos de un “bien” para el resto de la comunidad. Dentro de la cultura Inca se piensa que el sacrificio era un honor, hasta había una selección para eso. Todo por el bien del colectivo y de un GRAN colectivo, para los kamikazes el dar la vida por el país también contaba como un acto honorable y de máxima valentía.

Al igual que una docena de reyes que murieron en el campo de batalla dando la vida por su reino, es decir se auto sacrificaban, pese a ser los últimos generalmente en morir, había un enfrentamiento real con el enemigo y esto podía conducir a la muerte. Era un pacto y a la vez un honor. Morir en la batalla era un sentimiento de valentía, morir por el resto, dar la vida por el pueblo, la nación, el país, la comunidad.

Por otro lado, está lleno de ejemplos en la historia en que los poderosos sacrifican al resto para su propia protección o beneficio. Y es lo que podemos ver hoy en la política mundial y local de los gobiernos neoliberales que privilegian la economía frente a la amenaza que vivimos por el Covid-19.

Las decisiones políticas 

Las decisiones políticas del gobierno de Sebastián Piñera dejan muy claro cuál es su postura en base al hecho de decidir sobre la vida de las personas. Permitir la cuarentena solo en las comunas donde vive la elite de Chile es darles solo a ellos la posibilidad de resistir esta pandemia, de sobrevivir. Para ellos es necesario que la clase trabajadora siga produciendo y así los pocos que pueden quedarse en casa, ya que pueden conducir y tomar las decisiones del país acostados en la cama y tomando vino (Como la senadora Van Rysselberghe), puedan seguir viviendo.

La gran diferencia entre la decisión de Sebastián Piñera y los anteriores ejemplos sobre a quién y como sacrificar, es que, punto uno, no existe una voluntad del pueblo chileno de auto sacrificio, es básicamente una obligación invisibilizada. Y segundo; en la mayoría de los casos históricos un pequeño grupo y a veces tremendamente reducido, se sacrifica en pos de toda la gran comunidad. En este caso es la gran comunidad que se sacrifica (obligadamente y sin saberlo) por un grupo minúsculo de individuos.

Lo más triste de todo es que este sacrificio en masa (hablamos de continentes completos) comenzó ya con el colonialismo español en el siglo XV y luego se intensificó con la creación del capitalismo y la industrialización, pero en este último caso el “sacrificio” quedó detrás del velo de las posibilidades económicas que otorga tener un salario a fin de mes (por más reducido que sea). La clase gobernante, política y económica, durante los últimos trescientos años ha sacrificado sistemáticamente a un gran grupo de personas empobrecidas o mantenidas en la pobreza, consumiendo sus vidas a través de promesas incumplidas.

Neocolonialismo

Así mismo, a nivel global, el neocolonialismo de Europa y Norte América sobre el resto del globo, no es otra cosa que la decisión de la muerte de un ser extraño para su propio beneficio.

Europa y Norte América son los principales lugares donde las personas (no todos) pueden quedarse en casa y les siguen pagando salarios, ya que, es el resto del mundo que sigue trabajando. Ese resto del mundo son los sacrificados, obligados a mantenerse en ese estatus y prohibiéndoles la entrada a los lugares de elite. Al igual que Europa y Estados Unidos que crean barreras para prohibir el acceso al resto de la plebe, en Santiago de Chile se crea un muro legislativo y geográfico para separar a las personas de diferente clase social.

Toda esta visión, que ha sido copiada por los gobiernos locales capitalistas del todo el globo, ha quedado de manifiesto en una cuarentena que es un privilegio más de la clase dominante. Quienes tienen que seguir trabajando en las calles, en las industrias, en los campos, en los hospitales, en las bencineras, etc. Son los sacrificados; los inmigrantes, lo pobres, los necesitados.

La decisión del gobierno de Sebastián Piñera es clara: Sacrificar al resto de la población en pos del bien de un pequeño grupo.

Malawi

Por último, para añadir desde mi experiencia, viviendo los últimos 5 meses en Malawi (África), pude darme cuenta de que el gran porcentaje de la población no tiene ninguna protección y que deben seguir trabajando para comer. El único que ha decretado cuarentena total es Sudáfrica, quienes tienen la capacidad de realizar los test del virus, ya que tienen la mejor economía de la región. El resto de África Subsahariana no tiene si quiera los equipos necesarios para enterarse a gran escala si el virus está o no.

Llevándolo a lo cotidiano, podríamos decir que los Malawies y muchos otros países africanos, trabajan para el día a día, los sudamericanos para la semana y los desarrollados para su vida (no todos). Quienes deben seguir trabajando sin parar somos los países subdesarrollados, porque la escasez que podría venir no es una mentira.

Lo económico como eje central

Volviendo al caso chileno, que es el más claro, este no puede detenerse porque tiene que seguir manteniendo los privilegios de quienes están en el poder. Insisto: La misma estructura global se reproduce a nivel país.

Es hora de enterarnos que este sistema de vida que tiene lo económico como eje central, no solo produce desigualdad si no que es, en sí mismo, el sacrificio de la gran comunidad global en pos de la sobre vivencia de los poderosos.

¿Habrá llegado la hora de replantearnos la idea de comunidad que han construido unos pocos?

La respuesta es obvia, porque el concepto comunidad básicamente no existe. Quizás pedirle a nuestro rey que enfrente la batalla con valentía y no exponiendo a todo el pueblo no suena una idea tan descabellada.

Sociólogo, Doctorando en Ciencias Sociales. Universidad de Chile

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