Evasión masiva y protagonismo juvenil: ¡Que vivan las y los estudiantes!

Por Sebastián Soto-Lafoy

Psicólogo

 

 

Durante los últimos días he estado pendiente a la distancia, con mucho orgullo y emoción, las evasiones masivas del metro producto de la alza del pasaje. Emoción porque, a pesar de la sabida despolitización generalizada de la sociedad chilena, del temor y miedo a manifestarse, de expresar nuestro descontento, el pueblo se va alzando cada vez más con el pasar de los días. Y orgullo porque quienes iniciaron y lideran esta protesta son estudiantes secundarixs, adolescentes, pinguinxs. Orgullo porque sus discursos y acciones, que se pueden ver en los vídeos y relatos de terceros en redes sociales, no eran manifestaciones que giraban en torno a una afectación individual, o incluso familiar, sino que daban cuenta de una preocupación social y colectiva. De una solidaridad con la clase trabajadora, con el pueblo. Acciones como evadir colectivamente, para después incentivar al resto a evadir abriendo las puertas de salida, acompañado de un “nosotros aguantamos los palos para que ustedes les alcance el pan”, “pase por abajo señora no más señora, nosotros la cuidamos, por hoy el metro es gratis” (relato de una publicación de Facebook), dan cuenta de esa conciencia política y de clase tan marcada que tuvo el pueblo chileno durante la Unidad Popular, que el compañero presidente Salvador Allende anhelaba, y que fue brutalmente eliminada por la dictadura militar, pero no del todo.

 

 

Son ellxs, los y las estudiantes secundarixs, que en el 2006 con la revolución pingüina paralizaron Chile, que marcaron el precedente de las movilizaciones estudiantiles del 2011, y que hoy en día están liderando las evasiones masivas por el precio abusivo e injustificado del transporte público. Son ellxs, los y las estudiantes, quienes de manera espontánea y organizada, con su característica alegría y rebeldía, se levantan y alzan la voz contra el abuso de los políticos y empresarios. Son ellxs, los y las estudiantes, quienes a pesar de recibir los lumazos de la yuta, resisten y evaden cada vez más. Son ellxs, los y las estudiantes, quienes han contagiado a la ciudadanía a evadir, manifestarse y decir no más abusos. Son ellxs, los y las estudiantes, quiénes nos han enseñado a lxs adultxs a perder el miedo, el temor, y que, juntxs y organizadxs, luchemos por lo que es nuestro.

 

 

En ese sentido considero que es imprescindible hacerles justicia y reconocerles el carácter profundamente político que tienen como colectivo generacional. Y esto implica necesariamente cuestionar la sociedad adultocéntrica en la que vivimos, la cual constantemente lxs ninguena, minimiza, subvalora y desconoce como sujetos políticos y sociales autónomos capaces de autoorganizarse colectivamente. Una sociedad que les dice que sus únicos lugares de tránsito deben ser la escuela y la familia –espacios privados-, y que su rol como adolescentes debe ser de “buenos alumnxs” y “buenxs hijxs”, desprovistos de su rol ciudadano con el derecho y la capacidad de participar en otros, espacios, ya sea políticos, deportivos, comunitarios, barriales, etc. Desde el gobierno que constantemente lxs criminaliza tratándolos de delincuentes, de la ministra de transporte quien, según ella, lxs estudiantes no tienen “ni un argumento” para evadir el metro, de la policía y fuerzas especiales que lxs reprimen brutal y desmedidamente, de lxs adultxs que les dicen que se vayan a estudiar que no tienen nada que hacer protestando, o incluso de aquellxs que lxs avalan diciendo que son “el futuro del país”. 

 

 

Que quede claro: Los y las adolescentes, los y las estudiantes secundarixs NO son el futuro del país, esa es una representación adultocéntrica de la adolescencia que les otorga un valor social recién cuando son adultxs (o “mayores de edad”). Lxs adolescentes son el PRESENTE, son sujetos políticos igual que lxs adultxs, y en estos momentos, están construyendo la sociedad que desean para el futuro, en el presente, en el aquí y el ahora. 

 

 

Tal como dijo Violeta Parra, “que vivan los estudiantes, jardín de las alegrías. Son aves que no se asustan de animal ni policía, y no le asustan las balas ni el ladrar de la jauría”. 

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