La Asamblea Obrera de Alimentación Nacional y las trampas del poder

Por: MIguel Silva

Cuando entras a negociar tus condiciones de trabajo, piensas que puedes aumentar el sueldo, subir el bono de colación, quizás que el patrón pague el costo de un par de boletas en el transporte público para los días sábado. Pero no te pasa por la mente que puedes negociar el precio de un kilo de papas o de plátanos. No se te ocurre algo así, porque tu patrón no tiene como conseguir ese tipo de condiciones.

Sin embargo, cuando tú formas una mesa de negociación con miles de otros y tienes más poder, sí puedes negociar cosas como el precio de los víveres, la luz, el gas, la bencina.

En varias épocas los movimientos sociales han logrado negociar condiciones de este tipo.
Vamos a ver cómo se negoció el precio de los víveres en 1919, hace cien años. En 1918, El Mercurio afirmó que «la ausencia del control del Gobierno en la fijación de los precios» era una de las causas principales de la carestía.

Como repuesta, a fines de ese año, grupos de mutualistas, sindicatos y educadores se pusieron de acuerdo para hacer un mitin público y entregar una petición al Gobierno demandado una regulación de precios de artículos de subsistencia. Exigieron control estatal sobre la exportación de los alimentos y así nació la Asamblea Obrera de Alimentación Nacional, la AOAN.

El día 22 de noviembre 1918, asistieron al mitin veinte mil personas, harto para esa época. Pero los poderosos no se quedaron quietos, inventaron rumores de una «guerra» con Perú.
A pesar de la represión, durante el lunes 27 de enero, más de cincuenta mil trabajadores porteños paralizaban sus labores y en un masivo desfile acudían al Parque Municipal de Valparaíso para solicitar al Gobierno el despacho de las leyes de mejoramiento económico pendientes aún en el Congreso.

Mientras crecía el movimiento, el Parlamento se preparaba para traicionar. Los precios aumentaron en 50% en el mes de Julio 1919, pero se supo que se habían arrendado por lo menos tres embarcaciones de la Armada para que algunas casas comerciales pudieran realizar la venta de alimentos al exterior.
Acto seguido la AOAN decidió, como única fuerza sana que existía en el país, llamar otro mitin de protesta para el día 29 de Agosto. Y esta vez, la concurrencia fue fenomenal. Mientras la marcha se llevaba a cabo, el comité organizador ingresó por las puertas de la Moneda para entregar al Presidente las conclusiones del mitin.
Carlos Alberto Martínez, mutualista (y abuelo del mismísimo Gutenberg Martínez) pronunció estas palabras: «La indolencia con que nuestros Poderes Públicos han recibido hasta hace poco nuestras peticiones, se debe a que los asientos en el Congreso, salvo una que otra excepción, se compran y a que los representantes del pueblo no representan sino su propio dinero e interés.» ¡Algunas cosas en este país no han cambiado!

¿Cómo podría avanzar la Asamblea de Alimentación?
El gran mitin del 29 de agosto tuvo lugar durante la huelga de los trabajadores de la CCU. La central sindical, la FOCH, de los trabajadores de la CCU formaba parte de la Asamblea AOAN y cuando la Junta Ejecutiva de la central recibió un telegrama en la tarde del 1° de septiembre diciendo que tropas de carabineros habían intentado asaltar su oficina en Limache, «hiriendo a varios huelguistas y pretendiendo ultimar al Presidente de este Consejo local», se anunció el paro general de la totalidad de los consejos federales de la FOCH de la capital, «ya que se han agotado todas las instancias de diálogo y la gerencia no parece ceder» y así se integraron los conflictos sindicales a las protestas de la Asamblea.
El ´paro general podría haber ganado la huelga y así haber dado más fuerza a la Asamblea de Alimentación. Pero la central recomendaba a todos los federados permanecer al interior de sus salones y abstenerse de cualquier tipo de manifestación callejera mientras se esperaban señales de conciliación del Gobierno. ¡Perdió la iniciativa!

Y, finalmente, después de cuatro días, el comité ejecutivo de la huelga se reunió en la Moneda con el Presidente Sanfuentes, decidiendo suspender y poner punto final a la huelga general, «manifestándole que volvían al trabajo sin condición previa alguna y que dejaban en sus manos la solución de las dificultades que pudiesen suscitarse en el futuro».
¡Grave error! Porque la CCU no aceptó el arbitraje, la FOCH sufrió un revés muy grande y dentro de pocos meses, la AOAN murió.

Se probó que la Conciliación y la Negociación entre cuatro paredes son muy peligrosas.

Bueno ya, estos hechos hace cien años nos pueden ayudar a ver con más claridad el futuro de la Convención o Asamblea Constituyente que viene. Será, con toda probabilidad, una Asamblea que integra un sector elegido por conservadores, por gente no radicalizada. Y ellos, probablemente, van a votar en contra de medidas como el derecho de la salud y educación gratis, o de un sistema de reparto para las pensiones. Van a poner obstáculos en el camino de esos cambios, independiente si el quórum de dos tercios es vigente o no.

¿Qué se puede hacer en esas condiciones?
Vimos que hace un siglo, la AOAN organizó marchas cada vez más grandes. Nosotros también hemos organizado marchas de hasta millones.
Y también hace un siglo, el movimiento tuvo que discutir cómo iba a avanzar, cómo ganar. Pero el mal manejo de una huelga de la CCU puso fin tanto a la huelga como a la misma AOAN.

Nosotros, hoy, tenemos que “obligar” a los que no han sido radicalizados por el despertar del país, a tener confianza en la mayoría.

Y para lograr ese cambio vamos a necesitar más que marchas (con o sin barricadas).

Algunos cambios, por ejemplo el pago de 500 mil mensuales mínimo a todos los jubilados, son posibles solamente cuando controlemos la economía, cuando controlemos el estado, en el futuro. Y por ende cuando la Asamblea Constituyente ya mande.

Difícilmente, entonces, que podamos convencer con medidas que no hemos hecho todavía.

¿Qué podemos hacer, entonces, en estas condiciones de crisis para convencer a los más conservadores, …cómo podemos mostrar nuestras capacidades y nuestra buena fe?

Los precios bajos de los remedios en las farmacias populares ya han tenido un gran impacto en ese sentido. Pero tenemos que dejar de respetar las reglas en los negocios y en el aparato público y mostrar que nosotros mismos podemos mejorar la situación.

Imaginemos que… por ejemplo… nos tomamos un edificio en construcción casi terminada, o un colegio cerrado por el verano, y lo abrimos como centro de atención para los jubilados. Conversamos con los sindicatos de los choferes de las micros quienes nos dicen que pueden hacer una línea de micros de las poblaciones, al nuevo centro a las 10 de la mañana ida y las 4 de la tarde de vuelta. Todo gratis.

Negociamos con campesinos para comprar barato las verduras y carne directo de ellos para preparar los almuerzos. Y con los sindicatos de los trabajadores de los supermercados para conseguir yogurt, te café y leche, barato.

Conversamos con los “funcionarios” de Cenabast para el envío de los remedios, con los Colegios “profesionales” y Fenpruss, Confusam y Fenats para conseguir los médicos, enfermeras, paramédicos, kinesiólogos.

Y listo, lo echamos a andar como Centro de Salud de Jubilados de la Convención o Asamblea Constituyente.
¿Va a tener impacto en las mentes de los hombres y mujeres más conservadores?… por supuesto.
Es cosa de imaginación y organización en tiempos de crisis. ¡Olvidemos los supuestos límites de nuestra accionar!

Tendríamos que comenzar a mostrar que seríamos capaces de controlar el país. A mostrar que podemos restar control de agua de los grandes agricultores y devolverla a los que ya no tienen agua.

En fin, lo que podemos aprender de la Asamblea de Alimentación de 1919, hace un siglo, es que para avanzar no deberíamos tener confianza en las negociaciones y la conciliación sino ser muy conscientes de nuestra fuerza y nuestras debilidades.

Tenemos que construir organización base permanente de todos lados y renovar los sindicatos de la industria, la minería, la celulosa. En fin en la economía “grande” del país.
Y olvidemos la costumbre de pensar que NO ES POSIBLE cambiar el sistema.

Porque SI ES POSIBLE. Difícil. Eso sí, porque es nuestra debilidad la que nos enfrenta.

Músico, abogado y defrentista. Vive en Peñalolén, Santiago.

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