La «ayuda humanitaria» y los Derechos Humanos como estrategia injerencista e imperial

A propósito del tenso escenario suscitado en y en torno de Venezuela, un concepto ha estado y seguirá estando en el centro del debate público y de la estrategia del Imperio de Estados Unidos y las oligarquías venezolana e internacional: «ayuda humanitaria». Tal como el de «Derechos Humanos», el término pareciera aludir a algo bondadoso, «humanitario», imposible de rechazar. Pero lo cierto es que tras él, se esconden de los peores crímenes a la paz y la estabilidad internacional. Hagamos un repaso por algunos hechos y antecedentes:

 

Sólo para mencionar un caso a modo de introducción al tema: En los 80s, el Gobierno de Estados Unidos envío armas a «la Contra» en Nicaragua, para desestabilizar y derrocar al Gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, en cargamentos rotulados como «ayuda humanitaria». Al mando de esa operación estaba Eliott Abrams, el mismo que ahora tiene la misión de «restaurar la democracia» en Venezuela (Ver el prontuario de este sujeto, en «Elliot Abrams, el “enviado especial” del Gobierno de Estados Unidos para Venezuela: Crímenes de guerra, mafia, y narcotráfico«, Revista De Frente).

 

En su libro «Imperialismo Humanitario: los derechos humanos como excusa para la intervención militar», el intelectual francés Jean Bricmont, detalla cómo opera esta estrategia. Aquí podemos ver una reseña de este texto. O, del mismo autor, una entrevista donde dispara: «La izquierda se ha autodestruido aceptando las intervenciones humanitarias«. Compartimos también esta entrevista subtitulada:

 


En el mismo sentido, puede señalarse en texto 
«Los derechos humanos como estrategia del Imperio»
de Amy Bartholomew y Jennifer Breakspear, donde se señala: «La guerra de agresión liderada por Estados Unidos (EUA) contra Irak despliega, por cuarta vez desde 1990 (las primeras tres ocasiones fueron la Guerra del Golfo, la intervención de la OTAN en Kosovo y el ataque de EUA a Afganistán), la naturaleza “revolucionaria” de los desarrollos que se fueron articulando durante la transición de la “primera”a la “segunda” edad de la modernidad. Cualquier transformación que pueda estar ocurriendo no es ni una necesidad histórica ni un corte claro con el pasado. Más bien, se está conformando como un conjunto contradictorio y conflictivo de procesos, dado que la política de la “primera edad de la modernidad” se entrelaza con la política que está emergiendo en esta “segunda edad”. Al enfatizar que el cosmopolitanismo ha traído consigo el “humanismo militar occidental”, Beck lo veía como “basado en un monopolio mundial del poder y la moralidad indiscutidos”. Pero al elaborar este argumento, parecía articular tres posturas respecto de la relación entre la ley internacional y los derechos humanos: no intervencionismo, cosmopolitanismo y lo que sólo puede ser llamado imperialismo (aunque sea “benigno”), esto es, una situación en la que un poder hegemónico autoproclamado “defiende” los derechos humanos en el exterior mediante su compromiso con un “humanismo militar”. Queremos sugerir que las justificaciones para la más reciente guerra del Golfo se ubican predominantemente en la tercera categoría, basándose en un compromiso retórico depredador con una concepción cosmopolita de los derechos humanos que, de hecho, es manejada al servicio de un proyecto imperialista«.

 

Aplicando estas ideas a la coyuntura política y geopolítica actual, señalar sobre el rechazo del Gobierno Bolivariano de Venezuela a recibir este verdadero «Caballo de Troya», que la ONU, Cáritas y Cruz Roja se negaron a colaborar con “ayuda humanitaria” ofrecida por el Gobierno de Estados Unidos, por carecer de las características esenciales de una ayuda genuina: La imparcialidad y neutralidad ante los conflictos, el no estar apoyando a un bando en contra del otro, más cuando se trata de un intento desestabilizador de un Gobierno legítimo y democráticamente electo. Además, el aceptar ayuda humanitaria es una facultad siempre reconocida a los gobiernos, y de hecho, ha sido usada por el mismo Gobierno de Estados Unidos con ocasión del desastre provocado por el huracán Catrina en su costa sur, donde rechazó la colaboración de médicos ofrecida por Cuba, como asimismo, la ayuda financiera y en combustible ofrecida por el Gobierno de Venezuela.

Como otra muestra de lo que aquí se señala, y sobre un país con una situación enormemente preocupante, señalar que el imperialismo estadounidense y sus aliados han ocupado de manera recurrente el argumento de los derechos humanos y las «ayudas humanitarias» para someter al Pueblo de Haití (Ver «¿Qué ha pasado y pasa en Haití? Sobre colonialismo, Golpes de Estado, “ayudas humanitarias” e intervenciones extranjeras», Revista De Frente).

 

La «ayuda humanitaria» y los Derechos Humanos

 

En esta estrategia imperial e injerencista, fundamental es generar la idea en la opinión pública internacional y de los distintos países, de que se está tratando de escenarios donde la violación a los derechos humanos es tan grave que «no queda otra alternativa posible» que la intervención externa. Y aquí, en ese proceso de formación de opinión e imaginarios públicos, junto con la omnipresente y poderosa red de la prensa oligopólica y comercial, centrales son ciertas «ONGs de derechos humanos», cuyo vínculo con el Imperio son disimuladas a pesar de los lazos y recursos dirigidos hacia ellas (Ver «Con los Derechos Humanos nos venden la guerra». teleSUR).

 

Sobre la USAID,  «United States Agency for International Development» («Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional»), señalar que es un organismo presentado como «independiente» del Gobierno, pero recibe directrices estratégicas del Departamento de Estado (la poderosa instancia gubernamental estadounidense equivalente a las cancillerías o ministerios de relaciones internacionales del resto de los países), y los lazos que lo unen con la administración imperial hacen de su «independencia» una declaración con poco asidero. Ha sido partícipe de horrendos episodios de colaboración con violaciones a Derechos Humanos, como, para citar un ejemplo en nuestra América, la esterilización forzada de cientos de miles de mujeres en el Perú de Fujimori (ver «Esterilizaciones forzosas en Perú: pagadas por los contribuyentes estadounidenses«, o «El crimen Fujimorista; la esterilización forzada de 370 000 peruanos y peruanas«, de Miriam y DIck Emanuelson).

 

Además, ha sido protagonista de la desestabilización de gobiernos adversarios de los intereses imperiales, como ha quedado de manifiesto en los últimos años, contra la oleada de gobiernos progresistas y de izquierdas en nuestra América: «La USAID y los golpes blandos en América Latina» (Tomás Araya, de Verdad Digital); «La larga sombra de la USAID» (Inés Lépori); «Racismo y humillación en la ayuda de la USAID», Misión Verdad.

 

Con respecto a otro de los actores de lo que aquí señalamos, una de las ONGs de mayor presencia a nivel mundial, Amnistía Internacional, ha sido fundamental en general una visión demonizada en la opinión pública internacional de ciertos gobiernos, a contrapelo de la omisión o subvaloración de las violaciones a los derechos humanos en otros (por lo pronto, del propio Gobierno de Estados Unidos, dentro y fuera de sus fronteras). Muchas veces, en conjunto con otras ONGs, como «Médicos Sin Fronteras» o «Human Right Watch»). Estas ONGs, presentadas como «neutrales» o «imparciales», efectivamente son en ciertos escenarios una colaboración a causas legítimas y justas (por ejemplo, en la denuncia a situaciones como las del Pueblo Mapuche en Chile). Sin embargo, la legitimidad que adquieren en estas situaciones, es usada en los escenarios donde hay conflictividad geopolítica, siempre, promoviendo las posiciones y acciones del imperialismo estadounidenses y la OTAN. Dicho de otro modo: Construyen legitimidades en escenarios no conflictivos o donde no están implicados los intereses imperiales, para usar y descargar tal legitimidad y la credibilidad adquirida, en escenarios donde sí hay conflicto geopolítico e intereses imperiales involucrados.

 

Así, han estado demonizando a gobiernos como el de Gaddafi en Libia, Al Assad en Siria, o Yanukóvich en Ucrania, difundiendo visiones abiertamente sesgadas sobre los episodios de violencia ahí suscitados, y generando un «clima» en la opinión pública internacional que justifica y abre paso a intervenciones externas del Gobierno de Estados Unidos y sus aliados OTAN, contra los gobiernos adversarios.

 

La abundancia de documentación y pruebas sobre esto dan para un largo listado:

 

De muestra un botón, préstese atención a este aviso publicitario de Amnistia Internacional:

A cualquier conciencia mínimamente progresista le produce un rechazo el uso obligatorio del «burka», y por cierto, también, preocupación sobre la situación de los derechos de las mujeres y de la niñez en Afganistán, en los países del mundo musulmán, y de todos los pueblos del Mundo. Pero como se ve claramente, aquí la ONG Amnistía Internacional condiciona fuertemente a quien ve este mensaje, usando esa situación con una imagen para un fin abiertamente belicista, injerencista, e imperial, que apoya entusiastamente una acción militar de la OTAN (NATO, por sus siglas en inglés) que para nada mejoró los Derechos Humanos del pueblo afgano: «OTAN: Mantén el progreso en Afghanistán!», dice con poco disimulo el aviso, manifestándose abiertamente a favor de la invasión y ocupación de la OTAN perpetrada por el Gobierno de George Bush hijo, un verdadero crimen de guerra entre otros tantos que ejecutó su Gobierno. ¿Dijo algo Amnistía Internacional sobre la inexistencia de las tan alardeadas «Armas de Destrucción Masiva» en Irak, luego de que estuviera años demonizando a Saddam Hussein?. Cuando el enemigo de Estados Unidos, ya demonizado, destruido, sacado «fuera de tablero», y desastre ya es irreversible, claro, sacan un nuevo «Informe sobre la situación de los Derechos Humanos en…». Ya es tarde: Los Derechos Humanos de miles y miles, y hasta millones de seres humanos, han sido ya desvastados, y poco o nada sirve un informe retrospectivo.

 

¿Ha hecho alguna comparación Aministía Internacional o «Human Right Watch» entre la situación a los Derechos Humanos en la Libia de Gaddafi antes y después de la acción que apoyaron tan sistemáticamente? No, y si lo hicieran, de poco o nada serviría. ¿Ha criticado con la misma vehemencia y sistematicidad a los agentes imperiales que han invadido, bombardeado, asesinado a millones de personas, mantenido centros de detención y tortura?. Por cierto que no, y además, cuando esbozan alguna crítica, la difusión de esas «críticas» es inconmensurablemente más baja que cuando hablan de los «demonios» enemigos de los gobiernos de Estados Unidos y la OTAN.

 

La causa de los Derechos Humanos y de una genuina Humanidad y Humanitarismo, necesitan la denuncia de estos formatos y estrategias imperialistas, intervencionistas, e injerencistas, que sólo tienden a aumentar la violencia, la guerra, y las vulneraciones y violaciones de Derechos Humanos en nuestro Mundo.

 

Abogado. Investigador en temas de Nuestra América, Derecho Constitucional, y teoría política.

Comments (1)

  • Oscar

    Excelente nota..muy buena para divulgarla y compartirla….muchas personas aun en este nuevo siglo….aun de los hechos pretender desconocer una agresion tan obvia a vista de los pueblos…tan clara …pero debemos seguir compartiendola….es una forma de lucha.

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