Hong Kong ¿Proceso de democratización o mantenimiento de privilegios?

Por: Luis Gutiérrez.

Dado que hay algunas confusiones sobre el sentido y la proyección de la «rebelión de los paraguas» en Hong Kong, y que el tema se ha instalado en los últimos días en el debate político chileno, puede ser útil presentar algunos elementos para ayudar a su contextualización y así disipar algunos malentendidos e ilusiones infundadas al respecto.

Partamos por remontarmos a los orígenes de la actual region autónoma de Hong Kong (HK, en lo sucesivo). Desde mediados del siglo XIX, HK fue un enclave colonial de Gran Bretaña en Asia, tal como lo fue el vecino Macao para Portugal: la posición estratégica de ambos puertos permitía a las principales potenciales navales de su tiempo dominar las rutas comerciales de Extremo Oriente.

En el caso particular de Gran Bretaña (el principal imperio por extensión y capacidad bélica durante el siglo XIX), se hizo con la plaza de HK tras arrebatársela a China en las «guerras del opio», una oleada de ofensivas imperialistas para hacerse con el gigantesco mercado chino y cuyas nefastas consecuencias para la población local ocasionarían a principios del siglo XX un masivo movimiento de liberación nacional (con hitos como la Rebelión de los Boxers) que consiguió liberar al gigante asiático de la opresión de las potencias occidentales y que, en el fragor del proceso, dió origen también a un poderoso Partido Comunista (PCCh) que terminaría liderando él mismo esa lucha emancipadora, unificando la gran mayoría del país y construyendo un Estado-nación digno de ese nombre, capaz de hablar de tú a tú en el escenario internacional.

HK, como Macao, como Taiwán, quedó como una piedra en el zapato y una pica del imperialismo en territorio chino, un recordatorio de que la tarea estaba lejos de haber quedado conclusa.
La presión diplomática de la República Popular China consiguió arrancar en 1997, a pesar de la resistencia británica, la devolución de la soberanía sobre HK.

La flexibilidad del PCCh para manejar el status de HK quedó demostrada en la aplicación de la teoría «un país, dos sistemas», que consistía en permitir la continuidad de HK como parte nodal del circuito financiero mundial, la mantención de una moneda propia indexada al dólar y un régimen tributario muy laxo.

El establecimiento progresivo ya en los 2000 por parte de China de estándares más altos en lo relativo a la responsabilidad social empresarial (como la aplicación de un sueldo mínimo) generó fuertes resistencias, lo mismo que el plan de Pekín de favorecer el desarrollo industrial de HK para impulsar una economía productiva y no meramente especulativa.

Por tanto, no es la primera vez que HK protesta contra un intento de poner coto a su status privilegiado de centro especulativo y lavado de dinero, uno de tantos paraísos de los negocios que solo es posible a costa de la existencia de infiernos laborales, medioambientales e institucionales en la mayoría del mundo.

La agitación callejera no está demandando un proceso de democratización, sino, en el mejor de los casos (en el peor se trata simple y llanamente de una regresión), la continuidad indefinida de la actual situación de transitoriedad entre el status colonial y la restitución plena de la soberanía a China.

El avance hacia la igualdad ante la ley, que fue lo que gatilló las protestas, es un paso necesario para conseguir la reunificación efectiva y terminar con los privilegios de la ex-colonia.

Por: Luis Gutiérrez.

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