Facundo, el niño de 12 años fusilado por la policía de Macri

Por Miguel Fauré P.

 

Este miércoles, Facundo Burgos, de 12 años de edad, regresaba a su casa a bordo de una moto, junto a un amigo dos años mayor que él. Volvían de ver picadas de motocicletas, cuando una bala policíaca le entró por la nuca y acabó con su breve vida. El proyectil le atravesó el cráneo e hirió a su amigo. ¿La razón del actuar represivo? «Circulaban de forma sospechosa», según el relato de los asesinos.

 

Facundo estaba a punto de retomar su año escolar. Soñaba con consagrarse como Lio Messi para comprarle una casa a su madre. La abuela, Mercedes del Valle Ferreira, con quien vivía el niño, relata:

 

«Ya no me quedan lágrimas. Nos destrozaron la vida. El Negro era un niño maravilloso, lleno de amistades, que no tenía problemas con nadie. Y anteayer a la madrugada, a pocas horas de su primer día en la secundaria, lo mataron, me lo mataron. Tenía 12 años: 12 años, tenía, ¿entienden? Un niño, hermanito de otras dos niñitas, de repente pasó a estar en el hospital Ángel Padilla, tirado en un rincón, con la cabeza destrozada… Era una criaturita, mi criaturita»

 

El actuar represivo se enmarca dentro de la denominada «Doctrina Chocobar», en referencia al actuar del policía salteño Luis Chocobar, quien repelió un asalto a un turista estadounidense descargando su arma de servicio contra uno de los atacantes, asesinándolo en el acto. Esto generó una intensa polémica en la sociedad trasandina en torno al «gatillo fácil», el cual finalmente fue avalado por el presidente Mauricio Macri al recibir en Casa Rosada al policía incriminado.

 

Los compañeros de revista Sudestada señalan:

 

«Porque saben que desde el gobierno necesitan un enemigo público y se lo construyeron con lo que tienen a mano. Porque hay un montón de gente, un montón Facundo, que ayer y hoy desparramaron veneno en las redes. Uno peor que el otro. Dan vergüenza ajena. Pero ¿sabés qué? Lo hacen porque tienen miedo. Y ese miedo los empuja al odio racista. Pero no le tienen miedo al policía que dispara por la espalda a los pibes, no. Le tienen miedo al pibe que limpia vidrios en el semáforo, le tienen miedo al pibe que juega a la pelota o al que toma una birra en la esquina, le tienen miedo a los pibes que andan rajando de la cana porque saben lo que se les viene si los agarran. Y ese miedo, los empuja al odio. Un odio ciego, estúpido, funcional al poderoso»

 

La guerra contra los pobres sigue siendo la consigna de las derechas latinoamericanas.

 

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