«La crisis que nadie previó», o el autoengaño de las elites y clases dominantes del Chile neoliberal

Las elites y clases dominantes en su burbuja, ensimismadas, enclaustradas, endogámicas, arrogantes, de infinita soberbia política e intelectual, ahora se mostrarán «extrañadas» de lo que pasa, «nadie previó» que esto pasaría.

Lo cierto es que algo así como lo que viene pasando era bastante esperable que sucediera, aunque nadie se atreviera a intentar presagiar cómo y a partir de qué detonante esto iba a estallar.

Y resulta que pasó. Porque el «topo de la historia» es así, hace su trabajo silencioso y subterráneo y emerge en el momento menos esperado, como dijo el famoso Karlitos. O como dijera nuestro Salvador, otras mujeres y otros hombres terminarían superando aquél momento triste y amargo. 46 años han pasado. Y el pueblo, octubre de 2019, ha dicho basta.

Ya habrá tiempos para más análisis y recuentos sobre lo que ha pasado y hacia lo que se viene. Por ahora, lo central es mantener la movilización, afianzar la organización social, popular y ciudadana, y proyectar todo esto en demandas, reivindicaciones, programa. Las convicciones y fuerza de franjas muy significativas de nuestro país se han acrecentado muchísimo en estos días y horas, y esto no puede decaer ni dejarse intimidar por la respuesta militarista del mal Gobierno.

Para las elites, las clases dominantes y el propio modelo, estos son de los peores días que han tenido en décadas. Seguramente, además, subirá el «riesgo país», la Bolsa de Comercio amanecerá convulsionada el lunes, habrá presión a la baja en el peso chileno, y diversas proyecciones económicas tenderán a empeorar. Son las convulsiones de un modelo decadente, cuya crisis no proviene de ningún «vandalismo» ni abrupta «fiebre» plebeya, si no que, además de la esencia contradictoria y desigual del capitalismo neoliberal a ultranza en que vivimos, del propio descaro y la desfachatez de las elites, que han hecho todo lo necesario para que esta revuelta tenga estos niveles de emputecimiento colectivo y combatividad callejera.

No está de más decir, también, que al Gobierno se le viene pronto, además, la realización de la cumbre APEC y en unas semanas después, la COP 25. Difícil pensar en mejor momento para la movilización y la visibilidad internacional, y en peor momento para el modelo y sus protagonistas y defensores.

De todos modos, la alegría popular y la efervescencia levantada no debe hacernos olvidar el poder y la maldad profunda de los enemigos de los anhelos de esta revuelta, y lo que están dispuestos a hacer. El Estado de Emergencia y el Toque de Queda están en curso y ampliándose a otras regiones, y se trata de fuerzas militares que ciertamente han recibido entrenamiento para esto: en la Escuela de Las Américas, en el Fuerte Aguayo de Concón, precisamente este tipo de escenarios son los que se preparan y planifican. El Gobierno deberá ir entendiendo de los costos políticos que cada paso que dé y cada crimen que se cometa en función de sus órdenes. Nada ni nadie será olvidado, y, aunque sea a la larga, nada quedará impune.

Tras días históricos, hermosos y esperanzadores aunque bajo Estado de Excepción Constitucional y Toque de Queda, que sigan siendo días de avance y maduración de esta revuelta tan legítima, justa y necesaria. Viva el pueblo de Chile.

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