La batalla por Venezuela

Por Pedro Eusse

Miembro del Buro Político del Comité Central del PCV.

Coordinador General del FNLCT

 

 

La lucha de clases alcanza en Venezuela niveles altamente críticos en la medida que avanza la ofensiva reaccionaria de la derecha pro-imperialista mundial, encabezada por Estados Unidos, para derrocar al gobierno legítimo del Presidente Maduro, destruir al proceso bolivariano e imponer la dictadura del gran capital, en el marco de una estrategia por reforzar su hegemonía global cerrándole el paso al avance de China y Rusia en regiones claves del globo terráqueo, incluyendo América Latina.

 

La batalla por Venezuela hace parte de la agudización de las contradicciones intercapitalistas e interimperialistas, determinadas por la prolongada y profunda crisis del sistema capitalista mundial, manifestándose en una feroz competencia por el control de recursos estratégicos, mercados, rutas comerciales y posiciones geoestratégicas, en el contexto del desarrollo de la pugna por un nuevo reparto del mundo por parte de potencias tradicionales y emergentes.

 

Pero lo que está pasando en la República Bolivariana de Venezuela no se reduce tan solo a una lucha tenaz entre potencias por dominar sus recursos estratégicos. Para el imperialismo estadounidense es necesario no tan solo derrocar al Gobierno, sino mucho más allá, arrasar con todo vestigio del bolivarianismo en Venezuela y su influencia en el sur del continente, con más precisión, su influjo en las luchas antimperialistas y antineoliberales de los pueblos de la región y de otras latitudes.

 

Desde los inicios del Gobierno del Presidente Chávez y del proceso constituyente que lideró en 1999, el imperialismo norteamericano avizoró al bolivarianismo como una amenaza a sus intereses en la región (documento Santa Fe IV). El espectro del bolivarianismo, después de casi dos siglos, emergía desde Caracas con  fuerza renovada y amplio apoyo popular, promoviendo la unidad latinoamericana y caribeña sin tutelaje yanqui, derrotando el ALCA y conformando la UNASUR, la Alternativa Bolivariana de los Pueblos (ALBA) y otros instrumentos soberanos de integración.

 

Además, con el triunfo electoral de gobiernos progresistas, no incondicionales con los Estados Unidos, se abrían amplios espacios para incrementar las relaciones comerciales, financieras, militares, comunicacionales y políticas con Rusia, China, Irán, entre otros, tendiendo a desplazar el tradicional dominio único en la región de la potencia norteamericana y sus políticas neoliberales, concebidas para maximizar ganancias del capital financiero y grandes monopolios estadounidenses y europeos, con la sobre-explotación de la clase obrera y la subyugación de nuestros pueblos. La Doctrina Monroe (América para los americanos del norte), estaba siendo derrotada por primera vez en la historia.

 

He allí las razones que llevan al imperialismo yanqui a “obsesionarse”, no solo por restablecer una sólida correlación de fuerzas favorables para su dominio exclusivo en nuestro subcontinente, derrocando a cada uno de los gobiernos progresistas de latinoamérica, sino procurando revertir y desmontar radicalmente al proceso bolivariano, que aun con sus limitaciones y debilidades, tiene una carga ideopolítica y sociocultural que infunde ideas y sentimientos latinoamericanistas, nacional-patrióticos, antineocoloniales e incluso antimperialistas, con profundas raíces históricas en nuestros pueblos. A tales objetivos responden las tácticas empleadas por EEUU en su actual ofensiva hacia Venezuela. La vía electoral no serviría a tales propósitos, como no sea para darle “legitimidad” a procesos terriblemente violentos en la lucha por el poder y por fulminar las resistencias populares actuales y futuras. Obviamente, a ello sí sirve la concepción de la guerra no convencional, trazada por la inteligencia estratégica imperialista y desarrollada operacionalmente por el Comando Sur de los EEUU.

 

Para el Partido Comunista de Venezuela (PCV) todo eso está claro, así como el hecho indudable de que Venezuela no ha dejado de ser una economía capitalista dependiente, con un modelo de acumulación basado fundamentalmente en el rentismo-extractivismo, con unas precarias fuerzas productivas y con un Estado esencialmente burgués -pese a las reformas progresistas del período Chávez-, que responde a su base económica y a la concepción de gestión pública del rentismo petrolero. Es decir, que la guerra del imperialismo y sus serviles contra Venezuela no es por acabar con “el socialismo”, porque este en realidad no existe en nuestro país, al menos como lo concebimos los marxistas-leninistas.

 

El PCV, desde el 2011, caracteriza a la denominada Revolución Bolivariana como parte del largo proceso histórico de luchas del pueblo venezolano por la liberación nacional, que desde 1999 se expresó en un gobierno que adelantó reformas progresistas, de orientación antineoliberal, apuntando a fortalecer la soberanía nacional, redistribuyendo la renta petrolera hacia la atención de sectores populares más deprimidos e impulsando la unidad latinoamericana y caribeña sin subordinación al imperialismo estadounidense; pero que la alianza de clases que lo sustenta, tiene el predominio de sectores burgueses no monopólicos y capas de la pequeñaburguesía, por lo que las posibilidades de avanzar efectivamente hacia una revolución nacional liberadora y abrir perspectivas ciertas hacia la construcción del socialismo, está en dependencia de lograr una correlación de fuerzas favorable a la clase obrera, el campesinado y el conjunto del movimiento popular revolucionario.

 

Tal caracterización nos ha llevado a plantearnos la necesidad de una sostenida acumulación unitaria de fuerzas obreras, campesinas, comuneras y populares en lucha por derrotar las pretensiones del imperialismo yanqui-europeo, confrontando a la burguesía monopólica, a los terratenientes y a las mafias corruptas, deslindando también de las tendencias del reformismo entreguista, que han ganado terreno fundamentalmente luego de la muerte del Presidente Chávez, y que lejos de plantearse el desmontaje del dominio del capital, favorecen la preservación del capitalismo dependiente y rentista.

 

Reiteradamente, los comunistas hemos planteado la necesidad de darle una salida revolucionaria a la crisis, con la aplicación de un programa de gobierno que ataque las causas estructurales de la misma, con medidas tales como: control obrero y popular sobre la producción y distribución de bienes y servicios; nacionalización revolucionaria de la banca; estatización del comercio exterior; cárcel y confiscación de bienes a corruptos, especuladores, acaparadores y contrabandistas; recuperación y relanzamiento de las empresas del Estado con nuevo modelo de gestión de dirección colectiva y compartida; desarrollo productivo agrícola e industrial a gran escala; liquidar el latifundio y expropiar a los terratenientes, garantizando tierras y apoyo técnico-logístico a los verdaderos campesinos.

 

La tarea prioritaria del momento es derrotar la escalada de agresiones múltiples del imperialismo, pero para convertir esa gran batalla patriótica y popular en la activación de un profundo proceso revolucionario de carácter socialista, debemos plantearnos el objetivo del poder para la clase obrera y el pueblo trabajador de la ciudad y el campo. Los comunistas venezolanos llamamos a la rebelión de los pueblos contra el capital.

 

 

Imagen: https://es.news-front.info

 

 

 

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