En tiempos de crisis: cooperativas de trabajo

Por Felipe Gajardo y Claudia Hernández

Grupo de investigación Economía de los/as trabajadores/as

Red Estudios Nueva Economía

 

 

El año 2017 finalizó con más de mil empresas en quiebra, lo que significó un aumento del 40% respecto al 2016. Consigo trae la cesantía. Quizás icónico fue a inicios de ese año, la quiebra de la mina Santa Ana y la toma que hicieron sus 180 trabajadores bajo 700 metros, con el fin de obtener una solución. Buscaban que el Estado les permitiera administrar y operar la empresa, pero su demanda no prosperó. Finalmente, un privado invirtió para que re-abriera el yacimiento.

 

Este año el caso emblemático ha sido el cierre de la empresa Maersk, la cual dejó sin empleo a 1.200 trabajadores/as. Ante tal situación, los sindicatos de la empresa buscan una solución para mantener sus trabajos. Una opción: constituir una cooperativa de trabajo.

 

¿Por qué constituirse como una cooperativa de trabajo?

 

Este tipo de unidad productiva es atractivo para quienes consideramos que lo central en la economía son las/os trabajadoras/es. No tan sólo porque somos nosotros y nosotras quienes generamos la riqueza, sino también por la importancia de recuperar el control de los medios de producción. Es así como en las cooperativas de trabajo, los socios y socias -es decir, los dueños y dueñas- son los mismos trabajadores/as, quienes por mandato expreso de la Ley General de Cooperativas deben autogestionar su propia unidad productiva. Esto, en contraposición con las empresas convencionales, en que los propietarios o dueños del capital determinan las reglas y subordinan a los trabajadores/as como meros empleados/as.

 

Las cooperativas de trabajo se caracterizan porque las asambleas o juntas generales de trabajadores/as mandan. La asamblea es la autoridad suprema, donde todos/as se encuentran en igualdad de condiciones (un socio/a, un voto), y entre todos/as se deciden cuestiones como la duración y distribución de la jornada laboral, los servicios a prestar, las vacaciones y permisos, los beneficios y obligaciones, el proceso productivo, y en general, el presente y futuro de la fuente laboral.

 

Así también, los excedentes generados deben distribuirse entre sus socios, tal como lo norma la Ley General de Cooperativas. Esto implica que todo el valor generado por las/os trabajadoras/es es apropiado por ellas/os mismos. Deja de existir, entonces, la figura del dueño del capital, quien se apropia del excedente que generan las/os trabajadoras/es.

 

Las cooperativas de trabajo también definen si quieren maximizar los beneficios de esta, o bien, prefieren maximizar otras funciones, como el empleo o el salario por empleado. Esto es sumamente relevante tanto en el plano práctico como teórico. En el práctico, porque posiciona el interés de las/os trabajadoras/es en la empresa, anteponiendo, si lo desean, intereses sociales y comunitarios sobre lo económico. En lo teórico, porque se define una nueva figura productiva que va en contra de la típica empresa de la teoría económica neoclásica, hegemónica en las casas de estudio de economía. En ellas la maximización de los beneficios es axiomática, por lo que demostrar que en la realidad existen otras experiencias, es demostrarles que deben necesariamente actualizar lo que enseñan.

 

Otra característica sumamente relevante de las cooperativas de trabajo es que, ante recesiones económicas, estas empresas cuidan más el empleo que una empresa convencional. Por ello es que, en palabras de Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, las cooperativas de trabajo se consideran como “el modelo que mejor puede enfrentar los riesgos de una economía que será cada vez más volátil”. El trabajo de los economistas Gabriel Burdín y Andrés Dean en Uruguay el 2009 presenta evidencia de que , ante las crisis, las cooperativas prefieren reducir sus salarios y mantener el empleo, a diferencia de empresas convencionales quienes prefieren mantener salarios y despedir trabajadores. Otro trabajo más reciente del mismo Burdín señala que la tasa de supervivencia para una empresa cooperativa es mayor a las empresas convencionales.

 

Es por esto que las cooperativas de trabajo son relevantes en pequeñas y medianas empresas pues, ante crisis económicas, les permite reaccionar mejor que una empresa convencional

 

No obstante, las cooperativas también son relevantes para grandes empresas. El caso más exitoso es Mondragón en España. Esta es una corporación de cooperativas compuesta por cerca de 100.000 trabajadores, especializadas en tres grupos sectoriales: industrial (línea blanca, partes de automóviles), distribución (supermercados) y financiero. Su tamaño ha llegado a ser tal, que ha llegado a ser la décima empresa más grande de España.

 

Como vemos, las cooperativas de trabajo son preferibles para una economía como la nuestra, que es vulnerable a crisis externas, en que los salarios son bajos y el empleo vulnerable. Las/os trabajadoras/es de la ex-Maersk tienen razones fundadas para organizarse como cooperativa de trabajo. Lo que urge es que haya voluntad política para permitirles avanzar hacia ese camino.

 

 

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