George Floyd y Minneapolis: La olla de presión desbordándose en la tierra del Tío Sam

Por Bruno Fuentes

 

Ayer el mundo pudo ver con sus ojos las masivas movilizaciones en repudio al asesinato del ciudadano afroamericano George Floyd en los EEUU, arrestado arbitrariamente por supuestamente falsificar documentos. En el momento de su arresto fue arrojado contra el cemento, y el oficial policial que lo había detenido, lo estaba ahogando poniendo su rodilla contra el cuello. A pesar de estar asfixiándose, Floyd alcanzo a decir que no podía respirar, y varios civiles que estaban presentes también estaban rogando a los oficiales para que dejaran de ahogar al hombre. Eventualmente, Floyd cayo en coma por falta de oxígeno, y lo tuvieron que llevar al hospital en donde confirmaron que ha había muerto. Aquellos civiles presentes también lograron grabar los sucesos, los cuales se volvieron instantáneamente virales, y muchos diciendo que era un linchamiento moderno, solo que hecho por la policía en vez del KKK como lo fue en el pasado.

Al día siguiente estallaron protestas por toda la ciudad de Minneapolis, que terminaron con desmanes similares a las que vemos en nuestro Chile hoy en día, con protestas contra el mal manejo del COVID y el hambre, uso de resistencia violenta contra la Policía, saqueo a locales como Target, quemando locales cerca de donde murió Floyd, etc.

Tal como las protestas que llevaron al estallido social en Chile no se dieron solo por un alza de 30 pesos por el metro, las protestas en Minneapolis no son solo por un hombre muerto.

También tiene que ver con las condiciones que ha impuesto el estado contra las comunidades Afroamericanas. Condiciones que crean un sistema racista, que se mantiene en pie, a pesar de cederles derechos civiles en papel. Cosas como redlining, gentrificación, el encarcelamiento masivo, impunidad policial y ahora el COVID 19.

El «Redlining» o “Pintar un barrio con el color rojo”, tiene que ver con políticas impuestas durante el Gobierno de Franklin Delanor Roosevelt que oficialmente segregaron racialmente todas las ciudades de los estados unidos. La política señalaba que, si un barrio era designado como “verde”, era fácil de conseguir préstamos del banco para comprar o mejorar tu casa. Si era designado como un barrio “rojo” era imposible conseguir préstamos para siquiera comprar tu vivienda. Y pues también era “coincidencia” que los barrios verdes eran barrios blancos y los rojos eran barrios negros y de otras minorías sociales. Y también, en aquella época alguien de un barrio rojo no podía mover a un barrio verde, puesto que había leyes que explícitamente prohibían que gente no blanca pudiera mudarse allí. Hoy en día, a pesar de que esas leyes no están vigentes, su legado si, puesto que las familias que han vivido en barrios rojos han estado desventajadas económicamente ya por varias generaciones. Ya se hace bien difícil salir del ciclo de pobreza presente allí.

La gentrificación, tal como se ha visto en ciudades como Santiago, ha tenido un efecto devastador en contra de comunidades afroamericanas y también de otras minorías sociales. Para los que no saben, la gentrificación se trata de comprar terreno en barrios pobres (lo cual sale bien barato), para después crear viviendas de lujo para poder venderlas a un precio alto. Aunque no intencionalmente racistas, la gentrificación logra subir el precio de vivienda en barrios pobres que también son afroamericanos y latinos. Las consecuencias son que los miembros de estas comunidades muchas veces terminan mudándose, lo cual termina destruyendo el sentimiento de comunidad que tenían sus antiguos barrios. Otros también terminan en la bancarrota o la calle debido al rápido subida de precios y no poder encontrar otra vivienda antes de terminar sin plata.

El Encarcelamiento Masivo empezó bajo la presidencia de Ronald Reagan.  Mientras tanto que Reagan se hacía amigos con Pinochet y financiaba a las contras genocidas en Nicaragua, también implemento reformas al sistema carcelero que aumento exponencialmente el número de prisioneros encarcelados en su propio país, muchos que eran y siguen siendo Afroamericanos. Esto se logró vía implementando medidas de mano dura contra el crimen, a la par con la introducción de la privatización de cárceles por el país. En estas cárceles se aprobó el uso de trabajo carcelero. Esto significa que las cárceles podían pedirles a sus prisioneros a trabajar y producir bienes, siendo pagados muy por debajo el salario mínimo. Y como muchos viven de familias pobres y de bajos recursos, no tienen otra opción que ser explotados para poder ofrecer algo de subsistencia a sus familiares. Y también, como la reinserción es tan pobre (como también lo es en Chile) muchos no logran conseguir empleos estables y por ende vuelven a delinquir y vuelven a la cárcel. Pues como no hay una reinserción apropiada y existen intereses económicos para mantenerlos encancerados, esto ha conllevado a que muchos tildan esta práctica como esclavitud moderna.

También hay que recordar que Floyd no es el primer Afroamericano que murió a manos de la policía. Hace una semana atrás un hombre afroamericano del nombre Ahmaud Arbery fue abatido a escopetazos por un ex-policía y su hijo, simplemente por correr por un barrio blanco para hacer su rutina de ejercicio. Inicialmente los primeros fiscales de distrito trataron de justificar la matanza de Arbery, diciendo que era un arresto ciudadano y que sus acciones estaban respaldadas por sus derechos. Solo después de una protesta liderada por Panteras Negras armadas por el mismo barrio donde sucedió la matanza, que el ex-policía y su hijo fueron finalmente arrestados. El año pasado, se había descubierto que el departamento policial de Baltimore planteaba pistolas de juguete para justificar sus matanzas. Todo esto y mucho más ha dado al público estadounidense el sentimiento que la policía ha tenido total impunidad en sus actos de brutalidad contra la ciudadanía.

Ahora con el tema de la cuarentena, la falta de trabajo digno y con protecciones laborales, frente a los folletos gubernamentales masivos que ha otorgado el gobierno de Trump a las grandes corporaciones; todo esto está creando un efecto de olla de presión por todo el país. Mas de 36 millones de personas han perdido sus empleos desde el comienzo de la cuarentena, y actualmente hay más desempleados que en la época de la gran depresión. Mientras tanto el gobierno estadounidense ha otorgado trillones de dólares de su reserva federal para aliviar la crisis para las megacorporaciones más grandes del país, y solo dando un bono de 1200 dólares mensuales a sus ciudadanos, lo cual en algunas ciudades solo logra cubrir la renta, pero no los comestibles mensuales. Y para peor, los políticos del país solo han echado sal, limón, y vinagre a la herida. La oposición política a Trump en el congreso, los cuales son los Demócratas, no ha salido a promover o a llamar por cancelación de rentas/hipotecas, ni por salud publica universal, ni otorgar bonos más decentes para el pueblo. Si más bien solo han aprobado por el congreso los trillones de dólares de dinero que viene de los impuestos al pueblo, y no al mismo pueblo que les cedió ese dinero para supuestamente aportar a su bienestar en un momento como este. Y los grandes Candidatos para la Presidencia, tanto Trump, como Biden, o como sorprendentemente, Bernie (mientras que todavía era candidato presidencial), tampoco han hablado sobre la desigualdad tremenda que ha emergido a raíz del COVID-19.

En fin, poco a poco, el pueblo Estadounidense se ha ido dando cuenta quien realmente gobierna el país y que no les importa “la plebe” que encuentra a sus pies. Poco a poco se ha ido desbordando el agua hirviendo de la olla, y tarde o temprano se va explotar como una bomba de tiempo. Solo el futuro tendra respuesta de que seran las consecuencias de aquello.

 

 

Imagen de Associated Press

Corresponsal para Revista De Frente

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