Human Rights Watch, la falsa ONG de derechos humanos que niega la existencia de prisión política en Chile

Por: Nicolás Romero

Este viernes 11 de diciembre, el director de la división de las Américas de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, descartó  la existencia de presos políticos en el país. Además, denunció el uso de las reivindicaciones sociales para cometer delitos.

En declaraciones a la agencia alemana Deutsche Welle,  expresó que «no creo que existan en Chile presos políticos», y enfatizó que «hay que tener mucho cuidado con los conceptos».

«Presos políticos son esencialmente presos de conciencia, personas que son perseguidas por sus ideas, por sus opiniones, por simplemente tratar de promover una idea diferente de la oficial como ocurre, por ejemplo, en Cuba«, recalcó.

También señaló «en el caso de Chile efectivamente hay muchas personas que han sido procesadas por los desórdenes que se produjeron y también por vandalismo por atentar contra la propiedad por delitos de incendio».

En cuanto a las detenciones en las protestas, indicó que «es importante que estos casos sean investigados con pleno respeto al debido proceso, pero creo que hay que hacer una diferencia entre las violaciones a los derechos humanos que se cometieron por parte de los policías y los delitos que también se han cometido por parte de grupos violentos que no han protestado pacíficamente».

«Han utilizado esta situación de reclamo justo, pacífico, de las grandes mayorías en Chile para cometer delitos y esos delitos deben ser investigados con pleno respeto a las garantías procesales», concluyó.

Desafortunadas fueron las declaraciones de Vivanco, dado que el mismo día se registró un nuevo caso de víctima de trauma ocular durante la jornada de protesta que se desarrolló por la libertad a los detenidos por el estallido social.  La Coordinadora de Víctimas y Familiares de Trauma Ocular emitieron un comunicado condenando tajantemente lo ocurrido.

«Repudiamos y lamentamos profundamente el actuar y la violencia desmedida de Carabineros de Chile el día 11 de diciembre del presente año, en Plaza Dignidad», comenzaron manifestando en el comunicado público.

 

«A los cientos de casos de trauma ocular acontecidos desde octubre de 2019, el día de ayer, se sumó el de Felipe Ávila Conejero, hombre de 30 años, quien se encontraba capturando imágenes de la represión policial en las protestas acontecidas como cada día viernes», apuntan.

Las declaraciones de Vivanco no son casuales, de manera sistemática la falsa ONG de derechos humanas financiada y dirigida ideológicamente por el gobierno de EEUU ha utilizado sus informes y declaraciones para, por un lado atacar y validar procesos de desestabilización de países como Venezuela y Nicaragua y por el otro para matizar las graves violaciones a los DDHH cometidos por gobiernos de derecha aliados a EEUU en sus respectivos países. Los calificativos para sus enemigos no escasean, «violaciones sistemáticas», «reiteradas», «crisis humanitaria» contrastan con el trato a sus aliados. En un contexto donde organizaciones sociales y buena parte de la sociedad chilena exige el fin de la represión del régimen de Sebastián Piñera, la inmediata liberación de los presos políticos de la revuelta que sobrepasan los 2000 y verdad y justicia para la decena de asesinados y los más de 400 víctimas de trauma ocular, Human Rights descarta la existencia de presos políticos.

A continuación reproducimos antecedentes para comprender el largo y obscuro prontuario imperial de esta falsa ONG de Derechos Humanos, presentados anteriormente en el artículo  Las falsas «ONGs de Derechos Humanos» como arma imperial. El caso de «Human Rights Watch»

La «puerta giratoria» entre Human Rights Watch y la dirigencia político-militar de Estados Unidos

En mayo de 2014, un importante grupo de intelectuales latinoamericanos, estadounidenses y canadienses, entre los que destacaban los Premios Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y Mairead Maguire, publicaron una carta dirigida específicamente a la ONG Human Rights Watch, para que expulsara de su junta directiva a diversos personeros directamente involucrados en el Gobierno estadounidense y su mando político-militar, denunciando una «puerta giratoria» entre la organización y la conducción política estadounidense, que compromete gravemente su imparcialidad frente a los escenarios políticos y de Derechos Humanos sobre los que se pronuncia, cuestionando su carácter de «no gubernamental» (Ver «Premios Nobel de la Paz piden a HRW medidas para afianzar su independencia«, La Jornada).

En específico, se citaba en esa ocasión a los siguientes personeros integrantes de Human Rights Watch:

– Javier Solana, español, quien fuera nada menos que Secretario General de la alianza político-militar OTAN conducida por Estados Unidos;
– Miguel Díaz, un antiguo analista de la CIA en los 80s, y funcionario del Departamento de Estado estadounidense;
– Myles Frechette, quien fuera Embajador de Estados Unidos en Camerún entre 1983 y 1987, en Colombia entre los años 1994 y 1997, representante comercial de Estados Unidos para América Latina, El Caribe y África entre 1990 y 1993,  e integrante del «Center for Strategic and International Studies» (Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales), un poderoso centro de pensamiento con múltiples enlaces e influencias en el aparato político-militar del Imperio de Estados Unidos. Para el caso colombiano, el «Embajador Frechette» tuvo un activo rol desestabilizador frente al Gobierno de Ernesto Samper (ver nota «Myles Frechette, el Virrey ha muerto«, La Semana)
– Michael Shifter, director del Programa para América Latina y el Caribe de la NED, National Endowment for Democracy.
– Tom Malinowski, militante del Partido Demócrata y Secretario Asistente del Departamento de Estado «para la Democracia los Derechos Humanos y el Trabajo» durante el Gobierno de Barack Obama. Defendió el programa de «detenciones secretas» y extraterritoriales que había sido impulsada desde el Gobierno de George Bush hijo.
– Susan Malinow, dirigenta del Partido Demócrata y amiga cercana de BIll Clinton y Al Gore, como se reconoce incluso en la web de HRW.

Una estrategia mil veces repetida: Los Derechos Humanos como coartada injerencista

Así, como hemos señalado antes (ver «La «ayuda humanitaria» y los Derechos Humanos como estrategia injerencista e imperial«, Revista De Frente): «En esta estrategia imperial e injerencista, fundamental es generar la idea en la opinión pública internacional y de los distintos países, de que se está tratando de escenarios donde la violación a los derechos humanos es tan grave que «no queda otra alternativa posible» que la intervención externa. Y aquí, en ese proceso de formación de opinión e imaginarios públicos, junto con la omnipresente y poderosa red de la prensa oligopólica y comercial, centrales son ciertas «ONGs de derechos humanos», cuyo vínculo con el Imperio son disimuladas a pesar de los lazos y recursos dirigidos hacia ellas (Ver «Con los Derechos Humanos nos venden la guerra». teleSUR)».

Lo que entonces decíamos sobre Amnistía Internacional, vale de la misma forma para Human Rights Watch: «una de las ONGs de mayor presencia a nivel mundial, Amnistía Internacional, ha sido fundamental en general una visión demonizada en la opinión pública internacional de ciertos gobiernos, a contrapelo de la omisión o subvaloración de las violaciones a los derechos humanos en otros (por lo pronto, del propio Gobierno de Estados Unidos, dentro y fuera de sus fronteras) […]. Estas ONGs, presentadas como «neutrales» o «imparciales», efectivamente son en ciertos escenarios una colaboración a causas legítimas y justas (por ejemplo, en la denuncia a situaciones como las del Pueblo Mapuche en Chile). Sin embargo, la legitimidad que adquieren en estas situaciones, es usada en los escenarios donde hay conflictividad geopolítica, siempre, promoviendo las posiciones y acciones del imperialismo estadounidenses y la OTAN. Dicho de otro modo: Construyen legitimidades en escenarios no conflictivos o donde no están implicados los intereses imperiales, para usar y descargar tal legitimidad y la credibilidad adquirida, en escenarios donde sí hay conflicto geopolítico e intereses imperiales involucrados«.

Algunos ejemplos del actuar de Human Rights Watch

Veamos algunos casos lejanos, para referinos al caso de Human Right Watch. Sobre Siria, en agosto de 2013, mientras en el debate público estadounidense y mundial se debatía sobre la pertinencia de una acción armada unilateral contra el país, Keneth Roth, Director Ejecutivo de HRW, manifestaba su opinión vía tuiter (aún disponible en @KenRoth), preguntando si sería suficiente un bombardeo sólo “simbólico”: “Si Obama decide atacar a Siria, ¿se conformará con el simbolismo o hará algo que ayudará a proteger a la población civil?”. Acompañaba su tuit con un enlace a una nota del «The New York Times», en la que se citaba a un confidente sirio que «confirmaba» el uso de armas químicas por parte del Gobierno («Confident Syria Used Chemicals, U.S. Mulls Action«). Tiempo después, ha quedado en evidencia que dichas «pruebas» no eran fehacientes, y de hecho, hasta el día de hoy no hay pruebas contundentes sobre esas acusaciones. Pero ya en ese momento, el Director Ejecutivo de HRW recibió una respuesta: John Tirman, director ejecutivo del Centro de estudios internacionales de la universidad Massachusetts Institute of Technology, le respondió con su propio tuit: “probablemente la declaración más ignorante e irresponsable jamás dada por un importante defensor de los derechos humanos”.

También, se ha interpelado a HRW por su decidido apoyo en la intentona de  Golpe de Estado de Guinea Ecuatorial en el año 2004 («Human Rights Wacht carece de autoridad moral para atacar a Guinea Ecuatorial«, Partido Democrático de Guinea Ecuatorial), donde hubo participación de mercenarios y financiamiento demostrado desde el Reino Unido. También, por su parcialidad a favor de la revuelta de altos niveles de violencia que se vivió en Ucrania, donde se derrocó al Gobierno de Petro Poroshenko y en el que HRW tomó parte a favor de na oposición liderada en buena medida por sectores de ultraderecha fascista que cometieron graves delitos y crímenes como la masacre de Odessa (Ver «Amnistía Internacional, HRW, Pussy Riot, Femen y la propaganda imperialista pro-belica«, Difundiendo la Verdad).

Otro botón de muestra. En los inicios del Gobierno de Obama, se debatía en Estados Unidos la continuidad del «programa de extradiciones secretas» impulsado desde el Gobierno de George Bush y su política «antiterrorista» tras los nunca tan aclarados sucesos de Septiembre de 2001. En ese contexto, año 2009, Tom Malinowski, en ese entonces director del cabildeo de HRW desde Washington, declaro lo siguiente: «en determinadas circunstancias hay un papel legítimo” de las extradiciones secretas, y recomendaba paciencia hacia el Gobierno de Obama: “quieren diseñar un sistema que no traiga como consecuencia el envío de personas a calabozos extranjeros para torturarlas, sin embargo, el diseño de ese sistema va a tomar un tiempo”. Nótese la diferencia entre la petición de paciencia «va a tomar un tiempo» que se hace públicamente hacia una sistemática práctica de detenciones ilegales y concentración en centros de tortura clandestinos y extraterritoriales, con las perentorias y categóricas declraciones que suele formular HRW hacia los gobiernos que adversan o cuestionan la hegemonía estadounidense (Ver «Obama preserves renditions as counter-terrorism tool«, Los Angeles Times).

José Miguel Vivanco, encargado de HRW para América Latina

Human Rights Watch contra nuestra América

En nuestra América, HRW ha tenido desde siempre una posición abiertamente contraria a todos los Gobiernos adversarios a los intereses geopolíticos y económicos del Imperio de Estados Unidos, particularmente frente a Cuba, Venezuela o Nicaragua, donde en hechos que son más que conocidos, han impulsado una visión abiertamente militante contra ellos. Reseñemos algo de estos asuntos.

En el año 2008, HRW presentó un Informe sobre Venezuela. En este documento, en una operación que hemos visto en innumerables otros casos de actores aparentemente «neutrales» o «imparciales» sobre Derechos Humanos,​ la inclinación es en las fuentes de información, autores consultados, o entrevistas, es de una desproporción manifiesta: Todo está inclinado hacia la oposición derechista, los medios oligopólicos, las organizaciones que adversan al Gobierno Bolivariano (ver «¿Cómo se escribió el informe de Human Rights Watch?» Antonio Guillermo García Danglades, Aporrea).

Más recientemente, HRW ha seguido con una línea de negación absoluta hacia la violencia opositora en Venezuela, haciendo caso omiso a las innumerables pruebas sobre ésta en las oleadas de «guarimbas» en los años 2014, 2016 ,y 2017. Tampoco ha emitido comentarios sobre las explícitas intentonas golpistas del último tiempo. Veáse cómo se presenta la sección en la web de HRW sobre Venezuela, con el siguiente párrafo de introducción: «La acumulación de poder en el Ejecutivo que comenzó durante la presidencia de Hugo Chávez ha permitido que las autoridades venezolanas intimiden, censuren y castiguen a sus críticos. Una brutal arremetida contra opositores que se intensificó a partir de 2014 incluyó procesos penales arbitrarios contra opositores políticos, decenas de muertes, miles de arrestos y abusos contra detenidos que en algunos casos constituyen tortura. Venezuela atraviesa una emergencia humanitaria sin precedentes con grave escasez de medicamentos y alimentos a la cual las autoridades venezolanas no han respondido adecuadamente. En 2019, el presidente de la Asamblea Nacional Juan Guaidó se declaró jefe de Estado y pidió al pueblo y a las Fuerzas Armadas que lo apoyaran. El país continúa en un impasse político». Nada de la violencia opositora, nada de los sucesivos intentos de Golpes de Estado, nada sobre los atentados terroristas, nada del asedio mediático interno y externo, nada de las agresiones económicas unilaterales del Gobierno del Imperio de Estados Unidos y sus aliados políticos.

Similar situación con Nicaragua. Sus reportes acerca de la intentona desestabilizadora y golpista acaecida entre los meses de Abril y Julio del año pasado, es de una parcialidad abismante. Sólo para citar un párrafo extraído de la sección sobre Nicaragua de su página web: «En abril de 2018, numerosos nicaragüenses salieron a las calles para protestar contra el gobierno del Presidente Daniel Ortega. La respuesta fue brutal. La feroz represión de manifestantes por miembros de la Policía Nacional y bandas fuertemente armadas partidarias del gobierno, que duró varios meses, dejó un saldo de más de 300 muertos y más de 2.000 heridos». Una abierta mentira, la adjudicación de la violencia exclusivamente al Gobierno, como asimismo, la omisión absoluta de la violentísima intentona ejecutada por bandas opositoras que cometieron todo tipo de delitos y crímenes de alta gravedad: incendios de lugares habitados, secuestros, violaciones, torturas, asesinatos Ver compilación de información de Revista De Frente: «Nicaragua quiso Paz. La derrota del intento de desestabilización y Golpe de Estado contra el Gobierno Sandinista el 2018«).

Y, tal como en otros escenarios, una operación argumentativa de mutuos apoyos construye una visión parcializada, manipulada y altamente falsa sobre lo que realmente ocurrió: Los medios de comunicación privados citan a presuntas autoridades «de Derechos Humanos» (sean ONGs, o personeros de instancias como la Comisión Interamericana de DDHH), mientras que estas «autoridades» citan en sus informes a los medios de esta prensa corporativa dominante… Un círculo vicioso de fuentes y citas mutuas con el que se intenta «probar» una visión de los hechos sin mayores pruebas que lo que dicen estos actores de altos sesgos y parcialidad (Ver «La prensa privada de Nicaragua, la familia Chamorro y la manipulación informativa«).

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Músico, abogado y defrentista. Vive en Peñalolén, Santiago.

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