El Socialismo de la Unidad Popular

Por Miguel Silva

 

Chile, antes de la UP: Antecedentes

 

En la economía chilena durante los 60’, se estimaba que alrededor de 18% de la fuerza de trabajo estaba incorporado al sector moderno, en el que se generaba el  54% del producto total. El sector moderno incorporaba productos metálicos, maquinaria y equipos no-eléctricos, maquinaria y equipos eléctricos, maquinaria y equipos de transporte y el  capital extranjero se concentraba en las empresas dominantes de ese sector industrial.

 

Un número reducido de grandes empresas controlaban las industrias y sus mercados. En más de la mitad de los grupos del sector industrial, solamente las tres mayores empresas de cada uno concentraba más de la mitad del capital y reservas del grupo. Estas empresas estaban controladas por sólo unos pocos capitalistas. Entre ellas las familias Alessandri, Yarur, Matte y Edwards eran dominantes en el rubro industrial.

 

En 1970, 253 de las treinta y cinco mil  empresas tenían capital mayor a un millón de dólares y 3% de las empresas controlaba el 52% de las ganancias.  Sólo reinvertían una pequeña parte de sus ganancias.

 

Por otro lado, la producción manufacturera «artesanal» de las pymes, dentro de la ocupación industrial, bajaba cada año.

 

Trabajadores bajo presión

 

A pesar del hecho que el salario medio real de la industria, el sector más dinámico de la economía,  no creció en más del 5% entre 1960-68, la producción por trabajador en cambio, creció en alrededor de 35%. Sin embargo, la productividad de la economía en general se estancaba.

 

Y poco “goteo” hubo. La participación de los salarios en la distribución del ingreso generado por la industria caía año tras año. Mientras, los capitalistas aumentaban sus ganancias.

 

En la agricultura, la producción agrícola bajó en un 5% entre 1940-70, mientras, la demanda creció.

 

La sub-utilización de la tierra era común tanto entre los terratenientes como los agricultores  “medianos”. Los primeros utilizaban solamente el 25,5% y los segundos el 28.2%, de las tierras de cultivo.

 

La inversión extranjera

 

Entre 1959 y 1968, las inversiones realizadas por extranjeros en la industria eran de alrededor de 180 millones de dólares; enorme suma comparada con los 40 millones que se habían invertido hasta 1958, sin embargo, y como consecuencia de la concentración de la inversión en las exportaciones y bienes de consumo de los ricos, un aumento en la demanda de 1964-5 y 1969-70 generó una alta tasa de inflación. En otras palabras, los trabajadores de la ciudad y del campo no tenían qué consumir.

 

Aun cuando un sector importante de la producción industrial tenía como destino el mercado interno de los más ricos, las empresas con un alto nivel de dinero externo eran las que  más exportaban. En otras palabras, aunque en la década de los 60 las exportaciones industriales no alcanzaban al 5% del valor bruto de la producción industrial, las ramas que gozaban de una expansión más sostenida de sus exportaciones – harina de pescado, papel y celulosa – eran, junto al sector del hierro, el acero y el cobre semi-elaborado, las que recibían un mayor aporte de capital extranjero.

 

Durante la década de los ’60, el valor de las exportaciones era mayor que el de las importaciones, sin embargo, la balanza de pagos sufrió un déficit debido a que la devolución de ganancias a empresas extranjeras era mayor que la inversión que llegaba desde afuera.

 

De todas formas, la inversión en la minería fue un estupendo negocio para las empresas extranjeras. En 1970, el Capital Nacional de Chile era de 10,000 millones de dólares, mientras que, de una inversión neta de 750 millones, la exportación de las utilidades de compañías cupríferas totalizaba 3 mil millones de dólares. Al quedar sin dinero, el Estado enfrentó la balanza de pagos con préstamos y reservas internacionales. La Deuda Externa pasó de 1.869 millones de dólares en 1964 a 3.866 en 1970, el nivel más alto per capita en el mundo.

 

El Estado

 

Sin embargo, fue el sector público el responsable  en la economía chilena del 46,67% del valor agregado, el 40,62% del empleo y el 43,9% del excedente. Fue el Estado el que llenaba el vacío que dejó la falta de inversión por parte del capital privado nacional.

 

El Estado era responsable, en promedio, de alrededor de una tercera parte de las ganancias en cada sector industrial  y en algunos sectores, su incidencia era mucho mayor. Este proceso de intervención del Estado a través de inversiones en la economía constituyó un proceso progresivo que creció en importancia durante la década de los ´60. Se concentraba la inversión en los sectores de servicios, transporte, electricidad y otros, o sea,  en la infraestructura que ofrecía a precios bajos una base productiva estable para la industria.

 

Por otro lado, la tasa de utilidades de los sectores donde se ubicaba la mayoría de la inversión pública, era varias veces más baja que la de los sectores productores de bienes.

 

Es decir, la infraestructura estatal en la economía era indispensable y muy barata, para el capital nacional (y externo).

 

Los funcionarios del Estado y la clase media

Con el aumento de la inversión estatal, crecía el aparato de administración estatal y así la cantidad de funcionarios públicos. En esta línea, algunos han insistido que cualquier persona que labora en la administración del aparato estatal,  cualquiera que no es obrero, es pequeño burgués porque se aprovecha de las ganancias, de la plusvalía arrancada del trabajador.

 

Y es cierto que las remuneraciones de los empleados (privados y estatales) pasaron del 29,5% del PGB en 1960  a 34,2% en 1970 mientras las remuneraciones tanto los obreros como los trabajadores por cuenta propia bajaron en 1970. Sin embargo, en  los sueldos que ganaban los administrativos del sector público y privado, existían diferencias muy marcadas.

 

Los funcionarios comunes, administrativos, secretarios, aunque forman parte esencial del sistema capitalista, no ejercen, ni ejercieron ningún tipo de control sobre los medios de producción ni sobre los sueldos de otros trabajadores. Pero sí lo hacen los altos funcionarios.

 

Fueron también  los altos, y algunas veces medianos, funcionarios o empleados los árbitros del conflicto que «oponía a la burguesía versus proletariado» y exigían la implementación de una economía que acentuara el peso del capitalismo del Estado, manteniendo la situación privilegiada que éste otorgó en el pasado a esos estratos.

 

El gobierno de Frei antes de la UP (1964-1970)

De los 27 Ministros de los gobiernos de Alessandri  y Frei, 20 eran abogados de empresas, gerentes, empresarios o terratenientes . Y fueron ellos quienes comenzaron a plantear una reforma al sistema desde los años ‘60. Entonces, podemos imaginar la importancia que ésta tenía para ellos y para el propio capitalismo de ese momento. Faltaba una capacidad de producción y  un poder de compra real en el campo, insistían.

 

Como respuesta, durante la década de los ’60, la ayuda estatal hacia el campo a través de créditos baratos, de facilidades para la importación de maquinaria y de una política de precios beneficiosa, ayudaron a convencer a un sector de latifundistas para que accedieran a dividir sus tierras e invirtieran en producción mecanizada y eficiente.

 

Así, con el propósito de romper el círculo de la falta de mercado, se otorgó a los trabajadores del campo el derecho al sueldo mínimo. Esto fue años después que ganaran este derecho los empleados (década de los ’40) y trabajadores de la ciudad (1958).

 

Y, a fines del Gobierno de Frei, la producción agrícola en Chile había aumentado notablemente y los salarios reales en el campo se habían duplicado. Sin embargo, el Gobierno de la «Revolución en Libertad» abrió las puertas a una nueva era en términos de organización y de confianza al interior de la clase trabajadora, tanto de la ciudad como del campo. Las huelgas aumentaron en número, Puede explicarse en parte esa confianza, por el aumento del estándar de vida entre los años 1968-70 a pesar de aumentos de precios durante esos años.

 

Sin embargo, mientras los trabajadores mejor organizados lograron mejoras durante el Gobierno de Frei, los más débiles debieron conformarse con migajas, creándose así  la posibilidad de divisiones al interior de la clase trabajadora.

 

La estrategia económica de la UP

 

La UP concluyó que las relaciones económicas que determinaban el estancamiento de la economía al comenzar los ’70, eran la dependencia del imperialismo, la concentración de los medios de producción en manos privadas y el tipo de intervención Estatal observado en el pasado.

 

Su estrategia para eliminar estas trabas fue instaurar una nueva economía  nacional, dirigida por el Estado, terminando así con las principales trabas a una expansión rápida y sostenida. Se haría  uso de las ganancias anteriormente enviadas hacia afuera, se nacionalizarían las riquezas mineras en poder de empresas extranjeras y se crearía un área estatal extractiva-industrial-financiera-comercial que se constituiría como motor de desarrollo y permitiría dirigir y planificar el conjunto de la economía.

 

La idea inicial de la UP fue crear un Sector Social de la economía, constituido por 150 de las empresas más grandes de la minería y la industria, las más grandes empresas de distribución, todo el sector financiero, alrededor del 80% del rubro exportaciones, 60% de las importaciones, parte de la industria de comunicaciones y todos los predios de más de 80 hectáreas.

 

Es decir, «aquellas actividades que condicionan el desarrollo económico y social del país, tales como la producción y distribución de energía eléctrica, el transporte ferroviario, aéreo y marítimo; las comunicaciones, la producción, refinación y distribución de petróleo y sus derivados incluido el gas licuado; la siderurgia; el cemento; la petroquímica y química pesada; la celulosa; el papel.»

 

Según Pedro Vuskovic, el Área social podría dirigir toda la economía:

 

«… cuando se plantea, junto a la definición de ese papel del área de propiedad social, el problema de las relaciones entre las tres áreas de producción, lo que se está planteando es el propósito de sustituir, a partir del área de propiedad social, la estructura predominantemente capitalista por el dominio de relaciones socialistas de producción; de establecer dentro del área de propiedad social principios de organización y de dirección socialista, y de conducir la economía de modo tal que esa área de propiedad social vaya teniendo un carácter dominante, y someta por lo tanto al área privada y al área mixta a las condiciones de funcionamiento que puedan determinarse desde esa misma área de propiedad social

 

Sin embargo el apoyo de los sectores  medianos y pequeños de los capitalistas a la nueva economía propuesta por la UP – o su apoyo a los monopolios – dependía del éxito de sus negocios. Ese éxito descansaba en el pago de sueldos muy bajos, en el consumo restringido de «sus» trabajadores y precios «irreales» según los costos de producción de los monopolios. Y ya hemos visto que los sectores nacionales “modernos” estaban muy vinculados a la inversión externa.

Estos dos hechos eran difíciles de enfrentar para la UP.

 

Salvador Allende y la UP

 

Podemos entender la estrategia de la UP muy bien a través de algunas palabras de Salvador Allende en su primer mensaje al Congreso:

 

«En el plano económico, instaurar el socialismo significa reemplazar el modo de producción capitalista mediante un cambio cualitativo de las relaciones de propiedad y una redefinición de las relaciones de producción. En este contexto, la construcción del área de propiedad social tiene un significado humano, político y económico. Al incorporar grandes sectores del aparato productor a un sistema de propiedad colectiva, se pone fin a la explotación del trabajador, se crea un hondo sentimiento de solidaridad, se permite que el trabajo y el esfuerzo de cada uno formen parte del trabajo y del esfuerzo comunes…

El aparato estatal ha sido usado por los monopolios para desahogar sus angustias financieras, obtener apoyo económico y consolidar el sistema. Lo que caracteriza hasta ahora a nuestro sector público es su naturaleza subsidiaria de la actividad privada. Por eso algunas empresas públicas acusan déficit globales importantes, mientras otras son incapaces de generar excedentes de igual magnitud al de algunas empresas particulares…

Por lo tanto, es preciso ampliar la propiedad social y construirla con una nueva mentalidad. Las expropiaciones  de los medios de producción más importantes permitirían lograr el grado de cohesión del aparato público imprescindible para los grandes objetivos nacionales. De ahí que uno de los criterios generales para definir el área de propiedad social es la necesidad de concebirla como un todo único, integrado, capaz de generar todas sus potencialidades en corto y mediano plazo..

El establecimiento del área de propiedad social no significa crear un capitalismo de Estado sino el verdadero comienzo de una estructura socialista. El área de propiedad social será dirigida conjuntamente por los trabajadores y los representantes del Estado, nexo de unión entre cada empresa y el conjunto de la economía nacional. No serán empresas burocráticas e ineficaces sino unidades altamente productivas que encabezarán el desarrollo del país y conferirán una nueva dimensión a las relaciones laborales.»

 

Y según Gonzalo Martner, economista de la UP:

 

«En resumen, en la «economía de transición», el pueblo controla los medios de producción básicos (la industria pesada, el monopolio industrial y comercial, la propiedad en manos del capital imperialista etc.), pero no controla todos los medios de producción (es decir, subsisten los pequeños y medianos productores). El pueblo organizado pasa a tener el control de los medios de producción centrales a través de diversas formas de propiedad estatal. Para que lo anterior ocurra, es indispensable que el Estado deje de ser representante de la clase burguesa y represente los intereses de los trabajadores. Cuando el poder de los trabajadores se consolida, el Estado puede modificar las relaciones de producción y de propiedad, y cambiar el dinamismo del proceso revolucionario en la dirección del socialismo.»

 

La manera en que  “el Estado deje de ser representante de la clase burguesa y represente los intereses de los trabajadores”, con el propósito de construir el Área Social y así reconstruir el país, sería un proceso parlamentario, dirigido por el gobierno y apoyado por el pueblo.

 

Fuentes:

  1. Sergio Ramos, “Chile, ¿Una economía de Transición?”, Cuadernos CESO Nº15; Pág 64.
  2. Sergio Aranda y Alberto Martínez, “La Industria y la Agricultura en el Desarrollo Económico Chileno”, Santiago, Instituto de Economía y Planificación de la U de Chile, 1970; Pág 56.
  3. Magasic, ibid; Pág 12.
  4. Sociedad y Desarrollo Nº3, CESO U. de Chile, Julio-Septiembre 1972; Pág 28.
  5. Sergio Ramos, ibid; Pág 83.
  6. Roxborough and O’Brien, “Chile, State and Revolution”, Londres 1975; Pág 155.
  7. Pedro Vuskovic, «Transición al Socialismo», CESO/CEREN 1972.
  8. Primer Mensaje del Presidente Allende ante el Congreso Pleno, 21/5/1971.
  9. Punto Final Nº 149; 5/6/73.

     

Imagen extraída de radio.uchile.cl

Corresponsal para Revista De Frente

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