Brasil: La lucha entre Haddad y Bolsonaro

Por Jorge Pavez

Corresponsal #DeFrente en Sao Paulo.

 

 

Nunca es buena noticia el atentado a un candidato presidencial, solo enturbia la competencia electoral, generando rabia de los partisanos y empatía de los indecisos. En Brasil, hace 10 días que el candidato de extrema derecha y el mejor posicionado en las encuestas, Jair Bolsonaro, sufrió un atentado con arma blanca, en una concentración de sus partidarios en el estado de Minas Gerais, uno de los más conservadores del país. En el caso de este atentado, los temores iniciales fueron dando paso a ciertos alivios. Es decir, partiendo con una mala noticia, la semana de la campaña presidencial en Brasil se fue despejando y trajo varias buenas noticias. Me explico. Las imágenes del atentado a Bolsonaro circularon rápidamente y empezaron a generar sospechas: ¿cómo llegó el autor de los cuchillazos a estar a menos de dos metros del candidato? ¿dónde estaba el cinturón de seguridad de fanáticos que siguen a Bolsonaro? Pero además, ¿cómo salió el presunto autor ileso de golpiza o linchamiento público? ¿porqué no se ve sangre ni en el cuchillo, ni en la ropa del candidato? ¿porqué el parte médico del hospital fue cambiado varias veces? En fin, los brasileros (salvo los seguidores de Bolsonaro) dudan con razón. ¿Será un auto-atentado? Porque, ¿a quién le conviene más el acto si no es la víctima misma?

 

Recordemos que Bolsonaro estuve siempre segundo en carrera en las encuestas después de Lula, pero estancado en un 20% que no conseguía superar. Solo con el atentado consiguió aumentar 4 puntos. Pero además, nadie pasa por alto la ironía de que el único candidato que apela a la violencia, a la intervención militar y el homicidio en masa, para resolver los problemas del Brasil, el candidato que amenazó con ametrallar a los “petistas” (militantes del PT) del estado de Acre, que homenajeó al militar torturador de Dilma Rousseff, que declaró que “no violaría” a cierta mujer porque era “muy fea”, ese candidato fue “víctima” de “violencia política”. Tan sospechoso resultó todo, que después de declaraciones indignadas de sus hijos en las que acusaron a Dilma de apoyar el atentado (¡!), su candidato a vicepresidente, general Mourao, salió a poner paños fríos, y declarar que iban a bajar el tono de la campaña…

 

Antes del atentado, otras maniobras generaban debates en redes sociales. Especialmente, las del Ministerio Público (la Fiscalía brasilera) que sumó nuevas denuncias por corrupción contra Fernando Haddad (PT) y Gerardo Alckmin (PSDB), representante de los dos mayores partidos de la contienda. En el caso de Haddad, por supuestos actos de corrupción del año 2014, acusaciones basadas en el perverso mecanismo de la “delación premiada”; en el caso de Alckmin, por actos que habría cometido en 2012, y que recién se podrían investigar ahora por haber perdido el fuero que lo amparaba como Gobernador de Sao Paulo, cargo al que renunció para participar en la contienda presidencial. Como todos los políticos en Brasil, estos candidatos juegan con los tiempos judiciales, ya que los recursos judiciales les permiten seguir en carrera, y si gana uno de ellos, tendrá renovado su fuero por un buen periodo mas. Está tan presente la cuestión judicial por corrupción en estas elecciones, que una de las frases que más se repite en las franjas electorales de cada candidato es “no tengo proceso”, “tengo la ficha limpia”, es decir, no ha sido imputado o procesado por corrupción. Pero Alckmin también ha tenido que enfrentar fuego amigo, ya que ante su intento de desmarcarse del gobierno actual que es una pesada mochila para su candidatura, que el mismismo y ampliamente rechazado presidente Michel Temer salió en televisión a recordarle que su partido forma parte de su gobierno, y que no “mienta” a la gente haciendo como si el no fuera un candidato de continuidad…

 

El atentado a Bolsonaro asustó a algunos eximios analistas de la plaza, pensando que esto iba a catapultar al ex militar, pero en realidad lo que le siguió fueron puras buenas noticias. La encuesta Data Folha, de las mas prestigiosas en el país (a la inversa de la encuesta Vox Populi que hace años no le achunta a nada), realizada con posterioridad al atentado, arroja una subida de solo 2 puntos a la víctima. Bolsonaro ha alcanzado un techo ya muy alto para él, encumbrándose al 24%, sin dar muestra de desinflarse. Seguramente no lo hará, porque este candidato representa un sector del país que se ve reflejado en él, en sus ideas simples, cuadradas, en aparentes soluciones drásticas, en una ignorancia de la realidad nacional e internacional solo proporcional al odio que le tiene a los políticos profesionales y a la movilidad social producida por las políticas del PT, la que ha hecho que brasileros antes pobres hayan llegado a compartir espacios con la antigua clase media, y que brasileros antes miserables ahora sean pobres con posibilidad de algún día ser de clase media. Esos movimientos subterráneos vividos por la sociedad brasilera en los últimos 20 años, son los que han generado resentimiento, odio y miedo, de aquellos que votan Bolsonaro.

 

Mientras que Bolsonaro subió puntos gracias al (¿auto?) atentado, Haddad también lo hizo porque el PT decidió finalmente aceptar la realidad y concretar la apuesta más arriesgada que se conoce en esta elección: inscribir a última hora a Haddad en reemplazo de Lula, apostando en lo que queda de campaña al traspaso de los votos de Lula (40% del electorado según las encuestas). La jugada es arriesgada porque es tardía, porque Haddad no es carismático sino más bien un tecnócrata de la derecha del PT, y porque Lula lo presenta en una carta al país como su “representante”, casi como su avatar. Sin duda Haddad fue un exitoso ministro de educación, creo universidades y liceos como nunca en décadas de historia, implementó programas de educación cívica y sexual, y no lo hizo mal como Prefecto de Sao Paulo, recuperando espacios públicos y haciendo la ciudad más amable. Pero no tiene liderazgo en el PT, y el PT en sí no da muestras de cambiar sus prácticas. De hecho, en 15 estados el Partido de Lula va en alianzas electorales con partidos que apoyaron el impeachment contra Dilma… Ahora quedan tres semanas para que Haddad intente posicionarse en segunda vuelta, arrastrando al lulismo con él. La estrategia de traspaso de votos recibió un duro golpe del Tribunal electoral que en una decisión insólita prohibió el uso de imagen de Lula en la campaña de Haddad. Con la salidad de Lula de escena y su reemplazo por Haddad, se posiciona Manuela d’Avila como su candidata a vice presidenta, sin duda una figura prometedora, la Camila Vallejos brasilera: comunista, líder estudiantil, varias veces diputada, un personaje de la renovación de la política.

 

En los números la encuesta Data Folha se pone aún más interesante. En primer lugar, todos los candidatos suben (salvo Marina Silva que cae de 16% a 11%), lo que significa que hay cada vez menos indecisos donde pescar votos. El fascista Bolsonaro sube de 22% a 24%, el desarrollista laborista Ciro Gomes sube de 10 a 13, el neoliberal Alckmin sube de 8 a 10, y Haddad de 4 a 9, iniciando así tímida pero decididamente su recuperación del voto lulista. En segundo lugar viene lo mejor: Bolsonaro pierde en todos los escenarios posibles de segunda vuelta, salvo contra Haddad, donde se encuentran técnicamente empatados. Así, en una llave entre Bolsonaro y Alckmin, gana Alckmin (43-34); entre Bolsonaro y Marina Silva, gana Marina (43-37); y entre Bolsonaro y Ciro Gomes, gana Ciro (45-35). Bolsonaro solo podría ganar enfrentando a Haddad, ya que se encuentran empatado a 38 % cada uno.

 

Además de Bolsonaro, Ciro Gomes ha sido el fenómeno electoral de la campaña, y el trecho final lo ha favorecido debido a sus facilidades comunicacionales y su discurso cercano y práctico. Ha señalado como gran propuesta que va a “limpiar el nombre de los 63 millones de brasileros” fichados en los registros del SPC (el DICOM brasilero), de manera a reactivar el crédito y el consumo. También propone un programa de industrialización tipo chino, con acento en la construcción y la petroquímica. Esto sin duda asusta, considerando también que su vice presidenta, la senadora Katia Abreu, es una latifundista de la “bancada ruralista”, responsable por los desastres ambientales y sociales de la poderosa agroindustria, y que además fue ministra en sendos gobiernos de Lula y Dilma. Aliada histórica del PT, Abreu fue de las pocas que apoyó a Dilma hasta el final del impeachment (y en contra de su propio partido), en una muestra inequívoca de solidaridad sorora. Pero así las cosas, difícil que Ciro se embarque en una reforma del agro en apoyo a los maltratados campesinos brasileros, o que su plan de industrialización garantice la protección ambiental que tanto necesita la Amazonía brasilera. En cambio, Ciro parece muy convencido de la necesidad de la reforma política y también de poner cortapisas a la intervención judicial en la política del país. Ciro Gomes se ha vuelto así el más probable contrincante de Bolsonaro en segundo vuelta.

 

El segundo nombre que podría llegar al balotaje es Haddad, si se concretara el traspaso del voto lulista. Ese escenario es quizás el mas incierto de todos, ya que por una parte podría ver activarse una campaña de Haddad y el PT para un voto de “todos contra Bolsonaro”, pero por otra parte, reaviva los fantasmas y odiosidades que ha creado el PT en sus varios mandatos, debido a sus prácticas de negociación y alianza con lo más graneado y corrupto de la derecha y el centro, debido a su propia corrupción interna, y debido a que sus políticas contra la desigualdad generan un fuerte rechazo de la derecha y la clase media aspiracional individualista. Un segundo turno entre Bolsonaro y Haddad promete una fuerte polarización e incertidumbre: el ex militar apostará todo a la denuncia de la corrupción del PT y de la amenaza comunista, y el candidato del PT tendrá la difícil tarea de limpiar la imagen de su partido e intentar una reagrupación del centro y la izquierda, haciendo además guiños a la derecha neoliberal que se asusta con la impredecibilidad de un cabeza de pistola como el machista Bolsonaro. De hecho, ya se han articulados dos referentes prometedores en contra del ex militar: una Unión de candidatos antifascistas, y un grupo de “Mujeres contra Bolsonaro” que se articuló en Facebook y ya lleva más de un millón de seguidoras. Este 29 de septiembre, una semana antes de los comicios, las “Mujeres contra Bolsonaro” realizarán su primer acto público, una gran marcha en Sao Paulo.

 

Entretanto, el incendio del Museo Nacional de Río de Janeiro siguió dando que hablar, mostrando las divisiones profundas de los horizontes brasileros. A los pocos días de consumado el incendio, una protesta fuertemente reprimida convocó a la calle a más de 20.000 personas que exigían castigo a los responsables. La candidata Marina Silva declaró que el incendio era como “una lobotomía a la memoria brasilera”, mientras el gobernador de Río prometía el absurdo de mandar a realizar réplicas de cada uno de los 20 millones de piezas perdidas, “para que las familias puedan volver a encontrar los recuerdos de infancia que aparecen en sus fotos”. Los liberales del Movimiento Brasil Libre a su vez, aprovechaban de la situación para declarar que “si el museo hubiera sido privado eso no hubiera ocurrido”. El antropólogo Eduardo Viveiros por su parte hizo una propuesta más radical: dejar el Museo quemado tal cual, como ruina memorial, recuerdo y evidencia de los sistemáticos procesos de destrucción que vive un país que solo “crea desiertos”, aludiendo también a la desertificación que avanza en el Amazonas, a una velocidad de 2.160 hectáreas deforestadas cada 24 horas. El ex presidente del Consejo de Patrimonio Municipal de Rio, complementó con una sentida declaración: “que las generaciones futuras nos perdonen, somos la gran nación desmemoriada, vagando por el cosmos sin saber lo que fuimos”.

 

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