Gonzalo Cuadra (SOL): “El socialismo sólo es posible si se da una lucha articulada y simultánea en contra del capitalismo y el patriarcado”

Militancias compartidas en el pasado y una amistad muy querida en el presente, me vinculan a Gonzalo Cuadra Malinarich. Siempre es grato conocer en qué reflexión se encuentra sumido, combinando su intransable rigurosidad intelectual con una visión amplia, flexible, jamás dogmática. Licenciado en Medicina de la Universidad de Chile, aportó desde la trinchera de la salud a la campaña de Beatriz Sánchez. Hace unos meses regresó desde Londres, en donde cursó una Maestría en Ciencias relacionado a la Salud Pública. En esta tercera conversación de Debate Socialista, comparto las reflexiones de este militante de SOL sobre un socialismo feminista y ecologista, las inminentes convergencias dentro del FA y el rumbo de su organización.

 

Por Miguel Fauré P.

 

#DeFrente: ¿Cómo has visto el desarrollo interno del FA en este primer año de vida? ¿Qué piensas de sus conflictos internos?

 

El desarrollo del Frente Amplio ha sido un tanto vertiginoso. Sin embargo, creo importante no perder de vista que su conformación y el relativo éxito que ha tenido hasta ahora habría sido imposible sin un largo acumulado de organización y lucha de movimientos sociales y fuerzas de izquierda de la post-dictadura, que ayudaron tanto a fraguar las condiciones que permiten su irrupción, como a formar a la militancia que hoy le da sustento orgánico.

 

Respecto de los conflictos recientes, me parece que fundamentalmente responden a la falta de maduración política y orgánica de la coalición, sumados a factores estructurales de la sociedad chilena y de la cultura política de la izquierda. Hace poco menos de un año escribí una columna en que señalaba que la conformación del Frente Amplio no era condición suficiente para la superación de la fragmentación de la izquierda y que había una serie de vicios, entre ellos: una cultura política competitiva, mezquina y prácticas poco democráticas y machistas.

 

Ni siquiera el escenario de posibles convergencias entre organizaciones me parece garantía de resolución de esos vicios. Una necesidad urgente para evitar que los verdaderos bochornos que hemos pasado se sigan reproduciendo, es dotarnos de una orgánica en la que las bases partidarias, territoriales (comunales y zonales) y los espacios temáticos del FA vinculados a movimientos sociales tengan más poder y rayen la cancha tanto a los espacios de Dirección y Vocería Nacional del FA, como a sus parlamentari@s.

 

Para mí el predominio de RD no es algo demasiado sorprendente. Entre las fuerzas políticas del Frente Amplio era de las que se encontraba más consolidada, con varios años de trayectoria, liderazgos sociales y políticos visibles, personas con experiencia incluso dentro del aparato del Estado y que, a diferencia de otros sectores con características similares, no ha enfrentado quiebres recientes. Recordemos además que durante buena parte del segundo semestre de 2017 recibió mucha atención mediática en el contexto del proceso de legalización, al que muchas de las fuerzas del FA aportaron en la medida que era necesario tácticamente para los objetivos de la coalición: la presentación de una candidatura presidencial propia. En ese mismo sentido, no es algo que me quite el sueño y crea que sea la única clave desde la cual leer la situación actual y menos el futuro del Frente Amplio; me parece que hay desafíos, preguntas y dilemas mucho más interesantes y complejos en los que como izquierda debemos enfocarnos.

 

 

«El mensaje más importante de las últimas elecciones es la apertura para la izquierda de una posibilidad que deviene en responsabilidad histórica: constituirse en la próxima década como la principal fuerza política del país, que supere a la Derecha»

 

#DeFrente: ¿Qué reflexión te dejan los resultados de las últimas elecciones presidenciales y parlamentarias?

 

Que para leer adecuadamente lo que está ocurriendo hay que evitar los simplismos y los diagnósticos apurados, ya sea por exceso de optimismo o por el cómodo pesimismo nihilista de una izquierda que no les asigna a las transformaciones sentido de urgencia.

 

A qué me refiero: las últimas elecciones expresan procesos y fenómenos complejos que requieren un análisis matizado y riguroso sobre la base del cual movernos, en lugar de salir disparando para cualquier lado. El 20% de Beatriz Sánchez y el Frente Amplio, junto a las y los parlamentarios electos, no son coyuntura pre-revolucionaria, del mismo modo en que la categórica victoria de Piñera –con la sombra de Kast sobrevolando – no es una sentencia de muerte para las posibilidades de cambio.  Los últimos días antes de la primera vuelta había varios sacándole el poto a la jeringa porque Beatriz Sánchez venía a la baja en las encuestas, luego salimos cantando victoria –despotricando contra las encuestas a las que fingimos nunca dar crédit – y ya para la segunda vuelta imperó la desesperación, luego el rasgue de vestiduras y finalmente un triste desconsuelo.

 

Sin duda, las elecciones presidenciales y parlamentarias significaron el quiebre del binominalismo en Chile, solo que esto ocurrió en paralelo con la debacle de la principal coalición socialdemócrata neoliberal; la Concertación. Por tanto, la Derecha – que además hizo bien la pega electoral – tuvo en la segunda vuelta un escenario favorable, que supo aprovechar y con eso mitigar la derrota moral que significa el resquebrajamiento del consenso neoliberal.

 

Por supuesto que es esperanzador que una fuerza político-social con predominio de sectores anti-neoliberales logre elegir una veintena de parlamentari@s, en la medida que abre una serie de posibilidades de transformación potencialmente valiosas. Ahora, también es importante tomar nota de que el nuevo parlamento es de mayor tamaño y nuestro número de parlamentarios en ese contexto es ligeramente más pequeño de lo que podría parecer a primera vista. Además, las probabilidades de que nuestra iniciativa parlamentaria cobre protagonismo en el contexto del próximo gobierno de Piñera me parecen bajas; la calle va a pesar más de lo que parte de la militancia del FA parece creer.

 

A mi juicio, el mensaje más importante de las últimas elecciones es la apertura para la izquierda de una posibilidad que deviene en responsabilidad histórica: constituirse en la próxima década como la principal fuerza política del país, que supere a la Derecha. Esa tarea es titánica, y vamos a requerir mucha autocrítica, y aún más trabajo para estar a la altura del desafío. Toca apurar el paso, pero sin tomar atajos. El robustecimiento del movimiento social y la maduración política y orgánica de la izquierda son condiciones de posibilidad para transitar hacia la superación del neoliberalismo y comenzar a prefigurar un socialismo en Chile.

 

«Creo que la tarea de las fuerzas de izquierda es hacer factible un proyecto socialista en Chile»

 

#DeFrente: ¿Crees que un proyecto socialista es factible en Chile? ¿De qué tipo de socialismo hablaríamos? ¿Cómo se conjugan socialismo y libertad?

 

Creo que la tarea de las fuerzas de izquierda es hacer factible un proyecto socialista en Chile. En ese sentido, es claro que las condiciones hoy son adversas, pero eso no nos debe hacer renunciar al horizonte de la construcción del socialismo, y no nos exime de la obligación de trazar estrategias y tácticas que desde hoy nos vayan acercando.

 

Es imposible responder esas últimas dos preguntas brevemente sin sobre-simplificar un poco las cosas, así que tendré que ser un tanto telegráfico.

 

En primer lugar, tenemos la firme convicción de que el socialismo solo es posible en la medida que se da una lucha articulada y simultánea en contra del Capitalismo y el Patriarcado, díada indivisible del régimen de dominación en la que se ha basado el neoliberalismo chileno y su despojo. Por tanto, es fundamental que se trate de un Socialismo Feminista.

 

Un socialismo libertario, esto es, un socialismo que se desarrolla sobre la base de la lucha constante en contra de todas las formas de dominación y explotación, y que pregona la liberación de los pueblos. En este sentido cobra centralidad una Democracia Radical que le devuelva a las comunidades – incluyendo por cierto a las comunidades indígenas en esto – el poder arrebatado por el Mercado, el Estado o quien fuere. Esa democracia radical debe ir desde el nivel nacional, pasando por el regional, nuestros espacios de trabajo y por supuesto, en la casa.

 

Un socialismo internacionalista y descolonizador:  Uno de los errores de la Revolución Rusa – de la cual hace poco se cumplieron 100 años, siendo los debates públicos generados por organizaciones feministas lo único destacable que al menos yo pude ver que se organizó en Chile, en contraste con otras partes del mundo en que abundó la reflexión – fue soslayar el principio básico de la imposibilidad de levantar el socialismo en un solo país. Análogamente, no es viable la construcción del socialismo en un país latinoamericano sin una mirada y articulación de nivel regional, haciendo frente a los complejos procesos de dominación (post-)colonial que hasta hoy operan. Asimismo, nuestro nivel de debate y reflexión sobre los procesos cubano, venezolano, boliviano y ecuatoriano, y las implicancias para Chile es, siendo generoso, bastante escaso.

 

Un socialismo ecologista: La comunidad académica ha calificado al Cambio Climático como la principal amenaza y a la vez la principal oportunidad del Siglo XXI para la vida y salud humanas. Un abordaje serio del Cambio Climático no puede prescindir de una transformación significativa del Sistema Económico, y viceversa. Por muy de perogrullo que sea el hecho de que un Proyecto Socialista de este siglo estaría incompleto sin cubrir esta arista, el nivel de desarrollo que ha tenido este aspecto en el Programa y las políticas de la izquierda es bastante precario.

 

#DeFrente: ¿En qué momento político se encuentra SOL en estos días?

 

Como Socialismo y Libertad (SOL) nos encontramos en un Proceso de Discusión Estratégica (PDE), en el que estamos teniendo discusiones sobre nuestra Línea Política para el periodo, sobre nuestra Orgánica Interna. Además discutimos sobre la coyuntura, la trayectoria del Frente Amplio a la fecha, las contradicciones que atravesará Chile en los años venideros  y la situación de la izquierda y el rol que debe jugar en ese escenario. Esto último involucra debatir sobre nuestra Política de Alianzas y conversar sobre el rol que tendremos en el marco de las posibles convergencias que se han estado evaluando al interior del FA. Básicamente, tras una reflexión sobre los aciertos y errores del Proyecto Libertario en Chile y en particular de nuestra breve historia como organización política, estamos discutiendo sobre el horizonte al que aspiramos y el camino que queremos seguir para alcanzarlo.

 

«Lo fundamental es que – más allá de que efectivamente existan fuertes presiones políticas, electorales y de otro tipo – las convergencias que se generen sean sobre la base de coincidencias en un Proyecto Político»

 

#DeFrente: ¿Crees que es factible una convergencia de SOL con otras orgánicas? ¿Bajo qué principios y/u horizontes debiesen converger y quiénes debiesen hacerlo?

 

Las convergencias de las organizaciones al interior del Frente Amplio son un proceso en pleno desarrollo. Desde SOL, en lugar de rehuir de una discusión que evidentemente es incómoda, hemos decidido asumirla con seriedad y responsabilidad: entendiendo que por lo delicada que es para cualquier organización, es vital que se haga con el tiempo necesario, en forma transparente, democrática y basada en encontrar la mejor forma de promover el desarrollo de nuestra Línea Política. Esto, en lugar de cálculos, por un lado, o posiciones identitarias, por el otro. Del mismo modo, creemos que debe trascender los amiguismos y las cercanías o rencillas entre dirigencias u organizaciones particulares, poniendo la política por delante.

 

Lo fundamental es que – más allá de que efectivamente existan fuertes presiones políticas, electorales y de otro tipo – las convergencias que se generen sean sobre la base de coincidencias en un Proyecto Político, tanto en términos estratégicos, como de ciertos principios fundamentales que orientan la acción política.

La definición del horizonte y los principios orientadores, además de las organizaciones que deben hacerse parte, es resorte de los procesos democráticos al interior de SOL y los otros partidos, que es algo aún en movimiento. Ahora, sí puedo mencionar algunas cuestiones que a mi modo de ver son cruciales para nosotr@s:

 

En primer lugar, la centralidad del feminismo; un aspecto prioritario para el Proyecto Político que proponemos como SOL, pues lo consideramos indispensable para el desarrollo de cambios estructurales en la sociedad chilena. Es algo que incluye, pero no se limita, al afrontamiento decidido de las prácticas machistas y la violencia de género en los espacios educacionales, de trabajo o en las organizaciones políticas, sino que es una de las bases fundamentales del conjunto del proceso de transformación. Involucra desde el Programa que se defiende (educación no-sexista, políticas para la igualdad en condiciones laborales y en la distribución de tareas domésticas y de cuidados, mirada feminista en las políticas de salud, etc.), la cultura política y democrática que se promueve dentro de las organizaciones políticas, además del trabajo político concreto. Consideramos el feminismo como un nicho particularmente fecundo de politización al que es importante dedicarle esfuerzos honestos y decididos.

 

En segundo lugar, radicalidad democrática; esto desde el punto de vista del funcionamiento interno de los Partidos, las prácticas democráticas al interior de las organizaciones sociales y las propuestas para el funcionamiento democrático de la institucionalidad política del Estado, en particular la gestión democrática de los municipios.

 

En tercer lugar, el protagonismo de los movimientos sociales; tanto en el sentido de no “parlamentarizar” la política del FA, como del rol que cumplen en el proceso de transformación social. Es necesario superar la lógica concertacionista según la cual la política se desarrolla en espacios cerrados en los partidos o “think tanks” y en que las organizaciones sociales son algo a desactivar o instrumentalizar. El programa y la estrategia política se deben desarrollar en diálogo con el mundo popular y sus organizaciones.

 

Finalmente, un horizonte socialista. No debe bastarnos meramente con la moderación del neoliberalismo a ultranza que caracteriza a nuestro país y garantizar algunos derechos sociales. No debemos aspirar a algo así como el modelo de capitalismo de los países nórdicos sin la superación de las lógicas liberales o la mera reivindicación del Estado de Bienestar, sino a construir el socialismo.

 

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